
Gibson Guitar Center Showroom, Austin, Texas Epiphone ES-175 Epiphone Viola bass Epiphone Sheraton Gibson Flying V : At the Austin Cocktail Throwdown 2009 (Photo credit: Wikipedia)
Gibson sí, tiranía no.
Compré una Gibson, muéstrele al régimen que usted atesora tanto estos iconos del rock americano como hace cualquier rockstar de esos que están en silencio.
El gobierno federal ha literalmente asaltado a uno de los dos bastions del rock americano, la fábrica de guitarras Gibson, en el 2009 y el 2011, bajo la acusación de usar “maderas ilegales” amparando la acción en la Ley Lacey que supuestamente protege los recursos naturales. En el otro bastión, Fender, se respira algún nerviosismo.
Los agentes federales ocuparon numerosas computadoras, documentos, madera y guitarras. Las maderas en cuestión, compradas en la India, Brasil y Madagascar, bajo los convenios vigentes de “fair trade” y bajo las leyes de esos países, tal y como consta en documentación legal que Gibson ha puesto a disposición del gobierno de Obama, son de todos modos consideradas ilegales por el gobierno federal ya que fueron importadas a suelo norteamericano antes de ser “terminadas”. Si las guitarras se producen en los Estados Unidos, naturalmente la terminación de estas maderas tendrá que hacerse en suelo norteamericano. Este concepto parece escapar a las entendederas de la administración de Obama, que de todos modos confisca maderas, documentación, medios de producción y guitarras. Y los trabajadores de las instalaciones y talleres de Gibson en Nashville y Memphis, ambas en el estado de Tennessee son enviados a sus casas y la industria cerrada durante las expropiaciones por los personeros del régimen.
Vamos por pasos, el gobierno federal no tiene que velar por leyes de otros países, solo por las leyes norteamericanas. Así que no tienen por qué velar por las leyes del Brasil, la India y Madagascar, donde se obtienen las maderas para la fabricación de esas guitarras. De todos modos, esos gobiernos han testificado a favor de Gibson, pero el régimen obámico ha decidido ignorar esos testimonios.
Claro, los directivos de Gibson son republicanos, y no han contribuído a la campaña obámica ni a su brazo propagandístico. Lo cual suena a vendetta política y a torcedura del brazo empresarial americano. Lo mas triste es que los músicos que usan Gibson y Epiphone, marcas registradas bajo la genérica de Gibson, se han mantenido en silencio, y ni siquiera han tenido la entereza, ni la valentía de oponerse a este abuso por parte del gobierno federal. No es que les hayan faltado ocasiones, en el fetekún obamoso Red, White, and Blues, celebrado en la Casa Blanca, hubo una multitud de artistas que tocaban instrumentos de esta marca.
Ante este silencio, uno se sorprende, por lo menos. He tocado Fenders toda mi vida. Incluso, cuando no podía tener una Fender original por culpa de la represión castrista me hice de la electrónica de una Telecaster, de un brazo de esa marca y me busque a alguien que me hiciera una guitarra que era mi ideal Fender. Lo cual no quita que hoy defienda a Gibson. Porque si no defiendo a Gibson estaré allanando el camino para que el gobierno federal un día asalte también a las instalaciones de Fender. Es como el caso de Elián González,pero a la escala musical.
El gobierno hoy en día determina que madera se puede usar para construír una guitarra. Los luthiers y los artesanos son vistos como sospechosos porque no usan las maderas dictaminadas por los burócratas del régimen obámico. Peligrosidad musical, que dirían los Castro.
Todo guitarrista conoce que las maderas que forman parte del todo que es su guitarra –sea eléctrica o acústica- determinan el sostén de las notas, la resonancia y sobre todo el timbre del instrumento, aparte de las características que la electrónica les confiera. Hoy en día, si el régimen tiene éxito expropiando el patrimonio de estas industrias, el mercado de las guitarras nuevas se vería amenazado y también el de las guitarras antiguas: el gobierno podría confiscarlas y destruirlas por considerar que la madera empleada es ilegal. No importa que la ley norteamericana se cumpla, los organismos estatales exigen que se cumpla la ley extranjera, o peor aun, lo que se interpreta por la letra de la ley de acuerdo con lo establecido en países tales como India, Brasil y Madagascar, y también en otros países de América del Sur, Asia y África. Es decir, que el gobierno federal cierra la producción en los Estados Unidos, y afecta al trabajador americano, solo por “defender” una ley de otro país sin saber a ciencia cierta si ha sido violada o no, lo cual es ilegal en este país.
Mientras la industria americana es castigada –y anotemos aquí que los directivos de Gibson son republicanos y no han apoyado al gobierno demócrata actual- y los trabajadores americanos son enviados a sus casas, la producción de contrabando de copias de estos instrumentos sigue floreciendo en países como China e Indonesia. Bueno, B’rak se crió en Indonesia, pero eso es una coincidencia. El régimen chino tiene un gran interés en el mercado americano y domina la industria en Indonesia, pero eso no es más que una “feliz” coincidencia.
Uno se pregunta en este momento que pasa con los músicos, tanto los famosamente conservadores como los famosamente liberales que se cuelgan una Gibson y tocan como los dioses. Uno espera mas de ellos, pero hasta ahora, solo se escucha el silencio. Ellos tienen el dinero suficiente para comprar guitarras “vintage” fabricadas con maderas “perseguidas” por el gobierno federal. No las podrán traer a Estados Unidos, pero las pueden dejar en el extranjero y usarlas en estudios de grabación o conciertos en el extranjero, lo cual da trabajo a personas que no viven ni pagan impuestos en este país. O podrán encargar fieles copias de sus guitarras originales hechas con cualquier madera, a pesar de todas las regulaciones, siempre y cuando las dejen en el extranjero. Lo cual es muy cómodo, porque así no pagan transportación ni almacenaje en los Estados Unidos. Es decir, que todo el beneficio va a otros países y no a los trabajadores calificados de esta industria en suelo americano.
Lo peor, que el trabajador americano es despojado de su fuente de ingresos por un régimen que sin embargo da dólares a diestra y siniestra a una empresa que es un fraude como Solyndra, a ciertos banqueros y a ciertos empresarios, siempre y cuando sean acólitos incondicionales del régimen obámico. Mientras, un régimen dictatorial como el de China se beneficia y se producen copias piratas de las famosas guitarras Gibson por todas partes, las auténticas, construídas en este país, están siendo destruidas por las autoridades federales. Que el mundo está al revés, pues sí. Y que el régimen multa millones y expropia millones a empresas que son parte de la iconografía americana del rock and roll, tanto o más que el famoso cartel de la carretera 66, pues eso también.
Como no pienso apelar a la conciencia de los músicos, pues hay que dejar que ellos solos asuman su responsabilidad, lo que si pienso hacer es comprarme alguna Gibson. Quizás alguna producida antes de las razzias en contra de la industria, y en todo caso habría que mandarle fotos a Gibson. Y a la Casa Blanca, antes que algún chivato obámico lo haga.
Claro, no puedo más que preguntarme donde está la protesta de los músicos. No sé qué decir, porque muchos de los que fueron mis ídolos de adolescencia empuñaban una Gibson mientras me hacían levitar con el rock, como Jimmy Page, que ha usado Gibson Les Paul por los siglos de los siglos y amén, como atestigua su Black Beauty. O Eric Clapton que logró en una Les Paul Sunburst el maravilloso woman tone que luego tradujo a la Stratocaster, el mismo Jimi Hendrix con su famosa Flying V, pero Jimi está muerto. Y tantos otros de hoy, como Sheryl Crow y Joe Bonamassa . Interesante cómo Joe Perry o Peter Frampton, que siguen trabajando en escenarios y estudios con sus Gibson históricas, hasta ahora no se pronuncian ni por simple casualidad. Sería curioso ver qué dirían esos cantantes de ceño fruncido y tendencias de izquierda como Stephen Stills, Neil Young, David Crosby (además de tocar guitarras Gibson, Crosby toca también guitarras Olson, que se venden a más de 10,000.00 dólares y que también están amenazadas por la Ley Lacey, así que le vendría bien protestar para proteger sus instrumentos) y Graham Nash. O Lenny Kravitz o Carlos Santana con su camisita del Che Guevara, y tantos otros. Me pregunto si entregarían sus guitarras voluntariamente al régimen obámico o esperarían que les tocaran la puerta y se las decomisaran. O quizás a algunos se las quiten y a otros no ¿Que pasará por la mente de B.B. King, que apoya a Obama mientras empuña su Gibson, la famosa Lucille? En fin, me parece que se está implantando un sistema de castigos y recompensas para “agradecer” el apoyo a un señor que hasta el 2007 permitía que escribieran en sus biografías que había nacido en Kenya.
Me aferro ahora a la Fender, quizás injustamente.
Tendría que salir ahora mismo, y buscar una Gibson y retratarme abrazado a ella.
Y mandarle la foto tanto a los de Fender como a los de Gibson, como a tantos músicos. Hoy destruyen Gibson, y los guitarristas no protestan. Mañana destruirán Fender, y los guitarristas seguirán sin protestar. Y entonces importaran guitarras chinas, y los guitarristas se pondrán curitas en los dedos y protestarán porque las curitas no son buenas, y seguirán tocando como puedan, pero sin meterse con Obama. Porque por alguna razón parece estar por encima de todo y de todos, y si él pisotea las guitarras, pues entonces los guitarristas aplauden. Y corren para el internet a encargar una nueva en China y todos tan calladitos.
Es necesario retornar a esos músicos de antes, que eran iconoclastas y librepensadores primero, músicos y guitarristas después.
Charlie Bravo.
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