Excluídos de por vida del deporte Ángel Valodia Matos y su entrenador por patear al árbitro. Una pena para el deportista y para el entrenador, que aprendieron en el castrimo a cañonear en lugar de competir. Comentarios en www.penultimosdias.com y en La Finca de Sosa. También en Belascoaín y Neptuno.
ACTUALIZACIÓN: He tenido que cambiar el video tres veces, cada vez consiguen eliminarlo de youtube y tengo que reactualizar la imagen; alguna mano procastrista estará intentado borrar de la red la falta grave del cubano. A ver si en esta ocasión no lo consiguen.
Probabilidades: Es muy probable que este deportista llegue a Cuba con una versión “antiimperialista” de lo ocurrido, lo hagan el mejor deportista combatiente revolucionario, y en los próximos mítines de repudio lo veremos dando patadas a los disidentes, en Cuba, en Venezuela o en Bolivia.
Nació en Ruán, en la Alta Normandía, y lo he estudiado con lupa, tal vez lo haya leído demasiado en francés, como debe ser, pero me gustaría ahora revisar las traducciones. Escribió una novela corta magnífica: Salambó, después de haber alcanzado el éxito con Madame Bovary, novela que no sólo le trajo el triunfo literario, además lo enredó en un desagradable proceso judicial. “El porvenir me inquieta”, escribía, “qué puedo escribir que sea más inofensivo que mi pobre Bovary, arrastrada por los pelos como una cualquiera…”
Flaubert tiene de dos escritores que me fascinaron siempre y me seguirán seduciendo: el realismo de Balzac y el naturalismo de Zola.
Junto a la estatua de Gustave Flaubert en Trouville. Foto Ricardo Vega.
Flaubert, que desdeñaba el orden burgués y profesaba la religión del arte, fue un apasionado defensor del artista.
“La vida”, decía, “sólo es tolerable con una manía, un trabajo cualquiera. En cuanto uno abandona su quimera se muere de tristeza”.
Flaubert intentó mantenerse al margen de la política, pero no hay nada más político que esta frase: “No siento simpatía por ningún partido político, o mejor dicho, los aborrezco a todos, porque me resultan igualmente miopes, falsos, pueriles, porque se concentran en lo efímero, sin ninguna visión de conjunto y no se elevan jamás por encima de lo útil. Odio todo despotismo: soy un liberal empedernido. Por ello, el socialismo me parece algo horrible y pedantesco, que será la muerte de todas las artes y de toda moral.”
Y ante la ocupación prusiana de Francia dijo: “Asistimos a la destrucción del mundo latino”.
A mi juicio tiene dos novelas imprescindibles para entender la literatura y al ser humano: La educaciónsentimental y esa abarcadora novela que empieza en el banco frente a mi casa, en el Boulevard Bourdon, Bouvard y Pécuchet.
El escritor cubano César Reynel Aguilera construyó su novela inspirado en la estructura de Bouvard yPécuchet, no sé si se lo propuso, pero así lo veo. Sin ánimos de regalar elogios, sólo digo algo que salta a la vista felizmente.
Zoé Valdés. Notas tomadas en mi agenda anaranjada.