El libro de la Correspondencia de Reinaldo Arenas: Lettres à Margarita et Jorge Camacho, 1967-1990, editado por Actes-Sud, será presentado el día 2 de marzo en la Maison de l’Amérique Latine, a las 19 horas. 217, Blvd Saint-Germain, 75007. Paris.
Este video lo he puesto otras veces. Mañana o pasado mañana pondremos videos inéditos de Reinaldo Arenas con Néstor Almendros en Nueva York. Así como un corto en recordatorio hecho por Ricardo Vega para la presentación en la MAL.
El pintor Mario Torroella expondrá en breve su obra bajo el título Sacrifice & Indulgence, a partir del 24 de febrero, en The Sandra & Philip Gordon Gallery, Boston Arts Academy, 174 Ipswich Street. Boston. Opening entre 5-7 p.m.
Hoy se cumplen cuatro años del fallecimiento de Guillermo Cabrera Infante, pero su obra está más viva que nunca. GCI dejó tres novelas inéditas y muchos otros inéditos, que irán saliendo en el futuro. Yo estaba viendo Niágara, y de este modo me enteré, por teléfono, de su muerte. GCI no fue solamente mi gran maestro, fue un amigo, un padre literario. Todavía me parece que el teléfono sonará, y que será él, con su voz tan particular a lo Edward G. Robinson: “Zoé Valdés… Guillermo Cabrera Infante…”
Como ustedes saben fue Guillermo Cabrera Infante quien inmortalizó literariamente a La Freddy (Fredesvinda García Valdés), nombrándola en sus novelas como La Estrella. Aquí la tienen:
PER-VERSIONES CUBANAS
Siempre me llamó la atención la curiosa degradación que han sufrido en Cuba ciertos términos españoles.
El ejemplo máximo es quizá la palabra matrona, que en vez de ser una “madre de familia noble y virtuosa” como quiere un diccionario, es la encargada de un burdel y, en muchos casos, además de celestina es ella misma proxeneta.
Un solar es una casa de vecindad, quintopatio o conventillo: donde la miseria se da la mano, como tantas veces, con la promiscuidad -si es que ambas palabras pueden darse la mano, milagro social que no ocurre más que en esa tierra de prodigios verbales que es la Retórica. Los solares se encuentran por lo regular en La Habana vieja y muchas veces un solar no es más que un palacio colonial venido a menos: sus habitaciones condales devenidas vulgares cuartos, la mansión degradada a cuartería, la casa solariega apocopada en solar.
Sé que hay una explicación para esta decadencia verbal que conlleva, muchas veces, ruina física. La más a mano, por supuesto, envuelve a una sociedad esclavista hasta hace poco y a su descendencia empobrecida y en fuga geográfica o histórica. Pero no me interesan las explicaciones sociológicas ni histórico-materialistas o pastorales-históricas, sino las literarias, la literatura: la sugerencia que nace de tal degradación, la exaltación que crea esta decadencia. En este caso ninguna palabra destituida puede ser más sugerente que la palabra caballero.
Caballero ha venido a significar poco más que chico, cuate o socio, en su aceptación individual, y a veces denomina a un grupo cívico indiscriminado. En raras ocasiones deleitosas esta decadencia llega a sugerir un nuevo auge de los tiempos gloriosos de la caballería andante. Solamente hay que tomar un ómnibus de la ruta 28 -coger esa guagua- para oír al conductor anunciar la inminente llegada de una calle habanera que corta la avenida de San Lázaro, vía usual de esta ruta, y gritar el aviso en típico lengüaje de guagüero: “Espada, caballeros!”.
Casi se pueden ver volar las capas al abrirse presurosas por los brazos agerridos, permitiendo a una mano decidida empuñar el florete o la tizona, y, acero en ristre, acababa apenas de decir esto cuando D’Artagnan le dirigió un puntazo tan furioso, que, de no haber dado un rápido salto hacia atrás es probable que hubiese sido aquélla su última broma.
Con la cineasta Jana Bokôva y con Guillermo Cabrera Infante
Con Ricardo Vega, Guillermo Cabrera Infante y Laura Franck. GCI me dedica en ese momento Ella cantaba boleros en la Feria del Libro de Madrid
Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante en Londres. Foto de Sarah Facio y Alicia d'Amico
Les prometí el fragmento de Dulce María Loynaz, entrevistada por la cineasta Jana Bokôva en Habana. Y en Zoé en el metro, pueden leer un retrato de quien fue una verdadera amiga, una resistente:
Quien lee el fragmento de Alejo Carpentier es Severo Sarduy.
Pequeña muestra de mi correspondencia con Dulce María Loynaz, la que intercambiamos durante nuestra larga amistad. Estas cartas aparecen en mi libro Los misterios de La Habana, que se puede comprar en La Casa del Libro y en la Librería La Central de Barcelona. Aunque nos veíamos todas las semanas nos enviábamos cartas por correo.