Ya Charlie Bravo había escrito sobre el tema. El caso es que Barack Obama se inclinó ante uno de los tiranos más sangrientos del mundo, el rey petrolero de la Arabia Saudí, en una reverencia vergonzosa, que no deja lugar a dudas, mientras que ni siquiera lo hizo ante la Reina de Inglaterra, y su mujer, Michelle, se dedicó a pelotearla, a abracarla, como si fueran íntimas (a las familias reales no se les toca de ese modo, ni de ninguno). Dato curioso, Michelle Obama no tuvo la posibilidad de hacer lo mismo con el rey Abdullah, porque ya saben que ninguna mujer puede, no ya tocarlo, ni siquiera mirar a ningún hombre a los ojos, y menos al rey, o sea, no sé cuantos latigazos le costaría, unos 200 le dieron a una anciana el otro día por tomarse un café con un nieto, e igual va y le toca que la decapiten. Entonces, mejor precaver. Si este fue el saludo de Obama a este tirano, ya podrán imaginar cuando tenga delante a la Momia Cagante, la misma reverencia, pero con el culo al revés, en cuatro, como le gusta a los dictadores que se le pongan delante los demócratas, sobre todo si es un presidente americano negro.
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Espero que las palabras de Hussein -como lo llama La Reina de la Noche, muy peligrosas durante el G20, y estas señales impetuosas, no se le olviden jamás a los votantes norteamericanos. Y muchos menos a las feministas, y en particular, a Oprah Winfrey. En cuanto a esclavitud -lo que tanto le preocupa a Obama, como es natural-, espero que no ignoren él y su mujer que la Arabia Saudí es uno de los países que más esclavos tuvo y tiene, sobre todo africanos y filipinos.














