No conozco personalmente al Padre Alberto, por desgracia, pero como todo el mundo estoy al tanto de los últimos acontecimientos en su vida, y en la vida de sus feligreses, que a mi juicio han dado una respuesta ejemplar a la iglesia: apoyar a su cura, pase lo que pase. Yo estoy, como ellos, junto al Padre Alberto, sólo porque apoyaré siempre a los enamorados. Se enamoró porque se enamoró y p’al carajo. Además de gran cura, de una persona sumamente solidaria con sus feligreses, es un cura que está buenísimo, tiene genitales (como dice Jaime Bayly), y después tiene corazón. ¿Dios pide que su corazón sea sólo para él? Muy mal por parte de Dios, muy egoísta de su parte.
Tanta gente pendiente de los Castro, señores, y el verdadero revolucionario en estos momentos es el Padre Alberto, y tenía que ser cubano. Claro que no es el primer cura que se enamora, pero por primera vez tenemos a un intelectual, hombre religioso, hombre hermoso, amante de Dios y de las mujeres, y quién sabe si más… que decide amar pese a la época en la que vivimos, la época del odio. Es la época del odio y él da una respuesta con amor; nadie va a olvidar el bien que ha hecho este hombre durante toda su vida, y el que lo olvide es un desalmado. Una amiga me cuenta que su prima se le acercó para pedirle funerales que ella no podía pagarle a su madre y él se ocupó de todo. ¡Eso es inolvidable! Yo puedo olvidarme de Dios en esos casos, pero no del Padre Alberto, no de la persona que te tira el cabo, más bien él, con esa actitud es quien hace recordar a Dios.
Al padre Alberto lo sorprendieron en la playa con su novia, fotos publicadas en una revista de ésas, ya sabemos, la mierda que todos leemos a cada rato (el que me diga que no las lee es un hipócrita). O sea, mientras el Papa de formación nazi le hacía la pelota a los islamistas, se ponía el pañuelito palestino en el cuello, el padre Alberto estaba besándose en una playa. Pues les digo, prefiero el beso en una playa, o el estrujón, el mate, el apretón, la mano en la tota, lo que sea, del Padre Alberto con su novia, a la hipocresía total de esa iglesia antigualla que ahora, por oportunista, abraza el islamismo, una religión que decapita homosexuales y lapida a mujeres por adúlteras o que ve como delito que una mujer se tome un café con un sobrino, como le pasó hace poco a una anciana en la Arabia Saudí, la condenaron a doscientos latigazos y a la deportación ¡por tomarse un café con su sobrino en un sitio público! Ni hablemos del cura antisemita Williamson, y de los curas pedófilos, que siguen en sus cargos en la iglesia. El Padre Alberto dicen, tuvo que dimitir de la iglesia o retirarse a reflexionar, pues muy mal, o muy bien para él mismo. La iglesia pierde a un gran tipo, digo yo, y con él a sus feligreses, que lo seguirán a donde él vaya.
Pero vean las opiniones, en El Nuevo Herald, y sobre todo la de Jaime Bayly debajo, y en el programa de María Elvira Salazar:
El Padre Alberto sobre Williamson: