José Martí y las drogas.

Hoy se cumple un aniversario más de la muerte de uno de los más grandes cubanos, del poeta, periodista, ensayista, novelista, escritor en una palabra, José Martí. José Martí sería quien debería estar en todas las camisetas de los jóvenes de hoy y no el Ché Guevara que no simboliza nada de Cuba. Aparte, Martí murió en combate defendiendo a su pueblo, y el otro sanaco, murió comiendo de lo que pica el pollo en Bolivia. Yo me considero muy martiana, aún cuando el Cabezón me cansa a veces, pero como Martí no hubo, ni hay, ni habrá otro personaje, otro intelectual, otro revolucionario; es la razón por la que los Castros se dieron a la tarea de minimizarlo tusándolo como una mazorca de maíz, usándolo para su propaganda personal, sacando frases fuera de contexto y convirtiéndolas en repetitivas y aburridas consignas. Salvando las lejanísimas distancias, lo mismo hicieron con Nicolás Guillén. Pero no olvidemos al Martí de los poemas de amor, de sus personajes femeninos, de Lucía Jerez, de los poemas enardecidos. Hace tiempo les colgué en este blog o en el de Skyrock (a la derecha en el blogroll), un poema titulado Alfredo, con claras connotaciones homosexuales. Se ha dicho de todo de Martí, lo sé, que si mujeriego, que si curda. Bien, en primer lugar, es conocido que el apóstol no era un santo como quisieron hacernos creer los Vitier. El apóstol fumó hachís, de ahí su bello poema, que leí hace algunos años, en la sala de mi casa, ante la mirada aterrada de esos “espíritus finos” de la ex burguesía cubana (o que se hacen pasar todavía hoy en día por la ex o la hez burguesía cubana). Hubo dos burguesías en Cuba, la alta y la mediocre, no soy yo quien las califica, son ellas mismas, luego hubo los pobretes que se hacen pasar, no sé por qué, siempre por la peor de las dos. en fin, también colgué ese poema, Hachís, en mi blog de Skyrock por allá por mayo del 2005 (empecé a tener blog en octubre del 2005, ya lo expliqué también aquí). El apóstol metió cocaína y hachís hasta cegarse, bebía el vino Mariani, su preferido, hasta caminar en zig-zag, y era un adicto al café. Tan adicto era, que uno de los más grandes martianos que conozco y que leo con pasión, Carlos Ripoll, afirma en uno de sus libros sobre el maestro: La vida íntima y secreta de José Martí, que nuestro más grande intelectual y libertador, cayó en combate el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos, por culpa de un chivatazo, y que ese chivatazo -que lo dio un cubano, como no podía ser de otra manera-, resultó porque Martí estaba harto de beber sucedáneos del café, que escaseaba, y Máximo Gómez, también adicto al café, le encargó a esa persona, “un isleño” -como dijo Máximo Gómez, nunca mejor dicho- que le fuera a buscar café de verdad, y éste lo echó palante. Les recomiendo encarecidamente todos los libros de Ripoll, pero este es una verdadera joya, cito fragmentos del capítulo Martí y las drogas:

“En último análisis el arte no es más que una forma de enajenamiento. El poeta, por el verdadero orígen de la palabra, es el creador: hace un mundo nuevo u organiza el conocido de manera diferente. Y así todos los artistas. Por ese motivo es mayor en ellos la tentación al escape, porque su mismo oficio les puede hacer atractivo todo universo artificial. Ningún estupefaciente mejora el talento para la creación artística: Coleridge y Baudelaire hubieran sido grandes poetas sin conocer los “placeres” y los “paraísos” del opio y de la mariguana. Nada más que con la cafeína asoció Martí su producción literaria; el vino Mariani, muy recomendado en su época como reconstituyente con cierta cantidad de cocaína, lo usó por su acción tónica; y el hachís, quizás alguna vez, en sus días mexicanos, cuando era de uso inocente, por la aventura onírica.

Sólo por ignorancia pudieran tomarse estas observaciones como apología de las drogas o rebajamiento de Martí. No debe perderse de vista el tiempo que interesa, cuando no se tenía conocimiento de los peligros de algunas de ellas ni estaba la sociedad tan expuesta a su tráfico criminal: nadie con mayor ira que Martí hubiera condenado en nuestros días la práctica, el comercio culpable y la indolencia con las que muchos condonan las riquezas que en su comercio se origina.”…

El café.

La muerte de Martí quizás se originó por ser adicto al café. En su viaje desde Playitas a Dos Ríos tuvo que acostumbrarse al “Cuba Libre” (miel y agua), y al “Rabo de Mono” (cocimiento de hojas de naranja) para sustituírlo. Poco antes de su muerte anota en el Diario: “Del café hablamos, y de los granos que lo sustituyen”. Y sus últimas palabras allí son las siguientes: “… me trae Valentín un jarro hervido, en dulce, con hojas de higo”. Martí pasó sus últimos días en un lugar casi despoblado, cerca del encuentro del Cauto y del Contramaestre, y es probable que hiciera algún tiempo que no tomaba café. Máximo Gómez, para quien el café era también la bebida favorita, contó de esta manera la tragedia de Dos Ríos: “La cosa pasó así: un isleño a quien yo enviaba al pueblo a buscar café, me traicionó y dio cuenta a Sandoval que yo me encontraba allí con mucha gente esperándolo.” Pero el general español Juan Salcedo, jefe militar de la provincia de Oriente, basado en el informe que le dio el coronel Sandoval, puso el pedido en boca de Martí: a raíz de los acontecimientos publicó esta versión:

Martí y Gómez, al frente de unos 800 hombres, acamparon en Boca de Dos Ríos. Los cabecillas quisieron correr una aventura, se destacaron de las fuerzas que mandaban y fueron a una lechería a tomar leche. Ya en dicho sitio le preguntó Martí a un hombre: ‘¿Te atreves a ir a las Ventas de Casanova a traerme café?’ Y éste le replicó: ‘Presidente, la empresa es muy arriesgada, andan por ahí las tropas y caeré en su poder’. Pero Martí le dijo: ‘Uno ´solo no inspira recelo’. Y salió a cumplir su encargo.”…

No es que Martí fuera un pingúo, que lo era, es que de estrategia militar no sabía nada (nota mía).

“Era Carlos Chacón, que cayó en poder del enemigo y, según Salcedo, ‘cantó de plano’.

Por su parte el historiador Gerardo Castellanos, después de consultar todas las fuentes, escribió en 1937: ‘Martí le había dado a Chacón una esquela de su puño y letra en la que pedía comestibles y ropa, y para pagar los gastos le entregó cuatro monedas de oro y otras de plata’; y concluye: ‘Chacón, con su esquela, y el delator oro, fue el pequeño detalle que produjo la conflagración. El pobre guajiro parecía ir en sencilla misión, y resultó ser el hilo de Ariadna para los españoles’.

Para terminar cito una hermosa frase de Martí en relación al café: “El café tiene un misterioso comercio con el alma”. (Que cita CR)

Como saben, soy una Mujer de Martí, según explico en mi ensayo del mismo título, que leí en Los Ángeles hace ya seis años cuando me condecoraron los cubanos de allá con La Rosa Blanca. El ensayo saldrá editado en mi poemario Anatomía de la mirada, de próxima aparición en la editorial Difácil. Cuando llamo a Martí con epítetos un poco frescos o salidos del plato, como “cabezón, frentúo, el busto, etc” lo hago con el mayor cariño y amor del mundo.

Carlos Ripoll 1

Carlos Ripoll2

Carlos Ripoll3

Ver esta magnífica y fina broma en El Imparcial Digital de Eufrates del Valle, por El Cacique Guamá. Otro excelente post en El Abicú Liberal.

Haschisch

Arabia: —tierra altiva
Sólo del sol y del harem cautiva

Cuando la infame Tierra abre su seno
Al árabe, engendrado
De ardiente arena y sol enamorado,
Y el seno, de miserias viles lleno,
Fango sangriento al árabe ha mostrado,
Lo eterno anhela, el árabe suspira,
Los ojos cierra a la verdad, y llora
Dulce llanto de amor a la mentira,
Y el alma ardiente de la tierra mora
Duerme para vivir, pues—viva—la ira
En su pecho más loca se levanta
Que la idea de amor en sus mujeres
Y el canto de pasión en su garganta.

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¡Amor de mujer árabe!—La ardiente
Sed del mismo Don Juan, se apagaría
En un árabe amor, en una frente
De que el negro cabello se desvía,
Como que ansia de amor eterno siente,
Y a saciarnos de amor nos desafía!—

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¡Oh! viven en aquellas
Magníficas doncellas,
Las trovas no escuchadas,
Las horas no sentidas,
Y lágrimas de amor aún no lloradas,
Y fuentes de hondo amor aún no sabidas;—
En ellas, las huríes,
Por cada rayo de su sol un beso
Con sabor de azahar y de alelíes;—
Y en ellas, lo imposible
De una hoguera de luz nunca extinguible!

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La vida es el amor—donde la tierra
Por los solares besos fecundada,
Pensiles ha por hijos, en que encierra
La fragancia y la luz de una alborada;—

La vida es el amor—donde de amores
Del tibio sol y arábigas arenas,
Hasta el desierto mismo nacen flores
Con palmas leves de murmullo llenas;—

Y allí donde si el sol desapareciera
Del beso de una hurí renacería,
Prendida dejo el alma pasajera
Y la vida es amor:—¡Oh! ¡quién pudiera
De una mora el amor gozar un día!

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No es estatua de lánguida figura
El alma de un poeta:
Es un sol de dolor: alma sin cura
De universal enfermedad secreta:—
En sí tiene el hervor, en sí esta fiera
Ansia que en beso incomparable invoca
Que, dado en una vez, arda en su boca
Más allá de las horas en que muera:—

¡Oh! ¡Pobre alma dormida
Sin este beso eterno sacudida!

Una árabe que besa,
Es labio de mujer, donde nos cumple
La eternidad al fin de una promesa:—

¡Oh! si mis labios pálidos rozara
una arábiga boca, donde arde
Cuando se imprime, el fuego del Sahara,
Mientras no es ida, el fuego de la tarde:—

Si esta mejilla sin color,—hundida
Al espantoso beso
Que con los huesos de su boca, impreso
En cara y corazón deja la vida,—

Si este espíritu luce enamorado
Del armónico amor, en mí sintiera
Ese beso de una árabe, engendrado
Al fecundo calor de una quimera;—

Si el alma de una mora, a hierro impío
Del tiránico afán encadenada,
Viniera a calentar el pecho mío,
Y dejara en mi boca fatigada
Un beso como el fuego del Estío
Largo como el dolor de esta jornada,—

Yo no sé qué dulcísima ternura
Este árido cerebro llenaría:
Yo no sé qué colores esta oscura
Virgen de mi alma casta vestiría;
Qué luz como esta luz—¡oh, qué ventura
De una mora el amor gozar un día!

————————–

Chimenea encendida
Al frío corporal vuelve la vida:
¡También de un beso al fuego,
El muerto de vivir, renace luego!

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Nadie sabe el secreto misterioso
De un beso de mujer: yo lo he sabido
En un arrobamiento luminoso
Extra-tierra, extra-humano, extra-vivido.

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Cuando todo lo férvido dormita,
Cuando todo lo imbécil gigantea,
Cuando la languidez sólo se agita
Y por nuestra alma mísera pasea,—
Hay algo más hermoso que una noche
De Enero de mi patria en las llanuras;—
Más dulce que un dulcísimo reproche
Lleno de confusión y de locuras,
Con que un trémulo labio
Culpa y perdona su amoroso agravio;—
Hay algo como en sueños,
Nos pareció escuchar, algo que ha sido
Verdad, aunque fue sueño, porque deja
Partida la verdad, cierto el sonido,—
Un rayo que refleja
Muy suave claridad,—una dulzura
Que todos nuestros átomos orea,
Y una especie de aroma de ternura
Que sobre nuestros labios titubea!—

¡Un beso de mujer!—Pues ¿cómo ha sido?
Todo lo venturoso ha renacido,
La redención espléndida amanece,
Esénciase el cadáver, y en el punto
Hermano siglo y siglo de un difunto,
¡O me engaño—¡oh ventura!—o me parece
Que do el difunto fue, la yerba crece!

———————

¡Un beso de mujer!—Yo lo he sabido
En un muy dulce instante extra-vivido.—

El árabe, si llora,
Al fantástico haschisch consuelo implora.
El haschisch es la planta misteriosa,
Fantástica poetisa de la tierra:
Sabe las sombras de una noche hermosa
Y canta y pinta cuanto en ella encierra.—

El ido trovador toma su lira:
El árabe indolente haschisch aspira.

Y el árabe hace bien, porque esta planta
Se aspira, aroma, narcotiza, y canta.

Y el moro está dormido,
Y el haschisch va cantando,
Y el sueño va dejando,
Armonías celestes en su oído.

Muchos cielos ha el árabe, y en todos,
En todos hay amor,—pues sin amores,
¿Qué azul diafanidad tuviera un cielo?
¿Qué espléndido color las tristes flores?

Y el buen haschisch lo sabe,
Y no entona jamás cántico grave.

Fiesta hace en el cerebro,
Despierta en él imágenes galanas;
Él pinta de un arroyo el blando quiebro,
Él conoce el cantar de las mañanas,
Y esta arábiga planta trovadora
No gime, no entristece, nunca llora;
Sabe el misterio del azul del cielo,
Sabe el murmullo del inquieto río,
Sabe estrellas y luz, sabe consuelo,
¡Sabe la eternidad, corazón mío!

El árabe es un sabio:
Cobra a la tierra el terrenal agravio.

Y en tanto,—el encendido
Vigor de este mi espíritu potente,
Me quema en mí y esclavo y oprimido
Tormenta rompe en la rebelde frente:—

Y en tanto—de mi espíritu el deseo
De aquello lo invisible se enamora
Y se abrasa en mí mismo, y me devora
Buitre a la vez que altivo Prometeo!—

¡Amor de mujer árabe! despierta
Esta mi cárcel miserable muerta:
Tu frente por sobre mi frente loca:
¡Oh beso de mujer llama a mi puerta!
¡Haschish de mi dolor, ven a mi boca!

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