Una princesa saudí estafa a un comerciante parisino.

Una princesa saudí estafa a un comerciante parisino: le hizo una compra por casi 150 mil euros, pidió que le enviaran la compra al hotel Georges V, y tres semanas más tarde aún no ha pagado la deuda en su integridad.
El comerciante ha decidido protestar cada día con una pancarta en el frente del hotel, tratando de recuperar el dinero. Uno de los hijos de la princesa le entregó 50 mil euros en billetes, pero el resto del pago brilla por su ausencia. Según el noticiero de las ocho de la noche de TF1, la princesa saudí ha repetido esta historia con varios comerciantes parisinos. Léalo en Le Parisien.

La mala hierba. Por Charlie Bravo.

La mala hierba.

Por Charlie Bravo.

Ayer sonaron unos disparos en el Museo del Holocausto, en Washington DC.
Un viejo simpatizante del nazismo, James Von Brunn, de 89 años mató a un
guardia de seguridad, identificado como Jones, en un tiroteo en el cual
también él resultó abatido. El nazi esta internado en un hospital de la
ciudad, las autoridades se lanzaron rápidamente a calificar el hecho
como aislado, soslayando lo evidente: se trata de terrorismo antisemita,
nazista, y racista, que ha crecido como la hierba mala desde el final de
la segunda guerra mundial. Los nazis -lo de neo-nazi es un eufemismo- se
han aliado desde los primeros albores de la segunda guerra mundial con
los elementos del Ku Klux Klan, y el nazi asesinó a un guardia negro con
su primer disparo no por casualidad.

Este ataque terrorista no puede separarse del ambiente de antisemitismo
provocado por el abandono a Israel frente a sus enemigos, como nueva
imposición geo-política para complacer a la Ummah. Horas antes del
ataque, Bibi Netanyahu recibió una llamada telefónica donde se le
advertía lo siguiente, por un funcionario americano que la prensa no
identifica: “We are going to change the world, please do not interfere”.
Habría que preguntarse qué clase de cambio se está pretendiendo
implementar, y sobre todo a qué costo, y a costo de quién. He escrito en
otras ocasiones que el judío es el probervial canario en la mina de
carbón, cuando las fuerzas del antisemitismo se desatan, poca esperanza
hay para la sociedad. O remitámosnos a la Kristallnacht o los progroms
en la antigua Rusia. Y a toda persecusión o ataque antisemita en Europa
o las Américas, donde también las ha habido, por no hablar de los
atentados a sinagogas en países como Túnez, Turquía, y otros. Hitler
encontró un generoso aliado en los jihadistas de la Hermandad Musulmana
en Egipto, y en sus capítulos de los países del Oriente Medio. Con esas
advertencias a Israel del tipo “get out of the way” lo único que se está
logrando es que los antisemitas de todo pelaje se envalentonen y ataquen.

La sociedad se encuentra -literalmente- en medio del fuego cruzado. Con
la particularidad de que los dos bandos que disparan no se disparan unos
a otros. El terrorismo islamofascista y el terrorismo nazi tienen un
objetivo común: la destrucción de la sociedad americana, que ha sido el
garante occidental de Israel. Los ciudadanos de Washington DC, por la
estúpida corrección política y la filosofía de “¿armas para qué?” nos
encontramos en una situación defensiva desigual ante los fascistas
armados. La autodefensa sin armas es muy útil, pero muy limitada ante un
atacante con poder de fuego. Es saludable advertir a la sociedad que el
Obamunismo generará una reacción racista y fascista, donde los
ciudadanos razonables y moderados tampoco tendrán cabida. Estamos en
peligro de que diferentes demominaciones del fascismo común secuestren a
la sociedad americana, tendremos que impedirlo y se está haciendo tarde.

Llama la atención que los servicios de inteligencia de los Estados
Unidos no  hayan actuado ante la amenaza geriátrica, por llamarla de
algún modo. James Von Brunn es un nazi convencido, con publicaciones,
websites, conferencias, y actitud abiertamente fascista. Ha actuado
impunemente desde los años ochenta cuando terminó de cumplir una condena
por intentar secuestrar a “miembros de la judería” que segun él
controlaban la política americana. Salió de la cárcel y se dedicó a sus
“actividades” con toda libertad. También se demoraron la friolera de
treinta años en capturar a dos gerontocastristas, los espías Myers, que
actuaban a favor de la gerontocracia fascista de Fidel Castro, otro gran
practicante del fascio-comunismo y antisemita confeso. Habría que
preguntarse si los datos reunidos por estos espías no habrían sido
vendidos o cedidos a los regímenes que hoy niegan el Holocausto y que
promueven el antisemitismo, como la dictadura de Chávez o la del bizco
de Teherán.

Se cierra el círculo del extremismo terrorista. Los fascistas y los
comunistas se besan las colas mutuamente, con cariñosos mordiscos. Los
islamofascistas se revuelcan en los excrementos de esas dos bestias,
mientas se amamantan de su veneno. Y mientras, se permite que Corea del
Norte e Irán desarrollen ingenios atómicos con fines de guerra con los
que pudieran golpear simultáneamente a Estados Unidos e Israel. Por si
fuera poco, se pretende traer a los terroristas islámicos de la base de
Guantánamo a las prisiones de los Estados Unidos, donde contarían con
una buena cantidad de reclutas potenciales entre elementos delictivos,
pandillas de corte étnico, supremacistas blancos y nazis. Nada como
fundar academias terroristas en el sistema penal americano financiadas
por el contribuyente americano. La receta es letal.

Jim Hodges en Art Basel.

El pintor estadounidense Jim Hodges, maestro de los dorados, en Art Basel. Un pintor que me viene interesando desde hace años. Brad Pitt le acaba de comprar una obra, léalo en The Huffington Post. Ver obra aquí. No puedo poner fotos porque están sometidas todas a derecho de autor.

Un documental de Serge Moati: “Mis preguntas sobre Cuba”.

Serge Moati hizo un documental sobre Cuba titulado Mes question sur Cuba en France 5, lo estrenaron en la televisión francesa hace unos días, cometí el error de verlo dos veces. En primer lugar el documental es francamente malo, sus preguntas sobre Cuba son, desde el inicio, afirmaciones. No hay ninguna duda, él lo sabe todo de antemano.

En sus preguntas sobre Cuba no aparece nadie del exilio, salvo en los agradecimientos, en los que pusieron mi nombre sin consultármelo, no sé por qué, porque no hice absolutamente nada por esa película. Aunque dentro del documental habla de mí y me elogia, lo que creo yo, sin falsa modestia, que me merezco sobradamente. Quiero subrayar que el filme es de esas películas en que no sabes de qué lado está el realizador, si con los indios o con los cowboys, y cuando eso sucede ya enseguida sabes que está del lado de los cowboys, en el lenguaje básico anti-hollywoodense. De los indios, en mi lenguaje, que a mí siempre me han gustado más los cowboys.

Serge Moati entrevista al hijo o nieto de Salvador Wood, el actor comunista, el muchacho no está mal ni bien, está en su miedo, o en su valentía recogida al buen vivir, en su subsistencia, en ese tres y dos que se ha inventado el cubano, un cantinfleo en francés, un francés que debió de haber aprendido cuando su madre o su tía, o su hermana fue agregada cultural en la embajada castrista en Francia; por cierto, la señora Yolanda Wood no paraba de acechar al pintor Guido Llinás con la intención de llevárselo para Cuba. Guido le huía como la peste.

Serge Moati entrevista también a un comunista borrachín francés que es el dueño, al parecer, del Cabaret Nacional, en el Boulevard de San Rafael, donde por cierto, mi madre trabajó. Este francés se ha casado con una mulata rumbera, con quién, si no. El comunista francés habla sandeces del exilio cubano, y dice que todos mienten sobre Cuba y que el país está en guerra. Me extraña ver a un comunista francés en un escenario de guerra, estarán muy en guerra, pero los planos que se superponen son los de su mulata cantando y moviendo el fambeco a más no poder, o sea, su mujer. ¡Asqueante! Luego, un ex amigo de Severo Sarduy, que había ido a trabajar a la embajada de Francia en Cuba y decidió quedarse también para él, todos mienten, absolutamente todos mienten. En cualquier caso, (cherchez la femme ou bien la folle).

¿Quiénes mienten?

A juzgar por lo que filma Moati el primero que miente es él mismo, el realizador vestido a la manera del chulo cubano de antes de la revolución, y ellos, sus franchutes acomodados a costa del dolor del cubano. Las imágenes de las calles sin asfaltar, polvo y piedra a pulso, la miserable vestimenta de la gente, el aspecto hambreao de la población, la cochinada de las casas, la puercada general, la violencia de los negros (eso fue lo que más me gustó). Ustedes saben que a mí me mata la guapería del negro cubano, y la del mulato, y la del blanco, a mí la guapería me mata, sencillamente. Pues bien, la guapería ya es cosa de finos en la Cuba de hoy. Ahora lo que se usa es la violencia a pulso, la burla con violencia y con descaro, con sangre:

La cámara intenta filmar a un negro que pasa delante del objetivo a mil, pero podemos escuchar y ver su rostro transfigurado, desagradable, nada jocoso y mucho menos generoso con el extranjero, y sus palabras:

-”¿Qué pinga me vas a filmar tú a mí, me vas a pagar o qué?”

Otro negro, los ojos enrojecidos y perdidos en esa aventura de la Marie Jeanne, lo obliga a entrar en su casa de muñecas (nada que ver con Ibsen), con barbacoa destoletá, y espeta al duro y sin guante:

-”Ven acá nagüe, ¿tú quieres filmar el altar? Ven, ven, míralo, ahí está (señala a un altar), one, two, three, four, five (cuenta en inglés y con los dedos dirigidos al lente), son cinco dólares, ¡que yo tengo que comer!”.

Y sale de cuadro. Moati no entiende español y su traductor con toda evidencia le traduce lo que le da la gana, es por eso que afirma, en un arranque de cursilería barata, que la gente es tan honesta y tan gentil en Cuba, cuando en ese mismo momento una muchacha se está burlando de él, y otro negro lo están mandando p’a la pinga.

Luego está la entrevista con Wendy Guerra, esa actriz-escritora, “intelectual de culto” -según ella misma-, que han puesto para hacerle la contrapartida a Yoani Sánchez, como mismo pusieron a Senel Paz para contrarrestar a Reinaldo Arenas. Wendy Guerra se le encima a Moati, le dice que ella lo que quiere es una alas inmensas para poder volar, agita sus brazos, y que ella quiere que ese país tuviera unas alas inmensas para poder volar, y vuelve a agitar las pencas-brazos semejante a un cuervo. Le mete el dedo en una verruga de nuevo a Moati, tremenda nota que tiene Wendy Guerra, al parecer, y se pregunta que, cómo alguien que, no sé, por ejemplo, titubea falsamente, que vive en África va a querer opinar sobre Cuba. O sea, la alusión a los exiliados resulta hasta pendeja. Pues mire, Wendy Guerra, cómo puede usted ignorar a tantos escritores exiliados que han opinado de sus países, sin vivir en ellos, y no me refiero a los cubanos, piense un sólo momento, señora “escritora de culto” (iba a poner otra cosa, pero debo comprobarlo primero, en donde iba “culto”), en tantos escritores polacos, rusos, chinos, rumanos, checos, chilenos, argentinos, españoles, tantos y tantos, que por diversas razones históricas, casi siempre dictaduras, han escrito de sus países sin vivir en ellos, y en muchos casos, teniendo muchísima más información y razón que la que promovían otros, los escritores del régimen que ellos denunciaban. Señora Wendy Guerra, espero que pueda usted volar, lo más lejos posible, lo que será un bien seguramente, primero para usted, después para el resto de las personas que piensan realmente en la libertad de ese país. Este es el tipo de escritores que cuando sale de la isla declara que a ellos no les interesa la política, mon oeil!

Por fin, el señor Moati, luego de describir una Habana que él ni siquiera conoce, no sabe ni donde está parado, por ejemplo, frente al cine Yara, añade que por fin, va a encontrar a Yoani Sánchez, dos días han pasado y para él ha sido realmente una tremenda afrenta conseguir a Yoani Sánchez, con lo fácil que es ir a visitarla a su casa, pero él quiso sacarla de su contexto, típico de los periodistas mandados.

La entrevista transcurre detrás de una mata, bajo una pésima sombra que no favoriza para nada a la mujer. Yoani se ve cansada, el rostro ajado, Moati ha conseguido una imagen de ella siniestra. Pero Yoani abre la boca, y es todo lo contrario de Wendy Guerra, ojos limpios, serenidad en los gestos. Dice las cosas como tiene que decirlas, al pan pan y al vino vino. Culmina con una respuesta que desarma al entrevistador. ¿Qué es la Cuba de hoy para usted? Algo más o menos así le pregunta Moati, que espera una zarabanda de ingenuidades, y ella responde con toda la tristeza y la sinceridad del mundo: “Un naufragio”. Esta es la Yoani que a mí me prende, la mujer en apariencia abatida por sus circunstancias, que de pronto se pone alas en el pensamiento, y que vuela, de verdad, sin aspavientos, con coraje y calma, con una visión tremendamente razonable de su existencia. No tiene puesto su mejor vestido negro, ni está ni siquiera bien peinada; pero su rostro es limpio y verdadero. Me recuerda, con permiso, a la Yocandra de La nada cotidiana. A mi Yocandra, que ahora mirándolo bien, perteneció avant la lettre a otra generación y, aunque la mía era la de Yocasta y Casandra, con su nada cotidiana a modo de tragedia griega a cuestas.

Antes de irse a Cuba, Serge Moati me contactó a través de una secretaria chilena para pedirme una cita, luego desistió de hacerme la entrevista, así como desistió de hacérsela al escritor Jacobo Machover, ya por ahí algo me olió feo.

Señor Serge Moati, qué vergüenza su documental. Le ruego que me quite de los agradecimientos. Aún cuando más tarde esa productora no quiera aceptar ningún proyecto que venga de mí.

Veo venir el comentario a posteriori de este artículo del señor Moati: “Mi documental no gustó a las autoridades cubanas y tampoco al exilio”. Claro, señor Moati, seguramente usted lo hizo con los objetivos contrarios; pero le salió el tiro por la culata.

Con este artículo, firmado por mí, sin embargo, ganó usted un punto a favor. Tal vez lo inviten al Festival del Nuevo Cine Ladino o Letrinoamericano.

Conclusión a la que llegamos algunas personas que hemos visto el documental: En repetidas ocasiones los entrevistados confiesan que hay una generación que no cree en nada, en nada de nada. Y eso es muy saludable. La otra es la violencia de la negrá, eso es evidente en el documental. No saludo esa violencia. No me gustaría que  la gente de mi barrio, donde me crié, sean los primeros a ponerse delante de los tanques. La Habana Vieja y Cayo Hueso no se merecen eso. Me gustaría que fuéramos todos, pero una gran mayoría tuvo que largarse, y la otra, aún más grande, siente pavor.