No hay nada más extraordinario que salir de la casa, con la certeza de que iremos a la librería del barrio, a una de ellas, con dos o tres títulos en la cabeza. Porque necesitamos lecturas, libros, con toda urgencia, cual un medicamento que nos curará y salvará de la estupidez. Y saber que nos estará esperando el librero, siempre atento, lo encontramos leyendo o conversando con un lector, a quien aconseja acerca de tal o mascual libro. Y que cuando le preguntemos por un título improbable jamás responderá que no hay, que es imposible, que está prohibido, o en falta. No hay nada más grato que entrar en una librería y palpar los lomos de los libros, y saber que con el dinero de nuestro trabajo podremos comprar los que queramos, los que podamos, pero que están ahí, al alcance de la mano, del deseo. Y además, no hay nada más satisfactorio que comprobar que el librero es realmente un librero, y no un policía. Que es un hombre sencillo, amable, que incluso se emociona, hasta aguársele los ojos, cuando habla de la poesía de René Char o de Henri Michaux, y para colmo, pregunta con delicadeza: “Ça va, madame, et la santé, et votre esprit, et l’âme?”
En el video, una de las librerías de mi barrio, la más cercana, Pensées Classées, en el 9, rue Jacques Coeur, 75004, París. Para conversar con el librero, François Morice, puede hacerlo a través de su blog Pensées Classées.
Me gustó mucho este post. Y de nuevo gracias por los videos. Paris en verano. Mas luz, no?
Aquí se echa de menos esos sitios, al menos donde vivo, todo se reduce a los grandes almacenes impersonales.
No existe otro placer más íntimo que éste.
En alguna ocasion que tuve la posibilidad de viajar y retornar a la patria querida- la patria de las miserias- por fugaces instantes me asaltaba la duda si gastar mi pequeño capital en la pacotilla necesaria para la vida en la miseria, o invertir en los necesarios libros que podrian mitigar mi tiempo de desinformacion dentro de la Isla. Gracias a Dios, siempre mis buenos amigos me ayudaban a definir mi ambivalencia. Ellos se ocupaban de ponerme los libros, ya mi fortuna se podia emplear para las necesidades materiales mas apremiantes. A mis amigos va siempre mi agradecimiento, porque gracias a esos libros muchos cubanos a mi alrededor se encargaron de conocer verdades negadas. Nada mas reconfortante que escribir en una listica, a escondidas, a quien se le presto y quien esperaba por el en turno de lectura.
Me encanta esa farmacia… jajaja!