My unhappiness is your happiness. Por Charlie Bravo.

Segun los sesudos y estudiosos de la organización “Happy Planet Index”
(http://www.happyplanetindex.org/) estos son los diez países más felices
del mundo:

1- Costa Rica, parece que eso de pura vida les permite vivir con un
índice económico bajísimo.
2- República Dominicana, donde muchos se largan felicísimos a hacer
cualquier tipo de trabajo en New York
.3- Jamaica, que exporta felices emigrantes a USA, Canadá, e Inglaterra,
pero que tiene lindísmas playas.
4- Guatemala, no me explico porque tantos emigran en condiciones
infrahumanas, siendo tan felices.
5- Vietnam, con economia comunista y sin derechos humanos.
6- Colombia, con una guerrilla asolando medio país.
7-  Cuba, sí, con dos cojones y todo.
8- El Salvador, con las consecuencias de una guerra de guerrillas
fomentada por los muchachones del número 7
.9- Brasil, con más crimen que nunca.
10- Honduras, donde Mr. Sombrero Zelaya se confabula con Chávez para
acabar con la democracia.

Me pregunto si vale la pena que escriba algo sobre esto.
Sí.
Al menos en una ingeniosa gráfica, el diseñador del website intercala el
prefijo un delante de happy, para crear la frase inglesa unhappy planet
-el planeta infeliz. Ahí sí que tiene sentido, pero estos maestros de la
ecología como ciencia social no tratan de ser irónicos. No, ellos, muy
tranquilos, pretenden que les creamos. Y sí, pues Cuba es uno de los
países más felices del planeta. Uno se pregunta cómo, si el país tiene
un índice económico tan maltrecho que de ser puntero en 1958 ha pasado a
ser solamente superior a Haití, económicamente hablando. Se van mas
cubanos de Cuba que haitianos de Haití, y sí, pues hay hasta cubanos que
en busca de la felicidad se largan hasta para Haití.
Naturalmente, que los índices de represión política a periodistas
independientes y que el asesinato de la libertad de expresión vayan mano
a mano con los de Corea del Norte pues no indican nada más que estos
cubanos y coreanos viven muertos de la risa. Me imagino que hasta en las
mazmorras del presidio político sólo se escuchen carcajadas de felicidad
en las naturalmente amistosas y chistosas conversaciones entre verdugos
castristas y prisioneros de conciencia. Y ahí ven a las Damas de Blanco,
que tan felices desfilan cada domingo, y a los bibliotecarios
independientes que juegan al ratón y al gato -claro está, muertos de
felicidad, con los esbirros del G2 que -no faltaría más- son todo
sonrisas de felicidad mientras les batean la testa con la tonfa a un
también sonriente disidente.
Qué les puedo decir que ya no sepan.
Sé que estos señores del Happy Planet Index se han fijado en las
carcajadas de los balseros cuando son devorados por sonrientes tiburones
de tres filas de dientes.
Y que esos brincos entre explosiones en los campos minados de los
alrededores de la base de Guantánamo no son más que un zapateo que
bailan los felices cubanos al acercarse al alambre de púa de los
infelices soldados americanos, cuyo país ocupa nada más y nada menos que
el número 114 en la lista. Y los cubanos, tan generosos, que tratan de
traer por todos los medios su felicidad a este valle de lágrimas que es
los Estados Unidos.
Mejor digo lo que pienso: éste es un reporte obra de un atajo de
racistas redomados, que prefieren ver a los sonrientes nativos del
tercer mundo -y del cuarto no-mundo, que es Cuba- como complacientes y
felices bailarines de distintos ritmos, meneando colas virtuales por un
euro o un infeliz dólar. Que en los diez primeros haya dos países
comunistas donde el paredón funciona muy frecuentemente dice aún más
acerca de la verdadera agenda de estos energúmenos.
La Arabia Saudita de los amores del B’rak es el numero 13. No está mal
para un país lleno de esclavos, de mujeres vejadas, y donde el
apedreamiento es un simple expediente para salir de una tía incómoda.
Las decapitaciones son más humanas que las corridas de toros.
Mejor aún, visiten al área de descargas y vean como Corea está
mágicamente reunificada en la lista, y cómo Palestina da mucha más
felicidad a sus ciudadanos que Israel. Quizás por eso se convierten en
suicide bombers y Hamas aprueba la crucifixión como castigo. Les invito
a comparar los lugares que ocupan los países donde cada uno de ustedes
vive, y que se mueran de envidia cuando vean lo mal que les va
comparados con cualquier disidente cubano que acaba de ser apaleado por
un policía. Al menos ellos estaban muertos de la risa.

14 comments on “My unhappiness is your happiness. Por Charlie Bravo.

  1. estoy buscando los nombres de esta gente, porque despues de poner que cuba le saca 15 puntos a holanda (dejando a parte los 35 a estados unidos, que realmente es indignante) esta gente tiene que poner su nombre, su profesion y de que vive, porque seguro que este estudio lo paga alguien.

    realmente indignante

    un saludo, fidel

  2. Señores, no se rompan la cabeza. Desde que leí esto ayer en el blog de Ferrer supe que era una tomadura de pelo. Capaz de dejarnos calvos, así que desestimar el resultado.

  3. Un amigo británico me dice que en Cuba sólo piensan en bailar, beber y follar. Nunca ha estado allí; pero esa es la imagen que él tiene de Cuba.

    …que prendan prendan el mechón; que prendan prendan el mechón…

  4. Implacable, Charlie.
    No sé si será una tomadura de pelo, pero he leído ya varias de este tipo, que muestran la “lógica” del pensamiento cavernícola (literalmente) de los amantísimos de la naturaleza, la fuerza más retrógrada y reaccionaria junto con la izquierda enemiga del progreso, el verdadero, no el de los “progres”.

  5. Te aplaudo por el articulo Charlie, el propio gobierno cubano admite que en Cuba la gran mayoria de los adultos toman sedantes, quizas es por eso que esten tan felices, las pastillas que engullen, por que lo que se dice a natural high, no es posible en la isla de los hermanos C.

  6. “Somos felices aquí”. Así rezaba una valla estratégicamente situada en el camino que conduce desde la capital cubana al aeropuerto internacional de Rancho Boyeros. Por el tono no se sabía si era una orden o una aseveración. Quizás era un recordatorio, a titulo de despedida, dirigido a quienes se disponían a tomar un avión para no regresar a aquel “paraíso”.

    Hay en este mundo quienes pretenden tener indicadores cuantificables para medir la felicidad. Suelen utilizar datos –cuya veracidad no se molestan demasiado en corroborar- aportados por los propios gobiernos a organizaciones internacionales sobre la tasa de mortalidad infantil, la expectativa de tiempo de vida e índices de escolaridad. Nunca he comprendido por qué no incluyen otros indicadores igualmente mensurables, como las tasas nacionales de emigración y los suicidios. El hecho es que estos inefables “felicitólogos” se niegan a considerar el impacto que tienen sobre la felicidad humana la presencia o ausencia de factores tales como las libertades individuales, estado de derecho, institucionalidad democrática y otros similares que al parecer consideran poco precisos e ideologizados.

    Según los gobernantes cubanos, en la isla los que no clasifican como seres “felices” son las inevitables excepciones –desequilibrados que insisten en su necesidad de libertad de opción- que sólo sirven para confirmar la regla. Todos los diplomáticos y delegaciones extranjeras que han recorrido el territorio nacional en estos cincuenta años han podido corroborarlo. Sus visitas, acaba de decirnos el General de Ejército Raúl Castro, han sido diligentemente preparadas de antemano para facilitarles llegar a esa sabia conclusión.

    Sin embargo, la terca realidad nos interroga sobre la extraña conducta de miles de compatriotas que huyen anualmente hacia cualquier otro punto del planeta a la primera oportunidad.

    Cuando se inició la tímida y mediatizada apertura a la iniciativa privada a partir de 1994, el número de las llamadas “salidas ilegales” descendió sustantivamente sin que Estados Unidos hubiese suprimido su Ley de Ajuste Cubano. La gente creía que podría volver a buscar su felicidad junto a familiares y amigos, en lugar que tener que alejarse de ellos intentando alcanzarla. Al cerrarse el espacio y morir la ilusión, el éxodo tomó nuevos bríos.

    Muchos esperaban ahora recuperar la esperanza, pero la recién concluida Asamblea Nacional del Poder Popular solo les anuncia tiempos aún más duros. Nada se dijo que indicase que el estado desalojaría los predios económicos que invadió de manera masiva desde la década de los sesenta del pasado siglo. Nada se aprobó que hiciera posible creer que pronto podría buscarse la felicidad en el territorio nacional sin que el estado definiese el contenido de ese concepto.

    En el socialismo de estado cubano hay cada vez más personas que restan importancia a saber leer y escribir, si solo se puede ejercer esa virtud dentro de lo considerado políticamente correcto por el gobierno. O les parece inaceptable que su longevidad sea consumida en una sociedad en la que carecen de todo poder y derechos, salvo el de ser convocados a hacer realidad los sueños de sus gobernantes o aplaudirlos en la plaza pública.

    Raúl Castro cree que la gobernabilidad depende de los frijoles y lleva razón. Pero es evidente que insiste en producir alimentos y hacer construcciones a partir de las fuerzas del estado. Desconcentrar decisiones y recursos no equivale a descentralizarlos en favor del ciudadano. Sin liberar la iniciativa privada, individual y cooperativa, no habrá suficientes brazos para producir ni construir.

    Pero el asunto es aún más complicado. El problema de fondo es que el leit motiv del ser humano no son tampoco “los frijoles” aunque ellos sean esenciales.

    Las personas no somos animalitos que bien cobijados (que no es el caso de muchos cubanos hoy día), bien alimentados (que tampoco lo es) y bien atendida su salud (que cada vez lo es menos) son felices en un paraíso abierto a ingenuos visitantes que lo recorren por rutas cuidadosamente escogidas por sus administradores.

    El ser humano necesita ejercer el derecho de definir por sí mismo qué es lo que lo hace feliz. No es papel del estado determinar cuál debe ser el ideal de felicidad de las personas. Su función es “empoderar” a los ciudadanos para que puedan intentar alcanzarla en un marco de iguales oportunidades. Ningún estado hace feliz a nadie, aunque pueden hacerle la vida infeliz a muchos.

    El día que realmente se “socialice” –democratizándolo- el inmenso poder que hoy tiene centralizado una cúpula dirigente, los cubanos podrán dar respuesta eficaz a sus necesidades materiales haciendo uso de sus libertades ciudadanas. Y buscaran la felicidad en su propio país. Para entonces, la valla se habrá retirado de la calzada de Rancho Boyeros, porque ninguna sociedad es total y definitivamente feliz y la búsqueda de la felicidad es siempre un proceso inconcluso

  7. Zoe,
    ya a mediados de la decada de los años 30 Stalin tenia una frase muy ironica apropos de esta entrada.
    “Camaradas, la vida es mucho mas feliz y mucho mas placentera”.
    Todo esto lo decia en medio de una orgia de sangre en la que habian ya perecido en los sotanos de la Lubyanka todos los colaboradores del mismo Lenin. Millones de personas languidecian en los campos del Gulag sirviendo condenas de como minimo 10 años y algunos hasta de 25 años, pero el tirano sangriento decia que la vida era mas feliz y mas placentera. Y ahora estos estupidos me salen conque Cuba esta entre los 10 paises mas felices del mundo. Es increible la estupidez de estos descerebrados.

  8. que cara dura tiene la “escritora’ esta, despues de obtener los beneficios de una educacion de primera en cuba ahora critica a su pais.

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