"Por su cerrada lógica, por su espaciosa construcción, por su lenguaje nítido, por su brillantez, trascendencia y peso, sobresale entre esos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico." José Martí.
Gracias por esos videos de como bien dice la histórica Celia Cruz. Siguiéndola en Twitter y haciendo un RT: a su blog
En los últimos años en Cuba, Celia Cruz cantaba con la Sonora Matancera, una orquesta considerada por nosotros los jóvenes como música de viejos (con aquellos señores, por Dios, tocando las guitarras y las maracas a ritmo de guaracha o lo que fuera aquello). Celia había quedado fuera de época; estilos como los de La Lupe y de Pacho Alonso captaban la nueva sensibilidad.
Pero como ocurre en estas situaciones desnaturalizadas que son los exilios, Celia llegó a Estados Unidos y surgió como el gran mito. Ya había perdido lo mejor de su voz, ahora con una sonoridad metálica desagradable. Pero creó marca. Se hizo emblemática. No había que hacer mucho más que gritar “Azúcar”, usar pelucas de un cierto estilo liberacesco y meterle gangarria a la voz.
Celia era Cuba en el exilio. La nostalgia de los exiliados la convirtió en mito, un mito que después Celia supo llevar a otros mercados.
Muerta Celia, los medios de prensa se hicieron eco de las mayores alabanzas. Y lo que nadie se atrevió a mencionar en aquellos recuentos fúlgidos de su carrera: el programa síquico que Celia tuvo en la televisión hispanohablante de EE.UU. Ya millonaria o al menos adinerada, se le ocurrió explotar su fama con un negocio fraudulento de “síquicos” telefónicos. Celia aparecía con los síquicos en su programa para avalarlos y animar a la gente a que llamara, claro, por una cuota por minuto. Les prometía a las costureras y damas de la limpieza resolverle los problemas con sus cónyuges y amores imposibles.
“Azúcar . . .”
CElia, el orgullo de los cubanos libres. Gracias Zoe .
Azuca pa’ella donde quiera que este!
Una delicia! La vi en persona una vez. Fue en 1995, mi oficina estaba en un sotano y tenia unos cristales para un pasillo. Parece que ella estaba visitando a alguien en un piso de arriba y se equivoco. Caminaba despistada por aquel pasillo, y cuando llego a la altura de donde yo estaba trabajando, por el cristal hicimos contacto de ojo y le dije: Azucar! Se empezo a reir y me saludo con la mano.
COMO TU QUERIAS CELIA.
TE SEGUIMOS RECORDANDO.
Coñó Zoe, verdad que las mulatas eran de fuego. Ahora no sé por quien decidirme, si por la Rubia de yo no coopero, si por Ninón Sevilla o por esas Mulatas del Cielo, ay Mamá!
Gracias por esos videos, por ese regalo, son materia obligada para recordarnos quienes somos y qué perdimos, que Cuba perdimos!
Sigue viva en mi corazón y cuando la escucho…sigue viva, creo, en tantos corazones, en tantas canciones
Gracias por esos videos de como bien dice la histórica Celia Cruz. Siguiéndola en Twitter y haciendo un RT: a su blog
En los últimos años en Cuba, Celia Cruz cantaba con la Sonora Matancera, una orquesta considerada por nosotros los jóvenes como música de viejos (con aquellos señores, por Dios, tocando las guitarras y las maracas a ritmo de guaracha o lo que fuera aquello). Celia había quedado fuera de época; estilos como los de La Lupe y de Pacho Alonso captaban la nueva sensibilidad.
Pero como ocurre en estas situaciones desnaturalizadas que son los exilios, Celia llegó a Estados Unidos y surgió como el gran mito. Ya había perdido lo mejor de su voz, ahora con una sonoridad metálica desagradable. Pero creó marca. Se hizo emblemática. No había que hacer mucho más que gritar “Azúcar”, usar pelucas de un cierto estilo liberacesco y meterle gangarria a la voz.
Celia era Cuba en el exilio. La nostalgia de los exiliados la convirtió en mito, un mito que después Celia supo llevar a otros mercados.
Muerta Celia, los medios de prensa se hicieron eco de las mayores alabanzas. Y lo que nadie se atrevió a mencionar en aquellos recuentos fúlgidos de su carrera: el programa síquico que Celia tuvo en la televisión hispanohablante de EE.UU. Ya millonaria o al menos adinerada, se le ocurrió explotar su fama con un negocio fraudulento de “síquicos” telefónicos. Celia aparecía con los síquicos en su programa para avalarlos y animar a la gente a que llamara, claro, por una cuota por minuto. Les prometía a las costureras y damas de la limpieza resolverle los problemas con sus cónyuges y amores imposibles.
“Azúcar . . .”
CElia, el orgullo de los cubanos libres. Gracias Zoe .
Azuca pa’ella donde quiera que este!
Una delicia! La vi en persona una vez. Fue en 1995, mi oficina estaba en un sotano y tenia unos cristales para un pasillo. Parece que ella estaba visitando a alguien en un piso de arriba y se equivoco. Caminaba despistada por aquel pasillo, y cuando llego a la altura de donde yo estaba trabajando, por el cristal hicimos contacto de ojo y le dije: Azucar! Se empezo a reir y me saludo con la mano.
COMO TU QUERIAS CELIA.
TE SEGUIMOS RECORDANDO.
Coñó Zoe, verdad que las mulatas eran de fuego. Ahora no sé por quien decidirme, si por la Rubia de yo no coopero, si por Ninón Sevilla o por esas Mulatas del Cielo, ay Mamá!
Gracias por esos videos, por ese regalo, son materia obligada para recordarnos quienes somos y qué perdimos, que Cuba perdimos!
Sigue viva en mi corazón y cuando la escucho…sigue viva, creo, en tantos corazones, en tantas canciones