Hacía años que Ricardo y yo lo andábamos buscando, sobre todo Ricardo, porque fue su profesor y amigo. Finalmente, gracias a este blog, nos encontramos en Nueva York, hace dos días. Fue un encuentro feliz, parece el título de una novela de Sándor Marai. Antonio Valle Vallejo tiene una historia muy singular, que algún día él mismo escribirá, si se decide; al menos, por favor, que escriba esas historias monumentales que guarda en sus recuerdos. Los lectores de Reinaldo Arenas lo recordarán citado por el autor cubano en sus memorias Antes que anochezca.
Lo esperamos en un Square en la 6ta Av, o Avenida de las Américas; luego conversamos amenamente en un café. Fue un encuentro feliz, y estábamos como en esas novelas del escritor húngaro en las que el paso del tiempo edifica códigos de lenguaje que consolidan la amistad.

Foto: Attys L. Vega.