Yalodde Oshún, madre Santísima y adorada, dueña de mi vientre.

Grupo Yoruba Andabo:

Caricias de Oshún, Lili Rentería es Oshún, con Pablo Durán y Lily Martin:

SANTERA

LA VISITANTE.

Zoé Valdés.

Tierra Fortuna Munda emergió del río, sentada en el remanso exprimió su pelo grueso, vio acercarse a su mejor amiga: Tetasbizcas, era el apodo que le habían puesto los varones. Las adolescentes reunidas ahora al borde del camino empezaron a mofarse de ellos:

-El Zambo es un bobón, ¡me cae más pesa’o! -exclamó Tierra Fortuna Munda.

-Pero tú le gustas “en cantidá” -murmuró Tetasbizcas.

-¡Hombre, ni muertecita, alabao, que me coma el tigre! -Gritó su amiga.

Un ruido como de arbusto partido en la maleza interrumpió la conversación. Las adolescentes esperaron atentas a la visitante, no era la primera vez que la encontraban. Era ella. Yalodde Pura, Oshún, santísima y satísima, desnuda, los collares le caían en los senos, los cascabeles en los tobillos, y el pelo alborotado adornado con una corona de flores salvajes amarillas, la piel brillosa.

La Diosa danzó ante la mirada extasiada de las adolescentes. Las llamó por su nombre, les cantó y les dijo: “¡Mis hijas!”, en susurros zalameros. Los ojos afiebrados, color miel, buscaban hacia las copas de los árboles, y enseguida los párpados entrecerrados bajaban en dirección al río, siguiendo el vuelo raso de una paloma.

Risas y más risas, mi adorada Yalodde, una carcajada que retumbó en la montaña se quedó resonando en cada agujero de las piedras, el eco subía hacia las nubes; ella entró en el río y del agua ascendió un esplendor nacarado.

Las jovencitas juguetearon a la vera de Oshún, bailaron a su compás. Y la abrazaron y besaron llamándola Madre Santa, Milagrosa del agua dulce.

***

Esa fue la visión que tuve, cuando desperté cansada de haber caminado kilómetros de guardarraya, bajo un sol que le retraqueteaba el mango. Entré en un bohío, a pedir agua, la joven me dio de comer y además me brindó una cama. Caí como un tronco en el desvencijado colchón.

Dormía, y en el sueño percibí que alguien se sentaba en la esquina de la cama. Abrí los ojos, no estaba asustada. Era una mujer preciosa, de piel canela, pelo recogido en un turbante, desnuda… Era ella, la misma Yalodde del cuento, mi madre. Entonces abrió la mano y me mostró una mandarina.

París, 8 de septiembre del 2009.

Con el cuadro de Jesús Cepp Selgas

Con el cuadro de Jesús Cepp Selgas

zoe sofa 2

Portada de Jesús Cepp Selgas de Los Misterios de La Habana en francés, otra versión del cuadro.

Portada de Jesús Cepp Selgas de Los Misterios de La Habana en francés, otra versión del cuadro.

Para CS, gracias.