Poema a los ojos de la amada.

Con Jeanne Moreau:


 

Max Ernst en el Musée d’Orsay.

Ayer hizo un día fresco y soleado, aprecio esas dos conjunciones del tiempo para visitar un museo. Nos fuimos Ramón Unzueta y yo a la exposición de Max Ernest ((Brühl en Alemania, 2 de abril 1891-París, 1de abril de 1976). El Museo de Orsay es precioso, pero sus guardianes son en gran mayoría unos brutos:  indios, árabes o paquistaníes de muy mala hostia, me fajé con tres a la entrada. Yo ya tenía los tickets y no sabía que había una puerta especial para los visitantes con billetes, entonces uno de los guardianes me ladró, y cuando un ser humano me ladra acostumbro a chillar como un delfín. La cosa siguió porque en la puerta de marras había que enseñar la cartera. Entonces, otra vez, el vigilante del museo, con tremenda cara de terrorista, me ordena (nada de por favor, mire usted… nada de eso) que abra el bolso. Y ahí volví a chillar, que mejor abriera él el suyo, porque más cara de terrorista tenía él que yo. Bueno, empezaron ellos a mentir y yo a ripostar. Terminé escribiéndolo todo en un libro de Quejas y Sugerencias.

Por fin entramos en la exposición, titulada “Una semana de bondad”. Adoro cuando los pintores se ponen a ilustrar libros, y de esto se trata, de ilustraciones y collages, todos eróticos, pequeñitas viñetas hermosísimas. Mujeres con cabezas de pájaros y senos desnudos danzan con elegantes bigotudos de pelos engominados, danzarinas vestidas con pantalones ceñidos, portañuelas abiertas, y gruesos penes en forma de peras. Max Ernest y Remedios Varo, quienes se conocieron y admiraron, tienen mucho que ver en relación al trazo. Max Ernest, padre dadaísta y surrealista, un gran maestro que inevitablemente nos coloca al instante en la dimensión del sueño, de la vigilia como huella del absurdo.

Nos tropezamos con Jack Lang y su esposa, quienes nos presentaron a la persona que curó la exposición, amigo del pintor. Luego a la librería, y de ahí a la calle, a un café, a comentar la exposición. El catálogo se ha agotado, tal ha sido el éxito de la misma.

El documental se puede ver completo, por partes, en youtube.

Libertad, fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Leszek Kolakowski. (4ta parte).

De la libertad, capítulo 13:

“Aunque estos dos significados de la palabra ‘libertad’ sean muy diferentes -tanto es así que es posible disfrutar de libertad en un sentido pero no en el otro-, son lo bastante semejantes para permitirnos utilizar la misma palabra para ambos, siempre y cuando no los confundamos. Ambos tienen que ver con la posibilidad de elección. En el primer sentido, “libertad” es nuestra capacidad como seres humanos de elegir y crear, aunque, el hecho de tener esta capacidad no presupone nada acerca de la gama de elecciones que se nos brindan en la realidad. en el segundo sentido, es el campo en el que la sociedad y la ley nos dejan en libertad para tomar nuestras decisiones.

Al referirnos a la libertad, se producen con frecuencia dos errores respecto de los que de bemos ser conscientes. El primero es confundir la libertad con la satisfacción de todos nuestros deseos y de lo que consideramos nuestros justos derechos. No hay nada erróneo en referirse a estar “libres del dolor” o “libres del hambre” y, ciertamente, no sufrir dolor o hambre es uno de los derechos humanos básicos. Sin embargo, la satisfacción de estos derechos no permite afirmar que disfrutemos de una específica forma de libertad. El uso de la palabra “libertad” es aquí equívoco porque no tiene nada que ver con la elección; tampoco tiene nada que ver con la amplitud de nuestra libertad para elegir, ni con nuestra capacidad para elegir y crear. El dolor es simplemente algo de lo que nos alegra librarnos, cesa, y basta. Librarse del dolor es muy deseable, como lo es también una manzana para quien tiene hambre o el sueño para quien está cansado o cualquier otra cosa que deseemos en un momento dado. Pero librarse del dolor o comer una manzana no implica una clase de libertad; es simplemente algo deseable. (Imaginemos un campo de concentración en el que no se pasase hambre. ¿Diríamos que proporciona ciertas libertades a los prisioneros, mientras que una democracia liberal proporciona otras?) Son tantas las personas que, en nuestro siglo y en todas las épocas, han dado sus vidas luchando por la libertad, en el propio sentido de la palabra, que ampliar su significado, para incluir todo lo que cualquiera pudiera desear, es velar nuestra comprensión del concepto mismo y despojar a la palabra de todo sentido. Equivale a carcomer la raíz del concepto. La distinción entre “librarse de” y “libertad para” es necesaria”.

(Continuará…)

By Zoé Valdés ¡Libertad y Vida! Publicado en Filosofía