¡Felicidades a Herta Müller! Escritora rumano-alemana, premio Nobel de Literatura 2009. Leer aquí.
Archivos diarios: octubre 8, 2009
Una novelista en el Museo del Louvre.
La editorial Belacqua recién publica mi libro Una novelista en Museo del Louvre (España, La Otra Orilla, Belacqua, 219 páginas), consagrándome un altísimo honor al hacerlo junto a Un novelista en el Museo del Louvre de Manuel Mújica Láinez, a quien rindo homenaje en mi libro. Para mí ha sido de intenso placer y enriquecimiento trabajar con Belacqua, gracias a su editor, y al equipo de la editorial.


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De la virtud.
DE LA VIRTUD.
Hace algunos años, mientras asistía a unas conferencias sobre Vladimir Nabokov pasé varias sesiones aparte discutiendo con un amigo, escritor también, bastante mayor, sobre la Lolita(1955) del autor ruso. Novela imprescindible, sin duda, ¿hubiera podido Nabokov escribir esa novela en estos tiempos y publicarla sin haber sido acusado fervientemente de pedófilo? Ambos lo dudábamos.
He sostenido siempre que la novela de Nabokov se trata más bien de un tema sumamente cotidiano: ¿en qué lado se halla la virtud, para qué sirve, si es que sirve para algo? La virtud, es un concepto sin embargo, bastante poco específico; y sí muy manipulable, aún cuando apenas podemos apreciar su tangencia. La virtud sólo sirve para desmoralizar; los representantes de la moral religiosa –cualquiera que ésta sea-, ponen invariablemente la virtud como carta de presentación y enseguida, moneda de cambio. Ante la virtud y en nombre de ella se han cortado unas cuantas cabezas, se han quemado a unos cuantos en la hoguera, y se ha lapidado y se sigue lapidando y decapitando.
Todos eso discutíamos cuando, de repente, este señor me preguntó a quién creía más culpable en Lolita, si a Humbert Humbert o la ninfómana Dolores Haze. Me sorprendió su pregunta, porque en realidad nunca he leído esa novela con la intención de sacar culpables, de definirlos; de hecho, no leo ningún libro con esa pretensión. El escritor se disculpó por haber formulado mal la pregunta. En la literatura no había culpables, pero en la vida real sí. “Situémonos en la vida real, ¿quién sería el culpable a su juicio: Humbert Humbert o Dolores Haze, subrayo, en la vida real?”
-¡Lolita, por supuesto! –respondí sin dudarlo.
El escritor, extrañado de mi respuesta, estuvo de acuerdo. A una edad que podemos colocar entre los 13 y los 17 años, cualquier adolescente puede darse prefecta cuenta del peligro, y aún cuando no sepa que su cuerpo es considerado una virtud, la virtud de la adolescencia, puede intuirlo a través de las miradas de los adultos, en las reverencias que se les hace en honor a su belleza. La belleza de la adolescencia es innegable, como innegable es también su lado diabólico, su virtud en apariencia ingenua, resulta más bien escandalosa. ¿Es el escándalo un delito? En este sentido, en modo alguno.
En el caso de Roman Polansky, cineasta de origen polaco, no nos hallamos ante un hecho literario, nos encontramos frente a un suceso real doloroso. La prensa cuenta que prometió a la jovencita que la convertiría en modelo y en actriz, se la llevó a casa de su amigo Jack Nicholson, la embriagó con bebidas alcohólicas, le hizo fotos desnudas, la violó, desgarrándole el ano. Esto dice la prensa. Lo que es horrible, sin ninguna escapatoria. Cualquiera que haya cometido este crimen debe ser penado por la ley. Cualquiera que lo haya cometido sin el consentimiento o con el consentimiento, de un menor –dice la ley. Un adulto debe controlar sus pulsiones sexuales aún cuando el menor lo incite a desatarlas. De este modo la ley tranza a favor de la virtud y no permite el equívoco. Es, en apariencia, normal, la ley es la balanza, representa el equilibrio, la irrevocabilidad ante el delito.
Yo soy madre, pero antes, hace años, fui adolescente. Una madre no alienta y trata de impedir por todos los medios que un adulto se lleve a su hijo/ja a una sesión de fotos. Ninguna prevención y consejos serán suficientes para que el peligro no se produzca. Sin embargo, tampoco podemos impedir que un adolescente decida cruzar la barrera de lo prohibido e irse a escondidas con el primer desconocido, tenga la edad que tenga, e incluso mintiendo el mismo menor sobre su edad. Es la vida, y la vida es una tragedia permanente. Deberíamos admitirlo. Pero lo que es peor, una vez que –como en el caso de Polasnky-, la violación se haya producido; lo que yo encuentro verdaderamente rastrero y cochino es aceptar dinero para acallar el acontecimiento, negociarlo, y para colmo, retirar la acusación, como hicieron la madre y la víctima.
Cuando una parte del mundo y de la prensa acusaba a Michael Jackson de pedófilo, yo me preguntaba, pero ¿a qué clase de padres se les ocurre enviar a sus hijos a dormir en la residencia de un desconocido? Yo no enviaría jamás mi hija a dormir a casa de Michael Jackson, por mucho que ella lo bailara y lo imitara, y en mi casa nos gustara como artista.
Negociar con dinero, retirar acusaciones por dinero, o por lo que sea, desvirtúa la virtud que están defendiendo, desvirtúa la verdad, desvirtúa con cinismo, además desvirtúa el delito cometido contra tantos adolescentes, y no precisamente por personas como Michael Jackson (presuntamente) y como Roman Polansky, quienes pueden pagar a las víctimas y a sus familias para acallarlas. Porque aceptar ese tipo de negocio incentiva a las pretendidas víctimas a ser abusadas para de este modo conseguir un beneficio.
Por otro lado, volvamos a Lolita. En Francia, no lejos de mi casa, se produjo un caso raro. Un joven se presentó a una comerciante de 35 años, la enamoró durante semanas. El joven es altísimo y tiene pelos en la cara, ante la duda de la mujer él le confiesa que tiene 22 años, y le enseña la carta de identidad. Entablan una apasionada relación amorosa, él se muda casi a tiempo completo con ella.
Un buen día, la mujer debe enfrentar a la policía: el joven es menor, sólo 15 años, su madre extrañada de la perenne ausencia inició una investigación y se encontró con que su hijo mantenía relaciones con una mujer mayor que él. Denunció a la mujer. Por mucho que la comerciante explicara que él le había mostrado una carta de identidad (en realidad había enseñado la de su hermano mayor, cuyo parecido es impresionante), y que él joven defendiera a la que él llamaba su novia, la mujer fue llevada a los tribunales por pedófila. Aún cuando el joven declaró que había sido él quien la había engañado.
A mediados de los años 90, se puso de moda en Francia, la acusación de pedofilia. Incluso, cualquiera que quisiera hacer daño a alguien, sabía que acusándolo de pedofilia podía realmente fastidiarle toda una vida. Hasta que se produjeron varios suicidios de profesores, inocentes, a los que algunos estudiantes acusaron falsamente sólo para vengarse de una mala nota, o de una mala respuesta. Frente a la manipulación los tribunales han tomado consciencia.
Entonces, ¿enamorarse de un hombre de 50 años a los 13, es delito sólo para el adulto? ¿Es delito realmente? Lo es –la justicia lo ha decidido-, aún cuando haya consentimiento del menor. ¿Es delito negociar por dinero una acusación de violación, e incluso retirarla aún cuando no se haya recibido nada a cambio? Debería serlo, sin embargo, hasta ahora, que sepa yo, nada lo establece.
La detención de Roman Polasnky en Zürich –llevaba años prófugo de la justicia estadounidense-, no me parece correcta en tanto que esa misma justicia nunca detuvo a la madre de la víctima, la que negoció a cambio de una importante suma de dinero el silencio de su hija, mismo si se arrepintió después y nunca recibió el medio millón negociado. Tampoco me parece correcto que la víctima haya preferido el silencio y además haya anulado la acusación, como también comenta la prensa europea.
En cuanto a Polansky, no es más culpable ni más rico que los curas pedófilos que en Estados Unidos han cometido tantos crímenes contra niños, sin haber sido todavía juzgados. ¿Debe pagar? Debe pagar, claro, ser cinesta no lo hace mejor que nadie ante la justicia; pero también deben pagar los que hicieron todo lo posible porque el acto se produjera, y además se silenciara y en buena medida, se tirara al olvido.