De La Tentación.

DE LA TENTACIÓN.

Resulta muy fácil para los cubanos caer en la tentación de la heroicidad y el martirologio. Los cubanos padecemos esa  casi mística tentación de ansiar el convertirnos en héroes o en mártires, fue el primer mal que nos inoculó el castrismo; aunque, si nos ponemos a ver, más bien, el castrismo surgió de esa necesidad, incubada desidiosamente desde la guerra de independencia. De este modo, uno de los más grandes escritores de América se montó en un caballo blanco y, no contento con ser un inmenso poeta, un pensador brillante, y un político ferviente, quiso devenir un héroe en la batalla, y se quedó en un combatiente de segunda; tan de segunda fue que, una vez en medio de la guerra, la primera bala fue para él, directo a su pecho. Iba vestido de negro, montado en un caballo resplandeciente de tan nacarado, y el alazán fue el primero en mandarse a galopar entre las balas enemigas. La espuela del nervioso e hiperkinético jinete lo había picado demasiado veloz, sin esperar la orden de mando de los que con mayor experiencia desde hacía años hacían la guerra. De este modo, perdimos a José Martí. Perdimos a un presidente. Ganamos a un héroe, y seguidamente a un mártir.

Yo -al igual que tantos- tuve mi buena ración de héroes, y no sólo me fatigué, me harté de ellos. Es más, soy alérgica a los mártires y a los héroes, pero sobre todo a los líderes. Aún cuando sepa que en ciertos momentos son necesarios. Pienso que la libertad de Cuba pasa por la unión de todos los cubanos, al menos de un grupo. Y ese grupo, es cierto, no tiene por qué trabajar igual. De manera pacífica ganamos mucho, de manera violenta también. Si uno de los atentados a Fidel Castro hubiera sido efectivo, nos habríamos librado de 50 años y más de ideología y dictadura castrofascista.

Hay quienes aducen que los que estamos en el exilio no debemos opinar ni emplearnos en el tema con criterios propios. No estoy de acuerdo. Yo estoy en el exilio porque lo que hice en Cuba a favor de la libertad no pude seguir haciéndolo. Yo me largué de Cuba porque no era libre, no porque quería comprarme esto o aquello. Mi lucha fue una lucha intelectual, en mi medio, a mi estatura, enfrenté a los dirigentes, jamás a los intermediarios. Los intermediarios no deciden, y armar espectáculos contra ellos no resuelve absolutamente nada, es más, desgasta la imagen y el propósito de lo que realmente quisiéramos lograr. Algo hice, no todo lo que yo quería; pero algo conseguí. A otros les ha sucedido lo mismo, y otros hicieron más que yo. Sabía que si seguía apretando la tuerca iría presa, como ya había acontecido a otros. Pero ya dije que soy alérgica a los héroes y a los mártires. Pensé en mi hija. Y preferí salvarla a ella a inmolarme e inmolar a toda mi familia. Me fui al exilio. Cuando llegué a París, hacía años que en esta ciudad no sucedía nada en contra del castrismo: Atrás habían quedado las manifestaciones de un grupo aguerrido de exiliados enfrente de la embajada, el plebiscito escrito por Jorge Camacho y Reinaldo Arenas y firmado por una cantidad numerosa de escritores y artistas del mundo, la presentación en el Hotel Lutetia de presos políticos plantados en los años ochenta, entre otras actividades importantes. Todo eso había quedado atrás en el tiempo, pero muy vibrante y actual en la memoria de los franceses.

Con mis libros reinicié una nueva etapa –sin olvidarme de las anteriores- y nos unimos los verdaderos y los impostados, de estos últimos siempre cuesta trabajo prescindir. Conseguimos un montón de cosas. Una de ellas: que el gobierno francés se acerque más al pueblo cubano, y condene la dictadura en la voz de su presidente. No logramos más por culpa de los impostados, precisamente.

Cualquier manifestación en contra de la dictadura, en las calles cubanas, no sólo es sumamente raro de ver, porque aún cuando se intenta de inmediato son reprimidas; además cuando las veo, yo particularmente, siento un pavor lacerante, sé cuánto significa manifestar en las calles cubanas, el peligro que eso conlleva. Eso lo saben, mejor que yo, las Damas de Blanco que llevan manifestando desde el 2003, y han sido apaleadas durante las manifestaciones, sin embargo, han seguido avanzando con las manos en alto y entonando cantos de paz. La reciente manifestación de los jóvenes llamando a la no violencia resulta conmovedora y muy necesaria. El régimen no tardará en reprimir actos como ésos. No puede permitirse el lujo de tolerarlos.

El problema es que Cuba es un país especial. El cinco de agosto de 1994 ocurrió el Maleconazo, los mismos que manifestaban en contra de la dictadura, cuando llegó Castro al lugar, se juntaron a él y dieron vivas a la revolución, frente a las cámaras oficiales de la televisión. En esa doblez está todo el quid del problema cubano, y también en el quedarse varado en una ambigüedad que permita en su momento escapar. Y sobre todo escapar de las reprimendas del mundo exterior.

Yoani Sánchez es – a mi juicio- una persona sumamente inteligente. Tan inteligente que cuando le preguntan quién es peor, Fidel Castro o Hugo Chávez, contesta que el segundo. Aún cuando el primero ha fusilado unos cuantos miles más que Augusto Pinochet, y sea el padre ideológico del segundo. Pero ella sabe que viviendo dentro de Cuba, no se puede tocar a Fidel Castro ni con la pluma de un canario. Yoani Sánchez cometió un primer error, que le señalé, al enfrentarse a Mariela Castro, en público, y de este modo, de alguna manera, dialogó con un representante de la dictadura y la revalidó. Con los dictadores no hay diálogo que valga. Se lo hice saber por email, no me respondió. Otra crítica le envié por email a la dirección de Reynaldo Escobar, su marido, periodista y bloguero, a quien conozco desde hace años, y tampoco obtuve respuesta. No pretendo conducir a nadie por el buen camino, ni mucho menos dármelas de maestra de nada; pero del mismo modo que he recibido consejos que me han sido muy útiles en la vida, pensé que podía darlos, y que serían asimilados con cordialidad. No ha sido el caso.

El otro error de Yoani, el último hasta la fecha, y en eso estoy de acuerdo con el comentario de Tania Quintero (*), es salirse de su papel de bloguera para asumir responsabilidades que no creo sean necesarias en su caso. Ella se dio a conocer por sus crónicas, eso esperamos de ella. Nos molestaría mucho perder esas crónicas.

Me atrevo a hacer pública esta crítica dado que jamás he podido comunicar con ella por email. Sólo hemos hablado dos veces telefónicamente, escuetamente, cuando le dieron el premio Ortega y Gasset, y eso fue para felicitarla. Pero soy de las que piensa –otros también esgrimen la misma opinión- que ella ha conseguido imponer una imagen natural, límpida, transparente, a pesar de su mirada y de su pelo a lo Celia Sánchez Manduley que recuerda demasiado al look revolucionario de antaño. Su palabra es leída, asimilada, y respetada, ¿a qué salir con el potro blanco en medio de la noche para entregarse fácil al enemigo? ¿Qué se persigue con eso, y sobre todo, qué se consigue?

He leído con atención todo lo publicado al respecto. Señalar, como hizo Orlando Luis Pardo, quien la acompañaba la noche de la golpeadura, que Yoani Sánchez es “la mujer más grande de Cuba”, resulta cuando menos patético. Hay muchas mujeres grandes en Cuba. Empezando por las Damas de Blanco, que llevan años en la lucha diaria por la libertad de sus esposos, han sido repudiadas, apaleadas, vejadas, ellas y sus hijos, y si no que le pregunten a Yolanda Huerga. Martha Beatriz Roque Cabello (a quien por cierto, le han endilgado una fama de despótica), pasó seis años en una prisión, su batalla continúa, hace poco también fue abusada y golpeada, no la he oído jamás alardear acerca del tema, se remite a informarlo. No conozco a Martha Beatriz personalmente, pero siempre que le he escrito me ha respondido los emails. No sé si es despótica o no, pero sus respuestas han sido correctas y precisas. Afirmar que una cubana es más grande que otra, cuando hubo en el pasado una María Elena Cruz Varela, es cuando menos de un desliz imperdonable. Comprendo que en medio de la furia y de la inmediatez, de la impotencia, se cometan torpezas como estas. Pero estas frases en lugar de unir, dividen.

Para mí la mujer más grande de Cuba está muerta físicamente, pero su obra vive mientras más se la lee: Lydia Cabrera, la gran dama de la literatura cubana. Etnóloga, poeta, escritora, periodista, exiliada del castrofascismo. Así como Emilia Bernal, una verdadera revolucionaria en todos los sentidos, incluido el sexual.

En las páginas de este blog se ha defendido, homenajeado, apoyado, a todos los cubanos que luchan por la libertad de Cuba en donde quiera que se encuentren, y por igual. A Yoani Sánchez se le ha dedicado muchísimo más, debido a la actualidad que su quehacer de bloguera conlleva. Aún cuando estoy en desacuerdo con algunas formas de actuación personal de ella, seguiré apoyándola mientras siga enfrentándose de manera directa a la dictadura. Pero del mismo modo, no pienso callarme cuando observe errores y sobre todo, cuando sienta, como subraya Tania Quintero (*), que su vida corre peligro, así como la de su familia. Jamás incitaré a nadie, y mucho menos a nadie que se halle dentro de la isla, a cometer acciones violentas que pongan en peligro su vida. Si esa persona lo decide por su voluntad, es su asunto. Aunque no descarto la violencia para tumbar a la dictadura. A estas alturas, creo que es uno de las pocas vías que quedan por probar. Yo no sería capaz, no lo fui, no me atrevería a entusiasmar a nadie, y mucho menos a un bloguero, con la idea de la violencia, lo que le daría armas a la dictadura para abusar aún más y violar con mayor encono los derechos humanos de alguien en particular.

Por otra parte, el espacio para la libertad de Cuba es grande, todos podemos participar de ella, sin que con protagonismos insensatos nos atropellemos unos a los otros. Cuba no necesita de héroes, mucho menos de mártires, y las cárceles no aguantan más desbordadas de presos políticos.

Zoé Valdés.

(*):Comentarios (1)

  • 2009-11-07 13:40:50 Tania Quintero
  • Querida Yoani, si lo hubieras pensado primero, después no hubieras llorado. Piensa primero en tu hijo antes de ir a otra actividad ajena a tu blog. Tu sabes que te les has atragantado y ya lo que hiciste el otro día de disfrazarte y ponerte una peluca, para entrar a un debate que bien podrías haber obviado, para ellos, los hijos de puta de la Seguridad del Estado, fue un desafío. Tu eres bien lista, Yoani, y sabías que podía pasar lo que pasó. Y prepárate, porque la próxima puede ser peor. Cuando uno le llena el saco de los cojones a los represores, se vuelven bestias. Mira lo que le están haciendo a mi primo Vladimiro Roca, que en cualquier momento te lo pueden hacer a ti, dejarte encerrada en tu apartamento, sola, con tu marido y tu hijo o con visitantes. La Plataforma Voces Cubanas y los 15 blogs en ella alojados, hace tiempo no se pueden leer dentro de Cuba, pero desde hace días tampoco afuera. Hace apenas una semana tu y Reinaldo inauguraron una Academia de Periodismo, algo que para mí es más importante y tiene más valor que por solidaridad o amistad, no sé bien, ir a una manifestación juvenil, que me parece muy bien que la hayan ideado esos artistas contestatarios, pero que, sinceramente, no veo por qué tu tenías que ir. Me da la impresión de que como eres tan hiperkinética, ya te aburre estar sentada escribiendo o trasladando a otros tu experiencia como bloguera. Yoani, por favor, no quieras estar en todas partes, como dios, ni metiéndote en tantas camisas de once varas, como una vez ya te dije. No tires por la borda todo el reconocimiento internacional ganado, porque esa misma opinión pública, un día se harta de ver siempre tu nombre y tu foto en titulares. Es una lástima que no pueda decirte todo esto personalmente, pero ayer, para otro asunto, llamé a tu casa, y no pude hablar contigo y ni siquiera dejarte un recado en el contestador. Cuando te mando un email, casi nunca respondes y cuando lo haces es al cabo de dos o tres semanas. Por favor, trata de estarte tranquila y concentrarte en escribir y enseñar, pero sobre todo, en tener siempre presente a tu hijo. Un adolescente que como tu misma dijiste a la revista VEJA, es un emigrante en potencia. Y cualquier día, Yoani, el primero que se puede cansar de ti y tus protestas es Teo. Y se monta en una lancha y se larga. Si tiene suerte, desde Miami te llama. Si no, uno más devorado por tiburones en el Estrecho de la Florida.
  •  
  • Tania Quintero

Publicado en Cuba Puntos de Vista

(http://www.cuba-opinion.net)

7 de noviembre de 2009

 Otro post, aún más lúcido de Guicho Crónico, El sacrificio de Yoani.

Yoani en muletas, ver en CubaEncuentro, entrevistada por CNN.