Hace poco les hablé de este libro. Lo he leído dos veces, extraordinario. Son ensayos de Alain Finkielkraut, escritor, columnista de publicaciones francesas,  profesor de la Escuela Politécnica. Anima la emisión Répliques en France Culture.

Él mismo hace una presentación de su libro publicado por Stock/Flammarion, este año:

“El rey Salomon suplicaba al Eterno de acordarle un corazón inteligente.

Al salir de un siglo arrasado por los malefectos conjuntos de la burocracia, es decir de una inteligencia puramente funcional, y de la ideología, es decir de un sentimentalismo binario y soberanamente indiferente a la singularidad de destinos individuales, esa oración por estar dotada de perspicacia afectiva conservó todo su valor.

Pero ¿a qué instancia dirigirla? Este libro responde: a la literatura. Desconfiando de mi emoción, escogí nueve títulos: La Broma de Milán Kundera, Todo Pasa de Vassili Grossman, Historia de un Alemán de Sebastien Haffner, El Primer Hombre de Albert Camus, La Mancha de Philip Roth, Lord Jim de Joseph Conrad, Los Cuadernos del Subsuelo de Fedor Dostoïevski, Washignton Square de Henry James y El Festín de Babette de Karen Blixen. Y me esforcé de poner en mis lecturas toda mi seriedad, toda la atención que requiere el desciframiento de  los enigmas del mundo.”

Fragmento:

“Todo pasa, todo cede, y nada se sostiene”, decía Heráclito. Y Kundera, veinticinco siglos más tarde: “Todo será olvidado y nada será reparado” El rol de la reparación ( por la venganza y aún por el perdón) será mantenido por el olvido. Nadie reparará los errores cometidos, pero todos los errores serán olvidados.”

Esa debacle no hubiera tenido lugar si la historia humana fuera la historia del cumplimiento o de la redención del hombre. Pero, como lo repite infatigablemente Hannah Arendt, la Historia no es nunca la obra de uno solo, nadie es el conductor ni el artesano, nadie la fabrica porque no es el hombre en singular el que vive sobre la tierra, ni el hombre ni su enemigo, son los hombres en su multiplicidad desbordante. Hay aquí una distinción capital donde Kundera explora todo el peso existencial confrontando, tanto sobre el plan privado como sobre el plan político, la voluntad romanesque (novelística) de reconfigurar el mundo y de domesticar el tiempo por el obstáculo ontológico de la pluralidad humana.”

Trad. mía.

 

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Escritora, artista.

3 Comment on “Un corazón inteligente. Alain Finkielkraut.

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