Sobre Gabriel García Márquez en Letras Libres.

En octubre Enrique Krauze escribió un artículo extraordinario titulado Gabriel García Márquez. A la sombra del Patriarca en Letras Libres sobre la biografía autorizada escrita por Gerald Martin sobre el autor de Cien años de soledad. Al soberbio artículo de Krauze le siguió la respuesta de Martin, y Krauze la cierra, y luego dos comentarios breves, que sella Martin, leer Polémica.

De la intransigencia.

DE LA INTRANSIGENCIA.

Hablaba yo con un amigo chileno al que le pregunté -aún creyendo yo misma que conocía de antemano la respuesta- ¿qué habían hecho los chilenos para que el mundo les creyera sin ningún tipo de dudas acerca de la dictadura de Pinochet?

Su respuesta fue la siguiente: “La dictadura de Pinochet era una dictadura de derechas, los chilenos la sufrimos y la denunciamos”.

Esa era la respuesta que yo me esperaba, aunque pensé que sería más extenso sobre ese mismo principio, continuó por otra vía.

“Hubo una reacción esencial por parte de la mayoría de los chilenos: la intransigencia”. Ah, dije, de eso nos acusan a los cubanos, o sea de ser intransigentes frente a una dictadura.

“Es como único se puede protestar frente al terror –respondió. Con los representantes de una dictadura no se dialoga. Ningún chileno que yo haya conocido invitó a dialogar públicamente a un torturador instantes después de haber torturado a su familia. Ningún chileno aceptó nunca que se pusiera al mismo nivel al dictador con un presidente demócrata, jamás les dimos esa oportunidad de legitimización.

Pero sobre todo, ¿qué se espera de una dictadura? Una dictadura golpea salvajemente, tortura, encarcela, desaparece y mata. No se le puede dar el más mínimo beneficio de la duda; y mucho menos con espectáculos que ellos utilicen a su favor.

Si un chileno de la época de Pinochet hubiese invitado a uno de sus perseguidores a dialogar en una esquina céntrica de Santiago, seguramente que las turbas pinochetistas habrían ido a por su captura, lo arrestarían, lo desaparecerían. Ni dudarlo.

La dictadura castrista tiene una manera muy especial de hacerse la resbalosa. El castrismo sabe suministrar la tortura de manera muy sutil, y siempre tornará la situación a su favor. Turbas enviadas, pero que, sin embargo, parecen espontáneas, gritan encima de un perseguido, empujan, golpean, sin dejar marcas. En medio de la turba aparecerán dos salvadores, dos “buenagentes”, que rescatarán al perseguido de la multitud, lo introducirán en un automóvil, y en lugar de desaparecerlo o de encarcelarlo, y sin tocarlo, sin quitarle ni siquiera nada de encima, documentos, teléfono para enterarse de su lista de conocidos, lo abandonarán en un sitio lejano. De este modo, lo que vio el mundo, es algo raro ante sus ojos acostumbrados a desayunar con el horror cotidiano, algo que pasará desapercibido a los ojos de ustedes, los cubanos, ellos vieron que: La policía secreta castrista ha protegido a un disidente del pueblo revolucionario que defendía la revolución. Ese es el tipo de espectáculo que no debemos concederle jamás a la dictadura. Es mi modesta opinión. Eso es espectáculo para engañabobos, y la dictadura lo sabe, se aprovecha de ello. Diálogo, ninguno, con ningún representante de la dictadura.

Sigo muy de cerca el caso cubano, me intriga sobremanera cómo un acontecimiento borra el anterior en la memoria de la gente, y sobre todo en la prensa. Nadie ha entrevistado a una mujer que estuvo en huelga de hambre hasta hace poco, se olvidan de Darsi Ferrer y de Oscar Elías Biscet, pues creo que deben seguir hablando de ellos, sin cesar. De todos los presos políticos. Deben volcarse en una campaña internacional con todos esos nombres, todos.”

Lo intentamos, insisto yo, pero no es fácil, la prensa no nos escucha. Nos escuchan bien poco.

“No han sabido manejar los casos, puntualmente. Oscar Elías Biscet debería ahora mismo enviar una carta a Barack Obama, hacerla pública. Una carta abierta. Él representa todo por lo que Obama ganó la presidencia de los Estados Unidos. Y con mis respetos, la carta debería ser firme: Barack Obama no puede reconocer a un dictador que tortura y persigue a los negros, a los blancos, a los homosexuales, a todos, no puede admitir que los Castro sean sus interlocutores.”

Sabes – repito, vuelvo al tema de la intransigencia- que cuando a los cubanos nos llaman intransigentes es de manera peyorativa.

“¿Y qué? Es mejor, mayor honor ser intransigente que pactar con una dictadura, a través del gobierno de los Estados Unidos. Aunque no soy nadie para dar lecciones, estoy hablando como un amigo. Viví en Cuba, y las pasé negras, sé de lo que hablo”.

Es cierto, le dije, con nosotros no ha sido nada fácil. Aunque tengo que admitir que la libertad de Cuba no es asunto del gobierno de los Estados Unidos. El propio Obama lo dijo al inicio de su presidencia. Le toca al pueblo cubano derrocar a la dictadura. Hay múltiples maneras de hacerlo, pero a mi juicio, ninguna debe tenderle la mano a la dictadura abominable y sangrienta que ha acabado con la vida de tantos cubanos. Pedro Luis Boitel no lo hizo; es cierto que la lista no es muy larga de hombres y mujeres que, como él, no transigieron. No es muy larga esa lista, pero existen, y poseemos una insoportable tendencia a olvidarla.

Zoé Valdés.

Rodrigo no es de izquierdas, es de centro derecha.

Reinaldo Escobar (Macho Rico para sus amigos) y yo el día de mi primera boda, cuando La Bodeguita del Medio era todavía en pesos cubanos. Tuve que hacer un close up de la foto porque no pude consultar con todos los presentes para autorización de imagen.

Reinaldo Escobar (Macho Rico para los amigos) y yo, el día de mi primera boda, en La Bodeguita del Medio, cuando aún era en pesos cubanos. Hice close up de la foto hacia nosotros porque dos personas de la foto se encuentran una en Cuba y otra en Venezuela.

Oriana Fallaci: La naturalidad de la entereza.

Ayer escribí en Zoé en el metro un post sobre mi querida Oriana Fallaci a la que vuelvo a leer. Los dejo, además, con un fragmento de Oriana Fallaci se entrevista a sí misma. El apocalipsis, publicado por La Esfera de los Libros.

Acerca de la correspondencia que recibía:

“¿Ninguna que le insulte?

Hasta hoy, sólo estas dos. Como ve, no llevan remitente porque en el noventa y nueve por ciento de los casos los que me insultan no lo ponen. Ni siquiera firman. ¡Cobardes! Una de estas dos me insulta indirectamente, por poderes. Es decir contándome que no consigue hacer leer La Fuerza de la Razón a sus colegas y a sus estudiantes de la Universidad de Verona. Al parecer se niegan a leerlo diciendo que la fascista soy yo. Bah, si en la Universidad de Verona hay gente así, poco podemos esperar de las nuevas generaciones. En cualquier caso las demás cartas me consuelan…

Léame otra.

Ahora mismo. Esta es la firma de Virgilio: un reflexivo chaval de diecisiete años de Castelfiorentino, estudiante de cuarto de Instituto y autor de un bonito tema sobre La Fuerza de la Razón. La ha escrito a mano, con cuidada caligrafía, y me gusta tanto que quisiera léersela entera. Pero es muy larga, tiene siete páginas, por eso me limitaré a las dos primeras. Dice así. ‘Apreciada señora, gracias por llamar al pan pan y al vino vino. Gracias por ser tan valiente. Es muy incómodo tener las ideas que usted tiene. Incluso para nosotros los jóvenes, ¿sabe? Ojo al que se atreva a abandonar la recta vía de lo Politically Correct, es decir de la reverencia que los bienpensantes tienen hacia los hijos de Alá. Ojo si te atreves a observar que en los países musulmanes no pueden construirse iglesias, y que a los cristianos y a los budistas y a los hebreos es decir a los perros-infieles los matan sin problema alguno. Ojo si sostienes que el Islam es alérgico a nuestros valores y en particular al concepto de libertad. Como mínimo te llaman racista. Para intentar establecer el principio del Bien y del Mal, para intentar comprender qué es la ética y la moral, hace tiempo se hizo un debate en clase. Yo puse el ejemplo de los talibanes que mataban a las mujeres por llevar la uñas pintadas, y los bienpensantes se ofendieron a muerte. Uno me gritó indignado la regla fundamental: no se puede expresar juicios sobre los comportamientos, las costumbres y las religiones de los demás. Otro me reprochó gritando: “¡No olvidemos que los cristianos hicieron las Cruzadas!”. De hecho, en ese momento, me enfadé yo porque estoy hasta el gorro de ver presentar a los Cruzados como siniestros asesinos y al Feroz Saladino como un caballero con frac. Estoy hasta el gorro de ver justificar con las Cruzadas los abusos, la prepotencia, los degüellos y las decapitaciones. Además, ¿quién comenzó las Cruzadas? ¿Quién tomó primero el Santo Sepulcro? ¿Quien invadió la mitad de Europa con la medialuna y conquistó medio mundo a golpe de cimitarra? ¿Quién actúa como el dueño en nuestra propia casa? ¿También la Historia es opinable? Parece que sí. Ayer por la noche, cenando, los amigos de mi familia dijeron que en 1945 Francia y Alemania no fueron liberados por los americanos sino por la URSS y a mí casi me comen vivo por haber dicho que Stalin era igual que Hitler’. Oh, es una carta verdaderamente interesante la de Virgilio. Pero lo más interesante de su misiva es la historia de los buñuelos al marsala.

¿La historia de los buñuelos al marsala?

Sí, porque ofrece un fragmento significativo de la presunta integración con la que se intenta hacer creer que existe un Islam bien distinto del Islam del terrorismo. Un Islam benigno, puesto al día, moderado, y por lo tanto dispuesto a comprender nuestra cultura y a respetar nuestra libertad. El caso es que Virgilio tiene una hermanita que va a la primaria y una abuela que hace los buñuelos de arroz al estilo de la Toscana. Es decir con una cucharada de marsala en la masa. Un día la hermanita se llevó los buñuelos a clase, los ofreció a sus compañeros y entre sus compañeros de clase hay un niño musulmán. Al niño musulmán le gustaron mucho, y aquel día llegó a su casa gritando de alegría: “Mamá, ¿me puedes hacer buñuelos de arroz al marsala? Los he comido esta mañana en la escuela y…” Cielos abríos.

Al día siguiente el padre del niño se presentó a la directora con el Corán en la mano. Le dijo que haber ofrecido los buñuelos con licor a su hijo había sido un ultraje a Alá, y tras haber pedido que se disculpase le dijo que no dejase llevar esa inmunda comida a la escuela. Cosa por la que Virgilio me cuenta que en los parvularios ya no se pone el Belén, que en las aulas se quita del muro el crucifijo y que de los comedores estudiantiles se ha abolido el cerdo. Y después se plantea la pregunta fatal: “¿Quién tiene que integrarse, ellos o nosotros?”.”