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Del racismo y el clasismo en Cuba: Una mujer de la vida. (Primero de una serie).

diciembre 3, 2009

Del racismo y el clasismo en Cuba: Una mujer de la vida.  (Primero de una serie).

Hubo una época en que no se sabía lo que era peor si ser negra o ser una mujer de la vida –cuenta Josefina, arrugada, cabizbaja, los ojos perdidos en una nata verdosa y cansada. Josefina casi roza los cien años, su mente es de una lucidez implacable e impecable. Recuerda a todo tipo de visitante en el burdel donde trabajaba en el barrio de Colón de La Habana, aunque por su joven edad ella se especializaba en los estudiantes y muchachos pudientes; y hay que decir que por allí pasó de todo, por allí pasaron algunos de abolengo y otros que se convertirían en los grandes intelectuales de los tiempos futuros.

Josefina era una mujer de la vida. Una mujer de la vida será el título de una de mis novelas seguramente. No hay término o frase que se haya inventado, que describa con mayor elegancia, el oficio de prostituta. Pienso en voz alta, sin embargo, la anciana de cutis de marfil me detiene en seco: “No vaya a creerse que una podía andar pregonando que se era ‘una mujer de la vida’ así como así, para nada de nada”.

Me cuenta de algunos clientes, me ruega discreción. “La sociedad cubana siempre fue muy clasista y muy racista”. Por un lado ella era blanca, hermosa, y de un atractivo elegante. Cualquier trapo que se pusiera encima la vestía y le daba un aire de gran dama. En las tiendas de ropa podían confundirla con una señorita adinerada. Se vestía bien, para eso trabajaba, se calzaba siempre con finos tacones de piel, y hacía todas sus comidas, y aprendió buenos modales. “Ese retrato de la mujer de la vida cubana hambrienta, jamás, jamás. Que nos enfermábamos, claro que nos enfermábamos. ¿O es que no hubo ricos tísicos? A veces eran ellos los que nos contagiaban a nosotras. En cuanto a la comida… No sólo siempre comíamos bien, además nos ayudábamos entre nosotras”.

¿Qué piensa de lo que dicen que Cuba era antes el burdel de Estados Unidos? Le pregunto secamente, a sabiendas de que la toco de manera muy cercana y hondo, hasta me siento pérfida: “¿Burdel de los Estados Unidos? No me haga usted reír. ¡Burdel de los Estados Unidos! –Exclama y fríe un huevo en saliva-. Yo tuve clientes de todas partes del mundo, pero sobre todo cubanos, de la alta clase, de la gran sociedad. De esa sociedad perfecta e intocable. Y luego, muchos revolucionarios, barbudos. Hasta que ellos vieron que no podían sacarnos nada, y nos prohibieron, nosotras fuimos las primeras perseguidas. ¡Como si una sociedad no necesitara de nosotras para existir!

¿Sabe usted cómo le llaman a las mujeres de la vida hoy en día? Inquiero dudosa. “Sí, cómo que no, les llaman jineteras. Una palabra horrenda, por cierto, de una vulgaridad extrema. Y las muchachas trabajan –ya no en un barrio-, a todo lo largo y ancho de la isla, en condiciones terribles, sus chulos son los mismos policías; ellas cobran una miseria, están enfermas, mal vestidas, mal aseadas…” Mal papeadas, añado para mis adentros. “Cuba es hoy el burdel del mundo…” Su voz se quiebra desconsolada.

¿Se arrepiente ella de haber sido una mujer de la vida? ¡Jamás! Y no sin cierto orgullo afirma que la prostitución es el más viejo oficio del mundo; pero que ya no es lo que era en su época, donde las muchachas hablaban bien, tenían modales, tocaban el piano, o algún instrumento musical, e intentaban superarse para en cuanto podían salir de aquella mala vida, que comparada con la de hoy, no era tan mala.

¿Había muchachas negras? Por supuesto, responde; aunque eso sí, eran tratadas con menosprecio, y apenas se les reclamaba, incluidos los mismos negros, que más bien buscaban blancas bastante claras de pelo y de ojos.

¿Eran ustedes respetadas? Sí, por los clientes, claro que sí, estaban obligados, pero además, Josefina tenía clientes fijos, de alcurnia, de la alta sociedad. Una sociedad muy clasista y muy racista, por cierto, subraya.

¿Cree ella que la revolución castrista acabó con la prostitución? No, acabó con el barrio de Colón, eso sí, nos disolvió, nos integró a ese ambiente de contingencia que vivió cualquier mujer cubana de la época. Podíamos encontrarnos todas en un surco de papas, del mismo modo la mujer de uno de mis clientes y yo, una al lado de la otra, entonando himnos políticos. “En realidad, la revolución la rebajó a ella a mi categoría, o me ascendió a mí a la de ella…” Su mirada se vuelve irónica, pícara, suelta una carcajada… “Nos hizo a todas mujeres de la vida, eso sí.”

¿Pasó hambre? “Antes de Castro, nunca, se podía comer con muy poco dinero. Con Castro me las vi negras, como cualquiera. Como una vulgar cualquiera -ríe de nuevo porque ella mejor que nadie conoce el significado de esa otra definición: “cualquiera”-. Y eso que trabajaba como obrera en la fábrica de talco Brisa, con tu tía, que es de donde nos conocemos. Tu tía me arreglaba las manos a mí.”

¿Puedo hacerle una foto? No, de ninguna manera; a su hija no le agradaría que la viesen tan mal peinada. Me parece un pretexto magnífico.

Zoé Valdés.

13 comentarios dejar un →
  1. Antonio Valle Vallejo Enlace permanente
    diciembre 3, 2009 4:28 pm

    ¡Genial, Zoé! ¡Qué belleza de post! Este es un capítulo de nuestra historia siempre tan mal contado y tan utilizado por la propaganda oficialista y por los simpatizantes del régimen alrededor del mundo para hacerle la apología al castrismo, que realmente pedía a gritos un artículo como éste. Y muchísimas gracias por publicarlo en tu blog, precisamente hoy, para que yo pueda restregárselo en la cara a un colega mío con quién hace menos de media hora tuve una acalorada discusión sobre éste mismo tema. Así de oportuno me ha llegado. Espero que su español, que es realmente bueno, le permita comprenderlo casi en su totalidad.

  2. Frida Masdeu Enlace permanente
    diciembre 3, 2009 4:50 pm

    You made my day, dear Zoe! Escribes como una diosa. Lovely, exquisita reflexion de una dama, Josefina, admirable.Cuanto se dice, en este post! Gracias mil.

  3. JULY DEL RIO Enlace permanente
    diciembre 3, 2009 9:56 pm

    CUANDO TRABAJABA EN EL CAPRI
    SIEMPRE ME IBA A VER UNA MUJER
    BELLISIMA QUE ERA UNA MUJER DE LA VIDA
    COMO BIEN DICES
    ELLA TRABAJABA EN CASA DE MARINA.

  4. Isis Wirth Enlace permanente
    diciembre 4, 2009 12:37 pm

    Muy bueno que hagas esto. El castrismo se ha construido su imagen sobre la base de mentiras, falsedades y tergiversaciones.

  5. diciembre 4, 2009 1:02 pm

    El articulo es excelente y el tema muy interesante y pacos escritores lo han tomado en consideracion,PERO tiene un gran error que deberia arreglar.Al decir que la senora tiene 100 ANOS de edad entonces es poco probable que ella tenia clientes barbudos o sea seria el principio de la revolucion,pues tendria unos 50 anos de edad y Ud. sabe que en esos lugares el cliente busca mujeres JOVENES ,alrededor de 20 anos. Ella posiblemente era la DUENA del negocio o sea de una de esas casas,burdel. Su historia de estar en posicion horizontal deberia ser antes ,unos 15 a 30 anos.Me gusta como escribes y me ha embullado escribir despues de muchos anos, aunque mi redaccion es malisima pero me entretengo ,sera las memorias de un marielito ingenuo.Suerte ZOE con su novela!!!!!!

  6. diciembre 4, 2009 4:52 pm

    Gracias a todos. Estimado Lord de la Florida, el error de marras no lo es. El nombre y la edad verdaderos de la señora ha sido transfigurado, a petición de su hija. Espero que sepa comprender. Pero le diré algo, a muchos cubanos les gustan las tembas. La misma Celia Sánchez Manduley creo que era mayor que FC.

  7. diciembre 4, 2009 6:39 pm

    Querida Zoe, de nuevo en tu blog me transportaste a mis anos de juventud. Te dire mis experiencias , las casas de prostitucion eran en realidad centros sociales , donde te tomabas unas cervezas, oias musica, bailabas, en algunas se comia buen marisco a orillas de mi bella bahia, se hablaba de todo y despues templabas rico y seguido y aunque no lo creas en Navidad algunos llevabamos regalos a las “ninas” que siempre nos trataban bien. Siempre esperabamos el fin de semana para ir a despejarnos. Por eso habia tan pocas violaciones y crimenes sexuales que veo por esta sociedad donde vivo. Castro las saco a la calle a morirse de hambre y a explotarlas mas! Magnifico blog. Besos

  8. diciembre 4, 2009 6:51 pm

    Bárbara, digo, Zoé, digo, bárbaro.

    El castrismo convirtió en putas a casi todos: hembras u hombres, y todo lo que hay de por medio. Para el resto: cárcel, acoso y exilio.

  9. diciembre 5, 2009 7:51 am

    Esta historia, que nos estás regalando (bajo promesa de continuidad, así que es ‘deuda’) con tu especial modo de hacer, entre periodismo de investigación y pieza literaria, me ha gustado mucho. Espero con impaciencia la próxima entrega.
    También me ha traído a la memoria a una vecina que teníamos, que era de una elegante belleza exótica, preciosa ‘piel canela’, grandes ojos verdes, abundante cabellera y escultural figura, que vestía ‘trajes sastre’ levemente entallados, altos tacones con bolsos a juego, lucía maravillosos peinados (unas veces en un chic moño francés y en ocasiones en ondulada melena suelta y controlada con airosa elegancia), se maquillaba con fina sobriedad y dejaba una delicada estela de aromas especiados y frutales a su paso. Creíamos que era enfermera, por sus horarios de salida y regreso a la casa. Durante años vivió entre nosotros con un aire de reserva y circunspección, plena de gentileza, cortesía y con una distinción y sobriedad, dignas de una reina. Convivía con un caballero igual de atildado, amable y circunspecto que ella, que vestía costosos trajes de frescolana, elegantes zapatos italianos de piel y flexibles sombreros estilo New York. Todos los vecinos conjeturaban sobre la pareja (que se comportaba como un matrimonio bien avenido y de buenas costumbres), sobre si habían sido ‘ricos venidos a menos por un infortunio económico’, o si eran personas celosas de su intimidad que preferían vivir de incógnito entre la gente de nuestra agradable y bucólica barriada, salpicada de lindos y pequeños jardines con verjas de hierro como encajes. Un día, en 1964, apareció Julio Almeida, acompañado de tres ‘camaradas milicianos’, en estado de grosera ebriedad, y pidiendo a gritos que saliera nuestra preciosa vecina, porque habían venido a ‘solicitar sus servicios’. La situación fue espantosamente desagradable y vergonzosa, ya que, en un momento, nos enteramos que nuestra dama era una ‘madame’ de una casa de citas que había por los alrededores de ‘Le Palais Royal Le Trianon’, (famosa joyería y casa de objetos de arte, sita en Galiano entre San Rafael y San José’), y que su compañero (a quien creíamos que era su esposo), era su ‘mantenido’. La vergüenza y el dolor, hizo que poco tiempo después, sufriera un colapso cardíaco falleciendo a los 52 años de edad (edad que estaba lejos de aparentar, pues la tersura de su piel y la firmeza de sus carnes, delataban el rostro y el cuerpo de una mujer 15 años más joven). Nunca dejamos de relacionarnos con ella, saludarla y atenderla afectuosamente, tal y como ella se merecía por su ejemplar comportamiento, por lo cual ella se sintió muy agradecida y así nos lo expresó hasta el final de su vida. Sentimos verdadero dolor por su fallecimiento y una inmensa rabia contra quienes la habían puesto en evidencia, sin más razón que la de humillarla y denigrarla. Cuba iniciaba el descenso al infierno del castro-fascismo de la sordidez y la vulgaridad.

  10. Mari Rodriguez Ichaso Enlace permanente
    diciembre 5, 2009 12:49 pm

    Precioso post. Tiene una serenidad y una profunda humanidad que me emocionan. Me recuerda La Nada Cotidiana, mi libro favorito de siempre.

    Un fuerte abrazo a los 3 Vega-Valdés

  11. jose de miami Enlace permanente
    diciembre 5, 2009 4:42 pm

    Este post de hoy es una joya Zoe y los comentarios de rogelio y liborio ni hablar, yo sigo pensando que lo que mueve este mundo no es el dinero como muchos creen, en el fondo de todo siempre esta el sexo, el amor entre una pareja sin sexo se desvanece, y todavia hay instituciones de todo tipo que pretenden hacernos ver el sexo como algo pecaminoso, como un castigo, pero si es un regalo que la naturaleza nos dio, pues entonces a disfrutarlo plenamente, claro de forma responsable. En Cuba ciertamente tratando de eliminar la prostitucion lo que hicieron fue fomentarla aun mas y peor que eso en total descontrol.

  12. diciembre 6, 2009 12:12 pm

    Muy bueno!

  13. Alex Luis Chabrier Enlace permanente
    diciembre 7, 2009 3:04 am

    Lei el magnifico trabajo sobre las damas de la vida,recuerdo unaexperiencia que me toco muy de cerca,tenia unos 19 y en un dia de navidad que me senti solo pues mis padres habian muerto,por ese tienpo era inclinado a la relijion.A la salida de la iglesia vi una dama de gran belleza que me sonrio,todas las hormonas se dispararon al instante y la invite a comer,o tomar algo de hay ella me invito a su casa que estaba ordenada con muy buen gusto pense que tenia una buena posicion pues era itelijente y delicada en su conversacion,me dijo que estaba de vacaciones por navidad,pase varios dias en la conpania de esta mujer maravillosa,poco antes de marcharse me dijo cual era su trabajo y quede sorprendido y algo decepcionado,pues aunque era mayor que yo me interese por ella,a pesar de todo continuamos nuestra relacion mientras permaneci en ese pais,a veces pasabamos muchas horas hablando y mas horas haciendo el amor sin esperar nada el uno del otro nada mas que un respeto mutuo y una amistad y sentimientos que en ese momento era incapaz de aquilatar.Me fui a la vida militar por largos anos,unas veces corriendo hacia delante y muchas corriendo en la otra direccion y de prisa.Cuando sali fui administrador de los negocios de un conpanero del ejercito,un dia encontre una dama que me pidio que tuviera paciencia con ella pues era nueva en su travajo,conversamos y quedamos en vernos cuando saliera del trabajo.Llegue tenprano recoste la cabeza sobre el timon a pensar porque esta mujer me atraia,de pronto me di cuenta del extraordinario parecido con la dama de mi juventud,con disimulo me fui de alli,no queria que nadie ocupara el espacio de la mujer de mi vida.

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