Del racismo y el clasismo en Cuba: “El negrito catedrático”. (II de una Serie).
DEL RACISMO Y EL CLASISMO EN CUBA: “EL NEGRITO CATEDRÁTICO”. (II DE UNA SERIE).
Nicanor es negro, al triunfo de la revolución tenía 17 años y trabajaba como limpiabotas a un costado del Morro Castle. “Allí tenía mi silla de limpiabotas, con la base de buena madera, con su silla de cuero y los guardazapatos de bronce. Yo no era pobre pobre, con lo que ganaba desayunaba, almorzaba y comía, además me vestía decentemente, nada de lujos. Vivía en la calle Acosta, con mis padres, en una cuartería, modesta pero tranquila. Había agua, electricidad, y cada año el encargado pintaba el edificio. No era rico ni aspiraba a serlo –aunque me hubiera gustado, ¿a quién, no?- pero en aquella época ni pensaba en eso; me hubiera hecho ilusión, eso sí, el tener un negocio propio, de máquinas de alquiler, con esa idea trabajaba desde los 14 años”.
Y en eso llegó el comandante y mandó a parar, que cantaría Carlos Puebla. Nicanor cabizbajo se mira las manos, cuarteadas, cenizas, levanta la vista, las pupilas grises fijas en un parquecito que observa a través del cristal.
“Para todos fue una esperanza, para todos”. Él mismo creía que podría convertirse en propietario de autos de alquiler de la noche a la mañana, fue todo lo contrario. “Nos prohibieron limpiar botas. Y eso que yo limpié mucha bota de barbudos cuando bajaron de la Sierra y llegaron a la ciudad. Pero un día llegó uno y me dijo que eso daba una mala imagen, que ya la revolución había triunfado y que yo no podía seguir limpiando botas porque ya la época de los limpiabotas y de los negros esclavos se había acabado. Le pregunté sin levantar la vista, mientras cepillaba sus botas, si él creía que verdaderamente limpiar zapatos era un delito, si realmente daba una mala imagen, que por nada de la vida yo me sentía un negro esclavo, puesto que yo cobraba por lustrar zapatos. No me respondió. Al día siguiente llegó una furgoneta y cargó con mi silla y con mis materiales. Ahí se acabó”.
Nicanor empezó a trabajar en el INIT, como lunchero, hasta que se acabó el pan, el jamón, el queso, y no hubo nada más que hacer; lo pusieron a cuidar baños. No se quedó allí mucho tiempo. Se inscribió en una escuela nocturna, llegó a estudiar Historia en el curso para trabajadores de la universidad habanera.
“Me hice maestro, que es hacerse creador”, decía el lema de la época. “Pero de creador nada de nada, y los maestros de historia debían contar la historia a la manera de ellos, de su versión oficial, y a mí eso se me hacía cada vez más incómodo, no me daba la gana de mentir. No pude irme de ahora para luego, fui yéndome por poco a poco. Como tenía que acompañar a los alumnos durante los 45 días a la escuela al campo, y yo sí que trabajaba a la par de ellos, empecé a enfermarme, me recosté más de lo debido a mi escoliosis, padecía de unos agudos dolores de espaldas, mi columna vertebral era un garabato, entonces pedí un peritaje médico y me retiré sin jubilación, o sea, sin un quilo prieto partí’o por la mitad”.
¿Por qué hizo eso? “Desencanto”. Nicanor se desencantó de tanta verborrea inútil, además de que siempre que proponía una iniciativa escolar se la rechazaban. El secretario general del Partido lo convocó finalmente: “¿Quién te dijo que metieras a Quintín Banderas y al movimiento negro en el plan de estudios?” Nadie, nadie se lo había dicho, lo había pensado él mismo, lo había decidido él. “¿Y quién te dijo que tú podías decidir nada aquí, negro? ¿Desde cuándo los negros piensan en este país?”. Fue la respuesta de su superior político.
En Cuba, llamar “negro” o “negra” a alguien no tiene por qué sonar necesariamente racista, a mí misma muchas veces me han tratado de “blanquita, ven acá”, y no lo veo como una expresión racista, le aclaro al hombre. Nicanor contesta que no es lo mismo, que en el caso de aquel militante era un asunto de encarne personal, y que él si lo hacía de forma racista, su trato lo era, día tras día lo humillaba, lo vejaba con frasecitas donde inevitablemente tocaban el tema del color de la piel y de las implicaciones que eso significaba para los blancos. “Incluso, llegó a llamarme ‘negrito catedrático’, por el hecho de que yo hablaba correctamente, e intentaba que mis alumnos se expresaran y escribieran lo mejor posible; de hecho tuve que bajar el tono, y hablar con menos corrección, populachear mis modales, para que de este modo me respetaran los maestros, no ya los alumnos”.
Y si se retiró sin derecho a cobrar cada mes, ¿de qué vivió hasta ahora? Pregunto y casi que adivino la respuesta.
“Primero del bizne, para lo que yo no estaba preparado, pero me obligaron ellos, ¿qué iba a hacer? En cuanto pude, con el dinero que gané bizneando, me compré un Dogde del 48, que se caía a pedazos, conseguí aquí y allá las piezas de repuesto, fabricadas artesanalmente, puse nuevo de paquete el perol, y me dediqué a botear por mi cuenta.”
Entonces pudo cumplir su sueño, subrayo. Levanta la mirada hastiado. El fotógrafo le pide permiso para retratarlo. “No quiere fotos –me dice mi prima al teléfono-. Hasta ahora ninguno de los entrevistados acepta que le hagan fotos, y tampoco quieren que se les identifique.” ¿Por miedo a represalias? –pregunto. “Sí, y por vergüenza”, responde Emma.
“Dígale a su prima, que ella sabe lo pasó después, ¿ella no era vecina mía en el albergue de Montserrate? Me detuvieron a inicios de los ochenta, iba con dos extranjeros en el automóvil, nos dirigíamos hacia Varadero. Un año y medio p’al tanque sin juicio, y luego, ni sé cómo estoy aquí ahora, me soltaron y ya, ni una explicación. ¿Cómo vivo? Sobrevivo. Doy clases particulares de Historia, a veces me pagan en CUC, otras con comida. Sigo en el mismo solar de la calle Acosta, al que no le cabe un apuntalamiento más. Antes, en épocas de ciclones nos albergaban, ahora eso se acabó, los albergues son un lujo en la actualidad, ya ni existen siquiera. Aquí estoy a la espera a que me caiga el cuarto en la cabeza, o a que mientras camino por la calle, en dirección a una clase particular, me pase una guagua por encima…”
¿Y eso? Mi voz se atenúa, me invade una profunda tristeza. Mi prima repite la pregunta del otro lado del móvil. Puedo imaginar a Nicanor a cientos de miles de kilómetros de mí, sentado en el borde de un camastro, cobijado en su bajareque. “Está casi ciego”. Me susurra mi prima, tratando de que el hombre no pueda escucharla.
¿Qué es lo que más desearía Nicanor ahora mismo? Pregunto a mi intermediaria. Él no entiende la pregunta. ¿Qué es lo que mayormente ambicionaría? Insisto.
“Unas gotas contra el glaucoma, unos espejuelos de ver, o… ¡qué sé yo! Nada. A mi edad lo más conveniente es que me duerma y a esperar a que la Señora me venga a buscar, en silencio, y mientras esté soñando con mis padres, con mi barrio, donde yo era un principito que se pasaba el día leyendo, y contando historias fantásticas a sus amigos, me quede ahí mismo, estiradito.”
Zoé Valdés.
Nota mía: Todas las entrevistas se han hecho en Cuba. Se hacen a través de un móvil y una persona, siempre diferente cada vez, que entrevista –con mis preguntas previamente preparadas- y me describe a la persona escogida. Las entrevistas no se pagan, por ética periodística. Le hemos preguntado a cada uno de los entrevistados cuál presente desearían como agradecimiento, pero al final se han negado a aceptar cualquier regalo. Le hemos informado que las entrevistas son para publicar en este blog y que sus identidades no serán reveladas por razones obvias.










































































































































El racismo solo comenzo de verdad despues de la revolucion. Fui a escuela particular donde solo los pudientes podian costearla, mis amigos de juego eran en un setenta por ciento negros, jugabamos a la pelota a diario, pescabamos y tambien nos fajabamos seguido, pero la amistad era incondicional. Mi madre tuvo no se cuantos ahijados negros que venian a visitarla frecuentemente. No voy a tapar el sol con un dedo habia algo de racismo, minimo, como en todas partes. No fue hasta que llegue a los USA que empece a darme cuenta de la division racial. No me hagan cuento , los huele bichos de la revolucion, por favor!
Por favor, reune la serie en un libro. Magnificos testimonios, crudos como la realidad.
Te felicito, excelente serie. Vuelvo a repetir que en mi opinion, el racismo es la razon que los C siguen en el poder, empezando con la aristocracia subvencionando al 26 de Julio, que no hubieran hecho si Batista hubiera sido blanco.
Y hay muchos en Cuba que temen a las elecciones libres a causa del racismo.
Gracias a todos. Gracias, CS, ya lo extrañaba.
Estoy con Charlie Bravo: reune, please,Aoe Valdes, esta serie para un libro.
Ojala mis sobrinos puedan vivir, algun dia, en una Cuba donde la mayoria sea negra y donde las libertades todas sean cosa diaria para todos los cubanos…
A Nicanor, todo mi amor: Juan Gualbeto Gomez, Eligio Carbonell, Evaristo Estenoz, Morua Delgado, el amigo de mi abuelito, el abogado Baro, Bayames…tantos cubanos dignos que estarian al frente en la lucha contra el azote que nos niega a todos los cubanos la mas elemental dignidad humana. Gracias.
Perdon, pulse la tecla equivocada: Tu nombre, Zoe, jamas debe ser mal escrito, mal pronunciado: Zoe Valdes! Te apreciamos, tus lectores como no te imaginas…Gracias.
Ando con gripe y no logro coordinar para comentar, pero me duele y me indigna tanto sufrimiento. Y lo peor es la soledad que acompaña a tanta miseria y dolor, por culpa de un déspota y sus cómplices. Y todavía hay quien habla de ‘borrón y cuenta nueva’!!
Gracias a todos. Liborio, le deseo que se mejore, un abrazo a todos.