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Del Racismo y el Clasismo en Cuba: La cabaretera. (IV de una serie).

diciembre 9, 2009

DEL RACISMO Y EL CLASISMO EN CUBA : LA CABARETERA.

La entrevista transcurre en una azotea de La Habana Vieja, donde vive Amparito La Divina (en el barrio le llaman La Divina, Amparito es un nombre falso. Amparito La Divina se encuentra arrellanada en un sillón encima de viejos cojines, y mientras se balancea observa a las palomas dentro de las jaulas, comenta que tiene que vigilarlas durante el día y la noche para que no se las roben. ¿Quién tiene palomas en este país? Pregunta y se contesta. Nadie, yo sola. Mi intermediaria le pregunta –lo que es habitual- si no quiere dar su verdadera identidad y ser fotografiada por la persona que la acompaña. Ella dice que le da igual, pero la nieta, que está a su lado, se niega:

-Mira, no te pongas brava, a ella no le pasará nada, ella está vieja ya, aunque con esta gente nunca se sabe… Pero con nosotras la van a coger, y no estoy p’a eso… Ya nos vinieron a ver por el lío de las palomas mensajeras.

-¿Es un problema tener palomas mensajeras, en plena era de internet? –Pregunto a Emma que me ha trasmitido el diálogo.

La nieta hace un mohín de disgusto, me describe Emma:

-”Interné” tendrán ellos, aquí muy poca gente sabe lo que es eso… Nosotras criamos palomas mensajeras, y ya eso les molesta… -responde la muchacha.

Me dirijo a la mujer sentada en el sillón. La conocí hace años, cuando aún era una mujer esbelta. Ya no, me dice Emma, y me la describe en francés, por cortesía con la señora: Es una anciana, bien cuidada, pero su rostro ha perdido esplendor, su semblante lo vela una extraña dejadez, ni siquiera es tristeza, se trata de desconfianza, o quizá indiferencia. Emma no consigue describirla con exactitud, y añade, que sin embargo, las piernas las tiene intactas, largas, fuertes, son  las de una bailarina.

-¿A qué se dedicaba usted Amparito antes de 1959? –pregunto.

-Yo trabajaba en un célebre cabaret habanero, aunque trabajé en muchos otros, pero ahí, en ese, me hice famosa… En el Sans-Souci.

-¿Cómo entró a trabajar allí?

-Di clases de baile y de canto, desde niña, eso era lo que me fascinaba. Y en cuanto pude empecé a buscar trabajo y lo conseguí en el cabaret.

-Supongo que empezó joven, ¿sus padres no se opusieron?

-Mi madre sí, pero mi padre era de orígen europeo, y no veía ningún tipo de inconveniencia en eso. Él me acompañaba y me iba a buscar. Hasta que pude ir sola, y ellos me tenían mucha confianza. El problema surgió con la vecindad, yo siempre viví en esta calle, Inquisidor –ya el nombre le dirá algo-, invariablemente ha habido gente muy chismosa y metida, y por ahí empezaron a criticarme y a criticar a mis padres, que, ¡alabado sea Cristo!, me dejaban ser una cabaretera, y lo decían de modo despectivo, a veces me llamaban: “la fleterita mala ésa que baila”… Yo, callada, a lo mío…

-¿Ganaba bien su vida?

-Sí, muy bien. Yo no llegué a ser de las grandes, pero me reconocían en la calle, y mi prestigio tuve, poseía buenos contratos. Los músicos que se fueron de este país en aquella época se fueron para hacer fortuna y, sobre todo, cine, el cine les atraía mucho. Se fueron a México, pero La Habana jamás perdió su encanto nocturno.

-Se cuenta aquello de que para triunfar en aquel ambiente había que tener protectores… hombres, o sea amantes.

Amparito se echa a reír, puedo escuchar su carcajada a través del móvil de Emma.

-Yo tuve un protector, que fue un hombre y un amigo maravilloso. No podía ser mi amante porque no le gustaban las mujeres, fue un gentleman conmigo y con todo el mundo. Se llamaba Bebo Alonso, ya murió. Vivía cerca de aquí, en una azotea, igual que yo, y en lugar de tener palomas, estaba rodeado de palomos (vuelve a reír). Nunca tuve amantes adinerados. Mi novio era mecánico de automóviles, era celoso, sí… Con el tipo de trabajo mío tenía que serlo.

-¿A usted le molestaba supongo que la llamaran cabaretera y fletera?

-Lo primero no, eso era lo que yo era… Pero, en cambio, fletera sí, porque yo no fleteaba ni fletee jamás, aunque no tengo nada contra el flete. Pero ya los puritanos del barrio pensaban que ser una cosa implicaba la otra.

-¿Y cuando triunfa la revolución, eso cambia, no?

-Al principio, a mí no me afectó en nada el susodicho triunfo. Yo seguí bailando, porque, es que yo vivía para eso, es lo que me gustó toda la vida. Yo de política no quería saber nada… Pero la política me tocó y duro.

-¿Cómo?

-En una ocasión llegó un comandante, Amejeiras, era sabido que a él le fascinaban las cabareteras. Y quiso coger mango bajito conmigo, y me negué. Y no sólo vino él, llegaron otros a lo mismo, yo igual de resistente. Entonces ahí empezó mi desgracia, porque lo que yo no me esperaba era que la persona que pusieron de jefe, o de administrador, cuando nacionalizaron todo, me pidiera que cumpliera esa gran tarea revolucionaria: la de acostarme con aquellos zarrapastrosos, y que si no lo hacía me tenía que ir. Me fui, estuve trabajando en otros lugares, en lo mío pero de menos envergadura, hasta que me tuve que ir completa, porque la persecución era insoportable. Y es que tenía a ese señor, y a otros, encarnados en mí. Bebo Alonso, me protegía, pero para él la cosa se puso fea, trabajó unos cuantos años, pero antes de los ’70 se jubiló.

-Usted sabe que yo lo conocí y lo visité, fue un gran amigo, yo era muy jovencita. Lo conocí a través de mi primer novio, que hacía constructivo en su azotea.

-Ah, sí, te habrá enseñado todas las fotos… Bebito era una gran persona.

-Sí, vi muchas fotos, creo que fue la tercera persona que me descubrió lo maravillosa que había sido La Habana. Mi madre y mi abuela fueron las primeras.

-Yo tengo muchas fotos también, con Sara Montiel, con Edith Piaf, con el Beny, con María Félix, con Libertad Lamarque, con todos los grandes… Tuve que dejar todo aquello que tanto me gustaba, lo que había sido el sueño de mi vida. Me casé, tuve mis hijos, mis nietos y nietas.

-¿No trabajó nunca más?

-No, a esta gente yo no le trabajé más ni le trabajaré nunca en lo que me queda de existencia, que es bien poca. Me dediqué a manicurista, en mi casa, aquí, y a criar palomas… Además, siempre que iba a buscar trabajo me salía la bola de fletera, ya no de artista, ya no de cabaretera. No, de fletera, y lo subrayaban.

-¿Se lo decían así, por lo claro?

-No, le daban la vuelta, y finalmente soltaban el nombretico u otro que tuviera que ver.

Emma me comenta que su esposo falleció hace algunos años, que las nietas son mulatas, el esposo era mulato.

-¿Cómo vieron sus padres el hecho de que se casara con un mulato, siendo usted blanca?

-Mis padres lo vieron bien. Ignacio era un hombre como cualquier otro, o mejor que cualquier otro, el mejor, para mí. Pero en el barrio eso dio mucho de qué hablar. Ya no era sólo la cabaretera, ahora era la blanquita que le gustaba quemar petróleo.

-Pero con la revolución eso debió de haber cambiado.

-No, eso no cambió para nada. Le diré algo, uno de los revolucionarios que iba a verme en el cabaret me amenazó que si seguía con ese negro le iba a meter un pistoletazo a él y otro a mí…

-¿Y?

-No sólo seguí con él, me casé con él. Miedo no come miedo.

-¿Usted cree que en Cuba hay racismo, Amparito?

-Pregúntele a mis nietas, ellas le contarán. Cada día que salen de este edificio, las paran acusándolas de jineteras. A mí, no, hace años que no piso un peldaño de esa escalera, que no veo la calle y que la calle no me ve.

-¿La policía?

-Claro, quién si no. Mis nietas estudiaron y no pueden vivir de lo que estudiaron, aquí no hay oportunidades para nadie. Una de ellas es manicurista, como lo fui yo, que ya no puedo serlo porque estoy casi ciega, y la otra se dedica a venderme las palomas, yo hago cría. Ninguna de ellas es jinetera… ¡se da cuenta! Sólo los términos han cambiado, de fletera a jinetera… Mis nietos son graduados universitarios, pero tienen que bisnear para poder darle de comer a sus familias. Ya yo tengo bisnietos. Tu prima los conoce, ella se está hospedando al doblar de la casa de uno de ellos.

-Usted recibe pensión de los años trabajados durante la revolución, supongo.

-No recibo nada de nada, pero tampoco lo quiero, no quiero nada de esta gente. Yo vivo muy bien con mis recuerdos, con mis fotos, las palomas, y mirando el cielo desde mi azotea, que es mi tesoro. Esta azotea es mi tesoro. Como poco, de lo que me traen ellas (señala a la nieta que alejada trenza y destrenza su pelo mirando hacia la Aduana, pocos barcos, en verdad), hace tiempo que dejé de fumar, me dedico a mis palomas y a la vida espiritual, doy consultas y no pido nada, la gente siempre me deja algo… Ya ve usted, la fletera, la cabaretera, terminó de espiritista, y consultando a los descendientes de todos los que me señalaron con el dedo. ¿No es fabuloso?

Doy por terminada la entrevista, sin confesarle que a ella yo la conocí, hace años, en casa de Bebo Alonso. Todavía era una mujer ligera, brincó dos o tres azoteas pegadas unas con otras para traerle a Bebo un flan de calabaza. Yo estaba allí, tenía 16 años, y me planteaba seriamente ser cabaretera, porque de escritora –me decía- no viviría nunca.

Zoé Valdés.

10 comentarios dejar un →
  1. diciembre 9, 2009 1:10 pm

    Estimada Zoé,
    Quería pedirte un favor, ¿podrías darle difusión al evento “Protesta No + Castro, No + Cháves”. Más información en Facebook:

    http://www.facebook.com/group.php?gid=175877927506

    Gracias de antemano y en cualquier caso.
    Atilio
    Viva Latinoamérica libre de Comunismo

  2. Isis Wirth Enlace permanente
    diciembre 9, 2009 2:45 pm

    Excelente faena, Zoé.

  3. diciembre 9, 2009 2:59 pm

    Tantas vidas destrozadas, receintemente he tomado un interes en el cine checo de los 30 y 20, la epoca de la primera republica, y es triste ver lo que hicieron a artistas de la talla de Vlasta Burian y Adina Mandlova, no somos el primer pueblo que ha pasado por esto y desafortunadamente no seremos los ultimos, hay una continuidad en todo esto, y deja un sabor de frustracion y tiempo perdido, aun con la llegada de la libertad, y el mismo mundo que aplaudia a estas tiranias o que abogaban para una “normalidad” en las relaciones pierden interes en estos pueblos que supuestamente les eran tan requeteimportantisimos.

  4. diciembre 9, 2009 4:06 pm

    ?Quién tiene palomas en este país? dice Amparito La Divina.
    Zoé esta serie es antológica(gran trabajo el de Emma).
    !cuídense mucho!-eve.

  5. Miss Marple Enlace permanente
    diciembre 9, 2009 4:30 pm

    La gente en Cuba no tiene ni palomas mensajeras ni “Interné” pero tienen Twitter.

  6. JULY DEL RIO Enlace permanente
    diciembre 9, 2009 9:43 pm

    ZOE;
    MI MADRE NUNCA SE OPUSO
    A QUE FUERA UNA ARTISTA(CABARETERA)
    PERO SABIA QUE LOGRARIA EXITOS
    POR CIERTO PASE POR SANS SOUCI
    UNO DE LOS GRANDES CABARET
    DE LO QUE FUE LA MARAVILLOSA HABANA
    ADMIRABLE SERIE.

  7. Frida Masdeu Enlace permanente
    diciembre 10, 2009 3:45 pm

    Estoy de acuerdo con Charlie Bravo, tienes que recopilar esta serie en un libro. Gracias.

  8. diciembre 10, 2009 4:31 pm

    Esta serie da para un libro y espero que algún día además pueda ser filmada, aunque sea con actores. Son historias potentes, intensamente cubanas, desmitificadoras de aquella utopía macabra que tanto halaga a algunas personas que viven fuera de Cuba (o adentro,pero con tarjeta de crédito en vez de tarjeta de racionamiento). En fin, tan sólo de pensar en las imágenes que evocan estos escritos, sueño con la película. Las historias de Suite Habana son una alpargata al lado de éstas otras.
    Felicitacioens, Zoé.

  9. diciembre 15, 2009 12:18 am

    Me encanta esta serie. Definitivamente me sumo a la idea de la recopilación.

Trackbacks

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