CARLOS FRANQUI Y LA ALFOMBRA VOLADORA.
Carlos Franqui es y ha sido para mí el amigo que no te vira la espalda, que no te
traiciona, el que no te olvida ni te deja. El que te somete a extraños soliloquios
y te hace cómplice de un singular manejo de las manos, tratando de hacer entender
lo que tú tendrías que interpretar… Una pausa que te regala. Es el caminante perenne
que va trazando círculos, líneas, un círculo alrededor de otro círculo,
dejando huellas a lo largo del camino, obligado a no poder mirar su paisaje,
sus rincones más queridos en la constricción del exilio, que se duele de poder
saborear el rosario de frutas tropicales : el mango, la piña, la guanábana, el anón,
el caimito… mientras en Cuba los cubanos se preguntan con Oscar Hurtado ¿qué son ?
Carlos Franqui, el que un día (corría el año 82) me llamó por teléfono :
- Myriam, estoy en la estación Termini, en Roma. ¿ Puedo pasar por tu casa ?
Es importante.
Carlos se apareció puntual; venía de París. Plantó una maleta sin ruedas en el
medio de la sala, que hoy nadie en el mundo osaría poseer :
- Caballeros, dijo refiriéndose a Jorge y a mí, les voy a pedir un gran favor. Diciendo y abriendo,
sacó de la maleta una tela enorme que deslizó sobre el piso.
- Como ustedes saben, dijo, estoy preparando una exposición importante en Roma,
y esta tela que vi terminar con mis ojos en París es de Miró. No la puedo dejar
en la galería porque todavía no está preparada para la exposición. Les pido por
favor, de tenerla aquí por una semana.
- Por supuesto Carlos, la cuidaremos con fervor, pero ¿ Cómo la trajiste en una
maleta ? ¿ No tuviste problemas en la aduana ?
Y aquí comenzó su mudo lenguaje Carlesco :
- No caballero, yo la doblé con extremo cuidado, con el esmero que merece el maestro.
La metí en la maleta, y le dije :- ¡A viajar tu sueño, alfombra voladora
mágica!
Tuvimos aquel tesoro en nuestra casa por una semana, sin apartarnos de él un sólo
instante. Nos dábamos el turno si alguno debía salir, con la esperanza de que
si un ladrón hacía irrupción en nuestros aposentos, jamás robaría semejante imitación
de una verdadera “alfombra” de valor.
Tengo constancia de este hecho insólito porque a Jorge se le ocurrió desplegarla
en nuestra inmensa terraza. Nos llamó a Hélène (nuestra gran amiga pintora que
vivía con nosotros) y a mí, para tirarnos una foto con el cuadro. Hélène y yo nos
vestimos de gala, nos paramos delicadamente sobre la tela, y Jorge hizo flash
con la polaroide.
Créanlo o no, por una semana entera fuimos poseedores de un auténtico Miró.
Carlos y sus embajadas encierran siempre una sorpresa.
Viajero constante, poeta asediado de formas y colores, mar de líneas, espirales,
cuadrados, círculos, grandes, pequeños; él los separa y los une, un conjuro querido.
Se imponen preponderantes con sabio quehacer colores en lucha contínua: rojos,
verdes, amarillos, azules, blancos, negros: juegos de malabarismo. Si el negro
prevalece sobre el rojo, éste lo anula y a su vez declina en su codicia:
“Vino la noche negra
Y quedaron los huecos rojos”
Una pausa que te regala, un respiro en el concierto.
Y Carlos aparece y desaparece sobreviviente a la catástrofe que ha tocado en la
puerta de cada cubano.
“Yo perezco pero me rebelo”
Carlos, guajiro de siempre, que no sabe descansar en sus ires y venires, hacia delante,
hacia atrás, que de pronto se paró y dijo: “ Yo no camino más” con una Revolución traicionada.
Cuando vienes a mi casa y te despides, dejas siempre el halo de tu presencia y de
una memoria histórica, que ninguno de nosotros nos queremos perder.
Te conocí que amabas “el Hamlet”- yo tenía diecisiete años y era el comienzo de
nuestra amistad; te conocí que amabas “La Julieta” y me prometiste que escribirías
una versión del personaje para que yo la interpretara.
Quizás fue tu timidez por la que Julieta no llegó nunca a mis manos.
Amigo mío, te conocí poeta y revolucionario y sé que no desmayas en busca de una razón
que está seguramente dibujada en una vorágine de formas y colores en lucha.
“Al hombre lo pueden matar pero no lo pueden derrotar”.
Y sabemos, tanto tú como yo, que Cuba está allá, lejos, pero está aquí, con nosotros,
la memoria es nuestro credo.
Y en tu oído resuena insistente ese sabroso son que tus ojos se delician en ver bailar:
“Sun sun sun sun sun ba ba è
sun sun sun sun sun ba ba è
pájaro negro de la madrugá”
¿Qué más te puedo decir?
Por todo lo que eres, y por todo lo que te constituye
yo atesoro nuestra amistad.
Y es por eso que siempre te espero y te digo vuelve pronto.
Carlos, yo te quiero por todo eso y por algo más… que no logro definir.
Miriam Acevedo.
Desde Italia.
Hermoso artículo. Que descanse en PAZ Carlos Franqui. La HISTORIA, lo pondrá en su lugar, llegado el momento.
Notorio es advertir su valentía, su productividad cultural y creadora, replegando en demasía la desidia de los tiranos I y II (et al). Él descansa en PAZ, los otros, viven en guerra y nunca descansarán. Menos, serán honrados por la historia. A no ser que sea para destacar sus iniquidades, sus alevosías y los desprecios por sus semejantes. Saludos.
Interesante metáfora.
Por favor Señora Miriam cuando va a terminar su libro , estoy enloqueciendo por leerlo. Le he enviado mensajes en facebook. Saludos desde Malaga. Turandor
De acuerdo con Turandor, tengo ganas de leer sus memorias, que anecdotas debes tener acerca de V. Pinera y el ambiente del Gato Tuerto, y me encanta su estilo poetico sin gota de pedanteria.