LA FLORIDA: PASADO Y PRESENTE DE LA UNION ANGLO-HISPANA
Conferencia-coloquio en la Fundación Hispano-Cubana
Jueves 27 de mayo de 2010
Leopoldo Fornés-Bonavía Dolz
La península de la Florida, la parte oriental más meridional de los actuales EE.UU. constituye una avanzadilla de tierras que casi toca el mundo latino del Caribe –algo más de un centenar de km- de la isla de Cuba. Durante cinco siglos, desde que fue descubierta por Occidente, gracias al fortuito viaje de Colón que tocó en una isla cercana, ha sido teatro del choque de dos niveles de civilización y de tres pueblos bien diferentes: los indios del SE de EE.UU., que ya estaban desde mucho antes de la llegada de los europeos; los españoles, que fueron los primeros europeos en explorarla y poblarla con mejor o peor suerte; y los ingleses que la recibieron en compensación por devolver La Habana a España en 1763 tras la Guerra de los Siete Años en Europa y América. Tan tarde como eso. Al final el territorio fue a parar a manos de los EE.UU., los herederos de los ingleses en 1819. Es decir, que la península, a pesar de su condición de norteamericana, se introduce como un dedo y es punto de unión entre el mundo latino: español y francés, el dedo que apunta a la América del Sur y el mundo británico, a través de la población bahamense, de cultura afrobritánica. Esto da a la zona una personalidad variopinta y diferente que vamos a comentar a continuación.
Amerindios
Los primeros pobladores de la Florida no fueron europeos. Se calcula que los primeros emigrantes asiáticos –eso es lo que son los indios, al parecer- tras cruzar en oleadas el puente de Beringia hacia el 12.000 a.C. se establecieron en la zona norte de la actual Florida, al oeste en lo que llaman el asa de la sartén (the panhandle) tribus de panzacolas, chatot, calusas en el sur, apalachicolas,apalaches y timucuas, procedentes de los indios creek septentrionales que habitaban el actual estado de Georgia, cuyos nombres se pueden aún encontrar en la toponimia del lugar. En los cayos meridionales desde Keyl Largo hasta Key West, Cayo Hueso en español, se establecieron los matecumbes y, a partir de los siglos XVIII y XIX, en la Florida septentrional y central, los seminolas, una escisión belicosa de los creek de Georgia conocidos como los fugitivos, que eso es lo que quiere decir la palabra mushkogui seminol. Todos hablan una lengua de esa raíz mencionada que poco tiene que ver con los grupos de lenguas algonquina, iroquesa, sioux o uto-azteca extendidas por el norte, nordeste y noroeste de América.
Primeros europeos
La península, ya “descubierta” y poblada hacía muchos siglos por los amerindios, recibió las primeras visitas de Europa gracias a una expedición del gobernador de Puerto Rico, Juan Ponce de León, la amerindia Borinquen, quien desembarcara con tres naves veleras aproximadamente por lo que hoy es la playa de Melbourne, costa atlántica, el 2 de abril de 1513 durante la Pascua Florida, de donde su nombre para el mundo de hoy, indios actuales incluidos. Lo que Europa encontró allí fue un universo de pájaros, 500 especies; de lagos, unos 7.800; un mar de hierba y marismas salobres,los Everglades, campos inmensos de palmetto, y tristes cipreses surgidos en medio del agua de los pantanos, además de una variopinta fauna de culebras, caimanes y plácidos manatíes que hacían del lugar sitio poco práctico para los cultivos o el ganado. Al menos en su parte meridional.
No obstante, en la mente aún medieval de los capitanes españoles, henchida de fabulosos relatos medievales, caballerescos y bíblicos les pudo parecer el paraíso terrenal. No lo era. No lo fue nunca. Más bien era una cárcel tropical llena de mosquitos, enfermedades y muerte hasta bien entrado el siglo XIX en que finalmente llegó la cultura del dragado y del camino civilizador. Es por ese dedo de tierra que apunta hacia el Mar de los Canibas por donde va a entrar Europa en lo que hoy son los EE.UU. de América, la nación más próspera y controvertida de la Tierra.
No fue fácil la penetración europea. Dos fueron los enemigos: los naturales del lugar, los indios, y las enfermedades. El propio Ponce de León encontró allí la muerte. La expedición de Hernando de Soto tanto de lo mismo pues muere en la cuenca del inmenso río Mississippi. El propio Pánfilo de Narváez manda una expedición “civilizadora” que fracasa estrepitosamente cuyos soldados mueren paulatinamente al quedar sin contacto con Cuba y Santo Domingo, la base civilizadora, que sólo el conquistador, cronista y adelantado andaluz Alvar Núñez Cabeza de Vaca nos relatará en sus Naufragios, excelente cuaderno de bitácora para la conquista del oeste en el siglo XIX. Nadie recuerda ya la muerte del fraile dominico Luis Cárcer de Barbastro, asesinado en Tampa por los indios o la presencia de Tristán de Luna en la bahía de Pensacola.
La civilización urbana en América
Cabe a España sitial de honor en haber fundado la primera y más antigua ciudad de los EE.UU. como adelantada del imperio gobernado por Felipe II, hijo del emperador Carlos de Gante. En 1565, una expedición procedente de La Habana, fortificada y establecida en su actual posición al paso de la Corriente del Golfo que lleva a Europa, el capitán Pedro Menéndez de Avilés establece ese año un nuevo poblamiento en la costa atlántica de la Florida como contención ante el establecimiento de colonias de franceses protestantes – hugonotes les llamaban- en medio de la lucha por supremacías imperiales disfrazadas de religiosas con luteranos germano-holandeses, calvinistas suizos y los hugonotes galos que chocaron en la primera contienda europea del siglo XVII: la guerra de los Treinta Años. Pedro Menéndez de Avilés funda así la ciudad de San Agustín en 1565 en la costa atlántica de la Florida aprovechando para reprimir un establecimiento al sur, hoy Fort Matanzas, de hugonotes franceses enviados por el Almirante Coligny famoso hugonote que falleciera en la noche de San Bartolomé en París víctima de los Valois regentes. Todos fueron pasados a cuchillo como ”herejes”, claro, menos tres que adujeron ser católicos y cuya vida fue preservada quizá por saberse el padre nuestro del Concilio de Trento, de reciente factura entonces. No obstante, los corsarios Francis Drake y Robert Searles atacaron San Agustín en 1586 y 1668 respectivamente.
El imperio español, consciente de los combates que tendría con los imperios francés y después inglés decidió establecer en América un cordón de fuego en los siglos XVII y XVIII. Así surgieron las ciudades amuralladas con fortalezas de Panamá, Cartagena de Indias, La Habana, Santiago de Cuba, Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, San Agustín y otras, bases españolas de las flotas comerciales y de guerra del mundo americano más cercano a la península ibérica. Ese fue el mundo europeo en América durante el siglo XVI y parte del XVII hasta la independencia de los EE.UU. y de la América del Sur.
Las misiones civilizadoras
No todo el proceso fue a sangre y fuego, a golpe de espada, arcabuz y ballesta. La parte amable de la civilización europea vino de la mano de la Santa Madre Iglesia y de la urbanización. Las misiones acogieron a las poblaciones indias que vivían en una desesperanza de vida, sobreviviendo a los elementos y a las pugnas tribales con pocas posibilidades de prosperar. Las primeras misiones -madera , fango y biblia- surgieron alrededor de San Agustín traídas y construidas primero por padres seculares en 1565 y jesuitas al año siguiente. Pero fue el espíritu franciscano el que triunfó a partir de 1573 al conseguir la conversión de 26.000 indios de expresión mushkogui. Apalaches, apalachicolas, alachúas y creek que levantaron 31 poblados misioneros en el norte de la actual Florida. Su éxito fue tal que en 1674 el obispado de Santiago de Cuba, responsable eclesiástico de la región –no olvidar que Santiago era la capital religiosa de Cuba y de la Florida- envió al obispo a informarse y éste remitió a la reina Doña Mariana de Austria un informe de lo realizado en la zona. Misiones como San Diego de Salamototo, San Damian de Cupahica y otras a lo largo del río Apalachicola como Santa Cruz de Sabacola, o a lo largo del río Santa Fe como Santa Cruz de Tarahica o de Ajohica.
Trágico fin de las misiones
Los inicios del siglo XVIII llevan el choque de los imperios europeos a destruir las pacíficas misiones civilizadoras de sacerdotes españoles e indios. En 1702 James Moore, procedente de Carolina del Sur destruyó las misiones costeras y dos años más tarde las de la zona apalache a pesar de que en 1698 España había construido en Panzacola, hoy Pensacola, el fuerte de San Carlos de Austria, que mantuvo mucho contacto marítimo con La Habana, de la cual se nutrió durante décadas. Por otro lado, la Gran Bretaña, poder todavía emergente de la guerra civil en la que venciera Oliver Cromwell, consciente de su debilidad ante la Francia de Luis XIV y la España de los Habsburgo, se apresuró a marcar territorio hacia el sur de la América del Norte, una vez establecidas la colonia de Jamestown en 1609 por una parte en Virginia y la puritana en Massachussets en 1620. En cuestión de algunas décadas se habían establecido también bases navales en las islas Bahamas, al SE de la Florida, y en la isla de Jamaica, al sur de la parte oriental de Cuba. Las posesiones españolas más importantes del Caribe y del sur de la América septentrional quedaban bien acotadas por Albión.
La guerra madre de la secesión americana
Las contradicciones entre los imperios español, británico y francés hicieron agua en América y Europa desde 1754, empezando por las llamadas guerras indias del Canadá francés con los ingleses y que abrió la fase americana de la guerra europea de los Siete Años. Para las posesiones españolas del Mar Caribe fue crucial. La Habana fue ocupada, tras dos meses de asedio, por una flota británica en 1762 y mantuvo la posesión hasta la firma del tratado de París en febrero de 1763 entre Gran Bretaña, Francia, España y Portugal. Todo cambiaba de manos. Acadia, Cap Breton y el este del Mississippi pasaron de manos francesas a manos inglesas; la extensa colonia de Nueva Orleans había sido cedida por la Francia borbónica a la también borbónica España en virtud del pacto secreto de familia el 3 de noviembre de 1762. Por la devolución de La Habana, la salida comercial de la rica Cuba, España cedió a la Gran Bretaña el territorio de la Florida Oriental desde 1763, que ésta conservó en sus manos hasta que los rebeldes americanos les vencieron en el noreste –con apoyo, financiación y armas francesas y españolas- en la guerra de independencia americana en 1783. Más de tres mil españoles se marcharon a Cuba de Florida
De 1783 en adelante La Florida pasó de nuevo a manos españolas. El extenso territorio había quedado dividido en dos partes para su mejor gobierno: Florida Oriental, con capital en San Agustín, Océano Atlántico y la Florida Occidental, vecina del territorio de Nueva Orleans, con capital en Pensacola, puerto del Golfo de México. Ambas ciudades mantenían permanente contacto marítimo con La Habana, si bien era más factible el comercio naval entre Nueva Orleans-Pensacola con La Habana que con San Agustín en el Atlántico. Fueron precisamente en esos años en que los españoles introdujeron en Florida los primeros cultivos de naranjas, aclimatadas desde entonces al territorio. Un gobernador inglés, Andrew Turnbull, casado con griega, trajo al territorio a trescientas familias europeas procedentes de Grecia, Italia y Menorca, entonces en manos inglesas, con lo cual las lenguas amerindias, castellana e inglesa se empezaron a mezclar con el griego, el italiano y el catalán menorquín. Personaje del folklore americano como Daniel Boone, el cazador de sombrero y cola de piel, se fue a vivir sus últimos años a Pensacola.
La escisión india de la Florida
La mayor masa de indios de la zona pertenecían al conglomerado Creek. Habitaban al sur de lo que hoy es el estado de Georgia. Una escisión de estos, los fugitivos o separatistas, seminolas en lengua mushkogui, se separaron del tronco creek georgiano en el siglo XVIII y emigraron hacia las tierras del sur, más cerca de los lagos, pantanos y territorios donde también se refugiaron miles de esclavos afroamericanos huidos de las plantaciones del sur, con los cuales se mezclaron. Los euroamericanos residentes en Florida durante toda la independencia permanecieron fieles a la corona británica al punto de que tres de los firmantes de la declaración de independencia estuvieron presos en la fortaleza de San Agustín.
España ayuda a los rebeldes americanos
Durante la guerra contra Gran Bretaña el gobernador de la Luisiana española, Bernardo de Gálvez, con una tropa española tomó varias plazas militares a los ingleses en la región del Mississippi: Baton Rouge, Natchez y tres fuertes más, capturó además Mobile en 1780 y expugnó Pensacola de los ingleses en 1781 completando así la derrota de éstos por el sur, que no pudieron hostigar más a los rebeldes americanos desde allí. Es una acción militar de apoyo español de la que no se suele hablar en casi ningún libro y debería ser tomada en cuenta. La administración española se adaptó asimismo a la población inglesa de la Florida, haciendo concesiones civiles a sus gentes si bien fueron víctimas de cierto filibusterismo anglo procedente de Bahamas. El nuevo poblamiento blanco comenzó a hacerlo el angloamericano del norte lo cual hizo que la población española disminuyera. Miles de españoles, al pasar la Florida a manos inglesas en 1763 se habían marchado a Cuba. En 1812 aunque los ingleses intentaron recuperar los EE.UU. para la corona británica tras tener controlado a los franceses y a Napoleón los americanos se anexaron la Florida Occidental, capital Pensacola, desde 1813 hasta río Perdido, actual frontera con Alabama. Tras la derrota inglesa de Pensacola a manos del Gen. Andrew Jackson, después presidente de la Unión, a España no le quedó otra salida consecuente que ceder la Florida Oriental a cambio de una fuerte suma compensadora de la nueva nación americana, que se materializó en 1819. Ha de saberse que la mayor parte del territorio norteamericano adquirido en el siglo XIX lo fue por transacción monetaria y no por conquista. Así, la Luisiana fue adquirida a Bonaparte en 1803, el peor negocio en la historia de Francia; la Florida a España en 1819, el Oregón a Gran Bretaña en 1846 o la península de Alaska a la Rusia imperial en 1869. Quedan por analizar los antiguos territorios mexicanos de la Alta California, Texas, Arizona y Nuevo México producto de la guerra con México de 1846-1848 selladas con el tratado de Guadalupe-Hidalgo o la cesión de las islas Hawai en 1899.
Cesión de la Florida a los EE.UU.
Don Luis de Onís, ministro de la corona española en EE.UU.- hoy se llamaría embajador- y el entonces secretario de estado de los EE.UU. John Quincy Adams, firmaron el protocolo de venta el 22 de febrero de 1819. Los norteamericanos pagaron unos $5 millones a muchos ciudadanos y se comprometieron a la vez a no tocar el territorio de Texas, entonces aún parte del virreinato de la Nueva España (México) de la corona española. Por poco tiempo. Andrew Jackson fue el primer gobernador militar de la Florida entera en cuyo honor se fundó la ciudad de Jacksonville en la cuenca atlántica. La capital del estado se estableció al norte pues la punta sur peninsular era aún insalubre. Como capital se escogió un territorio intermedio entre la ciudad de Pensacola al occidente y de las ciudades de San Agustín y ahora Jacksonville al noreste. Con la aparición del ferrocarril, invento británico, encontraron un punto intermedio para reunirse el gobierno ya que comunicarse por mar ambas ciudades podía tardar un mes. La capitalidad se puso en Tallahassee, a mitad de camino entre las dos ciudades, en pleno territorio de los indios apalaches. Su población completa en 1834 no pasaba de unos 35.000 habitantes ya que el principal azote fue la fiebre amarilla hasta finales del siglo XIX. Los EE.UU., conscientes de la presencia europea en Cuba, al sur de la Florida, construyó una base naval en Cayo Hueso, que comenzó a llamar Key West, el punto geográfico más cerca de Cuba.
Las guerras seminolas
Desde 1818 había encuentros bélicos con las tribus seminolas, de origen creek y expresión mushkogui. Estos se fueron desplazando hacia el interior lacustre y pantanoso de la península debido a la presión cada vez mayor de la ocupación de tierras por los blancos anglos procedentes de Georgia y las Carolinas en la primera mitad del siglo XIX. Así estallan enfrentamientos uno de los cuales en 1835 es encabezado por el jefe indio Osceola. En realidad era mitad indio, de madre seminola y padre inglés. Se llamaba William Powell y estaba educado por los americanos, aunque se sentía indio. Fue apresado dos años más tarde y eliminado en 1838. Un condado de Florida lleva su nombre. Otros jefes seminolas fueron, aparte de Osceola, Micanopy, Alligator, Tiger Tail y Coacuchi. Surgió una tercera guerra seminola en 1850 pero después la mayoría fue conducida por la fuerza a Territorio Indio destinado al efecto como reservas de tierra para tribus indias entre Oklahoma, Kansas, Arkansas y el N deTexas. Sólo un pequeño grupo de seminolas permaneció refugiado en lagos, pantanos y en los Everglades, donde no pudieron atraparlos. Hoy tienen comunidades prósperas y cuentan con el privilegio de controlar los casinos de juego del sur de la Florida como los que lleva la etnia Mikosuki, descendientes de los seminolas.
La Florida y la secesión
La península fue proclamada estado de los EE.UU. el 3 de mayo de 1845 durante la presidencia de John Tyler en Washington pero tal como se hacía, se admitía un estado esclavista, la Florida, y al año siguiente se compensaba con un estado no esclavista, como Iowa. Gran curiosidad es que David Levy fue elegido gobernador del estado, el primer judío de religión y raza que llegó a gobernador de un estado en la historia de los EE.UU. Es menester señalar que la población judeo-americana se había establecido en Pensacola ya desde 1760. Hoy viven unos 600.000 judíos americanos principalmente en los condados de Dade, Broward y Palm Beach procedentes de Nueva York y Los Angeles. Para 1860 la Florida contaba con unos 140.000 habitantes de los cuales el 40% eran esclavos afroamericanos pues ya casi no venía expedición alguna de África. Sólo algunas a Cuba. Fue en ese año que estalló la guerra civil de secesión. Florida, al estar muy al sur, cayó en el lado de la Confederación pro esclavista justo cuando el presidente Lincoln declaró la abolición de la servidumbre. El choque militar principal fue en Pensacola que fue tomada por los federales del norte en mayo de 1862 y más tarde la costa atlántica: Fernandina, Jacksonville, San Agustín, y en el golfo de México, Tampa, Cedar Keys y Apalachicola. Jacksonville fue quemada cuatro veces, unas por federales y otra por confederados. Estos fueron alimentados por mar enviando suministros desde Cuba española o desde Bahamas inglesa a los confederados proesclavistas a cambio de alimentos y artículos como algodón, tabaco y trementina. Fueron los ganaderos de Florida los que se enriquecieron vendiendo carne a los confederados, o a los federales y al final, a los españoles de Cuba. No los movían principios ni ideología. El resultado fue que la Florida aportó 15.000 soldados de los cuales murieron unos 5.000, la tercera parte, en combate o de enfermedad. Tallahassee, que no había sido expugnada militarmente por los federales, fue ocupada por éstos en 1865.
La reacción de la población blanca de Florida
Los negros esclavos quedaron libres en 1865, pero en paro, sin domicilio, trabajo, o atención médica. Eran el 47% de la población y aunque la Florida fue el estado menos dañado por la guerra, las iglesias cristianas del norte se dieron a la tarea de enseñar en las escuelas a los negros haciendo uso de la ley del Freedman Bureau.
La reacción se produjo a partir de 1866 en que el estado restableció leyes racistas derogadas por la Unión contra la presencia negra libre de modo de impedirles el voto democrático. Lo llevó a cabo el grupo del Partido Demócrata, entonces racista, contra la opinión, minoritaria, del Partido Republicano de Lincoln. No confundir con terminologías políticas actuales. Los negros recién liberados por la Unión triunfadora de Lincoln comenzaron a ser educados por enviados de las iglesias cristianas del norte, con misioneros y maestros para enseñar a leer y escribir inglés e impartir cierta cultura a sectores tan abandonados como los exesclavos. Pero los sureños blancos acabaron de momento con las libertades de los negros libres. Del otro lado tampoco crecía el trigo limpio. Agentes inmobiliarios del norte, los “carpetbaggers” (llamados así por la bolsa de tela de alfombra que llevaban) vinieron y se aprovecharon de la miseria del sur comprando propiedades de los sureños a precio irrisorio junto con “scalawags”, sureños que apoyaron al norte en la contienda y que tuvieron una conducta, a veces, similar. De ahí que apareciera entre los sureños “demócratas” desde los setenta una sociedad racista secreta, el Ku Klux Klan, supuestamente para “defenderse” de los negros libres pero muchas veces de los abusos inmobiliarios de los blancos del norte. Con el tiempo degeneró en una sociedad perversa contra negros luchadores o contra blancos antirracistas. La Florida por entonces tenía unos 270.000 habitantes. Existen fotos de manifestaciones públicas de los KKK tan tardías como la de Tallahassee en 1956. Hoy casi han desaparecido.
La era de los “Borbones”
El gobierno de los “demócratas”, quienes comenzaron a ser llamados “borbones” sin gran fundamento, se entronizó en los 80, los 90 y llegó al siglo XX. Fue el momento del desarrollo de la región y el poblamiento del sur de la península gracias a dos factores: la irrupción del ferrocarril al sur y los dragados y canalizaciones para drenar la región de los pantanos. A finales de siglo Florida ya contaba con 3.500 millas de ferrocarril. Esto se debió a varios industriales: Henry B. Plant, Julia Tuttle y sobre todo, a Henry M. Flagler, quien hizo construir el Florida East Coast que en 1894 llegó a West Palm Beach y dio lugar, dos años más tarde a la fundación de Miami el 28 de julio de 1896, según el nombre de los indios Mayami que residían alrededor del lago Okeechobee. Napoleón Bonaparte Broward, más tarde gobernador de la Florida, había ayudado a los rebeldes cubanos introduciendo hasta ocho veces armas clandestinamente en la isla desde 1896. Un condado del sur de la Florida en medio de los Everglades lleva su apellido. Fue en esa época que surgieron las ciudades alrededor de la bahía de Tampa en la costa occidental que da al Golfo de México. Así surgió la propia Tampa, otrora aldea india; St. Petersburg, fundada por el ruso Piotr Demens en 1892, quien había pasado en esa ciudad de la Rusia zarista su juventud, y más tarde, Clearwater y Sarasota, ya en pleno golfo.
Tampa tiene especial significación para los cubanos. Su nombre significa “palo de fuego” o “lugar para recoger palos” en la lengua mushkogui de los calusa que allí habitaban. Ya en los sesenta del siglo XIX tenía cierta entidad. Al inicio de la primera contienda independentista en Cuba a finales de 1868 muchos cubanos comprometidos se exiliaron en la zona sobre todo los tabaqueros. Miami no existía aún.
A la sazón, el tabaquero valenciano Vicente Martínez Ybor (1818-1890) –del que tuve primer conocimiento de niño gracias a mi peluquero- había emigrado de Valencia en 1832 huyendo de penurias económicas. Ya en 1856 había fundado su compañía de tabacos en La Habana, creado marcas que duraron y se había vinculado laboral y sentimentalmente a cubanos. Y a cubanas. Fue el creador de la marca de fábrica “Principe de Gales”, puros de lujo. Proclive a los cubanos financió a los rebeldes de Céspedes, fue detectado por el ejército español y tuvo que marchar precipitadamente de la isla al lugar más cercano, primero a Key West y después se estableció en Tampa. En sus cercanías, desde 1885 fundó una ciudad de tabaqueros que los americanos comenzaron a llamar Ybor City, muy importante por la presencia masiva de torcedores cubanos refugiados allí – emigración económico-política- desde los ochenta del siglo XIX. Estos dieron todo el apoyo posible a la segunda guerra de independencia en 1895 y acogieron a José Martí cuando venía a arengarles y a pedir ayuda para el esfuerzo bélico. La ciudad sigue allí y Martínez Ybor, amigo entrañable de Martí, cuenta con una estatua y un parque que España y Cuba, en general, ignoran. No olvidar que el padre de Martí era valenciano, como Martínez Ybor.
Fue a fines de siglo XIX que un tren de vapor sobre pontones clavados al fondo del mar fue tendido atravesando los cayos del sur de la Florida hasta llegar a Key West, Cayo Hueso, donde había de antaño una base naval de la marina de EE.UU., el punto de vigilancia marítima más meridional de América del Norte frente a dos poderes europeos: España y la entonces temible talasocracia británica.
Precisamente en la bahía de Tampa fue donde se concentraron las tropas de los rough riders americanos del Cor. Theodore Roosevelt que invadieron el SE de Cuba en el verano de 1898. También en Lakeland, Fernandina, Jacksonville, Miami, Key West y Pensacola. Estos derrotaron al ejército español fortificado en los alrededores elevados de Santiago de Cuba tras hundir los barcos de la anticuada flota de los valientes Pascual Cervera y sus marinos que se enfrentaron con la moderna flota americana conociendo su propia vetustez. Tras la primera y muy beneficiosa intervención norteamericana Cuba accedió a su independencia en mayo de 1902.
La Florida moderna
Surge con el gobernador Broward . Este se encargó del drenaje de los Everglades para conseguir tierras de cultivo comenzando el proceso de canalización de los pantanos. En esos años llegaron los automóviles, las carreteras y, más tarde, la radio, el teléfono y el avión. Es dato a retener que el Com. James Doolittle, famoso por dirigir el primer raid “suicida” de B-25s en 1942 contra el Japón imperial de Hirohito, voló en casi 23 horas del aeropuerto de Jacksonville a San Diego, de costa a costa, sin repostar. Durante la primera guerra mundial 42.000 floridanos participaron en la contienda en Europa.
La Ley Antialcohólica, la Ley Seca, tuvo su influjo pues prohibidas las bebidas alcohólicas en el estado éstas vinieron de contrabando a través de sus costas desde Cuba y las Bahamas, que no “disfrutaban” de una ley seca, lo que fomentó actividades delictivas surgidas de la ilegalidad. Los caminos se roturaron surgiendo el Tamiami Trail, que unía el centro de Miami con Naples y Tampa, al suroeste de Florida. Un aspecto negativo de la sociedad fue la proporción de linchamientos de negros floridanos, el doble que en Georgia, Luisiana y Mississippi. El estado seguía anclado en la posguerra civil.
La depresión económica de 1929 golpeó a toda la Florida y no se recuperó hasta años después. Anécdota importante fue que el recién electo presidente demócrata Franklin D. Roosevelt fue invitado por el gobernador del estado junto con una comitiva. El 15 de febrero de 1933 un anarquista italiano en Miami Beach apuntó su revólver al presidente y vació el cargador. Desviado por algunos presentes, dio en la comitiva donde se encontraba el alcalde de Chicago, Anton Chermak, de origen checo, el cual murió de las heridas 19 días después.
Justo es que de estos años mencionemos entre los negros floridanos -muchos de ellos exesclavos o procedentes de Bahamas como braceros- a una brillante intelectual negra: Zora Neale Hurston, nacida en Eatonville, Orlando, quien escribió y consiguió publicar varias novelas comprometidas con su raza. Entre otras: “Mulas y hombres”, 1935; “Sus ojos miraban a Dios”, 1937 y “Pisadas en el polvo de la carretera”, 1942. Poco protegida dada su condición de mujer, negra y humilde, a pesar de su talento literario, acabó sus días de criada en Fort Pierce en 1960. Su obra y su memoria se recuperan a partir de 1978.
La II Guerra Mundial
Estalló para los americanos el 7 de diciembre de 1941 al ser atacada por los nipones la base naval de Pearl Harbor en las islas Hawai. En virtud del Pacto de Acero con Italia y Japón, Alemania entró en guerra contra EE.UU. Casi toda América Latina se puso del lado americano, Cuba incluida. La costa de Florida se convirtió, en 1942 al menos, en un “coladero” de submarinos alemanes que casi de inmediato hicieron su aparición. Fue el único territorio de la Unión atacado por fuerzas del Eje en el Atlántico. El U-Boot 128 hundió el 19 de febrero, apenas dos meses después de Pearl Harbor, al “Pan Massachussetts”; el 10 de abril el U-123 hundió el “Gulfamerica” a cuatro millas de la costa, pero desde la superficie y a la vista de muchos. En junio del mismo año los Nazis infiltraron desde un submarino a cuatro saboteadores por la playa de Ponte Vedra, sur de Jacksonville, pero fueron detectados y ejecutados en agosto por el FBI. La Florida desarrolló unas 45 bases aéreas de entrenamiento pero fue en la base Eglin, Valparaiso, al NE de Pensacola, donde el Cor. Doolittle entrenó a los primeros B-25 a despegar en el espacio de un portaaviones para asestar el primer bombardeo del Japón imperial en 1942. Los mercantes cubanos sufrieron de igual o peor manera el ataque de los U-Boote nazis pues siete buques cubanos con vituallas para los Aliados, entre ellos el “Santiago de Cuba” y “Manzanillo”, fueron torpedeados en la zona gracias a los datos radiales proporcionados desde La Habana por el espía nazi Heinz August Lunning. Unos ochenta cubanos murieron ahogados entre mediados de 1942 y 1944. Desde Cuba la marina cubana hundió el U-176 el 15 de marzo de 1943. Más tarde Florida fue lugar para prisioneros alemanes en la zona de Kendall, hoy un barrio de Miami, donde se concentraron cientos de los submarinistas de los U-Boote capturados y también del Afrika Korps, empleados en barrer las calles de Miami Beach. Ningún prisionero escapó dada la bonanza climática y las tres comidas diarias que recibían. Sólo un incidente: un prisionero alemán en la playa fue agredido – a bolsazos- por una virtuosa bañista americana furiosa por lo subido del piropo recibido.
Miami a mediados de siglo: la inmigración latina se reinicia
Con unos 2,8 millones de habitantes en los cincuenta comienza la Florida, por razones políticas que están al sur de su territorio, a cambiar su composición étnica y ciudadana. En Cuba el Cor. Batista da un golpe de estado incruento el 10 de marzo de 1952 en La Habana, sustituye al presidente constitucional Prío e impide unas elecciones que a tres meses presagiaban el poder para el Partido Ortodoxo de Eduardo Chibás, suerte de partido social-demócrata. Un año después, en julio de 1953, un cruento ataque de antibatistianos al cuartel “Moncada” de Santiago de Cuba precipita la represión y comienza a producir una oleada de exiliados principalmente refugiados en la ciudad de Miami. A partir de entonces la Florida ya no será igual. Cambiará para siempre. Su parte sur comienza a recibir de nuevo población de lengua española. Los revolucionarios antibatistianos de toda tendencia recalan principalmente allí desde donde comienzan a conspirar para derrocar al dictador. Una guerrilla cubana procedente de Yucatán, México -no la única- surge en la Sierra Maestra del Oriente cubano que en dos años hace caer la dictadura. Sobreviene el gobierno revolucionario del 26 de Julio, del Directorio Revolucionario y del P.S.P. comunista. En dos años el régimen, con apoyo numeroso, deviene una dictadura marxista que comienza a producir oleadas de emigrantes a la Florida, aunque no exclusivamente. Unos dos millones aproximadamente.
Emigraciones de Cuba
Sabemos que la población de Cuba es hispanoparlante y de cultura española, por ende europea. El país fue primero una prolongación y después, surgida la nacionalidad en la primera mitad del siglo XIX, dependiente de España hasta 1899. Aún después recibió a un millón y medio de inmigrantes españoles, principalmente gallegos y asturianos, entre 1905 y 1930. Sin embargo, desde 1959 ha tocado a los cubanos latinizar un territorio anglosajón anteriormente poblado por indios mushkogui, tres siglos por españoles y desde 1860 aproximadamente por oleadas de cubanos producto de la emigración política; y dos siglos por ingleses y americanos. Además de estas nacionalidades llegaron a la Florida africanos esclavos de la costa atlántica , anglo-sajones y celtas en el siglo XVIII, griegos en Tarpon Springs, haitianos en Palm Beach y Broward, italianos en Key West y Tampa, fineses en Lake Worth, polacos en Korona, bahamenses en Coconut Grove, sirio-libaneses en Jacksonville.
Oleadas de cubanos
Sin embargo, fueron los cubanos los que desde mediados del siglo XIX comenzaron a poblar en oleadas el sur de la Florida, dada su proximidad con la isla grande del Caribe,
La primera oleada aproximadamente desde 1860 por motivos políticos o económicos, en especial los tabaqueros, concentrados en la región de la bahía de Tampa hasta 1899 en que conicidieron lose migrados de la primera guerra de independencia 1868.1878 y de la segunda, 1895-1899.
Una segunda oleada que abarca la lucha y exilio en la lucha contra la dictadura de Machado entre 1927-1934 seguida de la emigración económica por la crisis de 1929.
Una tercera oleada que abarca de 1953 a 1959 formada por los luchadores contra la dictadura de Batista, quienes se concentraron en el sur de la Florida, en México y en Venezuela preferiblemente.
Una cuarta oleada al caer la dictadura de Batista y comenzar a entronizarse la dictadura marxista del Movimiento 26 de Julio y del Partido Socialista Popular entre 1959 y 1963 donde marchó parte de la clase media, la reducida clase alta y los colaboradores cercanos de la dictadura de Batista. Comienzan a marchar también los primeros revolucionarios contra el marxismo desencantados.
Una quinta oleada de 1963 a 1972 en que marcha el resto de la clase media y de los demócratas de clase media y humilde. Aquí se inserta en famoso puente de Camarioca en 1965 en que el régimen marxista permite, como válvula de escape a los demócratas marchar a miles en yates con familiares venidos de la Florida continuada por los llamados “Vuelos de la Libertad”.
Una sexta oleada de 1975 en que comienza la intervención en Angola y Etiopía –que dejó allí enterrados entre 6.000 y 10.000 soldados muertos en combate- junto con el éxodo de El Mariel en 1980 que en un par de meses produjo la emigración voluntaria o forzosa de unos 123.000 cubanos, incluidos presos comunes excarcelados por el régimen. Estos constituyeron los famosos marielitos.
Una séptima oleada desde la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 agravada con la desaparición jurídica de la URSS como entidad multinacional como apoyo económico-militar cuyo flujo a través de balseros no ha cesado cada año de producir entre 2.000 y 4.000 emigrantes hacia Florida.
Resto de emigraciones latinas
Llega un momento en que los emigrantes cubanos a la Florida comienzan a disminuir en número a pesar del constante flujo de balseros. Tras los fracasos militares de las guerrillas en Centroamerica y con la aparición del populismo antidemocrático de Daniel Ortega en Nicaragua, Hugo Chavez en Venezuela y otros países latinos, comienzan a afluir centroamericanos, venezolanos y otros latinos a la Florida, que los absorbe. Aunque unos son de humilde condición otros han venido, como los venezolanos, con cierto capital y buenos conocimientos, estableciéndose preferentemente en Weston. Popularmente la llaman Weston-zuela. Fluyen también nicaragüenses, hondureños, salvadoreños, colombianos, dominicanos, brasileños, argentinos y hasta israelíes sefarditas y ashkenazies. Aunque un 60% aproximado de la población de Miami es de origen cubano, esta proporción se reduce cada vez más. Florida, dicen algunos sociólogos e historiadores, es menos un crisol de fusión (melting pot) que una ensalada mixta. Los franco-canadienses que antes venían son sustituidos por los haitianos, de condición más humilde; la inmigración mexicana se concentra en Wauchula, Bowling y Zolfo Spring y hasta unos 5000 indios maya de Guatemala están ubicados en Immolake, Homestead e Indiantown así como unos 1.000 salvadoreños al oeste de Tallahassee. Es decir, hoy en día, en el 2010 en que escribe el cronista, ya existe más población hispana que cubana en la Florida. Se plantea así que, sin dejar de ser un estado de los EE.UU., su composición étnica y lingüística ha variado del dominio de la lengua inglesa a la española hablada por las diferentes naciones que allí viven, trabajan, aman y mueren. Al menos en su parte meridional. La ciudad de Miami, por otro lado, cada vez más creciente y pujante, deviene por días un importante centro cultural de los EE.UU. Ballet, teatro, ópera, conciertos clásicos y populares, ferias de artes plásticas se producen prácticamente todo el año. Miami ha dejado de ser una ciudad para convertirse en una conurbación que abarca desde Florida City y Homestead un buen número de ciudades de sur a norte a lo largo de la costa del Océano Atlántico al menos hasta West Palm Beach y Riviera Beach donde se funden la cultura hispana con la anglo-sajona. Esto determina cuatro grandes regiones sociopolíticas diferentes: primero la megalópolis que acabamos de describir de N a S; segundo el mango de la sarten, panhandle en inglés, que son los condados del norte al oeste de Jacksonville; tercero el corredor desde Daytona en el Atlántico, pasando por la conurbación con centro en Orlando hasta llegar a Tampa, St. Petersburg, Clearwater y Sarasota en el Golfo de México; cuarto la Costa Meridional del Golfo: Port Charlotte, Punta Gorda, Fort Myers, Cape Coral, Naples y Marco. En último lugar la ristra de cayos que se extienden en sentido NE-SO desde Key Largo, Tavernier, Islamorada, Matecumbe, Marathon, Big Pine Key hasta Cayo Hueso.
La Florida tiene hoy unos 16 millones de habitantes donde los latinos, con unos 2,7 millones constituyen aproxiamadamente el 17% de la población La población de origen cubano, antes predominante sobre todo en el condado de Dade, comienza a decrecer mientras que los hispanos de otras procedencias los superan. Los afroamericanos, con un 14,6% de la población del estado, tampoco tienden a crecer. La población de origen o religión judía, generalmente procedente de Nueva York y establecida desde antaño, se ha marchado a los condados de Broward y Palm Beach, mientras que los anglos, han tendido a abandonar Dade por otros condados más al norte. Justo es señalar que la comunidad cubana, venida con mayor preparación que el resto y empezando de cero al haber sido despojada por el régimen marxista cubano de bienes muebles e inmuebles así como de dinero, ha logrado hacer de Miami la ciudad rica y culta que en este nuevo siglo ha comenzado a ser. Nada despreciable es el constante flujo desde el siglo XVIII de inmigración europea, asÍ: españoles, italianos, menorquinos, alemanes, griegos, irlandeses, daneses, suecos, polacos, holandeses, eslovacos y franco-canadienses, éstos del norte de América.
Habrá que dar tiempo al tiempo para ver desarrollar en la Florida la fusión o al menos la presencia binaria bien entronizada de dos culturas de origen europeo: la anglosajona, predominante en el centro y norte del estado, y la latina, hispana principalmente y también francesa (Haití), en su mitad meridional. No será un choque de civilizaciones –como con los radicales del Islam- sino una fusión de ambas entre los pueblos americanos que allí conviven dado el común origen cristiano –factor a considerar- de ambas culturas complementarias, fusión de Europa del Norte con Europa del Sur en un estado americano que ya hoy tiene la categoría de sui generis.
Cortesía del autor, a quien agradezco.
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