De los “nacidoscultos” o “apapipios gongorinos”.

DE LOS NACIDOSCULTOS O APAPIPIOS GONGORINOS.

Zoé Valdés.

Les prometí que les escribiría sobre ese espécimen cubano que yo he llamado los nacidoscultos, aunque pudiéramos agregarle lo de “apapipios gongorinos”. Algo les había adelantado, pero ahora pretendo extenderme, aunque no demasiado porque el interés de este tema no pasa de la mera curiosidad.

Los nacidoscultos o apapipios gongorinos lo constituyen esos grupos o tipos de cubano “attita e intelertuar” que nacieron sabiéndolo todo, además con el don del arte y de la escritura debajo del brazo, y sin el látigo correspondiente que indicara Truman Capote.

Pues sí, de buenas a primeras estas personas se ponen a escribir como José Lezama Lima (claro, es un decir lo de ponerse a escribir como El Maestro de Trocadero 162), aunque haciéndose los desentendidos, como si ellos hubieran heredado del más allá semejante y desmesurado “talento”, proveniente y en bolsitas del maná caído del cielo, o de la boronilla de una barbacoa de La Habana Vieja.

No sólo lo imitan y no lo citan a Lezama, de contra lo fusilan a pie juntillas, y cuando con toda la buena intención del mundo se les señala que ellos pudieran estar escribiendo a la manera de Lezama Lima, entonces se ponen a la defensiva, entre lo furioso y lo boboe’layuca, y responden de dos maneras. Sean: “Yo no sé quién es Lezama Lima”. O: “No lo he leído, no he tenido tiempo”. Y ahí tú te dices que Aquella Isla debe de ser verdaderamente maravillosa cuando a cada cinco segundos te encuentras con un Lezama Lima recitando metáforas herméticas y más oscuras que un cuervo londinense en cualquier esquina donde te agarre la noche o el día.

En el caso de los que plagian a Lezama Lima sin haberlo leído, yo los ubicaría más bien en el grupo de Apapipios Gongorinos, para ser más exactos, y guardan una relación con los que se retratan cabeci-ladeados. Porque ellos –como mismo declaran- nada tienen que ver con Lezama, no han tenido tiempo de leerlo, ¡qué va! Al menos eso decían hasta hace sólo muy poco, hasta hace unos años, claro; el Centenario del natalicio de Lezama ha ido acercándose, y las cosas han ido variando.

Ahora, eso sí, lo que es Góngora, se lo saben de memoria, como agüíta salá, vamos. Sí, cómo que no, si es que Góngora es cosa de que inclusive ya hay que apartarlo a un lado, porque es que su lenguaje, el del autor de Las Soledades, resulta demasiado fácil y accesible para sus ambiciones jeroglíficas, dirían sin el más mínimo complejo de nada.

Los nacidoscultos son los que más bien toman títulos de escritores publicados incluso recientemente, y haciéndose los chivos locos, los transforman un poquito, cosa de añadir una palabrita, y un guión, o una coma, y ya tienen el título acertado, que desde luego han copiado, pero ellos no lo reconocen ni aunque se les aparezca la virgen cantando un bolero de Olga Guillot. Cuando le señalas que han copiado al descaro un trozo de Guillermo Cabrera Infante tienen dos alternativas. Sean: “Ah, yo no lo sabía, pero a mí se me ocurrió solo, tú”. Y: “¿Tú estás seguro que Guillermo Cabrera Infante escribió sobre esa jugada de ajedrez de marras con nombre japonés?” Pero cómo no voy a estar segura si tengo el texto publicado en El País debajo de mis ojos.

Los nacidoscultos, en su gran mayoría viven en Cuba, y ellos piensan que en el exilio no leemos sus espléndidos trabajos que les han insuflado tanto el Espíritu Santo como la Virgen María, ya que de otro lado no podría llegarles tan originales ideas. Y ya sabemos que Dios no es tan sabio como se ha dicho, para mí los sabios son la Virgen y el Espíritu Santo, que son dos en uno, y le hacen el trabajo al negro a Dios.

Los nacidoscultos escriben de manera ambigua, digo, con un doble lenguaje. Ambiguo es demasiado elegante. Se trata de un doble lenguaje que está escrito en claves que nosotros no podremos entender jamás, la cosa es que no te enteres de si te están tirando una rosa o un cambolo. Y no sé si ellos mismos entiendan lo que tiran. Pero no importa, la cosa es probar que ellos nacieron cultos, que no les deben nada a nadie. Y sobre todo, que lo que ellos escriben o pintan –hay pintores y músicos también- no lo ha hecho nadie antes.

¿Y saben por qué? Porque los que lo hicieron verdaderamente antes que ellos, estuvieron y estamos en el exilio. Y el exilio para ellos no cuenta. Ya nos morimos, o nos murieron (me gusta más que mataron). No existimos, para ellos, desde luego. No hemos dicho ni hecho nada que no se les haya ocurrido a ellos primero, los elegidos chiqueones: Los nacidoscultos y apapipios gongorinos, que son tan indelicados (en cualquier otra parte se les llamaría burros) que no saben que cualquiera puede en cualquier lugar del mundo sacar un viejo artículo de Guillermo Cabrera Infante de los archivos de la prensa en internet y comprobar la fuente, y leer en cualquier idioma a José Lezama Lima, con sólo dirigirse a la librería más cercana de casa. Y eso, si quieres darte el paseo, porque con pedir los libros vía internet a cualquier hora, ya estás servido.

Habrá que reconocerles, que cuando quieren ser sutiles lo son, y pueden también derrochar epítetos gentiles cuando necesitan de las influencias de los exiliados, vaya, perdón, de la Virgen María y del Espíritu Santo, lo que es humildemente de agradecer.

Y ahora los dejo, voy a leer de nuevo algunos viejos libros que me han influenciado, para una vez más comprobar, que no hay nada original. Ya todo fue escrito.

Zoé Valdés.

About these ads