Ayer fue presentado un libro sobre Guillermo Cabrera Infante en Cuba, cuyo primer título Per (versiones) de Guillermo Cabrera Infante fue sustituído por otro menos irónico en relación a la obra del escritor, y que ya he olvidado. El libro se presentó en la UNEAC, de donde lo expulsaron cuando GCI decidió exiliarse a mediados de los años sesenta. Los autores, Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, hicieron la presentación, junto a Antón Arrufat y la primera mujer de GCI.
Esta mañana, conversando con Miriam Gómez, heredera legal y viuda, que estaba muerta de la risa con todo este nuevo circo, me decía que Guillermo también estaría a carcajada limpia, porque se comprueba lo que siempre dijo de esta señora, su primera cónyugue, un personaje bastante desarrollado en Cuerpos divinos, y en otras de sus novelas, que no había quien se la pudiera quitar de encima. Leyendo este artículo de El Nuevo Herald, en portada, uno percibe que el autor de Tres Tristes Tigres, de cuya última novela El Nuevo Herald aún no ha publicado nada, sólo podía volver, no ya a Cuba, como dicen ellos, lo que es una mentira, porque su obra ni él regresarán a Cuba de la manera que ellos quieren, sino a la portada de este diario, a través de un acto manipulador como éste, y ni siquiera por esas obras extraordinarias que Miriam Gómez ha hecho publicar póstumamente en España, y de próxima aparición en traducciones, y de las que este periódico no se dignó a darle, no ya la portada, ni siquiera una reseña, mientras los periódicos del mundo entero hablaron de ello.
En cuanto a los comentarios en relación a los nuevos herederos de la obra de GCI, Miriam Gómez y un equipo de abogados, han solucionado ese problema: Los herederos de su obra serán quienes merecen esa obra, y tendrá el permiso de publicarlo en Cuba cuando no existan esos dos dictadores, haya desaparecido esa familia reinante, y los cubanos vivan en una verdadera democracia.
Los demás comentarios donde se hace notar la “obsesión fanática en que se convirtió su posición política contra la Revolución Cubana” no merecen ni añadidos, por lo bajo y asqueroso que es, porque ellos saben bien que ninguna posición política, en democracia, por muy crítica que sea, conlleva a prohibir la obra de nadie, y mucho menos a repudiar, calumniar, e injuriar, a su autor. Pero por mucho librejo que quieran publicar, siempre al final les sale, el depredador de los derechos humanos, los Castrados que llevan dentro.
GCI se negó a que su obra fuera publicada en Cuba, vuelvo y repito, mientras los dictadores estuvieran en el poder. Faltar el respeto a la decisión del escritor es injuriarlo una vez más. Aunque me digo, que los que deben estar muy mal, son esos escritores, que fueron humillados, obligados al ostracismo, y que se quedaron en Cuba, y que luego han sido restituídos, obligados a hacer el discurso que les impusieron, e incluso a los que en numerosas ocasiones, en embajadas, se dedicaron a hablar mal de “Guillermito”, y que hoy se tienen que tragar el hecho de que “Guillermito” resulte, en la actualidad, más importante que ellos. Y todo eso debido a su pluma, su obra, y su posición política y humana.
Hacia el mediodía recibiré la crónica de alguien que estuvo allí, y que ya ha escrito para este blog, y que firma bajo el seudónimo de India Manana de La Habana Vieja.
Zoé Valdés.
Nota: El primer comentario que sale debajo del artículo de El Nuevo Herald lo pusieron unos segundos más tarde de que el artículo fuese colgado. ¿No resulta curioso?
Recuerdo la obra de G.Cain pasada de mano en mano, forrada en periodico. Cuando alguien viajaba -al menos entre el grupo de personas con quienes me relacionaba- alguien pedia que le trajeran o discos o bestsellers. Otros, los menos, pedian textos de G.Cain aunque fuera en fotocopias, pinceles, o acrilicos y oleos, plumas de dibujo, y partituras. Si, los menos. Mucha gente estaba para la pacotilla y el bestseller, o la musica pop pasada por agua, nada “fuerte” o comprometedor.
Y tambien recuerdo, muy claramente, el dia que me fueron a buscar la casa, en el cual buscaron todos los libros forrados en periodico: no habia uno solo de G.Cain. Temiendo un registro, forre de periodico un monton de libros, y los de G.Cain estaban dentro de un tanque de agua rajado en la azotea, junto con una vieja destartalada copia de “antes que anochezca”. Pero los señores de la UNEAC probablemente nunca tuvieron que forrar un libro. Ni subir trepandose por unas rejas a la azotea a buscarlos. Ni tampoco nadie los fue a buscar. Lo que hay que leer….
El Nuevo Herald no está a la altura de un Cabrera Infante y no merece ni tocar el tema, pues no tiene ni moral ni capacidad suficiente para hacerlo debidamente. Yo no lo leo ni siquiera de gratis por internet. Me resulta de cierta manera más repugnante que el Herald en inglés, que es mucho decir.