8 comments on “La nueva brecha del exilio cubano. Por Juan José Fernández.”
Roberto Luque Escalona inmejorablle, lo recuerdo en sus interesantes programas con Agustin Tamargo del Miami que tanto extraño,no de la baba pusilanime que somos hoy desgraciadamente.
ernesto morales trabaja para raul castro
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¿Quién le habría dicho al patriarca Fidel Castro que en su otoño encontraría un aliado para derogar la Ley de Ajuste Cubano, y no entre sus voceritos de cerebros almidonados en ciertas izquierdas del mundo, sino entre las mismísimas filas del ultra-derechismo miamense? Si tuviera fuerzas para ello, el Comandante estaría saltando en un solo pie.
Como siempre, al viejo zorro de la política caribeña todo le sale bien: le nace un impensado ayudante cuando él llevaba años clamando contra una ley que favorecía a quienes huían de su paraíso socialista; cuando ya había perdido casi toda su saliva denunciando las bondades y libertades que recibían aquellos que, sea por persecución política, sea por hartazgo del estómago, habían escapado hacia el vecino norteño. Justo entonces, le llega el refuerzo, camuflado con piel de enemigo.
Claro está: cuando uno aporrea a sus hijos en casa, lo menos que quiere es que encuentren auxilio en la casa de al lado.
Preguntarse si el legislador republicano David Rivera pensó en esto a la hora de redactar su propuesta para restringir el movimiento de miles de emigrados a Estados Unidos, es ocioso. Primero, porque a juzgar por la infeliz redacción del documento, el congresista cubanoamericano no puso mucha neurona en él. Y segundo, porque si lo pensó, se dijo para sí: “Lo que importa no es proponer algo serio y valedero. A mis votantes de cuchillo en boca, mejor contentarlos con una enmienda recalcitrante, y que vengan las elecciones”.
Triste pero cierto: a pesar de que cada día el panorama de exiliados cambia, pierde el fragor del fanatismo ciego –justificado o no, pero fanatismo al fin- ; a pesar de que las multitudinarias manifestaciones que despedían un odio cavernario se han restringido a seis pobres diablos que divierten a la comunidad local; y a pesar de que cada vez son más los cubanos jóvenes que se cansan de jugar el juego del distanciamiento que tan bien les viene a los sátrapas de la Isla y a los portadores de mandarrias en Miami, están por llegar aún los tiempos en que la mesura política rija los destinos del sur de la Florida.
Congresistas como David Rivera siguen representando al exilio cubanoamericano, cosa no demasiado halagüeña.
¿Por qué? Pues porque la evidente intención de avivar las llamas separatistas, el esfuerzo por complacer a un sector de Miami que hace mucho perdió todo contacto con la Isla, y no tiene ya una madre que visitar, un hijo al que soliviantar; las argucias empleadas por legisladores republicanos como él y como Mario Díaz-Balart para impedir que los cubanos decidan cuántas veces visitan a su país y cómo ayudan a los suyos, ya raya en lo grotesco. Y al menos a mí, demócrata de pensamiento y de convicción, eso me avergüenza no poco.
Primero: nadie cometería la ingenuidad de asumir que Rivera desconoce la Ley de Ajuste. Ese es el ABC. Entonces, Rivera conoce muy bien que esta ley en realidad no surgió, según él se ha encargado de promulgar, para proteger a los refugiados políticos, sino sencillamente para ajustar el status migratorio de los 258 mil 317 cubanos que vivían en Estados Unidos en 1965 y que no podían regresar a su país, ergo había que legalizarlos.
De ahí se desprende que llevar la discusión sobre la ley a un plano de “yo te di esto a cambio de esto otro, si no cumples esto otro te retiro lo que te di”, léase: “te ajusté legalmente en Estados Unidos a condición de que no volvieras a tu país, si regresas a tu país antes de que lo que yo estime, te retiro el ajuste”, solo puede entenderse como una hábil manipulación que descubre un pensamiento prestamista, usurero, bien alejado del sentir de una nación que fundó sus bases sobre el respeto a la individualidad.
En segundo lugar: tomemos algunas declaraciones televisivas del representante Rivera, y guardémoslas con esmero. Servirán para ejemplificar en el futuro qué definiríamos como cinismo puro y duro. Preguntado sobre qué pensaba de los cientos de miles de exiliados a quienes se les afectaría visitar a un familiar enfermo, a quienes se les dificultaría regalarle dos semanas de alivio a la nostalgia, el congresista apuntó, palabras más palabras menos: “Mi compromiso es con los 11 millones de cubanos que sufren en la Isla”.
De antología. David Rivera nació en New York, jamás ha pegado un pie en Cuba, y nos dice a los cientos de miles que tenemos a los nuestros allá, que somos de allá, que él piensa más en ellos que nosotros mismos.
Pero lo peor de estas artimañas legislativas, lo más lamentable de la escalada que comenzaron a inicios de este año Bob Menéndez y Marco Rubio, que continuó Mario Díaz-Balart, y que encarna ahora con energías redobladas David Rivera, en cuanto a limitar de una u otra forma que los cubanos decidan qué hacer con su dinero y con sus vacaciones, es lo que provocan entre los propios emigrados: una división catastrófica, una eterna espiral de ataques, difamaciones, agresiones verbales, que nada tienen que ver con el ejercicio de la democracia, y sí mucho con los rezagos totalitarios que dicen combatir.
Cada día pongo menos en duda que este pensamiento no tiene interés alguno de evolución. Se gusta a sí mismo. Se mira al ombligo, y con decir “prohibido olvidar” siente que exhala una máxima para esculpir en piedra.
Se trata, por suerte, de una facción retrógrada que cada día se queda más sola. Veamos:
1. No es una corriente que esté a tono con los disidentes cubanos en su inmensa mayoría. Salvo rarísimas excepciones, el grueso de los opositores dentro de la Isla aprueban que los emigrados viajen cuando quieran, y ayuden a los suyos como quieran. Si no, a buscar las declaraciones de Dagoberto Valdés, Yoani Sánchez, Laura Pollán, Oswaldo Payá, el valiente sacerdote José Conrado, y casi todo el que tiene algo para decir.
2. No está a tono con los disidentes excarcelados que hoy viven en España o en Estados Unidos. He conversado de una u otra forma con la mayoría de ellos: todos arquean las cejas cuando comprueban que de este lado hay algunos que pretenden emular con el establishment cubano en cuanto a restricciones a la libertad.
3. No está a tono con los artistas e intelectuales más brillantes y respetados del propio exilio: ni Willy Chirino, ni Carlos Alberto Montaner, ni Donato Poveda, ni Enrique Patterson, ni Amaury Gutiérrez, ni Emilio Ichikawa, ni un largo etcétera de hombres de pensamiento y obras notables, defienden el distanciamiento con los cubanos “de allá”, como lógica elemental de quienes abogan por el fin de una historia cargada de distancias, y sobre todo: por la defensa de la libertad en su concepto más primario.
4. Y por último, peor aún: está profundamente divorciada de la generación de cubanos –entre los cuales me incluyo- que gústeles a ellos o no, les ruede por la garganta o no, por leyes de la biología serán los responsables del futuro de Cuba. Divorciados lo mismo de los cubanos jóvenes que pueblan hoy a Miami, que de los que pueblan a la Isla. También en esto el extremismo derechista del exilio se da la mano con el extremismo totalitario cubano: no respetan a quienes les sobrevivirán.
Por eso cada día desconfío más, no solo de la moral y la pureza de intenciones de estos presuntos libertarios, sino desconfío también de su capacidad de análisis. De su agudeza intelectual.
No puede andar muy bien la capacidad de análisis de “analistas” que dicen, por ejemplo: “No dinero para las familias cubanas: es dinero que termina en manos del régimen”, para luego apoyar con uñas y dientes la ayuda económica a los opositores de la Isla. La pregunta de los cien millones: ¿en qué tiendas compran sus víveres, sus carnes, sus ropas, los opositores de la Isla? ¿En Macy´s, en Publix, en Wal Mart? ¿O en las mismas tiendas que mis familiares, léase: las mismas tiendas del régimen?
Vale la pena pensar con urgencia en una ley que ajuste ciertos cerebros.
Quiero creer que al menos los 324 mil cubanos residentes en Estados Unidos que viajaron a la Isla en 2010, tendrán muy presente este ideario básico republicano a la hora de otorgar sus votos para el Congreso. En mi lógica elemental, aupar a quien afecta mis intereses, se me antoja un pésimo negocio.
R. Luke escalona, no fue integrante del Grupo Criterio Alternativo?? por aquellos años me parecía una persona inteligente y sobria… Pero, realmente quisiera conocer su criterio y participación en la “Mesa Compartida” con A. Tamargo… no me imagino a Luke chirriando odio y heces al estilo del fascista de Tamargo… de veras, no lo imagino…
Gracias.
El eliminar, arreglar o lo que se quiera hacer con la Ley de Ajuste Cubano, no va a tumbar a los castros. Que los cubanos vayan o no vayan a Cuba tampoco va a tumbar a los castros. Claro que es una desverguenza lo que muchos cubanos hacen cuando visitan a Cuba, muchos van a pasarla bien.
Seguimos perdiendo tiempo en cosas irrelevantes y ademas haciendo el ridiculo.
Lo que hay que hacer es unirse de una puñetera vez y hacer un plan inteligente para acabar con esta cruel y duradera tirania comunista.
David Rivera no esta muy bien visto y esto mas que nada parece un ardid politico que crea mas divisiones y al final no resuelve nada.
La tirania con embargo, sin embargo, con turismo y sin turismo sigue en pie por 51 años por muchas razones:
El apoyo de USSR
El apoyo de Venezuela
La opresion cruel a la que tiene sometida al pueblo cubano
El gran lavado de cerebro que le ha hecho a los cubanos durante 5 decadas.
El gran control de la informacion que recibe el pueblo
Y la gran falta de cojones que tiene el pueblo que no se acaba de rebelar
O lo peor, que la mayoria siga simpatizando con aquello.
¿¿Iniciativa republicana contra los cubanos?? Será contra los sinvergüenzas sin principios que se aprovechan de la ley para llevarle dinero a su opresor.
Ramiro..Excelente analisis..coincido cntigo en todo….siempre he dicho que las posiciones extremas se besan…..ahora digo…se dan la lengua…
La ley de ajuste debe quedarse. Ayudo a muchos buenos cubanos y al paso que vamos seguira ayudando a muchos otros. Me gusta cuando visito Miami, ver algo parecido a lo que podia haber sido Cuba. Es verdad que cada vez encuentro mas personas que mas parecen a tono con lo de alla y que son los que acabados de llegar cacarean que las cosas deben cambiar y manifiestan un profundo divorcio de ideas con el establecidas. Para evitar que esa gente tome auge en la comunidad deben hacerse ciertos ajustes en las leyes. Debe hacerceles saber que una persona que es residente en un pais, al cual escogio, al emigrar, no debe llegar pretendiendo hacer cambios. Todavia no tiene el derecho ni posee los conocimientos necesarios para ello. Al no obstentar la ciudadania de dicho pais no tiene derecho al voto y que solo lo obtendra previa revision de su desenvolvimiento durante el periodo como residente. Durante ese period existen muchas actividades a las que debe dedicarse, como son el conocimiento del idioma, de la politica de ese pais, cosa muchas veces dificil sobretodo para aquellos que provienen de un pais donde la politica como tal no existe, asi como desarrollar skills que le permitan adaptarse a la vida laboral. Opino que solo despues de andado ese camino, el recien llegado debe ser tomado en cuenta en sus opinions.
Volviendo al tema de la ley de ajuste, me gustaria que siguiera, con ciertos cambios, pero que siguiera ya que si no Miami lo que se va es a llenar de mejicanos y centroamericanos que si van a seguir emigrando aunque sea ilegalmente, y pariendo y en unos annos la proporcion de ellos sera enorme con respect a la cubana y hasta nuestros nietos hablaran como ellos y Miami pasara de ser la capital del exilio cubano a ser un poblado mas de centroamerica
Sr. ramiro… si Ud. afirma que la Ley de Ajuste cubano tuvo como objetivo y le cito: “… para ajustar el status migratorio de los 258 mil 317 cubanos que vivían en Estados Unidos en 1965″… no cree que a este año 2011, siglo XXI… deberìa ajustarse a las nuevas condiciones salutìferas, filatèlicas… lacrimògenas… trompalògicas, dictadorlògicas, cabronològicas e hijodelagranputadalògica cubana actual…?
Por lo demàs, los congresistas de Estados Unidos tienen todo el derecho y la potestad legislativa de promover, discutir y aprobar cuanta ley crean convenientes a sus intereses partidistas o nacionales… Vamos… que no estamos en Cuba!…
Roberto Luque Escalona inmejorablle, lo recuerdo en sus interesantes programas con Agustin Tamargo del Miami que tanto extraño,no de la baba pusilanime que somos hoy desgraciadamente.
ernesto morales trabaja para raul castro
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¿Quién le habría dicho al patriarca Fidel Castro que en su otoño encontraría un aliado para derogar la Ley de Ajuste Cubano, y no entre sus voceritos de cerebros almidonados en ciertas izquierdas del mundo, sino entre las mismísimas filas del ultra-derechismo miamense? Si tuviera fuerzas para ello, el Comandante estaría saltando en un solo pie.
Como siempre, al viejo zorro de la política caribeña todo le sale bien: le nace un impensado ayudante cuando él llevaba años clamando contra una ley que favorecía a quienes huían de su paraíso socialista; cuando ya había perdido casi toda su saliva denunciando las bondades y libertades que recibían aquellos que, sea por persecución política, sea por hartazgo del estómago, habían escapado hacia el vecino norteño. Justo entonces, le llega el refuerzo, camuflado con piel de enemigo.
Claro está: cuando uno aporrea a sus hijos en casa, lo menos que quiere es que encuentren auxilio en la casa de al lado.
Preguntarse si el legislador republicano David Rivera pensó en esto a la hora de redactar su propuesta para restringir el movimiento de miles de emigrados a Estados Unidos, es ocioso. Primero, porque a juzgar por la infeliz redacción del documento, el congresista cubanoamericano no puso mucha neurona en él. Y segundo, porque si lo pensó, se dijo para sí: “Lo que importa no es proponer algo serio y valedero. A mis votantes de cuchillo en boca, mejor contentarlos con una enmienda recalcitrante, y que vengan las elecciones”.
Triste pero cierto: a pesar de que cada día el panorama de exiliados cambia, pierde el fragor del fanatismo ciego –justificado o no, pero fanatismo al fin- ; a pesar de que las multitudinarias manifestaciones que despedían un odio cavernario se han restringido a seis pobres diablos que divierten a la comunidad local; y a pesar de que cada vez son más los cubanos jóvenes que se cansan de jugar el juego del distanciamiento que tan bien les viene a los sátrapas de la Isla y a los portadores de mandarrias en Miami, están por llegar aún los tiempos en que la mesura política rija los destinos del sur de la Florida.
Congresistas como David Rivera siguen representando al exilio cubanoamericano, cosa no demasiado halagüeña.
¿Por qué? Pues porque la evidente intención de avivar las llamas separatistas, el esfuerzo por complacer a un sector de Miami que hace mucho perdió todo contacto con la Isla, y no tiene ya una madre que visitar, un hijo al que soliviantar; las argucias empleadas por legisladores republicanos como él y como Mario Díaz-Balart para impedir que los cubanos decidan cuántas veces visitan a su país y cómo ayudan a los suyos, ya raya en lo grotesco. Y al menos a mí, demócrata de pensamiento y de convicción, eso me avergüenza no poco.
Primero: nadie cometería la ingenuidad de asumir que Rivera desconoce la Ley de Ajuste. Ese es el ABC. Entonces, Rivera conoce muy bien que esta ley en realidad no surgió, según él se ha encargado de promulgar, para proteger a los refugiados políticos, sino sencillamente para ajustar el status migratorio de los 258 mil 317 cubanos que vivían en Estados Unidos en 1965 y que no podían regresar a su país, ergo había que legalizarlos.
De ahí se desprende que llevar la discusión sobre la ley a un plano de “yo te di esto a cambio de esto otro, si no cumples esto otro te retiro lo que te di”, léase: “te ajusté legalmente en Estados Unidos a condición de que no volvieras a tu país, si regresas a tu país antes de que lo que yo estime, te retiro el ajuste”, solo puede entenderse como una hábil manipulación que descubre un pensamiento prestamista, usurero, bien alejado del sentir de una nación que fundó sus bases sobre el respeto a la individualidad.
En segundo lugar: tomemos algunas declaraciones televisivas del representante Rivera, y guardémoslas con esmero. Servirán para ejemplificar en el futuro qué definiríamos como cinismo puro y duro. Preguntado sobre qué pensaba de los cientos de miles de exiliados a quienes se les afectaría visitar a un familiar enfermo, a quienes se les dificultaría regalarle dos semanas de alivio a la nostalgia, el congresista apuntó, palabras más palabras menos: “Mi compromiso es con los 11 millones de cubanos que sufren en la Isla”.
De antología. David Rivera nació en New York, jamás ha pegado un pie en Cuba, y nos dice a los cientos de miles que tenemos a los nuestros allá, que somos de allá, que él piensa más en ellos que nosotros mismos.
Pero lo peor de estas artimañas legislativas, lo más lamentable de la escalada que comenzaron a inicios de este año Bob Menéndez y Marco Rubio, que continuó Mario Díaz-Balart, y que encarna ahora con energías redobladas David Rivera, en cuanto a limitar de una u otra forma que los cubanos decidan qué hacer con su dinero y con sus vacaciones, es lo que provocan entre los propios emigrados: una división catastrófica, una eterna espiral de ataques, difamaciones, agresiones verbales, que nada tienen que ver con el ejercicio de la democracia, y sí mucho con los rezagos totalitarios que dicen combatir.
Cada día pongo menos en duda que este pensamiento no tiene interés alguno de evolución. Se gusta a sí mismo. Se mira al ombligo, y con decir “prohibido olvidar” siente que exhala una máxima para esculpir en piedra.
Se trata, por suerte, de una facción retrógrada que cada día se queda más sola. Veamos:
1. No es una corriente que esté a tono con los disidentes cubanos en su inmensa mayoría. Salvo rarísimas excepciones, el grueso de los opositores dentro de la Isla aprueban que los emigrados viajen cuando quieran, y ayuden a los suyos como quieran. Si no, a buscar las declaraciones de Dagoberto Valdés, Yoani Sánchez, Laura Pollán, Oswaldo Payá, el valiente sacerdote José Conrado, y casi todo el que tiene algo para decir.
2. No está a tono con los disidentes excarcelados que hoy viven en España o en Estados Unidos. He conversado de una u otra forma con la mayoría de ellos: todos arquean las cejas cuando comprueban que de este lado hay algunos que pretenden emular con el establishment cubano en cuanto a restricciones a la libertad.
3. No está a tono con los artistas e intelectuales más brillantes y respetados del propio exilio: ni Willy Chirino, ni Carlos Alberto Montaner, ni Donato Poveda, ni Enrique Patterson, ni Amaury Gutiérrez, ni Emilio Ichikawa, ni un largo etcétera de hombres de pensamiento y obras notables, defienden el distanciamiento con los cubanos “de allá”, como lógica elemental de quienes abogan por el fin de una historia cargada de distancias, y sobre todo: por la defensa de la libertad en su concepto más primario.
4. Y por último, peor aún: está profundamente divorciada de la generación de cubanos –entre los cuales me incluyo- que gústeles a ellos o no, les ruede por la garganta o no, por leyes de la biología serán los responsables del futuro de Cuba. Divorciados lo mismo de los cubanos jóvenes que pueblan hoy a Miami, que de los que pueblan a la Isla. También en esto el extremismo derechista del exilio se da la mano con el extremismo totalitario cubano: no respetan a quienes les sobrevivirán.
Por eso cada día desconfío más, no solo de la moral y la pureza de intenciones de estos presuntos libertarios, sino desconfío también de su capacidad de análisis. De su agudeza intelectual.
No puede andar muy bien la capacidad de análisis de “analistas” que dicen, por ejemplo: “No dinero para las familias cubanas: es dinero que termina en manos del régimen”, para luego apoyar con uñas y dientes la ayuda económica a los opositores de la Isla. La pregunta de los cien millones: ¿en qué tiendas compran sus víveres, sus carnes, sus ropas, los opositores de la Isla? ¿En Macy´s, en Publix, en Wal Mart? ¿O en las mismas tiendas que mis familiares, léase: las mismas tiendas del régimen?
Vale la pena pensar con urgencia en una ley que ajuste ciertos cerebros.
Quiero creer que al menos los 324 mil cubanos residentes en Estados Unidos que viajaron a la Isla en 2010, tendrán muy presente este ideario básico republicano a la hora de otorgar sus votos para el Congreso. En mi lógica elemental, aupar a quien afecta mis intereses, se me antoja un pésimo negocio.
R. Luke escalona, no fue integrante del Grupo Criterio Alternativo?? por aquellos años me parecía una persona inteligente y sobria… Pero, realmente quisiera conocer su criterio y participación en la “Mesa Compartida” con A. Tamargo… no me imagino a Luke chirriando odio y heces al estilo del fascista de Tamargo… de veras, no lo imagino…
Gracias.
El eliminar, arreglar o lo que se quiera hacer con la Ley de Ajuste Cubano, no va a tumbar a los castros. Que los cubanos vayan o no vayan a Cuba tampoco va a tumbar a los castros. Claro que es una desverguenza lo que muchos cubanos hacen cuando visitan a Cuba, muchos van a pasarla bien.
Seguimos perdiendo tiempo en cosas irrelevantes y ademas haciendo el ridiculo.
Lo que hay que hacer es unirse de una puñetera vez y hacer un plan inteligente para acabar con esta cruel y duradera tirania comunista.
David Rivera no esta muy bien visto y esto mas que nada parece un ardid politico que crea mas divisiones y al final no resuelve nada.
La tirania con embargo, sin embargo, con turismo y sin turismo sigue en pie por 51 años por muchas razones:
El apoyo de USSR
El apoyo de Venezuela
La opresion cruel a la que tiene sometida al pueblo cubano
El gran lavado de cerebro que le ha hecho a los cubanos durante 5 decadas.
El gran control de la informacion que recibe el pueblo
Y la gran falta de cojones que tiene el pueblo que no se acaba de rebelar
O lo peor, que la mayoria siga simpatizando con aquello.
¿¿Iniciativa republicana contra los cubanos?? Será contra los sinvergüenzas sin principios que se aprovechan de la ley para llevarle dinero a su opresor.
Ramiro..Excelente analisis..coincido cntigo en todo….siempre he dicho que las posiciones extremas se besan…..ahora digo…se dan la lengua…
La ley de ajuste debe quedarse. Ayudo a muchos buenos cubanos y al paso que vamos seguira ayudando a muchos otros. Me gusta cuando visito Miami, ver algo parecido a lo que podia haber sido Cuba. Es verdad que cada vez encuentro mas personas que mas parecen a tono con lo de alla y que son los que acabados de llegar cacarean que las cosas deben cambiar y manifiestan un profundo divorcio de ideas con el establecidas. Para evitar que esa gente tome auge en la comunidad deben hacerse ciertos ajustes en las leyes. Debe hacerceles saber que una persona que es residente en un pais, al cual escogio, al emigrar, no debe llegar pretendiendo hacer cambios. Todavia no tiene el derecho ni posee los conocimientos necesarios para ello. Al no obstentar la ciudadania de dicho pais no tiene derecho al voto y que solo lo obtendra previa revision de su desenvolvimiento durante el periodo como residente. Durante ese period existen muchas actividades a las que debe dedicarse, como son el conocimiento del idioma, de la politica de ese pais, cosa muchas veces dificil sobretodo para aquellos que provienen de un pais donde la politica como tal no existe, asi como desarrollar skills que le permitan adaptarse a la vida laboral. Opino que solo despues de andado ese camino, el recien llegado debe ser tomado en cuenta en sus opinions.
Volviendo al tema de la ley de ajuste, me gustaria que siguiera, con ciertos cambios, pero que siguiera ya que si no Miami lo que se va es a llenar de mejicanos y centroamericanos que si van a seguir emigrando aunque sea ilegalmente, y pariendo y en unos annos la proporcion de ellos sera enorme con respect a la cubana y hasta nuestros nietos hablaran como ellos y Miami pasara de ser la capital del exilio cubano a ser un poblado mas de centroamerica
Sr. ramiro… si Ud. afirma que la Ley de Ajuste cubano tuvo como objetivo y le cito: “… para ajustar el status migratorio de los 258 mil 317 cubanos que vivían en Estados Unidos en 1965″… no cree que a este año 2011, siglo XXI… deberìa ajustarse a las nuevas condiciones salutìferas, filatèlicas… lacrimògenas… trompalògicas, dictadorlògicas, cabronològicas e hijodelagranputadalògica cubana actual…?
Por lo demàs, los congresistas de Estados Unidos tienen todo el derecho y la potestad legislativa de promover, discutir y aprobar cuanta ley crean convenientes a sus intereses partidistas o nacionales… Vamos… que no estamos en Cuba!…