Eduardo Lamora. El arte de la espera… y seguimos.
Hace unos días me encontré con mi querido Eduardo Lamora, un cineasta cubano-francés que quiero y admiro, recordarán que en este blog puse su documental El Arte de la Espera, que hizo treinta años después de su exilio. Eduardo Lamora sigue trabajando, dirigiendo, y pronto nos dará una sorpresa. Aquí les dejo con un fragmento de El Arte de la Espera.
—
—










































































































































La toma de la lanchita en ese mar como un plato sin orillas y el personaje observandolo como si le escapara un salvavidas esta tremenda. Nos quedamos con ganas de continuar viendo ese crudo documental.
Què demoledor!… No pude con èl… lleguè al minuto 20:00… Què tristeza Dios mìo!…
Lo terminè… aporreada… Me golpearon el corazòn!…
He dejado , el corazon errando en medio dos aguas oscura,el sentimiento es bien fuerte ,al verlo ,,,,,,,,,,,,, ,Buenisimo ,,!!
Desgarrador el pedacito que puede ver. Lo dejaré para el fin de semana. Hoy agoté mi cuota diaria de resiliencia.
Gracias por los links.
Este es un documental en el que —además de mostrar la vileza sigilosa con la que el castrismo corroyó y corroe a Cuba— bien que se puede apreciar la naturaleza buena y limpia del cubano de a pie, su sabiduría innata. Este es un pueblo donde no hay ni agua y sin embargo se puede ver (creo que hasta la pude respirar) la limpieza de las cocinas, de los caminos, los callejones. Hasta al cementerio herrumbroso donde yace lo que un día fue un central azucarero se lo puede ver limpio. La pulcritud de la pobreza, diría mi madre. La inteligencia del hambre, diría mi abuela.
El castrismo se aprovechó de la bondad, pongamos la mansedumbre, del alma cubana, lo que es lo mismo que aprovecharse de la ingenuidad de un niño. Y eso no tiene perdón. Por eso, ventanitas ni coj… La cara del padre del realizador aparece en el minuto 40:22, lo recuerdo porque, después de escuchar lo que diría más adelante ese señor, volví atrás y congelé su imagen en mi pantalla. Lo escudriñé bien. Qué puedo decir, estoy convencida de que la cantidad de arrugas en ese rostro es proporcional a la cantidad de ventanas y ventanitas (falsas esperanzas) por las que vivió asomado ese hombre. Ese hombre se pasó la vida mirando por ventanas tapiadas con espejos: es decir, mirando únicamente lo que le mostraban. Visión en espejo o ceguera inducida, se podría decir.
Pero lo mejor del documental para mí estuvo en el minuto último. Un minuto silente donde los rostros, las poses y los movimientos de los personajes dijeron mucho más de lo que habían dicho anteriormente. En ese último minuto el realizador retrató los resultados de la crueldad con la que ha actuado el castrismo contra el pueblo cubano: hambre, tristeza, enajenación, desamparo…
¡Qué ventanas ni qué ocho cuartos! No me jodan. No se puede seguir arriando y condenando a todo un pueblo a vivir asomado por falsas ventanas. Cuba tiene que renacer de entre las cenizas del abrasador infierno en el que la han sepultado los Castro. Cuba no puede, eternamente, seguir siendo lo que quieren y pregonan algunos por sus ventanitas, ventanas y ventanales. Cuba tiene que ser lo que queremos todos, o mejor dicho, lo que necesitamos todos los cubanos: un país libre, creíble y democrático. Una puerta a la vida digna. Eso.
Felicitaciones al realizador del documental, Eduardo Lamora.
Muchas gracias por compartirlo, Zoé.