El Instante de un otoño.

EL INSTANTE DE UN OTOÑO.

Hace rato que sólo leo novelas que me den dolor, cuyo sufrimiento me traspase el alma a través de la historia y del lenguaje. Cuando me refiero a la historia no tiene que ser una historia netamente cubana, podría ser rumana, alemana, húngara o finlandesa, pero la historia deberá obligarme a olvidar que se trata de mí leyendo una historia, tendrá que conseguir que yo la obedezca y me adentre en ella palpitante y salga de ella como si jamás hubiera entrado, como si siempre hubiera vivido dentro de esa historia, como si fuera mía.

Con el lenguaje me pasa distinto, tanto en español como en francés huyo de lo políticamente correctamente escrito, o sea de aquello que se resume a sujeto+verbo+predicado. Si una historia es compleja y su autor nos la entrega masticada afanado en que la entendamos primero con los dientes, de nada sirve. Y no hay nada peor que escribir masticando o peor tragándose como sorbos de agua azucarada el lenguaje, o sea obviando que el idioma, como dijo en una ocasión Víctor García de la Concha, no lo crea la Real Academia, lo crean los escritores, inventando palabras que salen estrictamente de su imaginación y de sus audacias reales o soñadas.

No todos los cubanos son escritores, desde luego, pero el pueblo cubano lo único que no ha perdido es la chispa del idioma, no sólo lo reinventa, además lo recrea, lo habla con regocijo, sobre todo cuando lo habla bien, de manera libre y suelta, y desprovistos de la formalidad oficialista. Y cuando los escritores retoman ese lenguaje popular, y hasta vulgar, como hizo Cervantes en el Quijote –no por nada El Ingenioso Hidalgo está dedicado al vulgo- y lo realzan al pedestal de la novela, la obra es entonces perfecta, magnífica, imperecedera. Escritores del idioma y de la historia hemos tenido algunos, pero a mí quien siempre me pega con el puño un beso en el esternón es Guillermo Cabrera Infante, y hay otros, claro… Pero nadie como él.

Entre los escritores que alcanzan un aliento similar se encuentra José Abreu Felippe. Su última novela, El Instante, cuenta un pasaje, fragmentario, de la vida de Octavio, protagonista de otras obras anteriores suyas. No podría precisar en qué momento de la infancia, de la adolescencia, o de la adultez se inician las anécdotas de ese grupo de amigos y familiares que envueltos en la misma transgresión épica penetran primero ingenuos, incluso alegres, despreocupados, luego ariscos, furtivos, y por último desgarrados en la verdadera semilla de la vida: la aventura política de cualquier ser humano a la que le somete la sociedad, no hace falta tal precisión, porque esta es una novela de sensaciones y presentimientos, y de ocurrencias ocurridas. El pretexto para desentrañarlas, por supuesto, y como es habitual en un verdadero novelista, es el amor, el sexo, más que el deseo. El deseo sólo asoma en ese instante preciso en que Octavio se sorprende solitario, abandonado por todos, alejado de todo, pero junto a su madre, en una especie de ecuación patéticamente lírica. Su madre, que es la madre de todos, quien sólo le brinda, en su triste y exigente compañía, con la exigencia de la que solamente son capaces las madres, todavía mayor soledad en esos instantes de espera y anonadamiento.

El Instante es una novela de casi quinientas páginas, que me leí poco a poco, en los trenes, en los aviones, que no pude soltar, pero al mismo modo que, deseándola, queriendo que no se me acabara, que no escapara. No podría afirmar que me sedujo solamente por la historia y por el ritmo excelente con el que está conducida, como en una especie de guaracha jazzística sabrosona, lenta, y que por momentos se acelera y aprieta el paso, y nos atropella contra las paredes recién enlacadas de la casa-laberinto de Octavio; además de todo eso me engrampó porque está contada, por supuesto con un lenguaje literario exquisito (por su trabajo de búsqueda y de ninguna manera o fórmula al uso que usan esos lenguajes en apariencia fiznos tan parecidos a aquellos cakes de merengue tieso y agrisado que vendían para las bodas, por una casilla de la libreta, en el período especial) que traduce todo el lenguaje de una época, de la generación anterior a la mía y de la mía, la que yo creo que fue la última generación que todavía contempló el verdadero paisaje cubano, y supo nombrar y desordenar y volver a ordenar los árboles, los arbustos, las mariposas, los pájaros y también chapoteaba en las zanjas, la que convivió con gatos y perros sarnosos y los curábamos como si fuéramos amorosos veterinarios, almorzábamos tajadas de aire y cenábamos frituras de viento, bebíamos té ruso de farmacia y leíamos hasta en sueños, nuestras madres se perfumaban con bacilos de Moscú Rojo o de Bonabel, en medio de cien plastas de mierda de vacas podíamos distinguir una margarita, y claro, fuimos fanáticos de El Maestro y Margarita de Mikhaíl Boulgakov, y escribíamos ciento un poemas al día y trescientos treinta y cinco por noche. Todavía sabíamos entristecernos, caminábamos kilómetros para que nos bañara una puesta de sol, o nos iluminara el alba y hacíamos el amor donde nos atraparan las ganas, reconocíamos, ¡cómo no!, un Utrillo hasta encajado en un estercolero. Hacíamos el amor con alegría, repito, y también nostálgicos de lo que ni siquiera conocimos, y si era en el mar,  pues mejor. De todo eso habla El Instante, y de mucho más, y leyéndolo ya no se es más el lector comprometido con la narración sino con la historia, empiezas a ser Octavio, templándose lo mismo a sus negronas pulposas y acarameladas que a sus auténticos muchachones made in roboloción, y de buenas a primeras empiezas a transformarte en Octavio, que le despierta a cualquiera el machito que llevo dentro, y al gay que llevo dentro, y a la puta que late en mí, a la madre, a la hermana… Y al inconforme, comme il faut, el inconforme, al iconoclasta, al dérangeur que todo escritor que se respete debe ser.

La literatura es un sacerdocio, escribir una gran novela sumerge en momentos de gran euforia, nos reaviva la verdadera fe, la de la poesía, la de la escritura, la de la creación, pero también nos oprime con angustiosas y largas penitencias, cada recuerdo equivale a largos períodos de tiempo arrodillados encima de aquellas chapas de refresco, o a peores puniciones que nos dejan sangrando el espíritu. Después, hay un momento innombrable, extraordinario, ése en el que el lector recibe el beso en el esternón, y el resto se transforma en una orgía de los sentidos, en bacanal de palabras, y es cuando la soledad penetrante y ubicua del escritor se une a la del lector, con el rostro lloroso hundido entre las páginas del libro, y es ahí, en esa comunión cuando transcurre el verdadero misterio y milagro de la literatura.

Gracias a José Abreu Felippe por extender ese milagro, y apaisajarlo y agasajarlo con pinceladas de eternidad, igual a un Utrillo, a través de El Instante.

Zoé Valdés.

22 comments on “El Instante de un otoño.

  1. …”Cien años de expectativ, cincuenta años de sumisión y oligofrenia asistida. No sé si consigamos escaparnos del estigma.Necesitaríamos una balsa del tamaño de la isla, si no es que ella misma se va a la deriva, como al final de Underground, el filme de Emir Kusturica, o en El color del verano, la novela de Reinaldo Arenas. Cien años, se dice fácil. El karma de la soledad los cubanos lo aguantamos a puro trago, y sin novelita de realismo mágico mediante, más bien como en un corrido mexicano de Chavela Vargas, con permiso de esa gran dama….”
    Zoé Valdés. La Ficción Fidel. Editorial Planeta 2008.

    Gracias querida Zoé por tus ensayos, crónicas, novelas, por todo tu arte. Que tanto inspira y alivia. Ahora mismo busco la novela de José Abreu Felippe.
    En estos momentos estoy leyendo un clásico: “El asistente” de Bernard Malamud. Nada como las novelas…
    Gracias.

  2. RESPUESTA A LA SRA. VALDES DE LUISA 10
    EN ‘LA LUNA LLENA’ de E. Fernández

    1. Luisa 10 Enlace permanente
    Vergüenza debía darnos a todos los demás cubanos no haber pertenecido a este grupo de seres EXCEPCIONALES. No tengo palabras suficientes para agradecerles su sacrificio y su continua dedicación a la causa cubana. GLORIA ETERNA A TODOS ESTOS HEROES y legendarios personajes que Esteban nos menciona. Gracias, L10

    Sra. Valdés, me he visto precisada a posponer mi respuesta hasta tener la certeza que usted la leyera dentro de los comentarios en uno de sus propios artículos.

    Ante todo, quiero agradecerle que me expresara su punto de vista a través de su comentario, y con el respeto que usted se merece, hacerle saber que estas líneas que le envío representan mi última participación en su blog. Pero vayamos al grano. El miércoles 23 de Noviembre, dejé un comentario en su blog (copiado arriba) en el artículo “La Luna Llena” del escritor Esteban Fernández. Todavía no comprendo la razón por la cual una persona de su intelecto ha tomado tan a pecho el comentario que hice molestándola sobre manera. En mi opinión, usted ha convertido en una gran ofensa algo que no lo era.

    Definitivamente, mi comentario fue dirigido en mi manera de pensar, a miles de hombres y mujeres que a pesar de abandonar Cuba en la década de los años 60, reanudaron su vida en Estados Unidos dedicándose a su familia sin pensar que podían tomar parte activa en la lucha anticastrista. Digo esto porque yo vivía en Miami en aquel entonces y conocí muchísimas familias cubanas recién llegadas que no hacían nada más que trabajar y proveer para sus hijos. Me cuento entre la gran mayoría que hizo precisamente eso, y aunque por mi juventud todavía no era responsable de una familia, tampoco hice lo que era mi DEBER DE CUBANA.

    En mi comentario no dije, ni veladamente insinué, ni me referí a personas, que como usted y el Sr. Bravo, eran niños en aquella época. Ninguna persona con dos dedos de frente pondría esa gigantesca responsabilidad en los hombros de niños y mucho menos se atrevería a exigirles o echarles en cara nada parecido. Eso lo inventó usted porque, simple y llanamente, así lo ha querido, y francamente, no comprendo por qué se ¬¬¬ sintió aludida. Mi comentario fue dirigido exclusivamente a los adultos que después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos no trataron de organizarse, entrenarse e incorporarse a la lucha en contra del castrismo.

    A los que ciertamente lo hicieron, los llamé ‘excepcionales’ porque así lo fueron y no me retracto de usar ese término para describirlos. Desde que el mundo es mundo y empezó a escribirse su historia, en todas las revoluciones, guerras y luchas de todas clases, ha participado nada más que una sección ‘excepcional’ de la población. Sólo los individuos que han tenido un elevado sentido de su deber patrio o han sido impulsados por otros intereses mayores han tomado parte en esas campañas. Nunca he oído decir, ni he leído en ningún libro de historia, que en un país o en alguna civilización, antigua o contemporánea, el 100% de un pueblo se haya lanzado a la lucha.

    Aclaro también que en mi comentario me refería a los participantes de las campañas BÉLICAS. Lo que otros cubanos han hecho y todavía hacen en muchos países para exigir la libertad de su pueblo y hacerle saber al mundo que Cuba sigue esclava, no tenía por qué ser mencionado; de eso no se trataba el escrito del Sr. Fernández. En su artículo se citaban, en su mayoría, los nombres de quienes tuvieron un arma en las manos en algún momento.

    En mi comentario no le quité méritos a nadie, ni a ningún grupo que haya puesto su granito de arena por la libertad de Cuba, solamente me enfocaba en la participación de la lucha armada.

    Esto es, sin adentrarme mucho en el tema, mi respuesta a sus argumentos. El comentario del Sr. Bravo no merece una respuesta.

    Me resta darle las gracias por su amabilidad en permitirme la participación en su blog, la cual considero desde este momento, como le dije al principio, concluida de mi parte. Siempre firme en mis convicciones, queda de usted muy atentamente.

    Luisa Diez-Vega

  3. ZOE ES UN PRIVILEGIO LEERTE
    ESTOY LEYENDO POR
    SEGUNDA VEZ
    LA HABANA PARA UN INFANTE DIFUNTO
    DEL MAGISTRAL G.CABRERA INFANTE

  4. Luisa 10, gracias por comentar, no entiendo por qué ha puesto usted ese comentario en este post que nada tiene que ver con el tema, además de que lo hace siempre rara vez en un post mío. Pero no importa, igual se lo publico, porque se trata de Estebita, y de usted que tan amablemente estuvo en mi presentación en Miami.
    En cuanto al tema que usted comenta, prefiero dejarlo para otra ocasión. El libro de Abreu Felippe no merece que lo mancillemos con semejante bobería.

  5. magnifica presentacion al libro de Abreu, es un arcoiris de pensamientos precioso felicitaciones para Abreu y para ud-

  6. Intrigante hasta la medula, si , me gusta esta critica literaria y me impresiona. Bravo por el Sr. Abreu y por ti Zoe.

  7. Querida Zoe :
    No he leido el libro : El Instante. Pero por lo escrito por ti, lo tengo que buscar.
    Gracias por escribir tan lindo, tan entregada a eso que puede ser irreverente, sencillo, o tan protocolario y formal. Dios mio que fuerza tiene tu escritura!!!.Que bien lo haces. Dios te Bendiga!!!.

    Carlos

  8. No se el libro…pero tu cronica es preciosa…Asi me gusta leerte! Con alma y una rara combinacion de pasion, rabia — y serenidad.

  9. Serás la culpable Zoé Valdés que las ventas de esta novela se disparen. A que sí? si despues de esto ¿qué nos queda?
    Beso.

  10. Que mas se puede agregar? Aunque no siempre de acuerdo sin temor puedo decir (y con envidia de la sana)que Zoé se muestra como es, y eso no sucede todos los días en este mundo lleno de pretensiones y caretas que no vienen al caso.Uno de los pocos escritores cubanos que he leído con fascinación es GCI, ahora debo comenzar a leer a Zoé y entender el todo que es Cuba un poco mas….con menos rencor.

  11. Leere el Iibro. Tengo 2 casi terminados.
    Los buenos escritores han vencido la preocupacion, de que alguien los identifique mezclados entre las paginas de su obra. Ademas, son capaces de crear personajes que materializan actos que no pudieron ellos realizar por diversas limitaciones, conceptos tradicionales, o prejuicios cuando eran inmaduros.
    Es dificil escribir sobre algo que no estamos convencidos, y lo hacemos por temor, o buscando alguna recompensa del critico superior, del sabio Salomon caribeño que autoriza o destruye segun su divina opinion. Sin embargo, muchos en Fidelandia se dedicaron a complacer al dueño de sus destinos.

  12. El instante es una excelente novela. La compré cuando se presentó en Miami y comencé a leerla y me pasó lo mismo que a usted, no pude dejarla hasta terminarla. Fue un descubrimiento para mí la prosa del Sr. Abreu Felippe. Como el libro forma parte de una pentalogía, he buscado otras de las novelas y ya he leído Barrio azul, que es maravillosa. Gracia Zoé por tan lindo comentario

  13. Gracias, Zoé, ojalá pudiera nadar hasta Miami para comprarla, pero ya tú sabes dónde me encuentro, fatalmente…

  14. hola Zoe te saludo desde Argentina.
    solo queria decirte un GRACIAS enorme, apareciste en mi vida con Cazadora de Astros y puedo decir que es lo mejor lo mas apasionante que lei es indescriptible lo que me hiciste sentir…. cambiaron muchas cosas….fuiste un zimbronaso en mi mente y mi alma, ahora estoy con el angel azul….y que puedo decirte? sos excelente, me atrapas en cada palabra.

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