DEL CANSANCIO COMO ARMA LETAL.

Casi cincuenta y tres años después del triunfo de un gánster en Cuba, cuyo gánster, apoyado a medias por un pueblo bastante frívolo y boncheador (jodedor), supo imponerse creando un producto de marketing: la revolución castrista, cincuenta y tres años después, decía, el pueblo cubano, ese mismo pueblo jodedor y voluble, ha afrontado y sufrido varias mutaciones. Ya no es aquel mismo pueblo que si se le partía la cambrera de un tacón en el trayecto hacia la funeraria donde se le había muerto la madre, no sabía si continuar hacia el velorio o buscar un zapatero que le reparara la cambrera, así de inestable era ese pueblo, por demás racista y clasista. Ahora es un pueblo sin tacones, pero con la cambrera siempre partida en alguna parte del cerebro.

¿Siguen teniendo los cubanos esos mismos defectos? Por supuesto, no sólo han aumentado, se han recrudecido esos males; además el castrismo les ha extraído el alma, les ha secado el corazón.

En una reunión de hace un año de un grupo de personas, que se dicen pensantes, y que vi por you tube, reunidas todas en La Habana, y entre las que podíamos apreciar varias generaciones representadas, todas coincidieron en que el castrismo no era más que una peleíta entre un grupo de amigos, y que unos se habían quedado en Cuba y otros se había ido a Miami, y que ahora esos amigos, que ya eran unos viejos, seguían dando la lata porque ninguno quería dar su brazo a torcer, y que ellos pensaban que ese grupo de viejos que antes fueron amigos, y que algo los enemistó (ese algo quedó en el aire, o sea toda una historia de represión, de comunismo, de invasión rusa, y de horrores, fue barrida de un plumazo), debía entonces arreglar el potaje, y si por casualidad no les daba tiempo de hacerlo, los jóvenes tomarían el poder y sanseacabó, la reconciliación se llevaría a cabo por obra y gracia del espíritu santo. Yo soy de las cree en los milagros, pero no de ese tipo, lo siento. Y más bien recomiendo a estas personas, que se llaman pensantes, que dejen de mirarse al ombligo, y apaguen los focos que los iluminan, y observen un poco más a la gente de a pie, a los negros, a todo ese pueblo que ya está hasta la cocorotina de que hablen por ellos, tanto de un lado como de otro.

Hablando con una amiga a la que admiro mucho me dijo: “Ellos no saben que un negro revira’o puede más que cien blogueros juntos, y que es al primero al que más teme el castrismo”. Estoy de acuerdo. Y a esos negros revira’os, que tienen nombre y apellidos, que yo he citado tantas veces en varios artículos, son a los que nadie sabe por qué, ningún periódico internacional los apoya como ellos se merecen. Tal vez sea porque los negros cubanos no valen ni un céntimo para esa gente, o valen mucho menos de lo que vale un negro americano. Para Barack Obama, por ejemplo, está comprobado que un negro cubano no vale lo que él piensa que vale un negro americano o un grupo de cubanos blanquitos de azotea que se reúnen para debatir y posar para el extranjero en posición pensante en la punta del Titanic. Lamentable.

Las discusiones seguían en medio de ese grupo que les cito, y por cada cosa que dijeron a mí se me ocurrieron veinte o treinta artículos. ¿Valdría la pena escribirlos? ¿Para qué, para que me linchen? No se puede criticar a aquellas personas que se han autodenominado pensantes ellas solitas, o que han sido nombradas por los grupos lobbyeros de la socialdemocracia o de un cierto liberalismo que tira más para lo rojo que para cualquier otro color; por favor, qué dios nos libre de semejante sacrilegio. Entiendo muy bien a Herta Müller cuando dijo recientemente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que “el pueblo fue la primera dictadura que llegué a conocer”, porque en cuanto ella empezó a criticar al nazismo la vieron como una traidora, y además, luego le tocó el comunismo. Ella sabe de lo que habla, y yo también.

El pueblo cubano en la actualidad sufre una de las peores mutaciones, la del último cansancio, contaminado por el estertor final de una dictadura que lleva décadas en ese último suspiro. En ese cansancio siguen cometiendo los mismos errores, aunque en esta ocasión el bailoteo se ha convertido en una secuencia de exorcismos a cual peor, y el choteo o bonche pasó de ser estrictamente revolucionario para venerar a como dé lugar al capitalismo. Y a eso le siguen llamando revolución.

Así me lo manifestó una mujer de unos de los nuevos ricos que existen en Cuba, a su paso por París, “nosotros hemos aprendido a jugarles cabeza, y hemos hecho dinero, mucho dinero, y mientras eso dure seguiremos haciéndolo, y cuando todo aquello acabe, que acabará como la fiesta del Guatao, nos retiraremos a vivir a Francia, o a Italia, o a otro lugar”. De este modo hablan los militantes que le jugaron cabeza, como ellos mismos dicen, al castrismo. No eran entonces tan militontos como creíamos.

Mientras estos amasan dinero y sueñan con un retiro europeo, los “pensantes” atacan al castrismo por lo bajito, y para hacerse perdonar, o para que les mantengan las reunioncitas sin que los moleste la policía política o la DSE, agreden verbalmente al mismo nivel a Miami, a los viejos de Miami. Ni siquiera se cuestionan que mientras los viejos castristas destruyeron Cuba, los viejos de Miami construyeron y crearon en donde había un potrero y un fanguizal una de las mejores ciudades de Estados Unidos y de América, a donde muchos de ellos viajan ahora, o sueñan con viajar para cogerle lo bueno a Miami y levantarle el pie a la Cuba castrista.

Pero el pueblo cubano siempre ha sido, además de bambollero y cansón, hipócrita, y cuando dejó de ser un pueblo bailador, divertido, y musical, para convertirse en un pueblo pensante a la manera soviética, mal del que no se ha curado, pues todavía peor. Es probable que el último eslabón de la mutación estalle en un suicidio colectivo, como metáfora, por supuesto. Pero la mierda no llegará al río, perdón, la sangre. Por cierto, hablando de comportamientos de secta, y de suicidios colectivos, ¿qué habrá sido del pastor y los fieles que se encerraron en una casa habanera y que anunciaban el fin del mundo con plagas, pandemias, y demás, y que tuvo en una cutícula a blogueros, tuiteros, y “pensantes”? Ya ni se habla. Porque para colmo también padecemos de ese problemita: memoria cero. No, no es Alzheimer. Los que tienen Alzheimer alguna vez tuvieron memoria. Los cubanos jamás la han tenido, y por lo visto ni les preocuparía tenerla en un futuro.

Zoé Valdés.

Publicado por El Economista.

Nota: Este artículo no puede ser reproducido en otro espacio sin antes pedir mi autorización. Gracias.

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Escritora, artista.

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