DORMIR DE UN SOLO LADO Y BAJO TECHO DE VIDRIO.

La culpa de que después de su muerte Jesús Díaz no haya publicado nada nuevo no la tiene, desde luego, Guillermo Cabrera Infante, pero al parecer es lo que intentan dar a entender los hacedores de Diario de Cuba. La culpa es del mismo Díaz, que no dejó nada escrito, o al menos, todo parece indicar, nada publicable, lo que por el contrario si ha sido el caso de Guillermo Cabrera Infante que dejó una obra sólida escrita, publicada y por publicar.

Diario de Cuba, al igual que Cubaencuentro, han dedicado ya varios artículos a intentar desprestigiar la figura del gran escritor cubano. No me extraña, es lo que ellos venden, la envidia y los despojos del castrismo: el raulato. Y para desprestigiarlo no encuentran nada más obsceno que algo que jamás escondió el propio escritor, que está publicado, y que reaparecerá próximamente en sus obras completas, como ha sido anunciado que va a aparecer todo lo que él ha escrito. Ya en Mea Cuba, que él mismo entregó como un mea culpa, como reza el título, Cabrera Infante se explicó ampliamente sobre lo que nunca ha negado, como sí lo han negado los cubanos ricos que tanto apoyaron y que pagaron esa revolución. La frase que escribió Cabrera Infante aprobando los fusilamientos en Cuba, en el temprano triunfo de la revolución, fue más que un pálido eco del clamor general de la mayoría de los cubanos, aunque ahora lo nieguen, y sin duda fue la frase que aprobaron también algunos cubanos que viviendo inclusive en el exilio siguieron apoyando al castrismo por una u otra razón, llámense militantes de las juventudes comunistas europeas, maceítos, 55 hermanos, lo que sea.

Guillermo Cabrera Infante hizo posteriormente a esa frase una obra literaria extraordinaria, pese a estar muy enfermo siguió escribiendo y luchando abiertamente en contra del castrismo, hasta el día en que murió. Notorios son los artículos que publicó en contra del castrismo en las páginas de El País y de otras publicaciones en el mundo entero. Cabrera Infante es una figura universal de nuestra literatura a la que los grandes de este mundo respetan y quieren. Todo lo que hizo después de esa frase su trabajo la borraría de un soplo, pero los envidiosos y mierditas malagradecidos se empecinan en sacarla a flote una y otra vez, y ni siquiera con eso ganan suficientes derechos de autor para pagarse sus frijoles.

Sin embargo, resulta curioso que el director de Diario de Cuba, Pablo Díaz Espí, no haga lo mismo con su propio padre, antiguo director de la revista Encuentro, quien no sólo apoyó al castrismo y a los fusilamientos durante muchísimo más tiempo que Guillermo Cabrera Infante, además, sería bueno recordar si mi memoria no me traiciona que en medio de una conferencia, en Chile, cuando todavía Díaz viajaba representando al castrismo por todas partes, con el dinero del pueblo cubano y del Fidelato, un participante le preguntó públicamente sobre Guillermo Cabrera Infante, y Jesús Díaz, que daba una conferencia sobre literatura cubana, respondió: “Hasta ahora estuvimos hablando de escritores, ¿es que vamos a empezar a hablar de gusanos?”. Lo que se puede leer en Persona non grata del autor chileno Jorge Edwards quien se hallaba presente también.

Y así, durante años, Jesús Díaz, un escritor y un cineasta del realismo socialista cubano, apoyó al castrismo y a los fusilamientos que el castrismo llevó a cabo. Desde la revista castrista Pensamiento crítico pasando por el magazine El Caimán Barbudo hasta Cubaencuentro Jesús Díaz fue uno de los peores extremistas que el castrismo usó a sus anchas. Tanto, que ni siquiera un niño podía hacer chistes contrarrevolucionarios delante de él, porque así le ocurrió al hijo de un editor de sus películas, en el ICAIC, que siendo un niño hizo un chiste en contra del gobierno mientras Jesús Díaz y su padre estaban en la moviola, editando uno de sus bodrios pro castristas y anti exilio, entonces el director Díaz se volvió hacia el niño con el dedo en alto: “Para hacer chistes contrarrevolucionarios hay que ser un revolucionario”.

Sin contar los numerosos cartelitos que colocaba el Secretario General del Partido del ICAIC, Jesús Díaz, en el mural de trabajadores cuando alguno faltaba al trabajo voluntario, y cómo soltaba la frasecita sata de “Fulano es un maricón” para describirlo como desafecto a la revolución.

Miembro del Jurado Casa de las Américas, Jesús Díaz visitó mi casa en una ocasión para regañarme porque mi novela Sangre Azul, la que yo había escrito con veinte años y que había mandado a concurso, era demasiado metafórica, hermética, e incomprensible, y para nada revolucionaria. Estando yo en el exilio, y cuando publiqué La nada cotidiana, en un almuerzo en Madrid, me regañó porque esa novela era demasiado realista, directa y crítica con la revolución de manera gratuita, ya por entonces preparaba la revista Encuentro y él se vendía como exiliado. Luego me acusaría en el diario Le Monde de extremista anticastrista.

Si enumeramos los años que Guillermo Cabrera Infante enfrentó a los castristas, desde el exilio, en solitario, y los años que Jesús Díaz siguió siendo un servil castrista, para luego convertirse en un emigrante de izquierdas subvencionado por los últimos vestigios del gobierno de Felipe González y por el gobierno español a través de la revista Encuentro, ya me dirán ustedes, hacia qué lado del procastrismo se hundiría la balanza. No olviden, además, que el primer texto que publicó la revista Encuentro fue un discurso de Raúl Castro.

Y en esa misma onda del raulato camuflado, sigue su línea editorial, más que menos, Diario de Cuba, desgajada de Cubaencuentro, todavía nadie nos ha explicado por qué. Dirigida por el hijo de Díaz, Pablo Díaz Espí, como ya dije, quien debería, antes de continuar publicando ataques en contra de Guillermo Cabrera Infante, de mí y de otros e ignorando la obra de otros artistas del exilio que no piensan como ellos, revisar el pasado de su padre, mucho más cercano en el tiempo del castrismo que el de GCI, revisar también el de algunos de sus colaboradores, que pese a que estuvieron encarcelados en Cuba y hoy son exiliados, no sólo apoyaron los fusilamientos castristas mientras fueron castristas y cobraron salarios junto a los ideólogos del castrismo, escribieron poemas y loas a Girón, de Angola, de la URSS, dirigieron programas televisivos de marcianos, publicaron novelas policíacas y de ciencia ficción (en un país donde hasta una época no muy lejana para acceder a ese tipo de información que daría lugar a esas obras, había que estar muy cercano al aparato y beneficiar de publicaciones extranjeras a las que no todo el mundo tenía acceso) y de cuanto horror les dio de comer durante su afiliación a la Hoja Castrista, que no Cristiana. Pero el propio Pablo Díaz Espí tendría que revisar su pasado, no tan lejano, y ya que quiere dárselas de transparente con semejante periodicucho, debería publicar la verdad acerca de quiénes pagaron y pagan tanto Cubaencuentro como Diario de Cuba, y aclarar si es cierto que han sido subvencionados por el gobierno de Zapatero, y por el castrismo, como se comenta entre corredores. Y esto no es una acusación, es una duda, una duda que muchos exiliados se callan, y una pregunta abierta.

Denigrar a una figura mayor de las letras cubanas es lo que hizo el castrismo siempre, ignorar el combate de esa misma figura por la libertad y la democracia en su país, tal como lo llevó a cabo Guillermo Cabrera Infante, no es sólo hacerle el juego al castrismo, es traicionar ese combate, en aras de convertirse en alguien famoso a costa de los que han conseguido la celebridad trabajando, enfermándose; es hacerse de una fama sucia arreguindados de los que han sido reconocidos como revolucionarios del idioma, premiados en todas partes, y verdaderos triunfadores dentro de los grandes de la literatura.

Jesús Díaz, ni muchos de los que le hicieron y le hacen la guerra a Guillermo Cabrera Infante, llegarán jamás, por mucho que intentaron e intenten imitarlo y copiarlo, a la chancleta del autor de Cuerpos Divinos (donde por cierto, él cuenta toda la verdad y reconoce su verdad), aunque sabemos cuán lejos puede llegar la mediocridad babosa de los Salieris, pero también esos Salieris morirán sabiendo que lo poco que lograron solamente lo consiguieron cuando el genio se les acercó, aunque sea por una vez, y les acarició amablemente la cabeza, o por el contrario, los despreció.

Zoé Valdés.

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Escritora, artista.

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