EL SOBREVIVIENTE
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Esta casa hoy tiene un amante, un amante lejano salido de una cueva.
Tan cercano siento a mi amante,
que se estremecen las paredes como si la tierra bailara.
Entonces temo dormir, que me viole una extraña fuerza indescriptible,
como si ese amante pendiera del techo, o de mucho más allá.
Pero me armé de valor, me sacudí el rocío helado de mi cuerpo y
conté hasta diez.
Abrí de par en par todas las ventanas, para que entrara el rumor de sus
pasos, el aire perfumado, las nuevas luces de la noche,
mientras en el sueño ya no eras mi vieja pesadilla, sino un hombre libre
que podía desnudárseme.
Esta casa hoy tiene un amante más sagrado que Cristo, sentado como un
buda sorprendido ante mi cuerpo inmaculado,
porque para ciertos amores fuera de época, las mujeres y los hombres no
envejecen y un siglo es puro cuento.
Es el viejo amante que vuelve, el mismo que va a regresar una de estas
noches de tormenta, para que la claridad dorada del amanecer nos sacie
tanta hambre de amor en soledad.
Ya no tengo necesidad de inventar un hombre.
Con sólo suprimir la cena de esta noche y reunirme a oscuras con mí
amante, el amor podrá demostrar, si duda alguna, la hermosura del tiempo.
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Tania Díaz Castro. Santa Fe, 12 de abril, 2012
