Cada vez estoy más asqueada del mundo en el que vivimos. Mi última esperanza era Estados Unidos, y ya ni eso. Después de tantos años de exilio no me siento ya tan cubana (no me identifico con la Cuba actual), mucho menos latinoamericana, ni española, y sé que no llegaré a ser nunca del todo francesa. Me siento en un precario equilibrio encima de mis dos pies (a veces en uno solo), y va que chifla. Mi país son mis pies, mis libros, mi escritura, sostenida con lo poco que me queda en el recuerdo. C’est fini. Confieso que así lo prefiero, al menos bastante mejor, sin ataduras ni dependencias, ni añoranzas, ni compromisos.

Pero Estados Unidos era para mí el mundo del futuro. Ese mundo ya no es el mundo del futuro, ni ningún otro país podría representarlo, porque el mundo del futuro es probable que ni siquiera existirá.

Vean a Angela Merkel paseándose por Portugal y por Grecia con el mismo desdén, como antiguamente Hitler se paseaba por París estudiando lo que había recuperado y ganado, y sin malgastar una bala, menos mal. Pero mal igual, el mal para muchos que han perdido todo.

Por su lado Estados Unidos está cada vez más igualito que el peor país de América Latina, ¿tendría que nombrarlo?

La prensa actúa de manera descarada aliada a un partido único, a una ideología única: la de una ultraizquierda aprovechada y abusadora. La prensa, en su gran mayoría, actúa escondiendo y barriendo la basura de los políticos para beneficiarse con el baño de oro (cuidado, que el oro podría convertirse en mierda). Todo lo contrario de lo que sucedió en el pasado, cuando todavía la prensa tenía vergüenza y despreciaba el oro, pero ahora adoran el oro del moro.

Y es que una prensa seria, competente e incorruptible no puede empezarse a llamar con nombretes pomposos tapando sus verdaderos nombres y ocultando las caras bajo seudónimos en revistas del corazón, blogs, y crónicas salpafueras de periódicos y grupos de prensa cada vez más arribistas y amarillistas. Eso ya no es la prensa occidental que yo conocí, eso corresponde a los cánones de la prensa totalitaria. No es el cuarto poder, es una anexión nefasta al primer poder, y al poder único y totalitario.

El caso de David Petraeus y su amante, que es su biógrafa -bueno, casi todas las amantes los son en potencia-, al parecer se sabía desde antes de las elecciones presidenciales. Lo sabían los demócratas y lo sabían los republicanos. En el chisme anda enredado el nombre de Hillary Clinton, la Secretaria de Estado, como todos sabemos, con una biografía que ninguno de ustedes habrá olvidado. Porque ¿qué hizo esta señora aparte de ser una tremenda aguantarros antes de llegar políticamente a donde llegó? Que esta señora ande enmarañada en este affaire ya dice mucho si analizamos su pasado, como el de su marido. Y que el pueblo norteamericano todavía encuentre que Bill Clinton es un ejemplo para mostrar en unas elecciones no dice más de lo que es el pueblo norteamericano, como el pueblo francés que ya lo está lamentando: pueblos estúpidos y prepotentes.

Pero, bien, volvamos al caso que nos ocupa: ninguno de los dos partidos se atrevieron a revelar el presunto secreto de Petraeus hasta pasadas las elecciones y sólo a pocos días de una declaración que debía hacer el mandamás de la CIA sobre el Benghazigate, donde, señores y señoras, vamos a estar aquí y no es la cola del pan, hubo varios asesinatos, entre ellos el del embajador norteamericano, y sin que el presidente se inmutara por ello. Estamos ante un caso gravísimo de traición al país y de engaño al pueblo norteamericano, pero el pueblo norteamericano está ciego, como mismo lo estuvo el pueblo cubano ante Fidel, p’a lo que sea, Fidel, p’a lo que sea…

Detrás del caso Petraeus no dudo yo que exista otra patraña más, con el fin de tirarle la toalla a los culpables del Benghazigate, que no son únicamente los asesinos terroristas que la emprendieron físicamente contra los ciudadanos norteamericanos en Libia. Pero dudo mucho que esa patraña sea desenmascarada en la dirección que debiera serlo. ¿Por qué? Por que a la gente le interesa más el chisme del tarro que la verdad sobre lo que oculta el Benghazigate.

En cuanto a Petraeus, creo que debiera escribir su propio libro, y contar lo que tenía que contar, y pedir protección internacional. Aunque ya no creo en ninguna protección internacional de ningún  tipo cuando los que deciden las medidas cautelares las toman con unos y no con otros, sólo por el mero hecho de que esos “unos” son más famosos que otros.

Todas las conexiones encajan siempre en una, ya lo dije en uno de mis libros, al terrorismo internacional y al castrismo.

Todo empezó, recuerden, con el asesinato de los Kennedy, donde los Castro tienen una fuerte e importante implicación, sino la máxima, y todavía solamente unos pocos se atreven a revelarlo.

Pero sigan conectados en Facebook, sigan viendo videítos de segunda, y sigan haciéndose la película mediocre en la cabeza. Para eso ha servido internet, para reducir la inteligencia del ser humano, para ningunear sus capacidades intelectuales, para arrodillarlos a la fuerza al servicio de la bobería, y sobre todo para desatarles lo peor de sus características individuales que ya va siendo una amenaza colectiva: la ignorancia y la sinvergüencería.

La gran mayoría de los políticos son unos vagos, unos descarados, unos ineptos, y los votamos para que nos engañen. La mayoría de los políticos han bebido en los ejemplos más desastrosos del siglo pasado: El Che, los Castro, y toda la mierda de la izquierdona ricachona que al final se alía demasiado fácilmente con la derechona prepotente. Y esas imágenes nos estarán pasando la cuenta infinitamente.

No me creo un segundo lo que se cuenta de Petraeus. Lo de su amante no me interesa en lo más mínimo, es más, me da igual, como si tuvo cincuenta amantes, me vale una moñinga de burro. Ahora, por lo que sucedió en Benghazi Petraeus está obligado a responder, tenga el rango que tenga. Está obligado a contar lo que sucedió, sea quien sea, y caiga donde caiga.

Mientras tanto, por otra parte, todavía muchísimas familias norteamericanas siguen padeciendo los efectos de la tormenta Sandy, pero eso ya lo olvidó el presidente recién electo, que se fotografió con algunas víctimas para hacer el paripé que necesitaba “su prensa”. Y por supuesto, nadie le cuestionará, como le cuestionaron al sapingonauta de Bush, y le siguen cuestionando, lo del Katrina, siendo incluso Sandy más devastador que el huracán que azotó New Orleans.

Todo no es más que una lamentable patraña. Y no sé qué huracán será peor, si los reales, o los que políticamente se nos avecinan, ganando en velocidad y en bestialidad.

Zoé Valdés.

Y ya se quieren echar al pico a otro general.

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Escritora, artista.

24 Comment on “Patraña Petraeus.

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