En defensa de lo gay y en contra de las manipulaciones.

Que los gays se quieren casar, pues ¡claro que sí! La única cosa en contra que tengo es que entonces a partir de ahora sabrán lo que significa divorciarse, y algunas injusticias que el tema conlleva. Que los gays quieren adoptar hijos, o tenerlos de las maneras que la ley haya prescrito y decidido, me parece fantástico. Es mejor tener padres amantes a no tener ninguno, o a tener bestias en lugar de padres y madres. La familia no puede ser solamente concebida como se concebía antiguamente, y pienso todo lo contrario: la familia se ha enriquecido admitiendo lo que por derecho, deberes y pruebas fehacientes ha dado resultados más que favorables para que los seres humanos seamos mejores.

Nunca he oido decir a ningún gay que poseer una familia eliminaría la existencia de la madre y de la familia tradicional, ni que irían en consecuencia de las nuevas leyes a borrar de la faz de la tierra a la familia tradicional, todo lo contrario. Aparte de que he podido constatar el inmenso amor que se produce en una familia de homosexuales con hijos adoptados o concebidos a través de vientres de alquiler con el debido consentimiento de las partes, por una sencilla razón: porque han deseado ser padres y quieren a sus hijos, los han amado y soñado antes de su existencia, como no importa qué otro padre o madre.

Ahora, dicho esto, me parece muy poco serio que los políticos y los partidos defiendan leyes en este sentido, por encima de otras leyes de mayor importancia para el desarrollo de la humanidad, la economía y la sociedad, en los tiempos de crisis en que vivimos. ¿Por qué no ocuparse de todo por igual?

Me parece manipulador que en aras de hacer olvidar otros problemas usen el tema del matrimonio gay o de la adopción para desviar la atención y se borren o aparten otros problemas que hundirían de manera más contundente a la sociedad entera antes que a una comunidad. Los homosexuales debieran estar consciente de ello, y no aceptar tan ligeramente que sus causas sean tomadas como estandartes en asuntos tales como elecciones presidenciales o municipales, o sencillamente sean manipuladas para obviar los sujetos importantes, como son los de la precaria economía del mundo actual, y el mismo abandono en que se tienen a padres de familia, llamémoslos tradicionales (hombre y mujer, padre y madre) con hijos, para beneficiar y bendecir lo gay por encima de todo lo demás con un único objetivo: la politiquería.

Salvando las grandes distancias es lo que está haciendo la dictadura castrista, a través de la hija de Castro II y su organización más que gubernamental CENESEX, entregándole cargos políticos a los transexuales que llevan años apoyando al castrismo con tal de salvar su pellejo, por no decir su alma, antes que abrirse por fin a la democracia y promover para esos cargos a opositores reales. Pero ellos saben que si eso decidieran  la caña se les pondría a tres trozos.

Hace mucho rato que el mundo ha cambiado, y ver todavía en Francia esas manifestaciones en contra del matrimonio gay, resulta insoportable; pero esa gente también tiene derecho a manifestarse y a ir en contra de lo que ellos piensan que es incorrecto, y nosotros tenemos el derecho de defender lo que por el contrario pensamos que es correcto. Eso es la democracia, que está muy lejos de lo que ocurre en Cuba. Sin embargo, donde no me cuadra la lista con el billete es cuando veo a los políticos haciendo malabares, utilizando a los homosexuales y sus causas, con el fin de hacer olvidar para lo que verdaderamente fueron elegidos: para resolver los problemas esenciales no ya de una comunidad específicamente, sino de todo un país.

Zoé Valdés.

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