El último payaso. Por Julio César Gálvez.

El último payaso.

Por: Julio César Gálvez.
Sección: Una isla perdida en el mar.

Cuando escuché en los telediarios que había fallecido el actor Emilio Aragón, me acomodé en el sillón para conocer de quien se trataba, pero cuando mencionaron que era quien personificaba al payaso Miliki, los recuerdos volaron a mi infancia, a la Cuba de más de cinco décadas atrás.

Junto a dos de sus hermanos integró el famoso trío de payasos españoles, Gaby, Fofó y Miliki, quienes en 1947 habían llegado a Cuba para una gira de apenas unos meses por diversas provincias y que se alargó por espacio de nueve años.

Cada domingo al mediodía en la amplia sala de la casa de Leopoldo, el único vecino que poseía un televisor en el barrio, a principios de la década de los años 50 del pasado siglo, se reunía todo un conglomerado de muchachos, cuyas edades iban desde los 4 hasta los 52 años del propietario del inmueble, quien disfrutaba como el que más, para ver “ El circo con Valencia ”, programa que transmitía el canal 6 de la Televisión Cubana.

Nos apretábamos nerviosos y sudorosos, tras dejar guantes y bates en el portal, a la entrada de la vivienda, después del consabido pitén de pelota dominical en el solar yermo de enfrente, ante la pantalla en blanco y negro de 19 pulgadas de un majestuoso Dumont, dentro de un mueble de madera laqueado del alto y ancho de un archivo de cuatro gavetas, que era lo más novedoso y caro de la época, y que hoy sería un equipo de museo.

Era un programa que se realizaba en vivo, como todos en aquella época y que contaba con la asistencia de público, fundamentalmente niños y jóvenes en el estudio, donde participaban malabaristas y trapecistas cubanos del Circo Montalvo, pulsadores, comecandelas, contorsionistas y donde el plato fuerte eran los actos de prestidigitación de Mandrake el Mago, siempre con su frac y su chistera negra y las esperadas actuaciones de Gaby, Fofó y Miliki.

La algarabía era enorme cuando ellos salían a la pista del circo, al preguntar al unísono, ¿ cómo están ustedes ?, y todos respondíamos a todo pulmón, ¡ Biennn ¡, como si el resonar de nuestras gargantas llevaran el mensaje desde Santos Suárez al Vedado, donde estaban los estudios de la cadena CMQ, propietaria del canal 6 de la Televisión Cubana.

Con su vestimenta multicolor, sombreros de hongo y amplias boinas adornando sus cabezas, pantalones anchos a media pantorrilla y aquellos zapatones en blanco y negro, tan grandes como patas de ranas de submarinistas, cantaban sus propias canciones, a la vez que bailaban, tocaban la guitarra, el saxofón y la marimba para el disfrute de todos.

Se ganaron el corazón de los cubanos. Formaron parte de esa herencia española-cubana o cubana-española, sangre en venas mediante, que conformaron la nacionalidad cubana, y echaron raíces, hasta que a fines de 1956, cuando “ El circo con Valencia ” cambió su formato, el popular trío de payasos y excéntricos musicales estuvo brindando sus actuaciones en Cuba, donde el gran Miliki encontró el amor de la cubana Rita Alvarez Fernández, con quien se casó y le acompañó en el periplo que hasta 1973 llevaron a cabo por toda América antes de regresar a España.

En la Televisión Cubana surgió entonces “ El circo ” con la actuación del viejito Chichí, un personaje dulce, de voz ronca, que gustaba de cantar villancicos, a quien relevó Edwin Fernández con su genial “ Trompoloco ”, en un programa que duró hasta principios de la década de los años 70, cuando el difícil, poco comprendido y menos respaldado arte circense por parte de las autoridades gubernamentales cubanas, desapareció para siempre del disfrute de los televidentes cubanos.

Para Emilio Aragón, Miliki, quien paseó su arte por todo el mundo, gracias por hacer posible sueños y fantasías de muchos niños cubanos, que en la distancia te recordamos.

5 comentarios en “El último payaso. Por Julio César Gálvez.

  1. Los circos itinerantes que se posaban en todos los pueblos, bateyes y ciudades de Cuba uno detras del otro. Hasta los llamados ripieras nos encantaban. Reconocidos de fama inter. aun recuerdo el Santos y Artigas con su triple salto mortal, Douflar, Nelson, y tantos otros. Al psicopata asesino que nos toco tampoco le gustaban los circos. Ni las victrolas, ni los bares, ni las bodegas, ni las Verbenas, ni las iglesias, ni los cines, ni nada que deleitara el espiritu. Pero lo fascinaban los pelotones de fusilamiento, las carceles, las brigadas terroristas de respuesta rapida, los comites de chivatos, el terror, el chantaje, la miseria para los demas. Especial enfasis para su odio destructivo fue la pobre Habana. Excelente su articulo.

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  2. Sabía que había un programa de TV pero no recordaba el nombre. Esta lectura es ingresar al pasado, qué felices éramos con tan poco!!!! Creo que disfrutábamos más que ahora, que los chicos tienen mucho más de lo que necesitan. Gracias por tan lindo recuerdo.

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