Pasión por el bolero.                                                                     Por: Julio César Gálvez.

Sección: Una isla perdida en el mar.

Parque Warner-1 095

Encuentros y desencuentros, amores y pasiones por una bella ciudad, que fue y ya no es, siempre presente,  guardadas en algún recóndito lugar de nuestras mentes, salieron a  flote  en la magistral conferencia “ Boleros Prohibidos o La Habana sin Olga Guillot ”,  brindada en la sede de la Fundación Hispano Cubana, por el periodista y productor de espectáculos Armando López, radicado en Nueva York.

Durante la amplia “ charla ”, como prefirió catalogarla, quien por años fuera el guionista y productor del estelar programa de la televisión cubana “ Juntos a las nueve ”, que conducía Eva Rodríguez, recreó a los presentes con una amplia reseña del bolero cubano en todos los tiempos.

Apoyado en filmaciones y grabaciones de los grandes interpretes y compositores cubanos y latinoamericanos del bolero, y en un lenguaje muy coloquial y cubano, Armando López nos llevó a través del tiempo desde la obra del santiaguero Pepe Sánchez, a fines del siglo XIX, pasando por Sindo Garay, Corona, el Trío Matamoros y María Teresa Vera, la primera mujer latinoamericana que triunfara, en la década de los años 20 del pasado siglo, al cantar un bolero en el desaparecido teatro Apolo de la ciudad de Nueva York.

El auge del bolero se incrementó en Cuba, México, Puerto Rico y Colombia, fundamentalmente, durante los años 30 y 40, gracias al desarrollo de la radio y la aparición de las grandes compañías disqueras como RCA Victor, Panart, Odeón y otras más, quienes invitaban y contrataban a los músicos cubanos, para grabar  los grandes discos de acetato de 45 revoluciones, a sus estudios en la ciudad de Nueva York.

Casino de la Playa, con Pérez Prado, el creador del mambo al piano y Cachao en el contrabajo;  Chapotín con su cantante Miguelito Cuní; Melodías Cubanas; Sensación, con Abelardo Barroso; el Conjunto de Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso, y La Sonora Matancera, por donde pasaron cantantes de la talla de Bienvenido Granda, Bobby Capó, el puertorriqueño Daniel Santos, y la sin par Reina de la Música Cubana, Celia Cruz hicieron las delicias de los bailadores y la bohemia de las noches habaneras desde mediados de los años 40.

Un aparte merece la excelente orquesta danzonera de Antonio María Romeu, titulado “ El mago de las teclas ” por su virtuosismo en el piano y su inigualable Barbarito Diez, el hombre de la voz aterciopelada, quienes también incursionaban en el rítmico y dulce bolero.

Aragón; Fajardo y sus Estrellas; la Orquesta Riverside con su cantante Tito Gómez y su personalísima versión de “ Vereda Tropical ”; Roberto Faz, primero con el Conjunto Casino y posteriormente con su propia agrupación, el Conjunto de Roberto Faz, incrementaron el potencial del bolero cubano al ámbito iberoamericano.

Antonio Machín y Bebo Valdés echaron raíces en España con su forma única de cantar e interpretar los boleros cubanos; Vicentico Valdés, con “ Los aretes de la Luna ” y Miguelito Valdés, conocido como Mister Babalú, toda una estirpe de grandes músicos cubanos, se asentaron en la ciudad de Nueva York, donde triunfaba el gran Cascarita, mientras que en la isla, René Cabel, Fernando Albuerne, Orlando Vallejo, Orlando Contreras, Rolando Laserie, eran la contraparte del trío de Las Hermanas Lago, Ela O´¨Farril; el dúo de Olga y Toni; y la siempre dulce presencia de Esther Borjas en el dominical programa de la televisión cubana “ Albúm de Cuba ”.

Eran los tiempos en que las compañías disqueras cubanas Kubaney, Puchito y Gema, está última creada por el humorista Guillermo Alvarez Guedes, el popular borracho de la televisión cubana de los años 50, se imponían en el mercado por encima de las estadounidenses con las voces de Olga Guillot, cantando las canciones del mejicano Touzet; el Cuarteto Las D´Aida; Blanca Rosa Gil, “ La Muñequita que canta ”; Ñico Membiela, con su “ … miénteme más, que me hace tu maldad feliz ” y el genial Bárbaro del Ritmo, Benny Moré, quienes cada noche abarrotaban los cabarets de la mágica capital cubana, en un recorrido de más de 50 kilómetros, desde la playa de Santa Fé hasta el Rincón de Guanabo.

Es la melodía profunda, sentida con amor y pasión, del desarraigo y los celos, de la rabia y la furia al besar, llevada al pentagrama en ritmo de 2 por 4, que se mezcló con la canción ranchera en las voces de Jorge Negrete, Pedro Infante, Amalia Mendoza, Miguel Aceves Mejías, Luis Aguilar y el inolvidable Javier Solís; que fuera cantada por el chileno Lucho Gatica y por el argentino Luis Aguilé y llevado a Hollywood por la orquesta de Glenn Miller y el siempre recordado Nat King Colle, entre otros.

Pero el bolero era algo más que sentimiento profundo, cuitas y penas para los cubanos antes de 1959. Fue toda una industria que la llegada del castrismo al poder se encargó de destruir. Para el nuevo régimen el bolero era “ … cosa del pasado burgués ” y se dio a la tarea de hacerlo desaparecer. Necesitaba imponer su doctrina del “ hombre nuevo ”

Se confiscaban las empresas discográficas cubanas y extranjeras, se intervenían los grandes cabarets como Tropicana,  el Salón Rojo del hotel Capri y el Parisien del Riviera, se clausuraba Monmartre y la mayoría de los centros nocturnos de La Habana, donde cada noche reinaba el bolero. El fabuloso Sans Sousci era desmantelado y convertido en una base de camiones pesados y se tiraban al  rincón del olvido, las más de 10 mil victrolas que funcionaban en bares, bodegas y pequeños comercios, existentes en cada esquina de la ciudad.

Con la llegada de Fidel Castro al poder, el bolero, al igual que el son, se fue de Cuba y con la premonitoria canción de Carlos Puebla “ … y se acabó la diversión/ llegó el comandante y mandó a parar ”, la prometedora industria musical cubana pereció. Pero el bolero cubano marchó al obligado exilio en México, Puerto Rico, Estados Unidos, España y otros países latinoamericanos y europeos, imponiendo su clase y estilo a pesar del gran esfuerzo del régimen totalitario cubano por hacerlo desaparecer e imponer a la Nueva Trova.

Tras el éxito alcanzado por el Festival del Bolero Cubano, realizado en Miami en 1985, el régimen cubano trató de opacarlo realizando en 1986 el Primer Festival Boleros de Oro, en La Habana, pero al igual que cuanto sucede en la isla, ya pasaron sus mejores momentos y se encuentra en plena decadencia.

Dicen que recordar es volver a vivir, y para muchos de los presentes en esta charla  sobre el bolero, salieron del lugar con un pellizco en la cintura o un halón de orejas por parte de su pareja,  al traer al presente, en voz baja y con un suspiro, una de aquellas noches únicas en el Pennsylvania de la Playa de Marianao, bailando apretadito, mientras los cuerpos rozaban cadenciosamente uno al otro, recitando al oído los poemas de José Ángel Buesa, al compás de un buen bolero, entre mojito y mojito o un sabroso cuba libre, para terminar contemplando la salida del sol sentado sobre el muro del malecón.

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Escritora, artista.

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