MEME SOLÍS, « EL EMIGRANTE RECUPERABLE », O CASI.

Ya lo dijo Guillermo Cabrera Infante parafraseando un proverbio chino: “lo peor del dragón está en la cola”. Lo peor de las dictaduras son sus momentos finales, sus últimos estertores, instantes podridos que ansían alargar, extender hasta el infinito. Y lo peor es precisamente cuando usan todos los medios para sobrevivir, y lo más espantoso es cuando esos medios son una vez más los oportunistas y los artistas que apoyan y sostienen a los tiranos, los mismos cubanos. Aquellos que han demostrado y siguen demostrando que no pueden vivir sin la opresión tiránica, sin la bota encima. Pactos, intercambios: tú me das promoción y yo te doy un tantito así de espacitos donde te puedas mover con cierta holgura. Los nombres de los que en Cuba se han prestado al juego llenan la isla entera y la desbordan. Otros eligieron exiliarse a tiempo, jamás pactaron con nada, jamás aceptaron el doble juego impuesto con una sola alternativa: o eres castrista o pereces. Algunos decidieron perecer, si fuera necesario, en el exilio. A mí me propusieron el pacto, ahí fue donde me dije que tenía que escapar lo más pronto posible, que de nada valía seguir arriesgándose desde dentro, luchando de manera escurridiza, porque la trampa existiría siempre. Me fui antes de que me dieran el derecho a comprar un Moscovich, que fue la primera ratonera que me ofrecieron y que no acepté alegando que no sabía conducir. No es una heroicidad, pero recuerden que muy pocos renegaron las prebendas, muy pocos.

No conozco personalmente a Meme Solís, pero las tres mujeres de mi vida, anteriores a mi hija, mi abuela, mi tía y mi madre, lo adoraban. A mí también sus canciones empezaron a apasionarme de manera clandestina, pero nunca tuve el privilegio estando en Cuba de oírlas, interpretadas con su voz. No tuve discos ni tocadiscos, había que ser muy revolucionarios para adquirir el derecho a tenerlos. Después, en uno de mis viajes a Miami, durante los primeros años de mi exilio, estuve a punto de encontrar personalmente a Meme Solís, pero alguien que yo creía amigo siempre se interpuso entre nosotros. Hasta que en uno de mis viajes, otra amiga me llevó al teatro a verlo, en uno de los grandes homenajes que le hizo el exilio, y lo vi como una más, en el público, y con eso me bastó. Lo aprecié en silencio. Gran compositor, inmenso artista, hombre vertical y decente, me dije. Pero por encima de todo “artista esencial”. Ese es el gran homenaje que le han hecho los exiliados a Meme Solís, el de apreciarlo en toda su dimensión de artista libre.

Lo que ocurrió con Meme Solís en Cuba fue tremendo, pero nunca nos enteramos, los periódicos no hablaron de ello, y ahí mismo lo enterraron. Para ahora, señoras y señores, cuando ya no queda nada ni nadie, desenterrarlo en blogs oficialistas y en los blogs pactados. De alguna manera yo estuve cercana a su historia, o a la historia de una persona cercana a él, lo que no viene al caso, lo vendrá en otro momento. A Meme Solís lo prohibieron cuando presentó su salida para irse de Cuba, según se sabe ahora públicamente por la pluma de los mismos que un día callaron y que hasta reprimieron a sus colegas. Lo acusaron de todo lo “humalo” y lo divino.

Es sabido y era hasta notorio en aquella época que una persona que por aquellos años presentaba para irse de Cuba era considerado poco menos que un gusano, un traidor, un maleante, un yanqui, un basura, y por supuesto, pertenecía a la ralea peor: la de los exiliados. Ser revolucionario era lo máximo, ser exiliado era la peste. Los valores, últimamente se han invertido. Meme Solís era un exiliado. Apestaba para unos cuantos, un pueblo entero, digamos. Lo rebajaron a menos de cero en lo que cantaba mi gallo Solito, un gallo también medio gusano, porque mi abuela lo enseñó a picar cuando alguien afirmaba que era comunista. Tú le decías a Solito “soy comunista” y metía unos picotazos de muerte. Como era de esperar, una vecina nos denunció por eso, por tener un gallo abiertamente anticastrista, contrarrevolucionario y gringo. Y menos mal que el gallo murió en el derrumbe del solar en el que vivíamos y del que nos salvamos de milagro, porque si eso no hubiera ocurrido lo habrían juzgado por gusano. Un gallo juzgado por gusano. Si hubieran oído las barbaridades que cantaba la cotorra, a la que teníamos que amordazar con la fina tiara de mi bautizo para que no destripara en contra del régimen, nadie nos hubiera salvado, pero la cotorra también se salvó de la hecatombe, paradójicamente, muriendo en el mismo derrumbe.

El caso es que Meme Solís no existió más, lo tacharon, aunque Héctor Téllez entre otros cantaban algunas de sus canciones, aunque nadie se atrevía a decir que aquellas composiciones pertenecían a Meme Solís, y las canciones siguieron existieron, pero nadie mencionaba al autor de las canciones. Eran canciones fantasmas, existían por obra y gracia del espíritu del Diablo Cuncún. Su autor no existía. O el autor era otro. Los cantantes y artistas de la época no hablaron nunca más de Meme Solís, estoy convencida de que cuando algún periodista extranjero les preguntaba acerca de Meme, lo masacraban a insultos, lo desprestigiaban, y lo ninguneaban, o como mínimo no lo conocían. Meme Solís y cero era lo mismo. Ninguno de los que ahora se jacta en bendecirlo se prestó a grabar sus canciones, aunque sí a copiarlas, a plagiarlas; y salieron nuevos Meme Solís revolucionarios para apagar al gusano, al maldecido y solitario Solís.

Pero resulta que ahora Meme Solís es un “emigrado” o “emigrante”, según Silvio Rodríguez, y hasta Yoani Sánchez lo trata de “emigrante” en su último post. Reinaldo Escobar, esposo de Sánchez, pide disculpas por haberse comportado mal con Meme Solís (aunque él no fue el culpable, pero al parecer asume tal culpabilidad con tal de salvar la patria y el castrismo, o lo que queda de esa mierda), y de paso ya anuncia en su blog y en el mismo post un posible próximo homenaje a Celia Cruz. Los antiguos represores o vividores ahora son fanes de Meme Solís. Esta gente verdaderamente cree que uno es bobo y se chupa el dedo. Para colmo, le reprochan a Meme Solís que no haya asistido al homenaje de los que los le dieron el escándalo. ¿Esto entonces fue un homenaje u otro escándalo?

Las vejaciones e injusticias que se cometieron con Meme Solís, así como con escritores y artistas a los que borraron y obligaron al exilio, quieren ahora eliminarlas de la memoria con homenajitos de a tres por quilo. Como hicieron con Severo Sarduy, como intentaron hacer con Reinaldo Arenas (aunque con él será más difícil, porque aunque le publicaron algunos textos “inofensivos”, no podrán jamás borrar su obra completa, sus entrevistas, su Carta de Despedida antes de suicidarse en la que culpa a Fidel Castro de todo, y su posición sin ningún tipo de ambigüedad), inclusive usaron a su madre para tratar de desprestigiarlo, y no solo a ella; lo hicieron con Virgilio Piñeira y lo están queriendo hacer con Guillermo Cabrera Infante, con el que tampoco podrán. A Lydia Cabrera se la cogieron y la venden en las ferias internacionales del libro como un producto de la revolución, del mismo modo que venden bajo el tapete mi primera novela Sangre azul y mi primer poemario, Respuestas para vivir, sin pagarme derechos de autor, después de haber hecho pulpa mi libro Todo para una sombra, en Cuba, que estaba a punto de salir editado cuando me largué en el año 1995. Mientras, siguen silenciándome y haciendo lo imposible con la complicidad de la prensa extranjera de ningunearme y desaparecerme también fuera de Cuba. Por supuesto, el pacto de algunos implica que colaborar con mi anulación y que anulen a aquellos que no perdonan, que siguen siendo considerados, porque lo son, exiliados irrecuperables, como ellos mismos los califican. Bajo ese pacto colaboracionista que esos escritores y artistas han firmado de manera verbal todavía los artistas y escritores que decidimos escribir y decir la verdad somos borrados y aplastados, somos todavía para ellos gusanos, con la complicidad de muchos.

Exiliados irrecuperables que denuncian cada día los desmanes del castrismo, y a los que no ablandarán ningún homenaje de pacotilla mientras inocentes como Sonia Garro Alfonso y Alejandro Muñoz, su esposo, sigan en las cárceles. Yo pertenezco a esa clase de exiliados, y mientras más leo, y más aprendo con los viejos exiliados verdaderos -también hay viejos exiliados falsos a los que les han comido el coco los que han penetrado Miami-, más revencúa me pongo en contra del castrismo. Y mejor comprendo a mi padre y a mi madre, a mi abuela, anticomunistas y anticastristas a muerte. Por eso siempre seré una exiliada anticastrista, nada de emigrante. Me fui de mi país como pude, aprovechando la brecha que les arrebaté a ellos mismos, porque no había libertades, ni manera de salir con mi familia de otro modo. Tuve la oportunidad de cantárselo en la cara antes de irme a unos cuantos de ellos mismos. Y algún día me tendrán que devolver, no a mí, a mi hija, el dinero de mis derechos de autor que me siguen robando con mis libros editados en Cuba aunque no vendidos allí, vendidos en el extranjero, mientras hablan mierdas en mi contra, mientras me insultaban en Granma, o simplemente me anulan, y me siguen ninguneando, borrándome de todo. Es el mejor honor que me han podido hacer, ignorarme. Yo encantada.

Ayer leí que Meme Solís escribía que comprendía a Silvio Rodríguez y a Pablo Milanés. Aunque ambas figuras no sean de la misma catadura. Pablo Milanés de alguna forma reverenció su obra grabándola. Respeto su posición, es casi admirable, éso despues de haber escrito y cantado el himno en contra de los marielitos. Respeto la de Meme todavía más. No se dio cuenta, al parecer, del detalle en el que Silvio lo llama “emigrante”. Emigrante es cualquiera, exiliado no. Ser exiliado comporta una resistencia que pocos cultivan. Y de esa resistencia es de la que quieren despojar a Meme Solís, rebajándole la causa por la que, y pese a ella, siguió siendo un gran artista, y un hombre libre. Un hombre tan libre que declinó aparecer en el susodicho homenaje en La Habana, mientras ese régimen siga en el poder. Claro, el trabajo ahora de las celestinas del castrismo es hacerle creer a Meme Solís –aunque ya Meme no importa, ya hicieron con él lo que querían, y no les salió del todo bien- y a los artistas que ahora se empeñarán en atraer para usarlos a favor del raulismo light, la próxima al parecer, será Celia Cruz (no sé en manos de quién estará su obra y qué pensarán los herederos y salvaguardas de la misma), que ya el viejo poder no existe, que el raulismo light está lleno de sorpresas y novedades muy entretenidas (han sido magistrales en el asunto del entretenimiento), que ahora la transición es con los nuevos castristas, los raulistas, con los descendientes, con los hijitos de la dinastía aupados por los descarados de siempre. Y que los que se porten bien no serán más castigados, podrán volver a casa, como niños buenos. Yo siempre me identifiqué con aquella “niña mala” de la canción de Pedro Luis Ferrer, también muy a pesar de la última actuación en Miami de él mismo.

Para los que digan que el pueblo merece oir a Meme Solís. ¿Cual pueblo? ¿El mismo que gritó P’a lo que sea Fidel p’a lo que sea mientras paleaban a los homosexuales y los tiraban en el fondo de los pantanos de la UMAP? Sí, el pueblo cubano merece oir a Meme Solís y leer a Lydia Cabrera, con la que, por cierto, ganan dinero de sus derechos de autor, y todavía no le han dado ni vela en su mismo entierro, el entierro del exilio.

Zoé Valdés.

Meme Solís, junto a la gran Olga Guillot, al parecer todavía una exiliada irrecuperable...

Meme Solís, junto a la gran Olga Guillot, al parecer todavía una exiliada irrecuperable…

Nota: La entrada quedará fija, debajo continuará la actualización del blog.

 

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Escritora, artista.

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