Una nota y un recuerdo para Vicentico Valdés. Por Tania Quintero.

Una nota y un recuerdo para Vicentico Valdés.
Por Tania Quintero

Vicentico Valdes, front

En mi blog he publicado unos cuantos posts musicales, casi todos dedicados a intérpretes y compositores cubanos. Un trabajo apasionante, pero que lleva tiempo. Porque no solo es rastrear en internet, copiar y pegar, si no también -y lo más laborioso- verificar, comprobar: en la red se difunden muchos errores e inexactitudes. También demoras bastante si pretendes encontrar una información nueva o poco conocida.

Lamentablemente, la música cubana se encuentra en horas bajas en Cuba. Después de la carta abierta que en diciembre hiciera al Presidente del ICRT, lo mejor que puedo hacer en mi blog es volver a retomar los posts musicales. Hace unos días, el periodista independiente José Hugo Fernández en Cubanet publicó El dolor sin perdón del bolero cubano y al ver que no puso el nombre de Vicentico Valdés, decidí iniciar con él una serie de 10 trabajos recordando a boleristas cubanos, que saldría en mi blog en el mes de febrero. En exclusiva, a los lectores del blog de Zoé Valdés les ofrezco ese primer trabajo.

Sin lugar a dudas, Vicentico Valdés fue uno de los grandes boleristas cubanos de todos los tiempos. Entre sus canciones más conocidas se encuentran Todo aquel ayer, del cubano Armando Guerrero, que encabeza el post. Según Rafael Lam, especialista en música cubana, esa foto es de los archivos de la revista Bohemia. En internet leí que pertenecía a la colección de Jaime Jaramillo en Flickr. En cualquier caso, fue hecha en una bodega-bar de La Habana de los 50. En el medio se ve a Vicentico, con los pianistas Bebo Valdés (el más alto del grupo) y Javier Vázquez, y Rogelio Martínez, director de la Sonora Matancera. Un cuarto acompañante queda sin identificar.

Durante varios años, por las mañanas, la emisora capitalina COCO trasmitía un espacio de media hora dedicado a Vicentico Valdés. Algunas de las canciones que recuerdo: Fidelidad, Plazos traicioneros, Si te dicen, Lo añoro, En la imaginación, Algo hay en ti, Milagro de amor, Sólo por rencor, Te falta corazón, Si yo pudiera, Piénsalo bien, Derroche de felicidad, La montaña, Reverso y Sálvame, de Atilio Bruni (Argentina, 1919), que hizo furor entre los latinos de Nueva York en el verano del 57. La más famosa de todas, Los aretes de la luna, de José Dolores Quiñones, era el tema que identificaba el programa. Por cierto, el fallecimiento de Quiñones, el 25 de marzo de 2008 en Francia, motivó numerosos escritos en la red, como Para saber de un bolerista muertoy La luna está de luto .

En todos los sitios online se dice que Vicente Valdés Valdés nació en La Habana el 10 de enero de 1921. Pero en una entrevista que en 2012 el historiador y musicólogo cubano Cristóbal Díaz Ayala le hiciera a Diana Valdés, la hija mayor del cantante, ella afirma que su padre nació en diciembre de 1919. Lo que sí no varía es que vino al mundo en el seno de una familia numerosa, residente en la barriada de Cayo Hueso y que tres de los nueve hermanos eran músicos: Marcelino, Alfredo y Oscar. Vicentico era el menor y siendo un niño comenzó su carrera artística como vocalista acompañando a Alfredito, cantante del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. Más tarde, Vicentico formó parte de la orquesta de Cheo Belén Puig y la jazz band Cosmopolitan. En 1944, ante la difícil situación económica que vivía la isla, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, se marchó a México en busca de nuevos horizontes. Entonces, muchas orquestas y artistas cubanos triunfaban en la nación azteca.
En la capital mexicana actuó con el Conjunto Tropical de Humberto Cané, y las orquestas de Arturo Núñez, Rafael de Paz y Chucho Rodríguez, con las que más tarde grabaría también Benny Moré. Allí, en 1946-47, realizó grabaciones discográficas para la firma Peerless, respaldado por las orquestas del mexicano Rafael de Paz y el cubano Absalón Pérez. Casi todo el repertorio consistía en guarachas, afros y montunos, popularizados por Orlando Guerra, ‘Cascarita’, con la Orquesta Casino de la Playa.

A fines de 1947, Vicentico fue contratado como cantante de la orquesta del pianista puertorriqueño Noro Morales en Nueva York, con la cual hizo una singular versión de La vie en rose. En esa ciudad tuvo una exitosa temporada en el Teatro Hispano y según la prensa, “lo consagró en el gusto de la comunidad latina”. En 1948, junto a su hermano Alfredo, comienza a cantar en la orquesta de Tito Puente. Posteriormente, Vicentico decide organizar su propia orquesta en Nueva York y con ella se presentó en el famoso Palladium Ballroom, la meca de la música latina, en bailes de fines de semana al lado de las más populares agrupaciones del momento, la del boricua Tito Rodríguez y la del cubano Machito.

Las grabaciones que hicieron realmente popular a Vicentico fueron las realizadas entre 1953 y 1958 en La Habana con la Sonora Matancera para el sello estadounidense Seeco Records. El mayor éxito lo alcanzaría en 1957 con Los aretes de la luna. Su repertorio se concentra en los boleros, pero no deja de cantar sones, montunos, guajiras y guarachas. Un ejemplo de esa variedad es el álbum Así canta el corazón, de la Seeco. Acompañado por su propia orquesta y con arreglos y dirección del pianista cubano René Hernández, incluye temas movidos como Ya’ta el guateque, Negro de sociedad, Cumbia que se va de ronda y Yuyumbé, y románticos como Las perlas de tu boca, de Eliseo Grenet, y Tú mi adoración, de José Antonio Méndez, entre otros.

Su peculiar estilo y el singular color de su voz lo distinguieron del resto de los intérpretes del bolero. Sus grabaciones posteriores se adaptaron al gusto del público de los años 60 y 70. Hizo versiones muy personales de Una casa en la cima del mundo, Honey, The Windmills of Your Mind, Strangers in the Night y Tenderly, entre otros. En sus discos de esas décadas se entremezclan canciones europeas y norteamericanas en español, con los más variados ritmos: desde un son de Juan Formell (De mis recuerdos) y un bolero feeling de Marta Valdés (Llora) hasta baladas de Augusto Algueró (Acompáñame) y Palito Ortega (La felicidad). O un tango (El último café), una guaranía (Mis noches sin ti) y un vals peruano (Amarraditos). Hizo grabaciones con respaldo de mariachis, orquestas de cuerdas, combos y grupos típicos sudamericanos, como la Rondalla Venezolana.
En su repertorio nunca faltaron canciones de los mejores compositores cubanos, entre ellas de José Antonio Méndez, Ángel Díaz, Marta Valdés, Luis Yáñez, René Touzet, Giraldo Piloto y Alberto Vera, cuya canción Añorado encuentro le valdría un Disco de Oro en 1958 (Vicentico llevaba colgada al cuello una réplica del premio). Una canción de la cual se sentía orgulloso y que nadie ha interpretado como él. Dos números más conformaban la tríada de sus preferidos: Los aretes de la luna y Envidia, de los colombianos Gregorio y Alfredo García Segura.

En la orquesta que formó Vicentico Valdés, además del cubano René Hernández, como directores ocasionales tuvo también al estadounidense Joe Cain y a los boricuas Charlie y Eddie Palmieri. Entre otros músicos, contó con Alfredo Armenteros, Víctor Paz, Jimmy Frisaura y Pat Russo en las trompetas; Jesús Caunedo y Al Tenenbaum, saxos altos; Shelly Gold, saxo tenor; Dave Kurtzerm, saxo barítono; Frank Anderson, pianista; Bobby Rodríguez, bajo; Mervin Gold, trombón; Félix Ventura, congas; Joe Rodríguez, timbal; José Mangual, bongó, y en el coro, Felo Brito y el puertorriqueño Chivirico Dávila, autor de Óyeme Nena, que aparece en el disco Así canta el corazón.

A modo de homenaje personal, quiero incluir el bolero Has vuelto a mí, del pianista y compositor Lino Frías . Fue grabado por Vicentico con la Sonora Matancera el 18 de diciembre de 1958 para Seeco Records, con Lino Frías en el piano y en la trompeta Calixto Leicea. Copio dos comentarios dejados en You Tube: “Es un hermoso tema que me identifica con mi niñez en Lima, Perú. Recuerdo escuchar en Radio Libertad el programa Ritmo y Sabor con la Sonora Matancera. Qué excelente letra, gracias a Don Lino Frías”, escribió un internauta. Otro dijo: “Este tema fue grabado en diciembre de 1958 en La Habana solo días antes de que Castro entrara al poder y jodiera para siempre a toda Cuba. Ésa fue la última visita de Vicentico a su patria” (NR.- Fuentes sin confirmar aseguran que él habría vuelto a La Habana en 1960, para reencontrarse con familiares y amigos).

Vicentico interpretó alrededor de 500 canciones y grabó más de 20 discos de larga duración, los últimos producidos por el bajista y director puertorriqueño Bobby Valentín, quien en una entrevista declarara: “Lo de Vicentico Valdés fue un exquisito experimento porque él era mi ídolo y por tu ídolo haces lo que sea. Pues, se me ocurrió hacer este disco de boleros y fue tanto el éxito que terminamos haciendo dos discos más. Fíjate que hasta Cuba llegó el éxito porque nos llegaban gran cantidad de cartas a la oficina felicitándonos por el disco. Ahora, si me preguntas, cómo llegó el disco, pues, no sé”. En realidad fueron tres discos con el sello Bronco: Vicentico Valdés en la lejanía con Bobby Valentín y su Orquesta (1983), Bobby Valentín & Vicentico Valdés (1990) y uno póstumo, Clásicos de Vicentico Valdés con la Orquesta de Bobby Valentín (1996).

Apenas es conocida su vida personal, pero Vicentico Valdés fue un hombre muy familiar. Su esposa, Georgina Agramonte, nació en Estados Unidos, de madre puertorriqueña y padre cubano, nieto de Ignacio Agramonte, prócer de la independencia patria. Con ella tuvo tres hijos: Diana, Vicente y Ramón. Los tres nacieron en suelo estadounidense y ninguno es músico, cursaron diferentes carreras y se hicieron profesionales. En esa entrevista, su hija cuenta que cuando Vicentico tenía actuación, llegaba dos horas antes: era un hombre sumamente organizado, meticuloso y serio en su trabajo. Fue un padre muy protector y cariñoso, pero a sus hijos siempre les exigió que fueran disciplinados y estudiaran, decía que la música era un negocio difícil y complicado. En su hogar reinaba la alegría, el canto y el baile. Le gustaba cocinar, ya fuera un guiso de quimbombó, frituras de malanga, tacos mexicanos o una pasta típica italiana.

Cuando Vicentico Valdés falleció, el 26 de junio de 1995, llevaba dos años retirado de los escenarios, debido a una afección cardíaca padecida desde hacía una década. Está enterrado en un cementerio de Nueva York. El diario El Tiempo de Bogotá le dedicó un obituario: “Se fue a buscar los aretes de la luna en el cielo. Con su partida se llevó no sólo la voz y el talento de uno de los más famosos exponentes del bolero, sino también los recuerdos de amor de miles de parejas que se enamoraron en su nombre”. E incluyeron algunas de las reacciones de los amantes del bolero al enterarse de su muerte. Para Umberto Valverde, director de la revista La Palabra, fue el bolerista eximio. “Vino muchas veces a Colombia. Era de los últimos que quedaban con esa voz y talento, como Carlos Argentino, Alberto Beltrán, Bobby Capó, Celio González, Leo Marini, Daniel Santos, Yayo el indio y Caito. Ya quedan pocos”.

William Vergara, melómano y productor de radio: “Era un tipo muy famoso, un bolerista increíble, poseedor de una voz y un estilo que le hicieron ganar un puesto de honor en la música afrocubana. La canción que más recuerdo de él fue Los aretes de la luna”. Por su parte, el periodista Marco Aurelio Álvarez confesó: “Me enamoré con una canción de Vicentico que se llamaba Una aventura. En esa época yo era un muchacho que venía a Bogotá y escuchaba a un gran locutor costeño llamado Miguel Granados Arjona, que fue uno de los que ‘costeñizó’ a Bogotá. Lo recuerdo como un cantante de voz cadenciosa que tuvo su fuerza con el nacimiento de la radio en Cuba, que formó parte de ese boom, pero que ya había hecho escuela cantando guarachas, rumbas y mambos. Fue un verdadero triunfador, con un estilo muy particular. Inolvidable su interpretación del bolero Envidia. Con su muerte se pierde un gran talento”.

El Blog de Tania Quintero.

Nota mía:

Además de Marcelino Valdés, otros tres sobrinos de Vicentico Valdés, que yo sepa, se dedicaron a la música: Oscar, ex percusionista y cantante de Irakere,  y su hermano Lázaro, que fuera pianista de Benny Moré, los dos eran hijos de Oscar, hermano de Vicentico. Otro sobrino, Alfredo Valdés Jr, también es músico, vive en Nueva York y en esta entrevista, uno se entera que “con el paso de los años, la familia de Alfredito se reunió en Nueva York, gracias al maestro Vicentico Valdés, quien fue el encargado de ayudar a sus padres para inmigrar legalmente a los Estados Unidos”. A Marcelino lo vi cantar en Cuba, en el Atlántico y en el Capri. Desde los años 90 reside en Estados Unidos. Un video suyo.  Mi madre era fan de Vicentico Valdés, por lo que crecí escuchándolo. En la radio, porque nunca tuvimos tocadiscos.

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11 comentarios en “Una nota y un recuerdo para Vicentico Valdés. Por Tania Quintero.

  1. Ningun cubano se salvo de Vicentico Valdes yo era un nino y en mi casa se escuchaba desde que amanecia y un gran valor tiene su musica,la de el paso y sigue llegando jamas se acabara el legado que dejo,pero De mis Recuerdos la que hizo popular esta cancion fue Elena Burke que pienso ha sido la cantante que mas le ha cantado a Formell.

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  2. Grande entre los grandes. Sus canciones, un lindo recuerdo de aquella Habana de los años 50. “Aunque lejos estemos tu y yo, siempre unido estara nuestro amor, añorannnnnndo tan solo el momento de estrarrrrrnos con loca y tenaz pasion…………….

    Los aretes………..etc., etc.,

    Voces inolvidables cubanas que cantaban grandes composiciones escritas por otros cubanos talentosos.

    Hemos dado cosas buenas, a pesar de tanta KK castrista que nos ha querido embarrar.

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  3. Entre los MEJORES de los MEJORES, en mi casa trabajo La Gran “~ica”, enamorada de Vicentico estaba, TODO el dia sus canciones amenizando, gracias a “~ica”, cuanto se lo agradezco.

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  4. Los Aretes de la Luna, grabada en radio progreso en diciembre 1958, al mes se jodio todo para los gran boleristas, incluyendo a Contreras que se murio añorando en el exilio “Que si no muero en mi suelo, ni muerto descansare”.

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  5. Adoro su musica, en Cuba me encantaba Envidia, La montana,bueno todas sus interpretaciones, pero aqui me he hecho adicta a: El Ultimo Cafe….le queda divino….

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  6. Era muy personal a la hora de interpretar y su timbre peculiar lo ayudaba a crear ¨un estilo unico¨. Creci escuchandolo y en algunos boleros su intimismo te hacia casi complice. Gracias a Tania Quintero por su interes y a Zoe.

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  7. Que articulo mas completo! En cada esquina de mi Cuba, en las vitrolas estaban sus discos, recuerdo “Cuando estoy junto a ti”, que era mi himno personal para que saliera a la ventana de su casa una noviecita en Marianao.

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