Desde hace décadas la causa por la libertad de Cuba defendida por los cubanos genera pasiones y desencadena actitudes que podemos clasificar de violentas. Estos comportamientos en algunas ocasiones son reales, y en otras son provocados con varios fines.

Los mítines de repudio del castrismo se han venido dando fuera de Cuba con una frecuencia demasiado sospechosa. Nadie ignora a estas alturas que los que ocurren en el interior de Cuba son organizados por el régimen. Y por supuesto al castrismo le convienen estos mítines fuera de Cuba, no solo para intimidar a la persona que los recibe, sino además para arengar a los llamados “tibios” que pudieran ser convencidos por el orador al que irán a escuchar, a los que sencillamente no pasan de dudar de la persona, pero son demócratas y prefieren escucharla para hacerse una opinión personal y equilibrada. Estos mítines son organizados y financiados por las embajadas castristas en el exterior, y secundados por aquellos que también cobran de una forma u otra, con viajes a Cuba, vacaciones en Varadero, apartamentos gratis a su disposición, así como hoteles, prostitutas, según el trabajo efectuado.

Durante mi vida de escritora en el exilio he recibido mítines de repudio violentos, en diferentes partes del mundo. De los más violentos fueron los que me dieron en Galicia, donde quisieron apalearme (la policía lo impidió) y me escupieron y tiraron basura a la salida de mi conferencia titulada Cuba, antes y después; esto sucedió en el Faro de Vigo. En la Feria del Libro de Santo Domingo, hace pocos años, me debieron de sacar del avión con guardias armados hasta los dientes porque en el mismo aeropuerto me esperaba una turba, que yo nunca vi afortunadamente. Debí quedarme en un hotel alejado, protegida las 24 horas del día. El día del inicio de la Feria la presentadora en lugar de decir “Zoé Valdés, de Cuba”, como hizo con el resto de los escritores, dijo “Zoé Valdés, de Canadá”, no creo que se haya equivocado, lo hizo a propósito. El día de mi conferencia en el teatro más importante de Santo Domingo las turbas apedrearon mi llegada, rompieron las puertas del recinto en donde iba a intervenir, y me insultaron. Sin embargo di mi conferencia, leí mis poemas, respondí las preguntas, algunas bastante agresivas y capciosas. Me presentó Camilo Venegas, él lo recordará. A mi salida de aquel recinto apedrearon el automóvil blindado que iba escoltado con guardias acomodados en el exterior del automóvil, tipo película americana. En Francia me han gritado improperios, me ha ido para arriba con cascos de motocicletas, me han vapuleado, a mi esposo, el cineasta Ricardo Vega lo han golpeado con manoplas en una manifestación frente a la embajada de Cuba. Sin contar los mítines de repudio y detenciones que sufrió mi madre en Cuba, tras mis constantes declaraciones.

No he sido la única. Recuerden el mitin de repudio a María Elena Cruz Varela en Cuba donde le hicieron tragar sus poemas, y en Madrid, en Casa de América, donde le lanzaron huevos y quisieron golpearla. Al parecer los latinoamericanos que allí estaban confesaron después off the record que les habían pagado por participar en el linchamiento. A Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez le orquestaron mítines de repudio en Barcelona, en varios lugares de España y de otros países, e inclusive, cuando se encontraba en los restaurantes, alguien se le enfrentaba, interrumpía su comida o cena, para escupirlo y llamarle de todo.

Creo recordar que más o menos lo mismo hicieron a Reinaldo Arenas en algún recinto norteamericano, mientras daba una charla. Como también le han hecho a la periodista Tania Quintero en Suiza. Y seguramente a muchos otros escritores, periodistas, cubanos opositores que han querido sencillamente testimoniar sobre la tiranía castrista les ha sucedido igual.

En medio de todo eso, lo primero que hay que tener claro es que lo esencial, el objetivo principal es impartir la conferencia, y que esta se desarrolle lo más calmadamente posible, que la gente se lleve la impresión de que la noticia es el tema tratado, que lo que se ha dicho, es lo que vale, y no convertir una realidad personal en noticia, haciendo de este modo que se olvide o quede en un segundo plano el verdadero objetivo: hablar de la realidad de Cuba.

Yo he estado en cuatro oportunidades en Brasil, en varias ciudades. He visitado y he trabajado en las favelas o comunidades; pese a que entre muchas de las personas que allí se baten cada día por acabar con la violencia, la droga, y por instaurar la paz y desarrollar la educación y la cultura, la gran mayoría es de izquierda, se comprende el tema alrededor de Cuba y han respetado lo que he dicho abiertamente allí, en donde me he manifestado  en contra del levantamiento del embargo americano, explicando por qué es necesario ese embargo, y contándoles del racismo que hay en mi país, de la violencia, de las drogas, pero sobre todo de lo que sucede desde hace 54 años en Cuba. Acercándolos a través de sus realidades a la mía nos entendemos mejor. Ha habido personas agresivas, sí, pero siempre he estado sumamente protegida, y nunca he dejado de dar mi conferencia.

De más está decirles que yo también creí que sería positivo levantar el embargo, eso lo creí a principios y mediados de los años noventa, tras la Caída del Muro de Berlín, pero estudiando bien por mí misma la situación rectifiqué de inmediato. El embargo norteamericano no constituye una injerencia en Cuba, el embargo norteamericano es el derecho que tiene ese país a ripostar frente al embargo masivo que si hizo el castrismo de los bienes de ciudadanos americanos, de las compañías y empresas norteamericanas que habían invertido a largo plazo en Cuba.

Como en el caso de Sudáfrica, el embargo norteamericano condena el Apartheid del que son víctimas los cubanos. Y todos conocemos que ese embargo fue positivo y definitivo para conseguir la libertad y la democracia en aquel país.

Durante la Feria del Libro de Paraty, en Brasil, el año pasado, se dio una situación novedosa para mí. El escritor con el que me tocó dar mi conferencia es un pro castrista solapado. Haitiano, vivió en Miami, no en Cuba, y en la actualidad vive en Canadá. Antes de dar mi conferencia le plantee mi preocupación de nuestros diferentes puntos de vista sobre Cuba, y me aseguró que no tenía de qué preocuparme, que él estaba de acuerdo conmigo en la mayoría de las cosas que yo planteaba. Pero en la noche de la presentación advertí que una especie de complot se había urdido en m contra, una claque en el público aplaudía sus palabras mientras que cuando yo hablaba ni siquiera atendían. Me di cuenta que estaban boicoteándome porque el mismo escritor también lo estaba haciendo, y que todo había sido preparado de antemano. Ha sido lo más violento que he podido soportar, porque hay más violencia en esto, cuando nada puedes hacer, ni probar, cuando no es visible la agresión. Salí de allí bastante airosa, sin embargo, y pude pasar mi mensaje literario y político, cuando me tocó hablar de ello. Desde luego, lo primero que me pidieron antes que comenzara la conferencia fue que no hablara de política. Lo que desobedeció antes que yo mi partenaire, puesto que él no se cansó de deschavar en contra de los Estados Unidos y mientras más lo hacía más aplausos recibía, haciendo el payaso, y sacando tajada y capitalizando su postura.

Al finalizar, varias personas se me acercaron para disculparse por un público tan displicente y con toda evidencia sumamente hostil en mi contra. Poco a poco, en las siguientes intervenciones, y durante mi lectura de clausura, me fui ganando a ese público, al que podrán engañar por un tiempo, pero no por demasiado tiempo. La actitud personal de uno incidirá en sus reacciones posteriores. El público brasileño es respetuoso con aquellas personas que muestran una coherencia, una obra trabajada durante años, y sobre todo a los que sin desvirtuar su verdad saben explicarla y convencer. Nunca se me ha ocurrido, por supuesto, tratar de terroristas a las personas que tienen todo su derecho a protestar en contra mía y de quien sea. Porque en el mundo libre y democrático esas protestas no solo deben ser permitidas, son necesarias. Con ellas se descubre el rostro que menos nos gusta de una sociedad, el de la intolerancia. Nada de eso tiene que ver con el terrorismo. Con el que secuestra, tortura y asesina. Esto debe de quedar claro.

Hace tiempo fui testigo de otro caso todavía más curioso. Un individuo que nos frecuentaba quiso que inventáramos una agresión, y que yo le dijera a un periodista que tanto él como yo habíamos sido agredidos físicamente y que a él y a su esposa también los habían amenazado de muerte. Al instante me negué a ello y al punto lo aparté de mi vida, no tan rápido como hubiera querido, pero así fue. Cuando le pedí explicaciones de por qué necesitaba de semejante mentira, me comentó que no solamente para que le publicaran un artículo en Le Monde, además para que los que en Cuba organizaban la unión de toda la disidencia lo nombraran su representante en Francia. Me quedé de piedra. No dudé ni un segundo, después de conocer más sobre su vida y de sus acciones pasadas en Cuba y en el exilio, que por encima de todo lo que aquel sujeto anhelaba era que yo le hiciera la pala, porque el mismo castrismo le exigía que se destacara más como supuesto exiliado.

De modo que cuando veo a una persona en el centro de la noticia invariablemente, reclamando precisamente lo mismo que pide la tiranía, coincidiendo con sus demandas, sinceramente, no solo desconfío, tengo la certeza de que algo huele a podrido. Y por último, el egotismo de una cierta oposición cubana ya es desastroso. Ahora exigen líderes por encima de todo, como si no tuviéramos ya lo suficiente. Pero claro, en lugar de oírse a sí mismos internamente y construir una estrategia o decidir por fin aliarse a los que ya la concibieron desde hace años prefieren usar las viejas estrategias de los que no pueden comparar lo que ellos vivieron (por ejemplo Lech Walesa) con lo que han vivido los cubanos, a los que la iglesia ha abandonado a su suerte, no sólo económicamente, sobre todo moralmente, lo que no hizo la iglesia con Solidarnosc. Lech Walesa debiera recibir a otros cubanos que se expresen diferente a como habla el castrismo y exigirle a la iglesia que apoye a los verdaderos líderes, que él sabe bien que han estado en las cárceles y que siguen en las cárceles; como es el caso de Antúnez, de Biscet, de Sonia Garro, de Ramón Alejandro Muñoz, entre otros.

El problema de Cuba cada día se enreda más, y las posibilidades de ver a nuestro país libre, democrático, soberano, se esfuman en una especie de bruma confusa y turbia donde predominan los intereses individuales. Es la razón por la que mis fuerzas se agotan, y por lo que siento una profunda decepción y desprecio por esos falsos ídolos fabricados a la medida del castrismo por tirios y troyanos.

Yoani Sánchez en Brasil ha ido del repudio a la evidencia de cuáles son sus intereses y quiénes están detrás de ellos. Que Yoani Sánchez reclame en el Congreso brasileño el levantamiento del embargo, la libertad de los Cinco Espías Terroristas, y que se refiera tan campante a la “ilegalidad” de la Base Naval de Guantánamo, da verdadera vergüenza, aunque no sorprende, personalmente esperaba que así fuera. Que lo haga a apenas cuatro días del aniversario de la muerte de cuatro jóvenes en el Derribo de las Avionetas de Hermanos al Rescate y a pocos días de otro aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, y el mismo día en que se cumplen siete meses de la muerte de Oswaldo Payá y de Harold Cepero, y a pocos días del deceso de Roberto Antonio Rivalta Junco de 44 años, quien murió el 16 de febrero, después de una prolongada huelga de hambre que inició el 10 de enero, pues le faltaba un riñón y estaba enfermo de tuberculosis, resulta inadmisible. En cuanto a que los políticos brasileños la vean ya como la que “comandará” Cuba en breve, no sólo es una injerencia inaceptable, es una falta de respeto al pueblo cubano que no la ha elegido del mismo modo que no ha elegido a los Castro.

Zoé Valdés.

 

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Escritora, artista.

33 Comment on “Del repudio a la evidencia.

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