No como miedo.

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En varias ocasiones sentí mucho miedo, miedo causado por la tiranía castrista. Esos momentos prosaicos y tenebrosos sucedieron dentro y fuera de Cuba. Fue un miedo frío, que me entrecortó la respiración durante semanas, y que me mantuvo desganada durante meses, uno de esos instantes aconteció cuando me botaron de la universidad, pero mucho antes cuando mi madre me dijo que mi padre había caído preso, y que no debíamos decirlo a nadie, que aunque él no vivía con nosotros eso podía ser contraproducente para mis estudios y para su trabajo. Debimos hundirnos en el silencio. El primer miedo silencioso, ese primer miedo agudo que nos fragiliza tanto física y mentalmente.

Después ocurrió fuera de Cuba, cuando una persona muy querida me invitó a que me quedara en Francia en los años 80, y que no volviera a Cuba nunca más, tratamos de hacerlo, de organizarlo todo a escondidas, y esa persona desapareció, y no pude quedarme, sin su ayuda era imposible. Al miedo de dejarlo todo, de dejar abandonada a mi madre, dejar atrás a mi país, para no volver nunca, se añadió el miedo a que descubrieran mis planes, que no fueron descubiertos por fin, y que compartí solamente con un amigo, fiel hasta su muerte.

Desde que he venido vertiendo en este blog mis opiniones y opiniones de otras personas sobre algunos reformistas cubanos (a partir de ahora no los llamaré más disidentes) he recibido insultos, calificativos insospechados, y amenazas de todo tipo, como en los más desagradables mítines de repudio orquestados en Cuba, padecidos por mi madre tras mis primeras declaraciones en el exilio, pero esta vez bajo seudónimos y protegidos por la impunidad y la cobardía con las que se actúa en internet.

Pero eso no ha sido lo peor, lo más inesperado es que hace unos días me negaron una publicación, una traducción, por la sencilla razón de que una de las personas que allí trabaja deplora mis críticas a los reformistas cubanos que pretenden que la dictadura del raulato está haciendo cambios y que seguirá haciéndolos. O sea, ya me han vetado un trabajo en Europa, por esta razón. Como mismo sucedía en Cuba y me ha sucedido en Europa por criticar al castrocomunismo me están cerrando las puertas, no solamente por criticar al castrismo, además por criticar ahora a sus reformadores. Lo que ya empieza a afectar mi obra como escritora, censurando la difusión de mi trabajo. En esta acción de silenciamiento están involucradas cubanos supuestamente exiliados.

De contra, ya algunos me han llamado para, de manera discreta y sinuosa, indicarme que deje de decir lo que no debo, que me calle, que estaré más cómoda así. En dos emailes dos personas me condicionan su amistad a las críticas que yo hago, tendré que deducir que los había sobrevalorado como intelectuales y como amigos; y en otros emailes otros me expresan claramente su desacuerdo y me comentan que no contarán conmigo para actos en relación a la libertad de Cuba si sigo fomentando la desunión. Nunca he llamado a nadie para proponerme como participante en ningún tipo de acto político, siempre han sido ellos los que han necesitado de mi nombre, de mi presencia como escritora. Por lo tanto, sigan con sus actos, que yo sigo con mi obra.

Bien, yo en ningún momento he dicho que ustedes deben desunirse de quienes quieran -aludo a los lectores de este blog-, como tampoco he expresado que los reformadores deberían de callarse, o cambiar sus pensamientos y razonamientos y adaptarlos a los míos o a los de otros. Cada cual tiene el derecho de pensar, decir, y existir como lo desee, como también los escritores tenemos el derecho de escribir sobre lo que nos venga en ganas. La literatura es subversión, escribió Gilles Deleuze, lo suscribo y añado que la crítica es una forma de avivar el pensamiento a través de la política, de la crítica social, de la experiencia literaria.

El modelo totalitario creado por los comunistas se ha ido imponiendo triunfalmente en el mundo bajo otras máscaras, socialismo, ultraderecha, ultraizquierda, y la Caja Idiota (nombrete a la TV que no se lo di yo). No quiero ese modelo para mí ni para mi hija. Espero que ella pueda cambiar el mundo de otro modo, a través del arte, y a través de la razón, del amor, del deseo, de la belleza.

Vivimos en un mundo de carneros, donde lo que importa es la ceguera que provoca la fama ganada fácilmente, una fama inventada por otros para cumplir sus fines politiqueros y al final llenarse los bolsillos ellos y explotar a los demás. A mí podrán tumbarme contratos, afectarme económicamente, ya me lo han hecho los castristas, los procastristas y ahora lo acaban de hacer los pro-reformistas del raulato, pero jamás podrán empobrecerme el alma, ni el espíritu, ni me harán esclava del sensacionalismo y del espectáculo, por muy liberal que éste se considere, si a la larga sigue siendo lo mismo, una reforma solapada del comunismo y del totalitarismo.

Así que sigo en esto, y cuando ya no quede nada, ni nadie, quedarán mis libros, quedará mi blog (iniciado en el 2004), y si me tumban el blog definitivamente como están tratando desde hace rato desde la UCI en Cuba, desde las plataformas reformistas que han creado con el dinero de mis impuestos, impuestos que ellos jamás han pagado, y ahora desde fuera en alguna parte de Europa, sepan que quedarán, lo repito una vez más, mis libros, y mi posición, la que algunos cuantos recordarán. Conque la que recuerden los pocos amigos verdaderos que poseo y mi familia me basta.

Y les reitero, yo sí que no como miedo. Porque a mí se me acabó el miedo cuando tuve un arma apuntándome en la cara. Era una mujer, una guardiana desafiante del totalitarismo, y no ocurrió precisamente en Cuba. Les diré algo más, yo he sido más perseguida fuera de Cuba, y me han hecho más mítines de repudio en estos 18 años de exilio, que en Cuba, y por enfrentarme al castrismo de forma radical, como también me he enfrentado a los totalitarismos de todo tipo, de derechas como de izquierdas. De modo que se me ha quitado el miedo de forma también radical. No como miedo.

Zoé Valdés.

En este blog se seguirán publicando las críticas que las personas que yo respeto sigan enviándome, y las mías. El que quiera dar una opinión adversa está en todo su derecho de abrir un blog o de ir a comentar a los blogs con los que simpatice, y donde la mayor parte de las veces a mí no me pasan los comentarios. Gracias.

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Fotos Ricardo Vega. En la Avenida de Champs-Elysées en París.

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