Foto Pedro Portal

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Por Ernesto Díaz Rodríguez
Secretario General de Alpha 66
Para quienes durante muchos, muchísimos años hemos venido entregando lo mejor de nuestras vidas a la causa de la libertad de Cuba, los recientes cambios efectuados en la cúpula del más alto poder por Raúl Castro, heredero político del tirano mayor, no deja de ser una medida demagógica. No es en la búsqueda de un destino mejor a la población que surge este nuevo nombramiento de Miguel Díaz Canel como vicepresidente primero del régimen comunista, sino en función de garantizar la preservación y los privilegios de la tiranía. Por esa razón no hay espacio para el reconocimiento y la aceptación, ni para abrigar la más simple esperanza de que el tirano de turno aspire en realidad a implementar cambios que alivien las inquietudes y contribuyan a poner fin a las miserias generalizadas y las ansias de libertad del pueblo de Cuba.
Durante más de 54 años los que ordenan y mandan en nuestro país sólo se han preocupado de multiplicar sus riquezas, de ampliar los espacios del terror y de impunidad a sus atropellos y crímenes. Triste es la realidad de que han tenido la indulgencia de la comunidad internacional, fundamentalmente de los inversionistas extranjeros, que usualmente asumen actitudes de indiferencia, cuando no de abierta complicidad, en vergonzosa función de sus intereses económicos. Algún día, cuando hayamos conseguido que Cuba sea libre y se hayan restituido las instituciones democráticas, el derecho a la propiedad privada y el respeto absoluto a la dignidad plena del hombre, habrá llegado el momento de saldar estas cuentas, y de hacer una valoración equilibrada y justa no en acto de venganza sino en función de dar a cada uno de esos insensibles colaboradores lo que por sus mezquinas acciones cada uno de ellos merece.
Raúl Castro ha nombrado a uno de sus incondicionales virtualmente como su sucesor en el trono. La pregunta es si sobrevivirá, si continuará gozando de este encumbrado apoyo, nada dignificante para una persona honrada y sensibilizada con el bien común, o si antes del ocaso definitivo de Castro II haya tenido que enfrentarse a las mismas desventuras que los encumbrados Carlos Lage y Felipe Pérez Roque. A pesar del servilismo e incondicionalidad registrados en el historial de Miguel Díaz Canel, es probable que 5 años sea demasiado tiempo para sostenerse entre los intocables malabaristas de la cumbre gobernante.
Para Alpha 66, la sucesión asignada por el tirano de turno, sin consulta previa de la población no tiene ningún acto de legalidad y mucho menos significa un avance de prosperidad, ni cambio alguno que no sea en función exclusiva de los intereses y supervivencia del régimen. Nuestra meta es mucho más que una simple aplicación cosmética en el enlodado rostro de la tiranía. Luchamos y continuaremos luchando sin componendas viles ni claudicación alguna,  porque en esos principios fue forjada y se sostiene  nuestra organización, hasta la erradicación total de las corrompidas estructuras del régimen comunista de Cuba.
¡Ánimos y adelante! No perdamos la fe, porque las causas justas más temprano que tarde tienen su recompensa. ¡Ánimos y adelante! Por una Cuba sin cadenas ni yugos, libre, democrática y feliz. Alza tu voz  y sostén con valor la bandera de la dignidad y la intransigencia, junto a tus hermanos de ALPHA 66.
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Escritora, artista.

3 Comment on “La bandera de la dignidad. Por Ernesto Díaz Rodríguez.

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