Ramón Unzueta: Los cordones desabrochados.

A veces salíamos juntos hacia el mediodía, escapados de la escuela, a desandar los bulevares habaneros, abrazados, sudorosos, hambrientos; él con los cordones de los zapatos desabrochados, pisándoselos. Yo tratando de corregirle el defecto. En uno de esos cumpleaños en los que la escasez nos arrebataba el deseo de hacernos buenos regalos le compré a él y a Ena dos libritos infantiles, el suyo muy apropiado.

Nos quedábamos embobados frente a las vitrinas de las tiendas, en aquellos portalones repletos de gente ansiosa, no había nada que mirar, salvo nuestros rostros, haciéndonos muecas mutuas, bizcos, sacándonos la lengua, riéndonos de nosotros y de los rostros de los paseantes que nos observaban aturdidos como si fuéramos turulatos o ¡comemierrrrrdas!, de ese modo nos llamaban menospreciando nuestra alegría, adolescente la suya, la mía joven e inmadura.

-Todavía él es un niño, se le acepta, pero a tí, tan zangaletúa, ¿no te da pena? ¡Inmadura! -rezongó una comisaria de la risa.

Él siempre pareció un niño.

Nos reíamos todavía más.

Una tarde estábamos en la cola de la pizzeta a 1,50 en el Bulevar de San Rafael y él hizo una de sus maldades, amarró el cordón de su colegial vaquetetumbo al cordón de uno de mis tennis negros de seis pesos, aquellos que embadurnábamos de betún, siendo de tela, para no tener que lavarlos y para que nos duraran más. Al final teníamos que botarlos intactos de la peste a chicote que cogían.

Cuando di un paso adelante advertí su broma, pero lo dejé hacer, compramos las pizzetas y caminamos todo el trecho del Bulevar de San Rafael hacia el Parque Central anudados por los pies. La gente no entendía. Esa gente nunca nos entendió.

Zoé Valdés.

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En el Teide, filmando un cortometraje con Ramón Unzueta y Ricardo Vega.

Filmando un cortometraje con Ramón Unzueta y Ricardo Vega en el Teide, Tenerife, en 1997. Fotos Montxu Unzueta y Enaida Unzueta.

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En el cortometraje intervinieron también Attys L. Vega Valdés, y como coproductores la familia Unzueta-Chávez. No sé si alguna vez veremos el cortometraje, pero al menos aquí están las fotos.

Ramón Unzueta Chávez (La Habana, 1962-Tenerife, 2012).

El pintor cubano Ramón Unzueta falleció el 5 de octubre en Tenerife. En lo que me concierne, Ramón Unzueta era mi mejor amigo, un cómplice de lecturas, arte, cine y símbolos; y también mi confidente más íntimo. Era, más que todo eso, como un hermano pequeño, un niño eterno.

Cumplió 50 años el pasado 14 de julio. Nunca le hizo mal a nadie, era un hombre bueno y discreto.

Le sobreviven su madre Enaida Chávez, de 82 años, su hermana, Enaida Unzueta, su musa, la principal promotora de su obra, mi mejor amiga. Y también su tía Mela, sus primos. Y tantos buenos amigos, amantes y coleccionistas de su obra.

Ramón Unzueta era un inmenso artista, un genio inigualable, “un poeta del pincel”, como lo describió Attys L. Vega en un poema que recién ha escrito. Nuestros encuentros familiares desde hace dos décadas eran siempre distintos y únicos: en Tenerife como en París, en Miami, en Madrid (firmando libros juntos en la Feria del Libro, fue el ilustrador de mis dos libros infantiles editados). Nuestros mejores y más felices momentos los pasamos compartiendo el cine de Hollywood, las películas desde los años veinte hasta los cincuenta, en la sala de su casa o en la mía, adorando a Bette Davis (su actriz amada), a Marlene Dietrich, a Joan Crawford, a Mae West, entre muchas otras… Y descubriéndonos durante toda la vida pintores y artistas, lo que compartíamos los tres, Ena, él y yo.

Fotos en mi estudio-atelier de Ena y Rami en Cuba, y de todos nosotros en mi primera visita a Tenerife. Segunda foto hecha por Ricardo Vega.

Nuestra gran amistad empezó en La Habana, cuando él era un niño (nunca dejó de serlo) y yo una adolescente que estudiaba con su hermana. Su vida iluminó la mía desde el día que entró por la puerta de su casa en la calle Lealtad, de regreso de la escuela, y yo estaba sentada en un butacón de la sala, conversando con su padre, mientras Ena, su hermana, recogía algo en el cuarto para irnos a montar bicicleta por toda La Habana (en una época en que poco se veían las bicicletas en la ciudad). Su presencia nunca dejará de proyectar sobre mí esa luz que emanaba de su ser, un ser extraordinario, sincero, sencillo, secreto, cultivado, y sabio.

Rami y yo. En La Habana Vieja de principios de los años 80.

Ramón Unzueta me inspiró siempre, él y su obra son una constante en mis poemas, novelas, artículos.

Comprenderán que escribir estas palabras significa para mí un pesar enorme y muy intenso. Llevo días padeciendo un sufrimiento indescriptible, aunque tratando de entender lo sucedido, que no es más que entender la rareza de la vida. Y queriendo apoyar junto a Ramón Ceberio y sus vecinos, a su madre y a su hermana.

El amor entre Enaida y Rami fue y será infinito e indestructible. Ella estuvo a su lado hasta el último instante. Como supondrán, su madre y ella están inconsolables. Todos estamos destrozados.

Rami y yo en el Malecón habanero, 1979. Foto Enaida Unzueta.

Esa complicidad que tuvimos Rami y yo la heredó mi hija (Ena y él son sus padrinos de confirmación). Los unía la infancia eterna, el amor por el cine, la música, y un gusto exquisito por la aventura.

LE POÈTE DU PINCEAU

Le poète du pinceau
a tracé son dernier trait
Et sa ligne de vie
comme la bobine d’un film
revient en arrière
dans mes souvenirs
Le poète du pinceau
L’éternel enfant,
a traversé sa toile
tissant de ses pieds, ses mains
son Grand Retour
Le poète du pinceau
L’acrobate immobile,
Le funambule rêveur,
A peint
Un film muet.
Il est un scénariste
de la couleur,
Un musicien
du tracé,
Un chef opérateur des contours…
Ses portraits,
Regard caméra,
me demandent de venir
de l’autre côté de la toile.
Cet écran figé,
Ces vies parallèles,
C’est lui,
le poète du pinceau,
qui m’appelle.

Attys L. Vega

En su último viaje a Tenerife en el 2010, durante las vacaciones Luna le hizo este filme (cliqueen aquí) para la exposición que presentamos posteriormente en nuestra galería Ars Atelier en París.

Con anterioridad el cineasta cubano Ricardo Vega, a quien Rami admiraba y quería profundamente, también había hecho un documental con él para la Serie (cliqueen aquí) Un pintor, cuadro. Fue filmado en La Herradura, Andalucía, durante unas vacaciones que pasamos juntos.

En una de nuestras primeras visitas a Tenerife en 1997 filmamos juntos un cortometraje titulado El dibujante de dunas, basado en un cuento mío, publicado en El Semanal. El cortometraje fue dirigido por Ricardo Vega, producido por Enaida Unzueta, Ramón Ceberio y nosotros. Y su estreno se hace hoy aquí. Véanlo también en el blogroll, en la Sección Cine y Video.

Muchas más cosas debería contarles de nuestra amistad, pero como saben soy yo sola quien hace este blog, y he tenido que armarme de serenidad para poder mantener una coherencia y fidelidad ante la perfecta coherencia y fieleza de la vida y la obra de mi amigo.

Precisamente, durante su enfermedad, y ya casi al final, sus palabras, entre otras frases a su hermana fueron: “Todo ésto es de una gran coherencia”.

Ramón Unzueta falleció en la madrugada del 5 de octubre, en Tenerife. Su diva predilecta, Bette Davis, había desaparecido físicamente el 6 de octubre veintitrés años atrás.

Sí, Rami, todo es de una asombrosa y perfecta coherencia. Una coherencia que no podremos sobrepasar en mucho tiempo. Pero también de una insoportable injusticia.

Tomé el primer avión desde París, con escala en Madrid. Llegué a Tenerife temprano en la mañana del día 6. En el aeropuerto me esperaban Ena, desconsolada, y Ramón Ceberio, sumamente entristecido, y sosteniéndonos. De ahí nos dirigimos a buscar las cenizas en el Tanatorio. Sus cenizas reposarán junto a las de su padre y su tío Anselmo, en el pequeño cementerio de Carranza, en España, adonde acompañé a mi amiga Ena a llevar las cenizas de su padre. Ayer, ella, Ramón Ceberio y yo tomamos el mismo avión hacia Madrid. En Madrid nos separamos. Ellos hacia Bilbao y yo hacia París.

Hoy, mi amigo, ya estará allí, frente a los bellísimos prados de Carranza, conversando, imaginariamente para mí, con su padre, como lo hacían en el taller de carpintería de Ramón (su padre, que también era pescador) cada mañana, mientras bebían un café fuerte colado por Enaida (su madre) mirando hacia las áridas montañas del sur de Tenerife, desde Los Cristianos.

Descansa en paz, mi Rami (to) de amor, como yo te llamaba.

Zoé Valdés.

Galería Ramón Unzueta en Miami creada y llevada por Enaida Unzueta.

Con Rami, Luna y Ena, en Miami. Foto Ricardo Vega.

Ramón Unzueta y yo en trottinette por Paris. Foto Ricardo Vega.

Sobre Ramón Unzueta en este blog.

Ramón Unzueta en París. Foto Ricardo Vega.

Rami, en su primera exposición personal en París, en la librería Les mots à la Bouche, en el Marais. Foto mía.

Ricardo, Rami y yo, en su primera expo personal en París, en la librería Les Mots à la Bouche. Foto Attys L. Vega.

Ena, Rami y yo, en Miami. Foto Ricardo Vega.

Uno de los retratos que me hizo Rami, en el salón de la entrada de mi casa

Amistad, escrito el 5 de noviembre. 

Abanicos en Miami sin Cepp Selgas, sin Clara Morera, sin Ramón Unzueta.

Hace unos días anuncié aquí una exposición de Abanicos que se ha inaugurado en Miami. Me dio mucha alegría ver abanicos de grandes nombres de pintores cubanos del exilio, y menos alegría ver pintores que viven en Cuba y se pronuncian a favor del régimen y hasta lo representan (pero eso es lo que trajo el barco). Lo que dice muy bien del sentido aperturista de Miami (ciudad a la que algunos de esos pintores llaman “mafiosa”), aunque desafortunadamente los curadores obviaron a pintores que siempre, durante toda su vida, han trabajado con su obra el tema de los abanicos, como son Cepp Selgas, Clara Morera, y Ramón Unzueta, por solo mencionar a tres artistas amigos, a los que admiro por su obra, y de la que soy amiga debido a esa admiración.

Además, los tres son exiliados verdaderos, pagan impuestos en Estados Unidos, tanto Selgas como Morera viven en Estados Unidos, y Unzueta posee una galería con su nombre en Miami desde hace nueve años, en la Calle 8. Pero por encima de todo son grandes pintores, e inmensos artistas.

No comprendo mucho este tipo de selección, sin invitarlos ni mencionarlos a ellos, que tanto han trabajado el tema que se toca en esta exposición.

Zoé Valdés.

Retrato de Zoé Valdés. Tocado en forma de abanico. Cepp Selgas.

Abanicos de Clara Morera

Los juegos prohibidos de Oshun. Falda en forma de abanico. Cepp Selgas.

Personaje central en forma de abanico. Clara Morera.

Elegguá en forma de abanico. Cepp Selgas.

Portada de la Revista Ars Atelier City con uno de los abanicos de Selgas

Selgas Alabbi con abanico

Portada de Los Misterios de La Habana de Zoé Valdés en Francia, otra Oshún con falda en forma de abanico. Selgas.

La locutora con abanico. Ramón Unzueta.

Joven marinero con cuello de abanico. Ramón Unzueta.

Empolvado con abanico. Ramón Unzueta.

Lola la sardina. Ramón Unzueta.

Las obras expuestas en este post se exhiben o se exhibieron en Ars Atelier, algunas forman parte de mi colección particular, salvo el Alabbi de Cepp Selgas que se encuentra en la colección del Alcalde de París.

‘El Acuerdo’, en Unzueta Gallery. Ramón Unzueta.

UNZUETA GALLERY

LES INVITAMOS CORDIALMENTE A LOS “VIERNES CULTURALES” EN LA CALLE OCHO DE LA PEQUENA HABANA

EL PROXIMO 28 DE OCTUBRE A PARTIR DE LA 7:P.M.

UNZUETA & UNZUETA

UNZUETA GALLERY

1607 SW 8 ST

Miami, FL 33135

(305) 788 5250

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