Con la cruz y la espada. Por Ondina León.

Con la cruz y sin la espada. Por Ondina León

Finalmente, según han informado los medios de difusión masiva, su “majestad” el Cardenal Jaime Ortega y Alamino no pudo reunirse con las Damas de Blanco “porque estaba indispuesto”. ¿Qué le pasó? ¿Habrá tenido retortijones de conciencia por los servicios que le está prestando a la dictadura castrista? ¿Acaso habrá sufrido algún cólico ético? ¿O se le volvió a congelar su mejor sonrisa de hiena, esa que se acuña en presencia de los capos de la mafia caribeña en sus salones de mármoles?  ¿O se habrá retirado a rumiar, otra vez, los horrores que disfrutó en los campos de concentración de la UMAP, en la década de los años 60? ¿Se curará nuestro cura mayor antes que las turbas vulgares de los Castros cometan un crimen irreparable con las mejores mujeres de Cuba?

Después de hacerse jirones la impoluta sotana arrastrándola por medio mundo, como si fuera el iluminado embajador del castrismo, rogando ante los políticos para que los Estados Unidos levante el “embargo” contra Cuba; luego de ser cómplice de los socialistas españoles en la operación que terminó en el destierro de los presos políticos cubanos de la Primavera Negra, ahora, nuestro “líder espiritual”, teniendo un absoluto conocimiento de cómo está exacerbada la represión contra su rebaño, a tono con las “reformas” raulistas,  está dudando involucrarse o no en la protección a las Damas de Blanco. Una vez más, la alta jerarquía de la Iglesia Católica Cubana, que vela más por sus propios intereses que por sus fieles, hace una genuflexión ante la soberbia del poder castrista. La milenaria institución, que ha llegado hasta nuestros días gracias a la represión, la inquisición, la tortura, el diezmo y la explotación de almas, los dogmas y una capacidad camaleónica infinita, ha vuelto a mostrar su esencia falocéntrica, dictatorial, excluyente y mafiosa. Porque de eso se trata: negocios y transacciones entre dos mafias, la castrista y la católica, como siempre.

¿Hay alguna esperanza, entonces, de que la iglesia cubana pueda servirle de escudo a estas amazonas de blanco? Depende de lo que se esté tejiendo entre bambalinas y de la agenda política que tengan los jerarcas “espirituales” y, ¡sí, cómo no!, Washington. A lo mejor, logran que se suavicen un tanto las golpizas a cambio de que las damas sean menos aguerridas y no sigan pidiendo libertades, que sólo muestren la cruz de sus penas y que renuncien a la espada de sus voces y sus flores, y se dediquen a rezar pidiendo piedad. Pero dudo que ellas bajen la cabeza a estas alturas de la pesadilla y sus horrores, porque el cansancio existencial es mucho y el hambre de libertad y pan, demasiada en esta, la más aplaudida y longeva dictadura del mundo.

Y si fuera así, ¿habría algún trofeo para este clero que huele a podrido? Tal vez les dejarían construir alguna iglesita en el campo más recóndito, porque ni habrá escuelas católicas, que desafíen el monopolio del adoctrinamiento castrista, ni habrá programas de radio y televisión, para difundir los Evangelios, ni se harán misas multitudinarias en la Plaza de la Revolución, el escenario por excelencia de la incontinencia verbal del magno patriarca. Habrá que esperar para ver cómo evoluciona este proceso y confiar en las honrosas excepciones que pueda haber en el seno de la Santa Madrastra Iglesia ―¡si Pedro Meurice estuviera vivo!― para que exijan el cese de la brutal represión, esta que mata gorriones con cañones de odio.  Mientras, siempre tendré presente lo que mi abuela me decía de niña: “¡A Dios rogando y con el mazo dando!”. Porque hay que seguir dándole batalla al castrismo, en todas sus manifestaciones cancerosas, y con la frente muy alta, casi de cara al sol, como los buenos.

(Amabilidad de la autora).

Más artículos de ella en Guitáfora.

Sabina, El Sabio. Por Ondina León.

En Guitáfora.

Una pena, algunas de sus canciones son muy buenas. Pero estos se han entregado ciegamente a los brazos del castrismo. Sin embargo, a Joaquín Sabina no se le puede exigir lo que a Pablo Milanés, no es cubano. Aunque estoy absolutamente de acuerdo con Ondina León, que pedir de su parte un 15-M en Cuba, lo que estaría muy bien pero no tiene que ser con los mismos preceptos del 15-M, debería saber que significa, para una persona como él, pacifista, un baño de sangre. Porque él sabe bien que los Castro no van a andarse con contemplaciones como la policía española. Sin embargo, también estoy de acuerdo con Güicho Crónico, cuando dice en un comentario, que sólo el baño de sangre de los Castro, podrá limpiar tanta ignominia.

 

Tres opiniones sobre el concierto de Pablo Milanés en Miami. Por Ondina León, David Rivera, y Enrique Patterson.

En Carta abierta a Pablo Milanés. Por Ondina León. En Guitáfora. Blog de JoseEvelio Rodríguez.

El Congresista David Rivera, con Pedro Sevcec:

Milanés y el Concierto. Por Enrique Patterson.