PIERRE BONNARD (1867-1947)

A César Beltrán.

«L’art c’est le temps arrêté«, decía Pierre Bonnard, y en ese tiempo paralizado Pablo Picasso declaraba que Bonnard era el único artista que lo ponía incómodo, porque jamás él alcanzaría la maestría, la grandeza de Pierre Bonnard, el más clásico de los modernos. Contrariamente a muchos artistas, Pierre Bonnard no tuvo una vida difícil y los maestros de su época lo reconocieron enseguida, fue el caso de Toulouse-Lautrec, Gauguin, Monet, y con Matisse llegó a tener una amistad real y al mismo tiempo sublimada por ambas partes. Pese a que exponía con frecuencia en París, el centro de su pintura, y en ciudades tan importantes como Londres, New York, Zurich, Berlín, Chicago, Pierre Bonnard jamás perteneció a ningún grupo, se mantuvo solitario e independiente. Ningún movimiento artístico lo sedujo, no firmó jamás manifiesto artístico que se le presentara como condición de existencia, ni adhirió a nada como no fueran sus lienzos.

El tema de la pintura de Bonnard es el recogimiento, el silencio, y por si fuera mucho, los espacios cerrados, aún cuando estos se encuentran en pleno campo, los árboles ocuparán los límites propicios para delimitar las fronteras. Los encuadres de Bonnard son los de un cineasta, y no de cualquier cineasta, me atrevo a pensar que Orson Welles, entre otros, bebieron en abundacia de la luz y los contraluces de su pintura. Bonnard dobla el espacio como si se tratara de una hoja de papel, malea las figuras, disconforme con las perspectivas las sitúa según sus ángulos de deseo. Sus puntos de vista son exclusivamente los de Bonnard, sobrios y sombríos aún cuando la exuberancia de la luz los haga cenizas, es la razón por la que nadie irá a buscar en Bonnard a ningún otro pintor que no sea él, porque no existen reminiscencias de ningún otro en su obra, sólo el misterio Bonnard.

El Boxeador (1931) es un cuadro insólito, porque se trata de un autorretrato, con el torso desnudo, brazos replegados, puños crispados, rostro deformado y cabeza hacia delante. La asimetría del cuerpo confunde así como la boca caída del personaje, como si acabara de ser golpeado fuertemente y estuviera tambaleándose. El Boxeador fue pintado de amarillo, sus carnes son amarillas, del mismo color del fondo del cuadro, de paredes descascaradas y tan amarillas como la clara del huevo, y la piel también despellejada. Y sin embargo, pese a la piedad que inpira el boxeador, no hay para nada el más mínimo miserabilismo. Más bien entre el título y el tema de la obra se instala la ironía, la diversión, la risa, sin burla. Bonnard jamás pintó para burlarse. Bonnard hizo de los amarillos y de sus matices, los colores más inteligentes.

Bonnard amaba la fotografía, existen fotos de desnudos que le hizo a su mujer, Marthe, y a su modelo y amante Renée Monchaty, (poseo algunas de ellas). El mismo se retrató desnudo. Creo que esas fotos le sirvieron de mucho para los cuadros que realizó de Marthe y de Renée, ambas saliendo del baño, o en la bañadera, siempre en espacios caseros, íntimos, y recreando elocuentes desnudos.

En cualquier caso, ambas mujeres jugaron los roles más importantes en la vida del pintor, porque ellas definieron la vitalidad estilística de su obra. Conoció a Marie, que prefiere que la llamen Marthe, en 1916, es una joven muchacha enamorada; dos años más tarde, en 1918, se relaciona con otra joven Renée Monchaty, a la que hizo su modelo. Marthe se conviitió en su novia, Renée en su amante. En 1921 viaja con Renée a Roma, allí se instalan y la obra de Bonnard se llena de bocetos, dibujos, y del perfume al óleo de la amante. Una fuerza extraña los une, pero Pierre Bonnard ha prometido a Marthe el matrimonio, y él es un ser complicado, complejo, sería la palabra utilizada por los críticos, pero sobre todo un infiel fiel. El 15 de agosto del 1925 Bonnard se casa con Marthe, dejando a Renée Monchaty embarazada, según se cuenta; el mismo año, en septiembre, Renée Monchaty se suicida.

El suicidio, título de este cuadro de mi colección personal, y que tiene que ver con el suicidio real de Renée Monchaty, ocurrió de la siguiente manera. Renée entró en la bañera cubierta con pétalos de rosas amarillas, a un lado había una mesa con un libro abierto, y un jarrón con rosas del mismo color, se dio un pistoletazo una vez dentro del agua. La escena que encontraron fue con toda exactitud una puesta en escena de un cuadro de Pierre Bonnard. Premeditación que Renée Monchaty no pudo evitar, sólo para de alguna manera vengarse.

Entre 1926 y 1927 el pintor sucumbe a una depresión terrible, decide poner mar de por medio, y viaja a Las Antillas, pasa brevemente por Cuba. En 1927 pinta este cuadro, titulado Le suicide donde reproduce probablemente la última visión que tuvo Renée Monchaty de la vida: Una mesa, un jarrón con rosas amarillas, un libro abierto, él añade la pistola encima del libro, el arma que utilizó Mademoiselle Monchaty para matarse e intentar matar el mito de su presencia en la obra. Es un cuadro frío, terrible. Un cuadro que desdice la intimidad amorosa de toda la obra anterior. Es el cuadro que con toda intención pinta para exorcizar sus demonios.

Después de ese suicidio la obra de Pierre Bonnard no puede ser observada sin ese halo de leyenda trágica, aunque  se ha intentado borrar este episodio de la vida del artista, resulta imposible. Renée Monchaty está en toda su obra, en los momentos más dulces del amor que vivieron. Y los museos del mundo no podrán jamás deshacerse de esas estaciones magistrales del amor, del deseo, del delirio.

Zoé Valdés.

10 respuestas para “PIERRE BONNARD (1867-1947)”

  1. Excelente texto. Antologico. De acuerdo totalmente en la valoracion que haces de su obra. Que dicha de que cuentes en tu coleccion con esa pieza. Repito, antologica tu apreciacion.

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  3. Ave María, Zoé, me apabulla el honor que me haces. Recibo este texto como un trompón fraternotécnico que me fractura la jetattura. Una guagua Leyland llena de cariño (por Lealtad, Los Sitios).
    César

  4. Comenté antes que me sorprendió tu dedicatoria inmerecida. Gracias encarecidas y un abrazo.

  5. Gracias Zoé, por este acercamiento al maestro. Como sabes, el pintor es un personaje de mi novela Orlán Veinticinco y le tengo un cariño especial. No conocía lo del suicidio de la amante y ahora veré de otra manera la obra del gran Bonnard.

  6. «Pierre Bonnard jamás perteneció a ningún grupo, se mantuvo solitario e independiente. Ningún movimiento artístico lo sedujo, no firmó jamás manifiesto artístico que se le presentara como condición de existencia, ni adhirió a nada como no fueran sus lienzos.»
    ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿?????????????????????????????
    ¿Y la «faceta» suya como pintor nabi? ¿La ha dejado usted en el olvido?