LA NINFA INCONSTANTE DE GCI EN EL MUNDO.

La página cultural de El Mundo dedica a Guillermo Cabrera Infante y a su novela La ninfa inconstante, recién publicada por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, extensos artículos, vean el primero aquí, y el de Raúl Rivero aquí. No se pierdan lo que decía Guillermo Cabrera Infante de Jean-Paul Sarte, se lo oi decir en varias ocasiones, que tenía un ojo en el ser y otro en la nada, haciendo referencia a la bizquera del autor de El ser y la nada. Lo reproduzco porque al parecer no hay acceso:

 CULTURA
LA NOVELA POSTUMA DE CABRERA INFANTE / ‘La ninfa inconstante’, la novela póstuma del escritor cubano, llega a las librerías este mes / «Guillermo sabía que moría y escribió un texto que revisaba toda su obra», cuenta su viuda
Difunto, desamado y destilado
LUIS ALEMANYMADRID.-

Chico encuentra chica, chico pierde chica, chico recuerda chica… La vieja historia de siempre caía en manos del novelista cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) y se convertía en un texto lleno de música, color y sustancia.

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Por ejemplo: La ninfa inconstante, la obra póstuma y hasta ahora inédita del autor de Tres tristes tigres, que llegará a las librerías el mes que viene de la mano de Galaxia Gutenberg. Y cuidado, porque la edición de la novela tiene su historia.

«Guillermo empezó con La ninfa cuando ya estaba muy mal, muy deteriorado de salud y muy deprimido porque se acababa de morir su hermano Sabá. Al pobre Sabá lo habían destruido, lo acabaron mentalmente en Cuba, él que era un muchacho tan inteligente y tan artista… Guillermo llevaba sobre sus hombros el peso de la muerte y de la mala fortuna de su hermano cuando empezó esta novela».

Al otro lado del teléfono, se explica desde su casa de Londres Miriam Gómez, la viuda de Guillermo Cabrera Infante y la muñidora de La ninfa inconstante. «En un momento dado, Guillermo se dio cuenta de que se le estaba acabando la vida. Tenía que escribir en unos cuadernos, recostado, porque ya no podía ni sentarse. Las páginas que terminaba las arrancaba y las tiraba a un cubo. Por fortuna, fue siempre bastante ordenado y numeró cada cuartilla, así que, cuando murió, pude rescatar el relato».

«Sabía que se moría» Y así, frase a frase, hoja a hoja («y con la ayuda inmensa de Toni Munné de Galaxia Gutenberg»), emergió La ninfa inconstante. «Cuando pude leer el conjunto, me quedé muy sorprendida», recuerda Miriam Gómez. «Comprendí que Guillermo sabía que se estaba muriendo y que quería que esta novela fuese una revisión de toda su literatura. Es como si el texto dialogara con todas las obras anteriores de Guillermo».

 

Y en ese momento, el lector de La ninfa inconstante comprende que todas las pequeñas digresiones, los juegos de palabras y los solos de voz que llenan las páginas de la novela, tienen un sentido. «Los nombres de las calles, las horas a las que abren los bares, los cines a los que van los personajes», enumera Miriam Gómez… «Todo apunta a otros libros de Guillermo».

Por ejemplo, el paisaje. «Si se fijan, La Habana que aparece en La ninfa inconstante es la de 1957, a mitad de camino entre La Habana de Tres tristes tigres y la de La Habana para un infante difunto. Es la ciudad de los ensanches y las nuevas calles de Batista, la ciudad en la que se están retirando los tranvías…».

«¿Pero, ¿sabe una cosa?», se interrumpe a sí misma Miriam Gómez. «Esta es también la novela más inglesa de Guillermo. Está llena de alusiones a nuestra vida en Londres, a la literatura inglesa que le gustaba. El libro está lleno de detalles que apuntan a los poemas de Christina Rossetti, que era su poeta favorita en inglés, de John Ruskin y de Jonathan Swift. De Swift le encantaba un verso que decía Oh! Celia, Celia, Celia shits! (Celia caga). Y por eso hay un momento en el que el personaje de Estelita sale haciendo caca. Después, cuando estaba ingresado en el hospital, yo le leía versos de Swift, a ver si se podía dormir. ¡Y qué sorpresa descubrir que en su última novela había referencias a é! Y también está John Donne. De hecho, el nombre del personaje femenino, Estela, viene de un verso de Donne».

Bien, ya que aparece por aquí, hablemos de Estelita, la ninfa de Cabrera Infante, el motor que pone en marcha su última novela. «Hubo una chica que inspira el personaje de Estela en La Habana de aquellos años», recuerda Miriam Gómez. «Estoy casi segura de que la vi un par de veces, pero también creo que no era tan adolescente como aparece en la novela. De hecho, debía de ser un par de años mayor que yo».

Su retrato, en cualquier caso, es el de una niña de 16 años recién cumplidos, con la melena rubia, los tobillos un poco gruesos y la madrastra mala, como en los cuentos. Estelita tiene también una mirada clara que habrá de cruzarse con la de un crítico cinematográfico muy locuaz, un poco frustrado y con ganas de una buena catástrofe pasional.

«El esquema sentimental de La ninfa inconstante es el mismo que en casi todas las novelas de Guillermo», explica Miriam Gómez. «El hombre, al principio, es el supermacho que va a conquistar a la mujer; después, al final de la novela es ella la que lo ha utilizado a él».

Pues sí: el crítico de La ninfa inconstante empieza por desflorar a su ninfa y termina abandonado, hechizado y aturdido. Chico no entiende por qué pierde chica.

Y eso que el atractivo de Estela es difícil de aprehender. Es ignorante (se enfurruña cada vez que su amante amaga una conversación más o menos intelectual), se aburre y ni siquiera tiene mucho interés en el sexo. Un día, se quema la piel con un cigarro y se queda mirando la herida sin quejarse. «Más tarde descubrí que los psicópatas tienen el umbral del dolor muy alto», escribe entonces el narrador de La ninfa inconstante.

Es decir: Estela (que acaba la novela con el pelo cortado a lo chico, como si fuera una Jean Seberg camino del suicido) es un presagio de la generación de chicos guapos, pesimistas, apáticos y sartrianos que habrían de llenar el mundo en las siguientes décadas. «¡Guillermo conoció a Sartre! Y fueron muy amables el uno con el otro. Cuando se enfrentó con Dany el Rojo, Guillermo, Jean Genet y Juan Goytisolo fueron de los pocos que lo acompañaron… Otra cosa es que intelectualmente, Sartre no le interesara mucho. Guillermo decía que tenía un ojo en el ser y el otro en la nada». Y así no hay manera… «Pero que conste», puntualiza Miriam Gómez, «que Albert Camus sí que le interesaba, le parecía un autor mucho más claro».

«La novela es así: Guillermo puro. Con mucha música y mucho cine y con mucho contenido intelectual», explica Miriam Gómez. «El libro está lleno de citas y de invitaciones a pensar. Como Guillermo se analizaba, todos sus textos están llenos de un análisis constante de la mente de los personajes…».

¿Nos queda algún otro asunto que considerar? Sí, la nostalgia. «Pero Guillermo decía que la nostalgia era una puta. Se le paga y ella hace un servicio». No hay más que añadir.

1. Chico de provincias. Sus padres fueron presos políticos comunistas. Cuando era adolescente, la familia se instaló en La Habana.


G.C.I. PARA DESMEMORIADOS
 2. Artista adolescente. A los 18 publica su primer relato. Con 23, lo censuran por primera vez por obsceno.

3. Los años 50, en un cine. Empezó Medicina, lo dejó, hizo Periodismo y se colocó de crítico cine.

4. Llegó el comandante y… Al principio, Cabrera Infante abrazó la revolución. Pero Castro censuró un corto inofensivo de su hermano y llegó el desengaño.

5. A la cárcel. Para el 62, el desengaño se convirtió en reclusión y exilio en España, primero, y Londres, después.

6. Y en Londres… nació el novelista: ‘Tres tristes tigres’, ‘La Habana para un infante difunto’, el ensayista, el guionista de cine…

 CULTURA
LA NOVELA POSTUMA DE CABRERA INFANTE
Cabrera y la memoria impura
RAUL RIVERO

Anoche vi a Guillermo en el Wakamba. Pidió en la barra un pastel de manzana y un café con leche y, cuando se puso de pie para tomarse un expreso, una señora gorda y con catarro le quitó la banqueta. Cabrera Infante y el amigo que le acompañaba (el poeta Roberto Branly) salieron de la cafetería por una puerta casi secreta que daba a un cine. De ahí, a La Rampa, en pleno Vedado. A La Habana. A la vida.

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Por lo menos, a la parte de la vida que el escritor cubano cuenta en La ninfa inconstante, su novela póstuma que circula ya en España, editada por Galaxia Gutemberg.

La extraña aventura amorosa de Guillermo con una muchacha loca como los pájaros llamada Estela Morris, «que no es rubia sino rubita», y los caminos que recorren juntos en la Cuba de los 50, es el pretexto del autor para reinventar otra vez una parte muy querida de la ciudad, reconstruir calles, edificios y barrios. Para revivir una atmósfera que no pudo evolucionar y fue apagada como se apagan las velas, con un soplo de aire o como se deja la llama sin oxígeno, prisionera entre las yemas de los dedos índice y pulgar.

La historia, narrada en primera persona y habitada por personajes reales, tiene la compleja honradez de la autobiografía. Uno entra al asunto prevenido por el escritor de que puede haber hecho pequeñas reformas a la memoria -a su memoria-, que es donde tan sólo quedan huellas del episodio.

Se puede sospechar a veces de los sentimientos que pasan por el espíritu del personaje principal. Se puede poner en dudas la veracidad de sus reflexiones, pero el lector debe caer convencido ante los detalles del entorno, el poder de convencimiento de las descripciones de los lugares por donde pasan y viven su romance. Por la vitalidad y el aliento humano de la gente que rodea Estelita y al periodista enamorado que es (tiene que ser) el joven Cabrera Infante.

Al trabajo de restauración de La Habana del hombre de Tres tristes tigres hay que añadirle, fuera del valor de la historia contada, los aportes al idioma habanero, los rescates de nombres de establecimientos, personajes y filosofías.

Para muchos lectores, como es mi caso, la esquina donde estuvo la gran revista Carteles (Cabrera Infante fue su crítico de cine) y el ahora desvencijado restaurante La antigua chiquita, en la avenida de Carlos III, tendrán -pase lo que pase- unos nuevos fantasmas en sus techos.

La ninfa inconstante es un libro en el que sigue vivo el más puro Cabrera Infante y sus acrobacias con el idioma, con los lenguajes y con la literatura. Es un ensanchamiento de la arquitectura soñada de La Habana. Un libro con la banda sonora de los buenos boleros. Un bolero que, como se sabe, no es nada más que una balada en los alrededores de un plato de frijoles negros.

Cabrera Infante dice en el prólogo que no le interesa eliminar ni cambiar su pasado. Que necesitaba una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Con su máquina de escribir, en Londres, él hizo ese aparato mágico con el que resucita para volver a salvarnos de la mediocridad, el olvido y la sombra.

 

 

 

8 respuestas para “LA NINFA INCONSTANTE DE GCI EN EL MUNDO.”

  1. «Being and Nothingness»..jaja Que grande que fue Cain. Un retruecano insuperable.
    Saludos Zoe,

    Gerardo

  2. Zoé, ¿es posible que los links nos lleven a páginas sólo para suscriptores? No he podido acceder a ninguno de los dos.
    Me gustaría poder leer, al menos a Raúl Rivero.
    Un saludo.

    Quisiera saber si puedo mandarle a alguna dirección electrónica una foto. Sólo para que vea qué preciosas coincidencias.

  3. Perdonen la ausencia, pero he tenido un día de locos, corriendo de un lado para otro, preparando cosillas buenas, que creo les agradarán.

  4. Muy buenos los dos artículos, gracias, Zoé, y bellísimo, además, el de Raúl, el Bueno.

  5. Para muchos, el único camino de encontrar a aquel Infante en su Habana difunta… era el de escaparnos del tiempo y del presente continuo. ¿Cómo ser poeta y no exiliarse adentro de uno mismo?
    El cuadro siempre nos quedó muy cerca… -solo los cristales se rajan- y necesitábamos una ventana con vista, un espacio vacío para reconstruir por dentro la memoria consuetudinaria de nuestra ciudad y de nuestro país, correr todos los riesgos… el de la manzana en la cabeza, o el del naufragio de Gulliver, si de algo estábamos seguros era de que había que ‘huir’ del trafico de los baches y de las consignas, burlando con ausentismo el sentido del deber, con fraude académico a la composición obligantaria estilo ‘aquel fin de semana inolvidable’ y elegir… elegir aunque fuera de la música ‘el ruido’, de la patria ‘la balsa’ y de entre todas las formas posibles del exilio, la desesperación.
    Un balsero de generación asere.

  6. Puede que algunas ilusiones nos rebasen en el intento, pero la esencia de lo que somos no se marcha mientras escapamos, algo que aguarda y crece en la distancia, nos empuja por encima del gobierno de turno y de las leyes de paso para conectarnos con eso que en la escuela nos dijeron que era la patria.

    maylin. otra balsera. 😉

  7. Cada cual tiene su propia maestría en escapar y el exilio donde quiera que te agarre -ya sea en la casa, en la escuela, en el juego de pelota, en un bar o en Groenlandia…- implica de por sí otra categoría del espacio y del tiempo, por eso cuando se ‘embarajan’ los sueños para huir hacia adelante, uno comienza a ser ciudadano del mundo y de si mismo.

    asere G, balsero de frontera.