VAGÓN PARA FUMADORES Y MUCHACHAS DE MEDIAS CALADAS.

Fragmentos de diarios de los años ochenta entre París y La Habana, poemas del libro Vagón para fumadores.

«Ilse, Rafael y Omar nos invitan a Chantilly. ¡Qué risa! Hasta hace poco mi más largo paseo era doblar la esquina y meterme en la Catedral de La Habana. Ahora cogemos carretera, y llegamos a la vastedad de un castillo, a la inmensidad de unos jardines, y todo me entra en los ojos a una velocidad indescriptible. Omar es el hijo de Ilse y de Rafael, tiene cinco años y me llama «amigo». Dice que no puedo ser una «niña», que soy «un niño». Entonces, al salir del castillo, me pongo a jugar a los caballeros medievales, y corremos en caballos imaginarios, por la intensidad del paisaje.» (Día-eros, 1984).

«Esa noche iremos a una fiesta en la casa de Ilse y de Rafael, también está Marcela. Ilse pone un disco, y me pregunta, «a ver si tú conoces esto». Celia Cruz, oigo por primera vez a Celia Cruz, y me pongo a bailar y a llorar. Ilse no se estraña, conoce Cuba, estudió Periodismo allí, sabe lo que es… Pero Marcela no puede entender que Celia Cruz esté prohibida y que a varias generaciones se les haya privado de Celia Cruz… «De eso sólo no», dice alguien… No queremos echar a perder la cena. Bailamos Marcela y yo toda la noche, con esa Celia Cruz que me entró en el alma, para no salírseme nunca más… Mañana daremos un paseo por París, me dice, como para consolarme. Pero ya yo estoy consolada, con Celia, que me canta Nostalgia habanera. Al día siguiente, en la oficina, le comento a la secretaria española que oi a Celia Cruz por primera vez, me manda a callar para que no me oiga la Jefa, la tal Rota Solás, como le llamamos para burlarnos de ella. Hasta en las oficinas de París, hablar de Celia Cruz es un delito, comento. No, no, me dice la secretaria española, es que ella es un poco pesadita. Pero entendí todo. Me voy de la oficina con el pretexto de que tengo que ir a la Alianza francesa, pero hoy no hay clases, me reúno con Marcela, hemos quedado en el Arco de Triunfo. Así hicimos, ella vino con la cámara. Fotos, fotos.»

PARÍS EN JULIO

Es la temporada de los grandes baños
de desnudos debajo de la cerveza 1664
de elegir un sitio fuera del mundo
es la época de los insectos verdes en una Sena a lo Monet
es el verano en el aburrimiento del ciclo de los siglos
y a nosotros que nos parecía nevermore
en la saison -palabra mágica- de descongeladas rubias
y vaporosos jefes de oficinas
perfumes menos a la moda oscura
porque este país depende de la metereología
como de los golpes de locura
hasta la política se endulza como un millefeuille de jamón
son días de ladrones expertos
sin sudor que los perturbe
de los Antínos regateados en el Mercado de las Pulgas
de camisas new wave hasta el mareo
la ocasión de besarnos frente al río
mientras la edad lo permita
ella lo arrastra todo
y los anónimos pululan alrededor de la destreza
retratan el silencio con las magníficas Canons
la televisión te gana la partida
los libros saquean los ahorros
es un verano negligente perdonavidas
adorable y bochornoso
un calor seco sin mar de fondo
acorralado hasta el último grado
es una grata escenografía
donde la naturaleza ha perdido poder
y hasta escribir un poema
es beneficiarle el turno a la publicidad.

Notre Dame
Notre Dame

«Dimos una vuelta por la Île de la Cité, y luego por la Île Saint-Louis, donde vive mi querida Alba de Céspedes, en el 4 quai de Bourbon, a unos pasos de donde vivió Camille Claudel. Alba me escuchó leer unos poemas junto con Severo Sarduy (nadie podía enterarse de que yo leía poemas con Severo Sarduy), y me ha pedido que lea un poema de ella en un acto de la UNFIASCO. Estoy trabajando el guión de El siglo de las luces con ella, mi trabajo es mínimo, sólo los diálogos, pero no creo que iremos lejos con el guión. Alba me pide que sea la secretaria de Stefano, su asistente, que tiene un cuarto para mí, le digo que no puedo, que jamás me dejarán, pero tampoco debo confesarle lo controlada que me tienen. Nadie puede abandonar fácilmente. Nos hablamos en clave, para llamar a los amigos ‘peligrosos’ tengo que hacerlo desde las cabinas telefónicas. Es como si estuviera en una película de Alain Delon. Le pido a Marcela encontrarnos en el Museo Cluny. Ella siempre me invita, el dinero no me alcanza, pagan una mierda; pero no puedo quejarme, estoy en París. En cualquier momento me pongo a bailar clandestinamente en un cabaret, como Z del R.»

Museo Cluny.
Museo Cluny.

 

Con la escritora Alba de Céspedes, bisnieta de Carlos Manuel de Céspedes, y con Maria Montero.
Con la escritora Alba de Céspedes, bisnieta de Carlos Manuel de Céspedes, y con María Montero.

 

PARÍS   OTOÑO

El tiempo enmarihuana

es otoño

y la ausencia nadie la llevará como un castigo

faltará la desesperación de besar ambas mejillas

y las cartas volarán de la cama al mundo

La playa volverá como en la infancia

regalada en alegorías

Sabios benevolentes codiciarán hojas doradas

Insisto en que no lograré concentrarme

seduir a estas alturas no es magia que me conforme

El espacio dará fiebre

y claro    enfermaré para atraerlos

No espero saciar a los espejos

no pretendo volver a lo minado

la nieve fue una dolorosa pesadilla que me caló la vida

y los nombres serán como los árboles de una selva

imposibles de definir cuando abro los ojos

Pero tú ¿dónde estarás tú jugando de noche con tu sexo?

Veo que hoy hace espuma el día

ya es otoño    lo huelo

y la huida no la dejaré para más tarde.

En la libreria Shakespeare and Company.
En la librería Shakespeare and Company.

«Sylvia Beach no está más, ella, la de la última generación, la que publicó el Ulises de James Joyce, cuando todo el mundo se lo rechazaba, publicó también a Henri Miller, a John Dos Passos, a Ernest Hemingway. Ella no está, me dice George Whitman, el dueño de la librería, «El país encantado de los libros», como la llamó Miller, pero está su fantasma… Le digo que soy cubana, exclama ‘Camaguey, Camaguey’ sin diéresis, y me pregunta por Nicolás Guillén. Yo le pregunto por Anaïs Nin, y me habla de ella con los ojos deseosos. La librería, repleta de libros y de camas, donde se acuestan muchachas como yo, a leer de todo, a fumar… Encima de mi cabeza tengo a Alba de Céspedes con un conejo… Fumo, el conejo, salta de la foto a mi regazo… Tres días más tarde, Georges me dice que puedo quedarme a dormir arriba, subo la estrecha escalerita de madera. El espacio para las conferencias, tres ventanales dan a la Sena, esa ría hembra… Me hago un té en la cocinita, hace un frío que pela. Me acuesto en la cama donde anidan pulgas y ladillas, me quedo dormida… Me pica todo el cuerpo, George se ríe, la literatura necesita de piojos, ladillas, y pulgas. Leo a Walt Witman y a William Carlos William, a Djuna Barnes… Me estoy muriendo, George… La literatura necesita de la muerte, me responde, y me da la llave… Asisto a una conferencia de Laurence Dürrell, ya me había leído El cuarteto de Alexandría, es un hombre bajito, tirando a lo grueso, y cuando habla me digo que jamás volveré a escuchar a un sabio como él, que esto es un regalo de los dioses, que qué hago yo aquí, cundida de bichos y oyendo la conferencia magistral de este hombrecito… Salgo a la calle, el mundo no se ha enterado de que bajo aquel techo, un gran hombre ha hablado para el universo.»

«Una conversación teléfonica:

-¿Y si nos quedamos?

-La embajada americana no nos dará asilo.

-¿Estas seguro?

-Segurísimo.

-Mi problema es que no quiero irme para ningún lado. Es como si hubiera nacido en esta ciudad. Me da vergüenza traicionar a La Habana, pero es como si hubiera nacido en París. Todo en esta ciudad me responde que aquí debo vivir para siempre, que aquí debo morirme…

-En París, con aguacero…»

Poemas del libro Vagón para fumadores, Lumen, 1996. Fragmentos de Día-eros.

13 respuestas para “VAGÓN PARA FUMADORES Y MUCHACHAS DE MEDIAS CALADAS.”

  1. Como disfruto estas memorias! Creo que ningun cubano que haya oido a Celia Cruz por primera vez fuera de Cuba puede olvidar esa «aquella primera vez». Coincidentemente, tambien la escuche por primera vez en Paris. Su sabor me devolvio la cubania, esa de la cual queria olvidarme en aquella epoca. Existe todavia la libreria Shakespeare and Company? Cuantos recuerdos que se tejen de alguna manera con los mios!

  2. Que maravilla esos recuerdos, esas fotos… La librería Shakespeare and Company todavía existe, me gustaba mucho ir, pero supongo que ya no es lo que era ni de lejos… Un abrazo!

    J.

  3. Cuán fabuloso que estés posteando los diarios parisinos, y los bellos poemas de «Vagón para fumadores». Ah, el Quai de Bourbon, y las islas…
    Gracias.

  4. wou, como te gusta escribir…me gusta lo conversadora que eres, y como lo cuentas todo como una cotorrita. Muchas gracias y me informas cantidad…ya se todo lo que hiciste… gracias! Me gusta

  5. Muy interesante, mientras leo me recuerdo de «la cazadora..» y de las historias que hemos tenido que vivir tantos cubanos en extranja para poder escapar. Mi escapada no fue tan emocionante, pero tu historia me llega hondo:la última vez que estuve en Paris regrese a América cundido de ladillas. Propongo llamarle en vez de ciudad-luz, ciudad-ladilla. Perdón si ofendo…………

  6. Queridos Eufrates, Jorge, Isis, Eli, Rosie, Carla, gracias por pasar, un encuentro como este no se da todos los días. Besos, lindos sueños.

  7. ¡Qué hermosos recuerdos Zoé! ¡Cuánta poesía y desgarramiento! Te adoro, chica, eres única.

  8. Tu has vivido plenamente que es tan importante como lo que has leido. Sigue.

  9. Eres tan maravillosa como Paris

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