CARMEN HERRERA: COMO UN RUMOR EN EL OJO.

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CARMEN HERRERA: COMO UN RUMOR EN EL OJO.

Zoé Valdés.

Conocí a Carmen Herrera a través de mi hermano Gustavo Valdés, quien desde muy joven siempre se ha ocupado y preocupado por los pintores cubanos. Cuando la conocí personalmente en una importantísima galería neoyorquina me di cuenta de que la descripción había sido perfecta, exacta, porque con sus palabras Gustavo Valdés no sólo me había contado a la pintora si no también a la pintura.

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Carmen Herrera siempre ha sido muy discreta, y de una obra asentada en la tranquilidad del orden numérico, es decir, pitagórico. Existe una filosofía de lo geométrico, que es el deseo óptico ordenado en un cosmos de luces, pero cuando la visión hace una escapada para destriparse en el caos lírico, la filosofía repasa su verdadero y único sentido: sabiduría, conocimiento de la vida.

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El cosmos, su cosmos, le brinda un sonido a la mirada, insinúa que el blanco y el negro compartidos, más que derramados, encuadrados o triangulares, dentro del sueño, nos murmuran versos antiguos, en matraquilla del sonajero, en alarido del violoncello.

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Carmen Herrera debería vestir túnica, semejante a una poetisa griega. Así la vi, en Nueva York, con una blusa idéntica a una de sus obras, y se parecía a Eude, la pintora, o a Attys, la discípula eterna.

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Su imagen vibra en su silueta, y da la impresión que continúa como desde la primera vez que tomó el pincel, en las investigaciones iniciales de la forma, del color, aunque apresurándolos de memoria; como una druida que se nos aproxima desde el futuro –o sea ahora- para desentrañar los jeroglíficos invisibles del espacio, para conjurar la medida de esta actualidad inmedible y atemporal, que fue, que es, nuestra antigüedad, el pasado de la memoria.

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Existen artistas que, aún en sintonía con las modas o con los revivals de las mismas, siempre parecerán boomerangs de los antiguos, de aquellos majaderos griegos; tan deliciosas proveniencias nos enriquecerán siempre. Dan la impresión que salieran de una enciclopedia y que afirmaran apacibles que los inventos son circulares en sus ciclos, y que las ideas viajan en globos de atmósferas mentales, o en los dibujos rectangulares de los sueños. La obra de Carmen Herrera nos vino de ese allá, de la eternidad para renovarse en la contemporaneidad. E inclusive así, tuvo la visión de hacerlo antes que nadie.

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Un uno de sus cuadros, el blanco y el negro, resultan un desafío de complejidad, la ¿línea va hacia la mirada o se bifurca desde ella? Constituye un reto a la pupila en espera, la pupila que ambiciona colorear absolutamente todo en este mundo excesivamente coloreado.

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Escuchamos esta retrospección, en una moviola que indaga en el sonido a la inversa, oímos con los ojos, porque perseguimos la huella de la palabra en los labios, su silabeo a lo Godard. La vista oye esa melodía que fluye de los cuadros, una música de las esferas, como diría Salinas, indescriptible, o sólo descrita en su refugio numérico. La música que suele ser matemática, poesía, pasión, fundida en esta aventura de la contemplación con el trazo, con la duda óptica. Podríamos extraer el ritmo de esos cruces perversos, de los tajos longitudinales, de los saltos y asaltos del blanco al negro y viceversa, del negro a la clara del huevo, o la resonancia especial de aquel verso martiano: “en el canario amarillo que tiene el ojo tan negro”.

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Y en este punto de la visión y de la interpretación hemos conseguido estudiar a través de una lupa las notas de su partitura, de este modo descomponemos el asunto de la obra. Construimos un macrocosmos, escuchamos la sinfonía de la abstracción, un adagio iluminado, reverberado, por el grosor de un lente.

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Si nos dedicamos a la utilización de los colores hondos, sacamos las mismas cuentas que pudieron haber entretenido a Einstein durante toda su vida: El naranja escala por la oscuridad ascendente, y abre una ventana de sombras. Es ese juego de ecuaciones que intenciona en la pintura de Carmen Herrera; a través de su telurismo lúdico nos entrega el lirismo del objeto formado en la nada deforme, o nos lo trae de la nada, atrevido y reflejado en la necesidad de la existencia de la cosa dentro del color.

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Carmen Herrera nos enseña que los colores presienten antes de que existiese la sustancia del objeto, antes de ser nombrado, prueba de que el arcoiris podría imaginarse triangular o romboidal, que jamás perderemos la obsesiva búsqueda de la forma y de su contrario, y que urge reanudar la pasión por los colores claves, llaves de la armonía; urge saber elegirlos por su abundancia dentro de la luz, y por sus huellas en las voces que nos hablan desde el misterio.

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La pintura de Carmen Herrera, no me cansaré de repetirlo, resulta de una musicalidad excepcional, porque ha sido concebida con inteligencia, con el brío que sólo la poesía obsequia, para la acústica de los sentidos.

De mi colección personal
De mi colección personal

Situada en el umbral de sus párpados se lanza, la pintora, en loca aventura de violines, arpas, contrabajos, flautas, hacia ese campo virtual situado en zonas intrincadas de la imaginación, trascendido el deseo al viaje desde el futuro a la antigüedad más remota, hacia aquel instante en que los cerebros comenzaron a formarse, aún no lo eran, y la pintura de Carmen Herrera les cantó en un rumor desconocido, en profunda letanía hacia el ojo, por el que comenzó todo.

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Zoé Valdés. París, octubre del 2005. Palabras de presentación en la Expo en el Miami Art Central.

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Carmen Herrera (Cuba, 1915, vive en Nueva York)

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Foto gentileza de Gustavo Valdés.

Ver en Latin Collector New York.

15 respuestas para “CARMEN HERRERA: COMO UN RUMOR EN EL OJO.”

  1. No la conocía, y lo que he visto aquí, plus tu texto, me ha gustado muchísimo. Gracias.

  2. Siempre me ha gustado la pintura que hace uso de las formas geometricas y de los colores. No conocia a esta pintura. Saludos.

  3. Carmen Herrera es una de las grandes pinturas cubanas del siglo XX, lamentablemente poco conocida entre los cubanos. Este texto tuyo es un bello homenaje a la artista! La foto es preciosa!

  4. Gran artista, gran obra. Bien pintadas con tus palabras. Gracias.

  5. Zoe, ha sido una sorpresa. Similitudes con Loló Soldevilla no le faltan.
    Cristina

  6. Wonderful! É um prazer conhecer e compartilhar sua obra e percorrer os traços da beleza de seus mistérios!

  7. Muy buena sus obras ,los colores y las formas geométricas , un placer verlas felicitaciones ………

  8. Impresionante obra la de esta artista,toda una lastima que no haya querido o no se haya sabido hacerse conocida por la decada del 40 cuando estaba en Paris,sin duda podría haber sobresalido en los circulos artisticos de esa época y consagrarse como una de las grandes artistas Cubanas y ecabezar las listas de movimientos como fue el Madi. Grandes similitudes en su obra con algunas del uruguayo Lincoln Presno y otras de J.P. Costigliolo

  9. Bien impresionada del trabajo artistico de doña Carmen, excelente artista caribeña que debiera ser mas conocida por aca, Una felicitacion especial a tan distinguida artista, me encantoó el poema Arpa. Quiero leer mas poemas de doña Carmen favor publicarlos.

  10. Casi que muere sin que nadie supiera de Ella,cuantos cuadros en new York van a dar a la basura ? Y no es que no tengan calidad,lo que pasa es que si un curador o critico con poder en los circulos comerciales del Arte no dice Nada de ti o no se ocupa de mencionarte,es muy dificil entrar,hace falta mucho dinero y poder. Y afortunadamente aparecio ese poder para beneficiarse del final de Vida de un Artista.casi igual paso con van Gogh solo despues de su muerte entraron los circulos economicos a hacerse dueno de la historia

    y sacarle provecho economico,antes ni aparecieron.

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