IRA ISLAMISTA CONTRA UNA NOVELA, OTRA IRA MÁS…

Ira islamista contra una novela, contra La Joya de Medina, editada por Ediciones B, en España, escrita por Sherry Jones. Vean su entrevista en ABC. Otra ira más contra la cultura occidental, y la manera de interpretar la historia y las religiones, otra ira más contra el pensamiento, la literatura, el arte, y la libertad. ¡Maldita gente!

13 respuestas para “IRA ISLAMISTA CONTRA UNA NOVELA, OTRA IRA MÁS…”

  1. Nos quieren poner de rodillas, y amordazar para siempre el espìritu de la libertad que ha hecho posible la grandeza y la cultura de Occidente, para que seamos iguales que ellos.

  2. Cada día me asombro con mucha pesar como desde nuestra cultura occidental aperturista, progresista y permisiva solo nos quedamos con la tristeza y la convicción de que el mundo islámico termine venciendo nuestro mundo. Guerra que solo a ellos les atañe y han declarado no abiertamente; somos meros expecatadores del siniestro brutal de nuestro atropello. Quiero decir basta, quiero reclamar nuestro respeto, quiero advertir que quizás tras toda esta amenaza nuestros jovenes terminen siendo pastos de ideas más absolutistas y nazcan más Hittlers quizas con otros intereses…

  3. Esther, la islamofobia la alimentan ellos mismos cuando ponen bombas, hacen de las mujeres y de los niños detonadores vivientes, maltratan a sus mujeres, imponen fatwas, queriendo imponer su religión a los que no queremos tener ninguna.

  4. Creo Zoé que extender a toda una religión y sus 1500 millones de practicantes cosas tan graves como las que mencionas, es en efecto alimentar la islamofobia. Conozco muchas familias musulmanas y cristianas y te aseguro que el maltrato a las mujeres no es una característica de las familias musulmanas. Eso no quiere decir que en algunos países de mayoría musulmana se maltrate a las mujeres igual que en otros muchos países de religión mayoritariamente musulmana.
    Aún está por ver las bombas que han explotado en estos años en nombre del Islam quien las ha puesto. Pero bueno, no voy a intentar convencerte de nada, solo quiero mostrar mi opinión.

    Si me vas a hablar del Corán, también te puedo hablar del Talmud y de la Biblia en el mismo sentido.

    Por cierto, no soy musulmana, aunque tengo contacto con musulmanes y nunca nadie me ha intentado imponer el Islam.

    Un saludo

  5. Sí, Esther, me leído los tres libros. Por cierto, tal como hablas ya lo he oido en otros lugares. Te ruego que veas el documental Pallywood. Yo también tengo amigos musulmanes, y sí me han tratado de imponer el Islam, algunos han entendido que no me interesa, otros seguirán intentándolo hasta que entiendan o se acabe la amistad. No me negará, que hoy por hoy, la religión más violenta es el Islam.

  6. En el último «paseo» de Israel por Gaza ¿Hemos visto cosas reales o según tú fruto de Pallywood?. En el «paseo» por Beirut estaba en Siria y te aseguro que la gente que llegaba despavorida dejando sus casas (las que quedaban en pie) y los que habían perdido a familiares no mentían ni hacían nigún paripé.

    Creo que tenemos una visión muy distinta del tema. Igual que a ti te suena mi discurso, a mi me suena el tuyo.

    Te deseo lo mejor.

  7. El Islam es violento desde sus origenes. Mahoma hoy sería considerado un terrorista por la forma en que quiso imponer sus ideas. Pero como se llama lo que hizo la Iglesia con la conquista de América? No conozco musulmanes, pero los que escucho hablar por los medios dicen siempre que es una religión de paz. Y además recalcan todo el tiempo que esos fanaticos que utilizan la violencia no pueden ser llamados verdaderos musulmanes. Yo no creo que ellos quieran poner a nadie de rodillas, creo que quieren que los dejen vivir a su manera.

  8. Esther, usted se creyó seguramente las imágenes del niño palestino asesinado junto a su padre; está más que probado que fueron falsas, y que lo mataron los mismos palestinos. A mí nada me prueba nada ya. Soy sionista abierta, jamás lo he negado.

  9. Adriana, estoy totalmente de acuerdo con usted, pero ellos también tienen que dejar vivir a los demás a su manera. Basta de mezquistas en Europa, o, por cada mezquita, que nos dejen construir una iglesia o una sinagoga en sus países. Seguro no será posible. Por otro lado, de las religiones desapruebo casi todo, sobre todo la violencia, prefiero quedarme con lo poético del tema.

  10. «Los islamistas desean tener un Hitler musulmán»

    Boualem Sansal hila ‘yihad’ y nazismo en ‘La aldea del alemán’

    LUIS ALEMANY

    Madrid

    Boualem Sansal se presenta a sí mismo: «Nací en Argelia en 1949.Estudié ingeniería y trabajé en el sector privado y en el público.En 1999 empecé a escribir. Y en 2003, me despidieron de mi puesto en el Ministerio de Industria argelino a causa de mi oposición al presidente Bouteflika. Desde entonces, sólo escribo. Se trata de una nueva vida para mí. Es difícil material y psicológicamente, por el acoso del Gobierno y de los islamistas. Desde 2006, todos mis libros están prohibidos en Argelia. Pero, por otra parte, es excitante. Por fin me siento libre».

    «Por ahora», continúa, «las cosas no van mal. Sigo aquí, en mi país, vivo y protegido por mi pequeña fama en el extranjero.Recientemente, el ministro de Cultura me declaró persona non grata. Estoy a la espera de lo que pueda pasar».

    Ese un primer motivo para atender a Sansal. El segundo lleva el título de La aldea del alemán (El Aleph Editores) y es la primera novela de Sansal publicada en España. Y cuidado, porque su historia no se parece a ninguna otra.

    ¿O sí? La aldea del alemán es otra novela en la que dos hermanos descubren los secretos del pasado familiar. Presentemos, por tanto, al reparto empezando por Rachel, el hijo mayor, ejecutivo en París y escritor de un diario de tono primoleviano. A su sombra aparece su hermano Malrich, chico duro-pero-bueno de la banlieu.Y detrás, aparece Hassan, el buen padre que envió a sus hijos a Francia desde Argelia y que acaba de morir degollado en una razzia del Grupo Islámico Armado.

    Y que sí, claro, guarda un secreto: Hassan fue, en otra vida, Hans Schiller, el ingeniero de las cámaras de gas de Auschwitz.Al final de la guerra, Hans se escapó por El Cairo (¿suena a Aribert Heim, el Doctor Muerte?) y acabó en Argelia, convertido en fontanero del Frente de Liberación Nacional Argelino.

    A partir de ahí, las indagaciones de Rachel y Malrich sirven, sobre todo, para demostrar que hay un hilo intelectual que parte del nazismo y termina en el islamismo violento. «Todos los fascismos se parecen: la ideología, la voluntad de poder, el maniqueísmo, el culto a la personalidad del jefe, la fabricación de un enemigo, la redención nacional… Además, se reconocen entre ellos», explica Sansal.

    Por ejemplo: ¿qué piensa un islamista del nazismo? «Del nazismo, nada. Pero conoce el nombre de Hitler, lo admira como guerrero y sabe que tuvo la ambición de matar a los judíos. Y eso le basta.Todos los islamistas sueñan con un Hitler musulmán, capaz de tomar el poder, dotarse de poderío nuclear y decretar la Gran Yihad. Ahmadinejad aspira a lograrlo, pero no logra convencer a los árabes», explica Sansal.

    Su novela demuestra también que los islamistas y los nazis comparten conceptos. Por ejemplo, el de untermensch, el del hombre que es «menos que humano»: el judío, el ateo, la mujer… ¿Cómo pueden tener éxito visiones así? «Siempre creí que su éxito se basaba en la miseria, en la ignorancia y en la dictadura que sufren muchos países musulmanes. Pero el caso es que hay islamismo en todas las clases sociales, en los jóvenes y los viejos, en las mujeres y los hombres, en los países árabes dictatoriales y en los occidentales demócratas… Hoy creo que el islamismo ofrece a la gente un sueño de grandeza y de justicia. Exalta la fraternidad, el honor y el sentido del sacrificio, promete el paraíso y ofrece formidables botines de guerra. Todo eso envuelto en un lirismo irresistible. El islamismo funciona porque actúa en un mundo que se ha divorciado del sueño y de los ideales».

    Al final, ese delirio tiene que cargar sobre los hombros de alguien.Por ejemplo, sobre los del pobre Rachel de La aldea del alemán, empeñado en autodestruirse. Su historia renueva la vieja pregunta: ¿somos culpables de las atrocidades de nuestros padres? ¿Existen los pecados originales históricos? «La historia de nuestros padres nos pertenece, sí; a veces puede ser un fardo duro de sobrellevar, pero no es nuestra propia historia», contesta Sansal.

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