Las Diosas Blancas. Ramón Buenaventura.

Desde el año 1987 arrastro con esta magnífica antología de Ramón Buenaventura titulada Las Diosas Blancas y publicada por Hiperión en 1985. Se trata de una antología de la joven poesía española de aquella época, escrita por mujeres, con las que siempre me identifiqué, no sólo por fenómeno generacional, además porque era la época del punk (yo fui punk en París y en La Habana), y las mujeres de aquella época nos empezamos a vestir de varón y a teñirnos los pelos de azul de metileno, y a escribir versos postmodernos. Esta antología cuenta con escritoras que en la actualidad son conocidísimas y respetadísimas en España, como Ana Rossetti, Luisa Castro, Blanca Andreu, entre otras. Las dejo con la poesía de Ana Rossetti:

INCONFESIONES DE GILLES DE RAIS

Es tan adorable introducirme

en su lecho, y que mi mano viajera

descanse, entre sus piernas, descuidada,

y al desenvainar la columna tersa

-su cimera encarnada y jugosa

tendrá el sabor de las fresas, picante-

presenciar la inesperada expresión

de su anatomía, que no sabe usar

aún, mostrarle el sonrosado engarce

al indeciso dedo, mientras en pérfidas

y precisas dosis se le administra

audacia. Es adorable pervertir

a un muchacho, extraerle del vientre

virginal esa rugiente ternura

tan parecida al estertor final

de un agonizante, que es imposible

no irlo matando mientras eyacula.

DiosasBlancas

DiosasBlancas2

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6 comentarios en “Las Diosas Blancas. Ramón Buenaventura.

  1. No la conocía.Busqué en San Google y me gustó mucho mas, le dejo este poema que me encontré de ella.

    HUBO UN TIEMPO…

    Hubo un tiempo en el que el amor era un
    intruso temido y anhelado.
    Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
    insoportables desvelos.
    Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
    veces, que jamás llegaría a su destino.
    Una incesante y tiránica inquietud.
    Un galopar repentino del corazón ingobernable.
    Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
    de los espejos.
    Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
    júbilo.
    Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
    amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
    como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
    escalera.

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  2. ZOE:
    GRACIAS SIGO APRENDIENDO CONTIGO.
    ALGUIEN COSE EN TU SANGRE LENTEJUELAS
    PARA QUE ATRAVIESES LOS REDONDOS
    UMBRALES DEL PLACER.
    ANA ROSSETTI.

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