Federico García Lorca y Cuba.

Hace cuatro veranos compré en la casa natal de Federico García Lorca en Fuentevaqueros este libro que hoy les presento: García Lorca y Cuba: Todas las aguas. Con un preliminar autógrafo de Dulce María Loynaz y un poema como epílogo de Flor Loynaz. Su autor es Urbano Martínez Carmenate, que por la información me entero que vive en Cuba y que ha ganado varios premios nacionales en la isla con libros de ensayo. El libro está editado por Museo-Casa Natal Federico García Lorca. Fuentevaqueros, 2004, aunque tuvo una edición anterior en el 2002, en Cuba. Obviemos las referencias políticas, que a decir verdad, hay bastante pocas; lo de agradecer es la cantidad de información que hay en el libro. Algunas ya tenía yo a través de la propia Dulce María Loynaz, que fue una amiga muy querida.

Les dejo con el fragmento de Dulce María Loynaz, aunque hay otros más interesantes que este, el poema de Flor Loynaz, y algunos fragmentos escogidos por mí:

«Han quedado bastantes retratos de Lorca, pero ninguno nos ha dado una verdadera imagen de su persona.

Y considero que es importante referirse a esa imagen suya por cuanto ya somos pocos los que la conocimos y podemos por ello dejarla más o menos fijada para lo venidero.

No era en modo alguno un hombre bello, si se entiende por bello lo estrictamente físico: corrección de facciones y de líneas, elegancia de porte y demás.

De mediana estatura, ni grueso ni delgado, del color oliváceo, que él gustaba de poner en sus personajes, lo que más impresionaba en él eran los ojos.

No podría decir que porque fueran grandes, aunque lo era,  sino porque el alma se le asomaba a ellos.

Más que su color -quizás pardo, quizás verdoso- recuerdo su mirada que era algo radiante, algo que desde el primer momento le ganaba amigos.

Tenía un modo de dar la mano que no he encontrado en nadie. Era un modo firme, llano, cordial, cabe decir que alegre por saludar a quien le saludara.

Su voz era fuerte, su risa espontánea, ruidosa, contagiosa. Pocos seres habrán existido tan llenos de vitalidad, tan desbordantes de optimismo.

Cuando nos enteramos de su muerte, no la creímos, y sin creerla nos pasaron muchos meses hasta que no nos quedó otra alternativa que rendirnos a la dolorosa realidad.

De ella pudiéramos decir lo que en breve  poema dijo una vez Juan Ramón: «Es ya verdad; pero la rechazamos tanto tiempo, que sigue siendo imposible siempre».

Dulce María Loynaz.

[…] «De aquel cuarteto lírico (los Loynaz, nota mía), quizás fuese Enrique, el más misterioso. De su historia personal, Dulce María -la hermana mayor- llegó a revelar muchos secretos (no estoy de acuerdo, nota mía) cuando ya él no podía oírla. En una primera niñez había llorado inconsolablemente por miedo ante una imagen antropomórfica del sol, incrustada en su traje de payaso. Rayaba en los diez años y no asimilaba las lecciones escolares porque -confesó más tarde- creía que la clave del aprendizaje era adivinar y no deducir. La inspiración poética fue para él una condenación solitaria: escribía para sí, sin importarle un público. Le interesaba el hecho en su regodeo manuscrito, pero aborrecía el vuelo de las tintas impresoras. Hacía sus libros para nutrir el desayuno de sus pupilas y el postre de las polillas. «No quiso el sol en su pecho, no lo quiso en su vida, ni lo quiso en su obra; -sentenció la autora de Jardín– prefirió quedar en la sombra» (5).

Dormía aún aquella mañana de marzo -1930- cuando preguntaron por él al portero de la casa. Flor Loynaz contó los pormenores del suceso:

El portero avisó, pero mi hermano  a quien esperaba ese día era a un cliente llamado Pestonit con el que firmaría un contrato. Enrique era abogado y redactó el documento de noche, supongo que medio dormido. Cuando le dijeron que lo esperaban, se tiró de la cama y se dirigió a la terraza del jardín donde se hallaba el visitante.

Sin mucho preámbulo le presentó el contrato y le pidió que lo leyera y firmara. Federico no mostró interés por el documento pero preguntó dónde debía firmar. Le indicó Enrique e insistió que lo leyera, pero Lorca aparentando no oírlo, estampó su firma.

Cuando a su vez Enrique se dispuso a firmar (…), se sorprendió al leer Federico García Lorca en lugar del nombre esperado. Con bastante mal humor le preguntó: «¿Usted no es Pestonit?». «Yo soy Federico», respondió el poeta, y entonces Enrique casi colérico, le dijo: «Pues ha echado a perder mi trabajo». Después reaccionó y, ante la sorpresa de Lorca, le expresó su alegría de poderlo conocer personalmente».

[…] «En 1946 y en conmemoración del décimo aniversario de su asesinato, el periodista Agustín Tamargo dio a la luz un artículo donde consignaba la permanencia del poeta y advertía:

(…) ‘la poesía de García Lorca, como su vida misma, no se puede arrancar de cualquier modo. Es sustancia de tiempo, de eternidad. Está presente hoy, en los cuatro puntos de la rosa, palpitando su angustia y su dolor sin nombre. Y estará mañana, más alta, cuando volvamos hacia España para liberarla de extranjeros y de traidores falangistas, devolviéndole a la rosa y al pan su simple y hondo significado. (6)’.

Poema de Flor Loynaz:

«PARA FEDERICO GARCÍA LORCA

I

Caderas redondas

las que te parieron;

caderas morenas

y curvas de cielo.

¡Cielo de Granada,

cielo limpio y tierno!

El poeta niño

cómo te miraba

sin saberlo.

 

II

Primaveras hondas

y turbios inviernos;

otoños de raso

y veranos tiernos.

Y todo pasaba

debajo del cielo,

junto a aquel poeta

alto como el viento.

El adolescente

nimbado de besos.

Besos de la novia,

de la madre, besos.

Que todos se funden

en el medio cielo.

 

III

Ya el poeta es hombre;

Se quitó el chaleco

bordado de flores

y lleva otro negro…

Es noble y es duro

igual que el acero

y ha abierto una herida

de ocaso en el cielo.

 

EPÍLOGO

El amor apenas

le rozó los dedos…

La vida le dijo

Adiós desde lejos,

agitando en alto

un sucio pañuelo

y el cielo esa noche

quedó sin luceros

¡Que todos en balas

los clavó en su cuerpo!»

(1938)

Flor Loynaz.

Les pongo copia de la portada del libro, como es habitual, y copia del Menú de una Comida Fraternal que se dio en honor del poeta, en los salones de la Artística Euterpe, un 19 de abril de 1930, en Santiago de las Vegas:

FedericoGarcía Lorca en Cuba

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10 respuestas para “Federico García Lorca y Cuba.”

  1. PRECIOSO! TRATARE DE COMPRARLO. ES FASCINANTE EL UNIVERSO INTELECTUAL Y SURREAL DE LOS LOYNAZ. LASTIMA QUE TODO LO DE ESA MAGICA CASA DESAPARECIO Y SE DESPERDIGO. SERIA TODO UN TEMA PERO NO DESEO INTERFERIR EN ESTE ESPACIO CON TEMAS SENSIBLES COMO ESE.
    GRACIAS POR EL POST.

  2. Recordaba las anécdotas de los Loynaz y Lorca. Tiene que haber sido algo muy singular.

  3. Revivir esa época, esas voces… Poesía sobre poesía, almas encontradas.
    Gracias por traernos estos destellos.
    Cristina

  4. Me gusta Lorca, me gusta la Loinaz. El, asesinado por ser homosexual mas que nada, Ella, condenada al ostracismo porque no aceptaba tanta mentira.
    Es sorprendente la vida, ahora miro los paisajes que aquel amó y dejé de pasar por la calle donde Ella vivió.

  5. MI INTERES EN LORCA FUE CUANDO VI LA PELICULA
    THE DISAPPEARANCE OF GARCIA LORCA
    POR ANDY GARCIA (1997)
    Y QUE DECIR DE DONA LOYNAS
    EN EL PORTAL.COM
    HAY POESIAS DE LA LOYNAS DICHA POR ELLA.

  6. Dos cosas que quiero decir. La primera tiene que ver con un libro escrito por un espanol, con este libro gano el Premio Nacional de Ensayo, no me acuerdo del titulo,pero menciono que mientras el gobierno cubano hace todo lo posible para mantener la finca Vigia, dejo que la residencia donde se quedaba FGL se desintegro, y el gobierno cubano no tuvo el mas minimo interes.
    Ademas de eso, Agustin Tamargo odiaba a los dictadores y punto, si el apellido fue Franco o Castro, no le importaba, y hablaba de liberar a Espana de los extrangeros y traidores falangistas, quisiera que todos los espanoles pensaran de la misma manera acerca de la tirania castrista.

  7. Mamuca! que bueno esta este post!

  8. Me detuve ahora en el menu, que es Platanos «Criolla»? Y vino «Cenicero»? Primera vez que los oigo mencionar.

  9. el cascabel de las palabras ,entrañable poesìa.

  10. Dios mio! cuanta magia, estas tardes y noches por la Habana vieja con el Fiat de Flor Loynaz, con Federico, la casa encantada que en estos momentos es una autentica ruina, cada vez que viajo a Cuba visito este lugar donde Lorca escribió y corrigió su obra de teatro EL PUBLICO