La historia a contrapelo. Emmanuel de Waresquiel.

Las ediciones Fayard publicaron en el 2005, un libro relativamente breve en relación a otros que ha escrito y editado su autor, Emmanuel de Waresquiel, se titula L’Histoire à rebrousse-poil (La historia a contrapelo), que es, como podrán apreciar,  un título fascinante. Tuve la suerte de firmar ejemplares de mis libros junto a Emmanuel de Waresquiel en Autun, intercambiamos ejemplares y después de leer el suyo me doy a la tarea de opinar algo sobre esta historia a contrapelo que tanto me interesa. Aunque como saben, ya he dicho en otra parte, que la historia sólo me importa en la medida en la que a través de ella puedo contar mi propia elección de historia, literaria, imaginada; sin embargo, el análisis histórico que hace el ensayista Waresquiel sobre Les élites, la Restauration, y la Révolution, posee una fuerza novelística sumamente atractiva, aunque sé, que quizá este juicio de mi parte no sea visto con agrado por parte del autor, pero la falta es mía: no soy una especialista del tema; no pretendo dar más que mis impresiones de lectora.

La inmensa atracción de este libro está en la manera en que aborda el tiempo histórico, retenido -como dice Waresquiel- a través de una generación. Por ejemplo, afirma que la mayoría de las veces se olvida que la generación que se produce bajo la Restauración es una generación, que de alguna manera, pertenece al «Ancien Régime». Los miembros de la élite en el poder después de 1814, de orígenes y tendencias confundidas, han sido educados, y formados en los años 1770-1780. Que son los años más tremendos de la historia de Francia, decisivos. El pasaje testimonial de una generación a otra, que no ha conocido el Ancien Régime y apenas la revolución, se opera progresivamente, lentamente en todos los años de la Restauración. Esa nueva generación (casi me parece que hablo de la mía, salvando las grandísimas distancias), que es un poco la generación de la Charbonnerie de années 1818-1820 (me da gracia, por el juego de palabras entre carbonería y chambonería en español, que nada tiene que ver, pero que me recuerdan los años después de la revolución castrista, por el simple hecho de evocar el carbón y la chambonada), son los años que preceden a la revolución de julio, que es también esa de la «Jeune France» (¿no les dice algo ese término, los jóvenes nacidos con la revolución cubana?), liberal «du Globe» después de 1824, busca, absolutamente, «entrar en la carrera», insiste su autor. Esa generación se comporta un poco, al final de la Restauración, frente a la generación del poder, como la segunda generación de las Luces, en los años 1780, en relación a la primera (la de la Enciclopedia) que llegó, «llegó», en todo el sentido de la palabra y cuya actitud resulta mucho más conservadora. Lo que es normal, me parece que estoy viéndonos en un espejo.

El ensayista vuelve e insiste en que  los aspectos biográficos son siempre indispensables de estudiar en estos casos para aquellos que quieren comprender la génesis psicológica de una generación que funcionó como naturaleza de relaciones conscientes entre una generación de poder, y las que vinieron después. Es una generación que escribe sobre la memoria, ¿por qué? Por miedo a perderla, a ser considerada una generación desmemoriada.

Como saben me interesan mucho las biografías, y comparar las temporalidades de la escritura, que siempre difieren entre ellas. En la época las memorias y la escritura de recuerdos proliferaron, aparecen después de 1830. El pasado resucita en una generación constreñida a no poseer ninguno. La naturaleza de las memorias se complica. El autor cita un ensayo que conozco: Escribir su tiempo: las memorias en Francia de 1814 a 1848, Damien Zanone -coincido- invita al historiador a la precaución. Historiador y lector precavido valen por dos, añado. Concluye que la mayoría de los memorialistas de inicios del siglo XIX que, de una manera u otra, buscan contar la Revolución no solamente hicieron daño al intervenir con sus consciencias históricas como clima dominante -esa consciencia es una suerte de personaje que entra por la ventana y no acepta de ninguna manera salir por la puerta, confieso que con esta frase Waresquiel deviene el novelista que él mismo se impide de ser, para mi más profundo goce- además pusieron en página una puesta en escena, otro juego de palabras fundamental para entender lo que sucede en la cabeza de la generación nacida con la revolución. En ese sentido, añade, las historias de la Historia que ellos contaron en la primera persona del singular no está demasiado alejada de la novela, afirma Waresquiel, y estoy de acuerdo. Resulta un juego de influencias recíprocas, historia y ficción se escribieron siempre en aquella época con las mismas palabras y las mismas construcciones narrativas.

Si para Marcel Proust La vie est un roman, para la generación intermediaria entre el antiguo régimen y la revolución, la historia también lo es.

Vaya por delante que cepillando la historia a contrapelo, ese pelo demasiado liso de la Historia, para tomar la expresión de Walter Benjamín, Emmanuel de Waresquiel se pregunta por qué y como la escritura de la historia de la Historia influenció a largo plazo nuestras propias significaciones históricas creando por piezas enteras los elementos de una cultura política y social como la francesa, fuertemente rehecha a partir de esa «excepción francesa». Por qué, se dice, despues de L’Empire, bajo la restauración, hasta la III República, que el juego de las élites y del poder se situó siempre detrás de la maestría del pasado de la Revolución, (¿no les recuerda más esto?). En qué, continúa, la omniprescencia de una Revolución revisitada, ver re-citada, como en los Cien Días, favorizó una cultura en Francia del enfrentamiento en lugar de una cultura del compromiso? Cómo la Nación, la Patria, el Pueblo, la Bandera, la Gloria, la Libertad devinieron los símbolos de una memoria deformada, ver transformada, hasta el punto, que, y cita un ejemplo singular, un fracaso como Waterloo  se convierte en la victoria del coraje y de la energía francesa, o que los Borbones sean asimilados para siempre como los «furgones tiznados del extranjero».

La dedicatoria del libro dice: «A Zoé Valdés, esta historia a contrapelo, ¡que no ha sido escrita! Una suerte de puerta abierta a los orígenes de las divisiones francesas, esa cultura de la confrontación que es un poco nuestro deporte nacional. Con mis respetuosos recuerdos de Autun donde nos encontramos el 19 de abril del 2009. Emmanuel de Waresquiel.» Cualquiera diría la dedicatoria de un cubano… nacido con la Revolución. Gracias, Emmanuel de Waresquiel.

Waresquiel

Waresquiel dédicace

6 respuestas para “La historia a contrapelo. Emmanuel de Waresquiel.”

  1. Había conocido de la publicación de ese libro, pero no lo he leído, gracias ahora cómo lo traes tan exquisitamente aquí.
    Emmanuel de Waresquiel es un distinguido historiador. Entre sus choix, ciertas no serían precisamente my cup of tea…, pero tiene un mérito extraordinario.

  2. Nacida en el 1958. De merendar compotas Gerber y Quaker a un abrupto no merendar casi nada, de que José Martí fuera el Apostol de la Patria a ser el autor «intelectual» de una escaramuza urbana convertida en batalla gloriosa, de tener el «privilegio» de no ver a Simon and Garfunkel por la tele, de perdernos la separación de los Beatles y el viaje del hombre a La Luna. Una larga lista de tristezas.
    Se nos metio de lleno en compromisos absurdos, fuimos los conejillos de indias de combinar el estudio y el trabajo en el campo, demoramos demasiado tiempo en descubrir que todo era mentira, ahora me pregunto como hubiera sido mi vida, si una bala perdida hubiera dejado de serlo en los carnavales del 53.

  3. OTRA CAUSALIDAD VI RECIENTEMENTE LA PELICULA
    SWANN IN LOVE.

  4. No lo conocia, por lo que cuentas me interesa cantidad.

  5. Zoe, gracias, resulta que no soy tan intelectual para emitir un comentario a la altura de tu post, pero lo que se es que me encanta la manera de hacer tu linkeo desde cualquier punto hasta nuestra realidad. Me hubiera gustado mucho decir lo que un comentario anterior dijo/Patricia Fernandez, pero ella se me adelanto y lo dijo casi exactamente igual como yo lo hubiera querido decir.