Cuenta Gazapo Borrego. Por Emma Zinsky.

CUENTA GAZAPO BORREGO.

Por Emma Zinsky.

Cuenta Gazapo Borrego que era amiguito de Juana Borrero, allá en Tampa, en los años en que ella escribía cartas melancólicas al desaparecido Carlos Pío Urbach. Sólo que Gazapo Borrego no sabía quién era Pío Urbach y cuando escribía una carta -que tampoco sabía mucho de lo que se trataba, me refiero al género epistolar – sólo podía hacerlo con la ayuda de otra amiga: María Metilena la Disléxica, la que únicamente podía hilvanar, no ya una frase, una palabra, cuando hablaba de vestiditos de la Diana Fustembé, tú niña, de zapaticos Jimmy Chú, y de implantes mamarios, ah, además de implantes de canillas.

Debió de haber sido también en Tampa, con toda seguridad, que Gazapo Borrego se aprendió todos los ciclones por su nombre de pila y por  años, y aclaro por su nombre de pila, porque posteriormente Gazapo Borrego tuvo una de esas geniales ideaaaaas, la de apedillar a los huracanes; ya sé, lo siento…  y así fue reuniendo fenómenos metereológicos en su excelsa memoria de asno, apiñados por conjuntos familiares, para luego repertoriarlos en su abultada mente atestada de perlas tales como: “Hoy he decidido que hace mucho calor, la caló, y cierro el tinglado y me voy para la playa”. O sea, el tinglado era una especie de coqueta, tipo Gloria, donde los motazos de talco subían desde el cristal, las gavetas, hasta el cuello enrojecido de chupones del fantasma del antiguo marido de Gazapo Borrego, el que había fallecido a causa de un resbalón con un moco verde que había goteado de la nariz de su cónyugue hacia una losa del suelo; del golpe se partió la crisma, y una uña del dedo chiquito del pie.

La Coqueta tenía su historia, dramática, por cierto, como todas las historias que enternecían a Gazapo Borrego, y por la que sabía venderse muy bien. La Coqueta era un espacio que Juana Borrero había descubierto, y pensando -con gran ilusión, eso sí- en que algún instante de una primavera su amado Carlos Pío Urbach reaparecería por Tampa y ella podría ofrecerle un lugar donde él pudiera acotejarse a vender, por lo menos filamentos de bombillo, apartó el sitio y la poetisa cometió el error de hablarle del asunto al entrañable Gazapo Borrego, y éste, ni corto ni perezoso, se adelantó y alquiló el lugar para él, con la intención de hacer una galería de “atte curturar”, tipo los chiringuitos de la UNEAC, en el que se vendiera lo mismo un cuadro, que una caja de rolos de talco Brisa, que un paquetes de ganchitos, que teteras para los recién nacidos, que pañales por un numerito de la libreta. Así fue que traicionó a la poetissssssa, lo que ella no le perdonó y con razón. Y desde entonces Gazapo Borrego da entrevistas donde cuenta versiones interesantísimas del asunto, variaciones sobre un mismo tema, diría yo.

Esto es sólo el principio de la historia, poco a poco irán conociendo a Gazapo Borrego, vividor a costa de personas que tienen demasiado que hacer en la vida como para ocuparse de un personaje tan sombrío como Gazapo Borrego.

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7 Replies to “Cuenta Gazapo Borrego. Por Emma Zinsky.”

  1. Emma Zinsky, se espera con impaciencia la continuación de la historia del inefable Gazapo Borrego.

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